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jueves, 19 de junio de 2014

España

Francisco Javier Gómez Izquierdo

¿Hay explicación médica para esa especie de Alzheimer colectivo que ha atacado a nuestra selección de fútbol? Si no la hay, ¿qué demonios ha pasado en Brasil? A un servidor no le olía bien el Mundial, pero nunca sospeché tanta pestilencia, más anímica que física, que también, a pesar del repaso holandés en el primer partido. Se puede estar en baja forma, pero no se nos puede olvidar  jugar al fútbol de repente. Los nuestros parecen malos. Pero malos, malos.. y eso no es verdad.
      
Cuando  Luis Aragonés empezó esta época dorada, eligió a un centrocampista que estaba siendo víctima propicia de la prensa catalana y madrileña. Despreciados e incomprendidos, Xavi Hernández se unió a la suerte de Luis y el fútbol español se hizo Rey. En seis años Xavi Hernández ha hecho mejores a todos los futbolistas. A los del Barcelona y a los de la selección. El vulgo elogia a Messi, Iniesta, Busquets, Ramos, Casillas,  pero ninguno es mejor si Xavi no está y Xavi tiene pinta de que no va a estar ya nunca más. Hace tiempo pusimos aquí que nos daríamos cuenta de la grandeza de Xavi cuando faltara y creo que no es cosa de insistir en lo evidente en estas horas de tribulación.

Todos lo buscaban. Todos le daban el balón como con un “dinos que hacemos”, pero la responsabilidad ya ha dejado de ser delegada, y X. Alonso renquea en tarea tan comprometida. Con la autoritas de Xavi Hernández, como con la habilidad de Messi o la potencia de Cristiano se nace, pero todo se gasta y entorpece, y en fútbol la garantía de calidad no dura más de diez años.
    
¿Qué hacer sin Xavi? Pues cambiar de mentalidad. Ingeniar un sistema tan brillante como el de Luis, acomodado a las virtudes de futbolistas jóvenes que ya cuelgan medallas -Koke, Isco, Thiago- y agradecer los servicios prestados a los que ganaron tanto. Se lo agradecemos todos, pero no está bien que ellos pidan el agradecimiento, porque a partir de hoy ya tenemos bula para criticar y aplaudir las novedades en la selección. Y a Del Bosque quizás habría que recriminarle cierta actitud entre funcionarial y acomodaticia en la manera de afrontar un Mundial -oiga, que es el Mundial-, pero quizás también sea injusta, pues no procede exigir valentías llamativas en quien siempre ha sabido administrar sabiamente la herencia. Es tiempo de inventar, don Vicente. Fíjese en que posiblemente, con Luis Enrique, Busquets no sea tan importante. Si, Busquets, ese mediocentro intocable esté como esté de forma.

      En fin, hoy en Córdoba se juega el primer partido de fútbol del Reinado de Felipe VI. Los cordobesistas estamos ilusionados. Los canarios, también. Una de las dos aficiones sufrirá en cuatro días un segundo K.O. Un servidor no tiene el cuerpo preparado para disgustos tan morrocotudos.