Follow by Email

jueves, 19 de junio de 2014

España, 0; Chile, 2. El Desastre

Río desde Maracaná

Hughes
Abc

La historia de Maracaná ya tiene una lápida más. Aquí yace la España campeona del Mundo, que estuvo en Brasil (la vimos bajarse del avión) pero no llegó a jugar. El partido comenzó lanzado por el impresionante himno chileno. Maracaná parecía Santiago y Sampaoli lo escuchaba con visionaria unción. Salió con su 5-3-2 convertible en 3-4-3, con una presión muy fuerte sobre la salida de juego español. Del Bosque sorprendió poco. En defensa, Javi Martínez sustituyó a Piqué. Junto a Busquets y Xabi, por momentos parecía haber muchos futbolistas de un cierto corte (es natural que Del Bosque tenga querencia por ese tipo de centrocampistas que... que le recuerdan a él, ¡secreto narcisismo del míster!). Javi Martínez no mejoró a Piqué. En lo crucial, en la máquina de España, Xavi fuera (si fuera caricaturista jugaría con las similitudes entre su peinado y la forma de una corona) y Pedro al césped. La idea era darle responsabilidad a Silva en el centro y buscar la apertura de campo de Pedrito.
 
Y por momentos algo se llegó a ver. España «intentó la intensidad» y quiso cortar. Busquets se adelantaba bien. Silva eliminaba la trama barcelonista y le daba pretensión de verticalidad al ataque. Algo de la idea matriz se entrevió. Pero la presión chilena era fuerte y los medios, Díaz y Aranguiz, dinamitaban la mediapunta. Alrededor del veinte, error de Xabi Alonso en la entrega (lleva al menos tres así este año), pasividad contemplativa ante la conducción de Aranguiz y gol de Vargas.
 
Luego hubo cierta reacción española. La de Iniesta. Buscó el centro, asumió la responsabilidad, caracoleó, rotó, se hizo un sombrero, y España volvió a llegar en el 27 mediante una arrastre amazónico de Diego Costa. Hay que aplaudir la personalidad del albaceteño, que quiso asumir el rol director (cómo estaremos si el carácter lo pone Iniesta...). Apabullados ante tanto cántico y ardor contrario, sentimos que era lo único que teníamos. De Silva no puede decirse lo mismo, insustancial y sin conexión con Diego Costa. No había feeling, que dicen los horteras.
 
Pasmo general, ausencia de ideas. Solapamiento entre los mediocentros, que quedaban sobrantes en la construcción de la jugada (conservadurismo) y una especie de ligera ligazón, una voluntad de avanzar demasiado rápido con primeros toques. En un momento dado hubo hasta un balón colgado desde el lateral. Sensación de estupor en la grada. ¿Pero qué le pasa a este equipo? Como cuando en «El exorcista» la niña empieza a hablar en arameo. España estaba deshaciéndose, convirtiendo la trama en hilo. El estilo, reducido, liviano. Además, tampoco mejoró realmente en lo de la intensidad. Había más agresividad en el corte de pelo de Vidal. Entre los centrales y los mediocentros, un cuadrado perfecto de parsimonia y atolondramiento (una red sobre otra red). Y justo antes del descanso, una falta que Íker paró a lo Mazinger Z, con puños blandos que dejaron el balón muerto en el área. No puede extrañarnos que el balón le cayera a un chileno. Aranguiz remató ante la palomita refleja . Ya no sabíamos por dónde tenía España el gol average.
 
Del Bosque reaccionó quitando, por fin, un mediocentro (a Alonso, pero sin señalar) y sacó a Koke. Con él y en 4-1-41 tuvo más alegría. El madrileño por lo menos acompaña la jugada. Ellos presionaban como presionan los suplentes encabronados en los entrenamientos, pero España intentó esa «ansiedad bien gestionada». Tuvo unos minutos de nervio, al menos, algo más que esa sucesión protocolaria de acompañamientos en la que se convirtió. Un minué espectral ya sin Xavi en el campo. Yo creo que todos nos hemos ido sumando a ese toque acomodaticio, a un ir pasando coral. Al final, impotencia, olés y bronca a Diego Costa. Los gritos chilenos retumbaban como en un desplome. Faltó que a Manolo le profanaran el Bombo. El equipo más grande de nuestra historia llegó a Maracaná y se metió en el sarcófago. Ahora, una nueva generación viene pidiendo paso. Y no lo digo yo.
 

Salida de Maracaná