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lunes, 20 de septiembre de 2010

Guadalajara en un lago, July en una laguna


A Javi, amigo de la Andanada

José Ramón Márquez

Toros en Guadalajara. Llegamos por la mañana, que nuestro amigo Javier López nos ha invitado a ver el apartado. Luego nos presenta a algunos aficionados de la zona. Javier está más solo que la una porque no traga a July, y tiene argumentos de sobra para sotener su opinión.
Le tienen como un apestado, pero él no se va a bajar del burro. Tiene la desgracia de saber muy bien lo que es el toreo bueno y no hay quien le haga apearse de su opinión, porque la tiene muy bien cimentada.
Nos presenta a un joven aficionado, aspirante a periodista. El chico, un jovezno, tiene veinte años. Hablamos un poco. El chico dice:

-Es que hay que tener dos opiniones: la que se dice en público y la que no se puede decir.

Realmente el chico ha captado muy bien la regla del juego. Le auguramos un gran futuro en el oficio.

***

Luego, en la Plaza, nos encontramos, por fin, con el gran Julián, después de leer tantas palabras, tantas informaciones, tantos elogios, que no nos cruzábamos con él desde sus fiascos de mayo en Madrid. En Guadalajara tenemos, al fin, nuestra cita con la importancia, después de tener el cerebro arrasado por tantos adjetivos, tantas comparaciones, tantas alabanzas como vemos y oímos por ahí.

Como no podía ser de otra forma, salvo que hubiese un milagro de por medio, lo que nos trae Julián a Guadalajara es lo mismo de siempre, la misma cansina forma de torear al revés, con importancia; de no vaciar jamás un toro hacia adentro, con importancia; de no meterse en el viaje del toro, con importancia; de matar al julypié, suerte importante. Al final hay lo que hay y por más que lo canten, la mona es una mona Chita, el toreo importante es una mofa del toreo y los que meten la goleada son los revistosos del puchero que llevan cantando las gestas de este hombre por tierra, mar y aire con un empeño digno de mejor causa; hasta que llega el pobrecillo, se pone frente al toro, hace sus importancias, se va y no deja nada tras de él mas que el papel mojado de las críticas mercenarias.
Para más INRI, le salió el toro de más presencia y posibilidades de la corrida, al que trató como a su peor enemigo y no paró hasta que lo echó al suelo deslomado para que se lo levantasen entre unos y otros, que me parece que era el Niño de Leganés quien le tiraba del rabo para levantarle.
Bueno, no es cuestión de hacer más leña de este pobre hombre, que es al toreo lo que Marcial Lafuente Estefanía a la literatura, que según terminabas la novelita no te acordabas ni del título; al menos a aquél nadie se puso nunca a cantarle como la pieza esencial de la narrativa española. Pues aquí, lo mismo, que si lees por ahí a los revistosos del puchero parece que entre Pedro Romero y este July no ha habido nadie, y es que ocurre justamente lo contrario, porque lo que ocurre es que este pobre hombre no es nadie, si hablamos de tauromaquia.

A cambio tuvo El Cid la osadía de componer frente a la divinidad, frente al becerro de oro, dos faenas distintas. La primera de menos compromiso, más ligera, en la que dio la réplica a Julián con sus mismas armas, con partes de toreo despegadillo y facilidad. Faena ligera con algunos momentos buenos como las series de redondos o los pases de pecho, faena de toreo muy relajado y sin complicaciones. En el segundo dio la versión mejor de El Cid, citando con el medio pecho, adelantando la muleta bien encajado, rematando atrás y ligando las series. Por la izquierda estuvo extraordinario de mando, colocación y remate. Hubo una serie de cuatro muletazos magníficos, sin rectificar, finalizada con uno de pecho de pitón a rabo que haría pensar, sin duda, al pobre Julián en su incapacidad física y mental para poder hacer algo semejante a eso en toda su vida taurina.
Cid cometió la imprudencia de abrir la puerta grande de la Plaza Municipal de Guadalajara y no creo que los revistosos acepten de buen grado esta circunstancia, porque es sabido que las orejas, cuando él está presente, o son de Julián o no son de nadie.

El tercero en discordia fue Talavante, que sustituía a Perera. Nos dio un recital de vulgaridad y adocenamiento realmente sin maldito interés. Si teníamos por allí al original, ¿para qué queríamos la copia?

El sol bañando el campo del honor

Cid, Talavante y July

El obligado julyano que enloquece a los revistosos

El desapego julyano que enloquece a los revistosos

El julypié que enloquece a los revisstossos

Capote cidiano

Muleta cidiana

El falansterio taurino de Fourier: sus pañuelos también cuentan

Mariposas talavantinas

¿Qué es torear?

Puesta de sol

Que viene, que viene (en globo)

Talavante


Puerta Grande del Cid