Ignacio Ruiz Quintano
Abc
La infamia del Régimen’78 haciendo de la Vieja Raposa de León Felipe su consentida en Gibraltar ha sido compensada por la Sociedad Civil con la victoria en el Mundial de fútbol, donde nuestros honestos balompedistas corrieron como el viento. ¡Cucurella, el hijo del viento!
Correr por la Patria viene a ser como correr tras el propio sombrero. Según Chesterton, se tiene la impresión general de que es desagradable tener que correr tras el propio sombrero, y no es sólo que haya que correr y que correr canse.
–La misma gente corre con mucha más pasión tras un pequeño y anodino balón de cuero de lo que correría tras un bonito sombrero de seda. Se tiene la idea de que correr tras el propio sombrero es humillante, o sea, cómico. Y las cosas más cómicas son precisamente las que más vale la pena hacer. Me siento inclinado a creer que, en el futuro, el deporte de las clases altas será la caza del sombrero en los días de viento.
La prueba es que a ver la final entre españoles y argentinos acudió la realeza española y el republicanismo americano, cuyo presidente miraba el espectáculo con el mismo nervio de fascinación primaria del ciego del Evangelio que, al recobrar la vista, dijo ver gente “que parecen árboles caminando”. Eran los argentinos, todos alrededor de Messi, el Potele rosarino, a los que Infantino, el “calbo” de “los tenis” blancos, arrastró a la Final de los Fido Didos, Messi y Lamine’2030, montaje enfocado al marketing y al glamour.
Si la Cia de Josselson consiguió imponer en el Occidente de la Guerra Fría la abstracción como “el arte de la democracia” (¡pobres Rothko, el “fauvista de agua dulce de la revista Vogue”, y Pollock, el “trasero de Harpers Bazaar”, en definiciones de Ad Reimhardt!), ¿qué le iba a costar a la Fifa de Infantino imponer en el Imperio trumpete la publicidad como “el arte del fútbol”? Después de todo, y esto también lo avisaba Chesterton, sólo entre gente cuya imaginación ha sido reblandecida por una especie de mesmerismo puede intentarse un truco tan transparente como el de la publicidad, cuya única intención es hacer más ricos a los ricos, que dejan para los pobres lo cultural.
–Todo lo que no se sabe bien qué es o para qué sirve, gana punto en la contemplación –decía bien Ruano–. Lo mismo una criatura humana que un “gong” chino.
Tal que Messi y Lamine’2030 en este Mundial, del que nosotros, los pobres, y merced a los locutores de RTVE, sacamos la certeza de que el balón es… esférico. Porque el hombre es un “animal que crea esferas y habita esferas”, recuerda Sloterdijk tirando de Nicolás de Cusa.
Yo de Sánchez, esa obsesión de nuestras derechas, me pillaría un meyba y a surfear la euforia batueca: elecciones en septiembre, y a contar diputados como Gonzalón en el 82.
[Martes, 21 de Julio]


