Pepe Campos
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Jueves, 16 de julio de 2026. Cuarta novillada nocturna del verano madrileño. Encierro de novillos de Sagrario Moreno (encaste Domecq). Bien presentados. Primero y sexto altos y largos. Bajo el segundo. De mayor trapío tercero, cuarto y quinto. Mansos y nobles. Faltos de fuerza, a excepción del sexto que mostró más brío. Con movilidad menos el tercero, abanto. Algo más de un tercio de entrada. Noche veraniega con brisa.
Terna: Luis Pasero, de Madrid; de azul celeste pastel y oro, con cabos blancos; treinta años; tres festejos en 2025; silencio tras un aviso y saludos tras un aviso. López Peregrino, de Jerez de la Frontera (Cádiz), de verde pistacho, con cabos blancos; veinticinco años; un festejo en 2025; saludos y silencio. Mario Vilau, de Barcelona, de azul cielo y oro; con cabos blancos; diecinueve años; quince festejos en 2025; silencio y oreja. López Peregrino se presentaba en Madrid.
Suerte de varas. Los novillos de Sagrario Moreno cumplieron en el caballo saliendo sueltos de los encuentros. Todos recibieron una primera vara fuerte. El primero perdió las manos al salir del caballo. Tercero y sexto fueron picados con mayor celo —lote de Mario Vilau—. El tercero acusó el castigo recibido en la faena de muleta. El cuarto empujó en la primera vara saliendo al capote; en la segunda se fue de naja. El quinto pidió ser picado hacia terrenos del cinco; se le aplicó una lidia extensa al no entenderse su mansedumbre. Elegimos como muestra de la suerte de varas la del sexto novillo que fue lidiado con soltura por Vilau desde terrenos del diez hacia los medios para ser puesto en suerte. En la primera vara el hierro cayó detrás de la cruz. El Bala le dio fuerte. El novillo se acostó y fue sacado de debajo del peto. Fue puesto en suerte para la segunda vara que le cayó trasera. Le pegaron fuerte de nuevo y salió suelto.
En muchos de los casos en las novilladas nocturnas del verano madrileño se suele echar en falta la pericia de los novilleros. En la novillada de ayer noche la ausencia de sabiduría y experiencia, de práctica y de destreza fue un hecho notorio. Muchos de los novilleros que hacen el paseíllo en estos festejos se anuncian sin haber toreado lo suficiente con anterioridad, y vienen a Madrid de repente; además, con cierta edad encima. De este modo es muy difícil que se produzca el triunfo. Es posible que esté fallando todo el engranaje de preparación de futuros matadores de toros por exigüidad de número de novilladas —es una evidencia; aparte estaría el método que se imparte en las escuelas taurinas y su calidad—. La labor del empresariado en este apartado se presupone como fundamental y es factible que decidan irse hacia el camino más asumible de organizar corrida de toros y no novilladas por tantas plazas y localidades de la piel de toro. Pero sin ir más lejos, cerca de Las Ventas se encuentra la plaza de Vista Alegre en el distrito de Carabanchel que podría ejercer de vivero formativo de novilleros como en su día ocurrió, nos referimos a los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Si realmente nos encontramos en un momento de auge de la tauromaquia, con un número en alza de público joven, no estaría mal anunciar novilladas de promoción en Vista Alegre, y de tal fomento de festejos saldrían novilleros que harían, posteriormente, con un mayor grado de garantía el paseíllo en Las Ventas, plaza de responsabilidad y de exigencia. Así, el camino de la adecuada preparación y el deseado final exitoso tendría un componente lógico y razonable. Pero se ve que no hay modo de arrancar en este territorio de la proyección del mundo taurino. Cierto es que hay circuitos de festejos novilleriles tanto en la Comunidad de Madrid como en Las Dos Castillas, también en otras comunidades autónomas. Empero es algo aparente, o parece serlo, porque la distancia establecida entre este tipo de festejos y la plaza de Las Ventas es palpable y palmario.
En definitiva, los novilleros que se anuncian en Las Ventas, salvo casos excepcionales, hacen el paseíllo para ver si ocurre algo, en forma de milagro, es decir, un éxito sonado, que les saque de su situación desesperada —estar invirtiendo dinero familiar en esas novilladas de los pueblos de Dios—; o vienen a Madrid, digamos, a cerrar un currículum que les avale para poner un futuro negocio de hostelería —en el que no sabemos si se atreverán a poner en el local todo el despliegue fotográfico de su carrera, dada la deriva en el gusto de muchos comensales actuales para no ver la realidad de la vida reflejada en la tauromaquia a través de fotos taurinas en los restaurantes: queremos decir que el público gastronómico español ha cambiado y le gusta comer en espacios minimalistas y de corte ecológico—. Por ello, esta segunda opción baja demasiado en los motivos que llevan a un joven —no tan niño hoy en día— a ser matador de toros. Y nos permite pensar que hay un componente romántico detrás de la apuesta taurómaca. En las sociedades liberales —como la nuestra— el romanticismo se sostiene, todavía existe. Desde esta reflexión podemos imaginar que los chicos que torean en las novilladas del verano madrileño son jóvenes románticos. Luego observamos que lo son, pero no tienen pericia. Les falta aptitud y práctica. Muestran inhabilidad y bisoñez. Así ocurrió anoche, como en tantas otras noches de estos festejos taurinos nocturnos madrileños. Aunque no todo es negativo pues llama la atención que en el mundo de hoy, tan mercantil, tan pragmatista, existan muchachos que quieren ser toreros y lanzan la moneda al aire para intentarlo. Es una actitud loable. Igualmente lo es que en los tendidos veamos a adolescentes, mozos y mozuelas que acuden a ver el posible triunfo de un joven —en ocasiones, no tanto— que en otros tiempos no se le hubiera denominado como zagal, al haber cumplido la mili, y ser ya un hombre hecho y derecho.
Lo más llamativo de anoche en la novillada, como ya hemos apuntado, fue la falta de pericia de algunos de los jóvenes novilleros. En especial del primero y del segundo —López Peregrino hacía su presentación en Las Ventas— que estaban muy lejos de poseer la manejabilidad que les aportaría el disfrute de artificio, de habilidad o de destreza para ejercer el arte de los toros según lo entendería Francisco Montes «Paquiro», allá en la primera mitad del siglo XIX. Han pasado muchos años desde entonces, cuando el arte y la facultad que transfiere el conocimiento eran prioritarios para salir a torear porque «cuando entonces» había que salvar el pellejo, y no mostrarse ni bello, ni bonito, ni «expresivo» como hoy parece ser la base de la tauromaquia moderna. Hoy el tipo de toro lo permite, como ayer noche. Todos los novillos fueron nobles. No hay que insistir demasiado en todo esto: los novilleros hacen el paseíllo en Madrid sin haber toreado casi nada. Solo indicamos que de esta forma las cosas es difícil que salgan favorables. Por otro lado, siempre hay excepciones, el tercer novillero, Mario Vilau —catalán— venía con un número importante de novilladas toreadas. Por eso su actuación fuera más resaltable y obtuvo un triunfo a todas luces obvio. Vilau ya había toreado en la Feria de San Isidro donde dejó muestra de entrega y pundonor. Ayer presentó la misma cara, la disposición, y, en ciertos momentos, oficio —en la lidia del sexto—. Inclusive solvencia en el trazo de los muletazos: con mayor dominio y mando. Asimismo evidenció carencias y un apartado técnico no cultivado si analizamos que no dio distancia al novillo que la pedía —el sexto— y que abría el compás al muletear dejando abierta la puerta al neo-toreo. A sus dos novillos los recibió a porta gayola —aunque el primero no entró en la suerte—. Inició las dos faenas de rodillas en los medios. Su primer novillo —el tercero— acusó las varas recibidas y llegó extenuado a la faena, sin posibilidades. Lo mató de pinchazo en la suerte natural, y de estocada en la suerte contraria. Al sexto lo exprimió —sin distancia adecuada— y con garra le sacó muletazos dejándole la muleta en la cara y tirando del animal. Calentó al respetable con bernadinas —catalanas— emotivas. Mató en la suerte contraria de estocada eficaz.
A Luis Pasero se le vio envarado —falto de naturalidad y de festejos—. No obstante, quiso hacer bien su labor. La colocación delante de los novillos fue la ortodoxa. No tanto en la manera de conducirlos al torear despegado. Intentó bajar la mano, dar distancia, y en el cuarto dejó la mejor tanda de la noche al torear en redondo, pero sufrió desarmes. Al torear en redondo al primer novillo, haciéndolo «al natural», cambió el estoque simulado de mano y evitó la fealdad de arrojarlo a la arena como hacen muchos matadores del escalafón superior en muestra de desprecio a su oficio. Mató al primero en la suerte contraria, de dos pinchazos, una estocada atravesada y delantera y dos descabellos. Al cuarto en la suerte contraria de estocada baja.
López Peregrino, de Jerez de la Frontera, se le percibió ese toque andaluz de querer mostrar «gracia». De talla pequeña. Poco dominador con los engaños. En la muleta su primer novillo fue a su aire, por fuera. El astado se le impuso en el tramo final. Todo deslavazado. Mató en la suerte natural de dos pinchazos y una estocada baja. En el quinto volvió a las afueras, a darle libertad al animal, que al no ser llevardo, en la fase final de su tarea, tuvo que recurrir a machetearlo. Mató en la suerte natural de estocada perpendicular, caída.
El próximo jueves, 23 de julio, se celebrará la novillada final del ciclo de nocturnas (nueve de la noche) con el siguiente cartel: novillos de Guadaira para El Mene, Nacho Torrejón y Mario Vilau.


