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martes, 26 de noviembre de 2019

Naciones



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En tiempos de Karl Kraus, cuando una civilización sentía próximo su final, mandaba a llamar a los curas. En tiempos de Iván Redondo, cuando una nación resuelve suicidarse, manda a llamar a los cómicos, que pregonan para el Régimen las dos soluciones del Consenso: primero, aprender catalán (Quique González, que hace rocanrol con “una pedagogía de hambre en el suburbio”), y luego, preguntar “qué quieren” a los secesionistas catalanes (Luis Tosar, que hace anuncios de cervezas).
    
Somos lo que fuisteis; seremos lo que sois –es el canto de Esparta que a Renan le parece el himno de toda patria.

    Choca que se encargue a los cómicos la vivisección de España, pero ¿dónde están las grandes cabezas? Lo intentó Ortega, que se perdió en los veinte folios de la conferencia de Renan en la Sorbona.

    –Nación es haber hecho en el pasado grandes cosas juntos y querer seguir haciéndolas en el futuro –dice Renan, de donde Ortega extrae su nefasto “proyecto sugestivo de vida en común”, una nación sentimental, la del subjetivismo romántico, frente al mero hecho de existencia colectiva, que nada más puede ser, objetivamente, una nación.

    El hecho objetivo de la nación es ajeno a la voluntad y, por tanto, a “lo decidible” (el inexistente derecho a decidir), es decir, a los proyectos sugestivos que sólo son proyectos de poder para, en nombre de la nación subjetiva (¡el “alma nacional”!), tomar el Estado, por la vía del federalismo catalán (¡Proudhon pasado por Pi y Margall!) o por la vía del etnicismo vasco.

    –Yo me siento sólo vasco y hay una nación vasca con derecho a decidir su futuro –dice Aitor Esteban, que igual podría sentirse Napoleón con derecho de conquista sobre Egipto o Josefina, y tampoco sería tan descabellado, si tenemos en cuenta las similitudes históricas del Directorio francés con el Régimen del 78, que no ha encontrado, ay, a su Teresa Cabarrús.

    En España nunca hemos sabido atar la mosca de la nación política por el rabo. Y nos darán veneno hasta que nos sepa bien.