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viernes, 18 de septiembre de 2009

MALAGUEÑA



José Ramón Márquez


Las plazas de toros tienen su alma, cada una de ellas la tiene. Cada plaza aprecia un tipo de toro y un tipo de toreo, sabe lo que le gusta y lo que no. El cambio de Málaga a plaza de primera parece que ha provocado en La Malagueta una pequeña revolución porque de pronto da la impresión de que la plaza no se encuentra a sí misma, que a raíz del cambio administrativo, aún no se han definido ni el toro ni el torero de esta Malagueta de primera. Por eso se dan estas fluctuaciones que se han producido en este año, con esas corridas que tan poco han tenido que ver unas con otras y con esos carteles más bien escorados hacia los llamados ‘toreros mediáticos’ La impresión desde fuera es que, como se ha dicho antes, la plaza anda a la búsqueda de su identidad, como si tal cosa le hiciera falta. Pero esa identidad es fácil de rastrear y no es necesario remontarnos a Guerrita. Basta con mirar un poco hacia atrás cuando alrededor de un gran Presidente se dieron corridas muy serias, lo que hacía que la plaza, siendo entonces formalmente de segunda, contara muy principalmente en el cómputo de la afición. Esa línea es la que debería guiar el afán de los rectores del centenario coso, porque eso sería lo coherente, para con la grandiosa historia de la Plaza y para con los serios aficionados malagueños. Para otro tipo de aventuras, Marbella está muy cerca.