jueves, 9 de abril de 2015

Perder sin explicación

Francisco Javier Gómez Izquierdo
      
        Cuando el árbitro del Deportivo-Córdoba pitó el final del partido, justo después de que Krhin fallara un gol completamente sólo ante el portero Fabrizio y el marcador reflejara un inútil 1-1 para los dos conjuntos, me acordé del caso del tío Wenceslao, un señor muy brutote de mi pueblo que en insólita confusión llamó a voces a su señora desde la cuadra -la cuadra era la calefacción de las casas en la sierra de la Demanda- en los siguientes términos: Irene, baja el candil que la mula ha soltado una coz y no sé si me ha dado a mí o la pared”. Así te quedas al final de muchos partidos del Córdoba. Sin entender por qué no se ganan y preguntándote por qué no tenemos una “miajita” de suerte. Mejor, que no nos castigue tanto la Fortuna.

       Los partidos que juega el Córdoba son extraños. Muchos los pierde con todas las de la ley, otros por debilidad propia, pero, por lo menos en cuatro ha caído sin explicación convincente. El de ayer en La Coruña, por ejemplo. Vas ganando 0-1, dominas, tienes ocasiones para sentenciar, por fin no juega Zuccullini, te anulan un gol, a portería vacía tu jugador Heldon dispara al aire, expulsan a uno de los suyos, Luisinho... y cuando estás convencido de que están los tres puntos en la talega, se cede un saque de esquina innecesario y a resultas del mismo, uno de los nuestros, el delantero rumanito Andone ensaya una inverosímil jugada defensiva: ceder con el pecho al portero. Para tal alarde se necesita mucha técnica y los pectorales almohadillados, detalles que por desgracia no posee Florin. El balón rebotó desobediente y venenoso hacia la red cordobesa ante el asombro de propios y extraños y el desconsuelo del valiente y esforzado rumano. Otro gol estupefaciente, como el de Fede Vico ante el Getafe. El encuentro agonizaba, pero aún saltó la posibilidad de que Krhin enmendara la desgracia de Florin Andone. No pudo ser. Al esloveno le faltó serenidad y quizás también técnica. La caprichosa bola tropezó en una parte de Fabrizio y final del partido. A los cordobesistas nos dejó con la cara partida y con la sensación de que nos ha mirado un tuerto. Creo que ganar no hubiera servido de nada, pero en una carrera siempre da moral ver el culo del que va delante.

     El Dépor juega bastante peor que el Córdoba y en Coruña lo reconocen. Por eso su presidente ha vuelto a cambiar de entrenador y sobre todo porque ya sólo quedan cuatro equipos –¿seis con Elche y Levante?- para los tres puestos deshonrosos. Huele a debacle andaluza con el Córdoba, Almería y Granada como máximos candidatos al descenso, pero el Deportivo no es mejor que ninguno de los tres.

Voglio una donna!


VALETUDINARIA

Leonor Estense circunfleja en su lecho
se dedaleaba oyendo
a Tasso encaramado en un árbol
gritar: -Voglio una donna!

Gerardo Deniz Fosa escéptica

Tancredos



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Lo ha tuiteado Hughes, con su sexto sentido:

Ahora sí que se tiene que estar bien en UPyD.

Latigazo digno de Chumy, y digo Chumy por no decir Mingote, que sería mentar la soga en casa del ahorcado, que oficialmente es Rosa Díez, con quien tan cabreado anda el periodismo, ahora que Upeydé ha dejado de ser el motel, que decía Tom Wolfe, donde pasar la noche camino del destino: la Gran Novela.

Porque en España ese motel son los partidos, y en Madrid no hay manera de encontrar taxi o bicicleta libres, pues todo es correr a Ciudadanos, que es el de moda, como los apóstoles, por estas fechas (Resurrección), corrían a Galilea.

Es la España de siempre, que se divide en dos: la de los que corren y la de los que se quedan quietos.

Frente a la histeria algo nenaza de Cayo Lara (“¡Nos vamos al garete!”), quietos están Díez y Rajoy, que se profesan un odio termodinámico. Son nuestros Tancredos, herederos de don Tancredo López, célebre sugestionador de toros sobre el que Bergamín trazó su maravilloso retrato de una España en paro.

El siglo XX, que para los franceses había empezado con la torre Eiffel que no quiso Barcelona, para los españoles empezó con Don Tancredo.

Los dos –dice Bergamín– son arbitrarios y gratuitos: la torre Eiffel no tiene nada que decirnos; nuestro hombre estatua o estatuido nos lo dice todo, como un filósofo.

Don Tancredo, insiste, tenía la particularidad, tan española en el sentido humano más aristocrático, o más griego, de ganar su vida ociosamente; de querer ganarse la vida sin hacer nada ajeno al sentido ocioso, gratuito, de la vida: al don prístino de vivir. O sea, que era un verdadero señor o aspiraba a serlo.

Antes de abrir la puerta de los toriles, se colocaba en el centro del redondel, sobre un pedestal de medio metro de altura, Don Tancredo, y se soltaba un miura cinqueño.

Si yo fuera votante de Díez o Rajoy, buscaría consuelo (¡y fe!) en la lectura del “Don Tancredo” de Bergamín.


¿Dónde hay un taburete?

Lellendo lo de la balleta

¡Por los huesos de Cervantes!


Jueves, 9 de abril

Valle de Esteban

VEJEZ
Encomendar al tendón
lo que antes hacía el músculo.
Gerardo Deniz Fosa escéptica

miércoles, 8 de abril de 2015

Brian

Estirar el pescuezo


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El bullicio mediático con Rivera indica que la sociedad española está en uno de esos momentos en que cualquiera que estire el pescuezo para respirar en un vagón de metro en hora punta puede ser tomado por un Brian de “La vida de Brian”.

Pasó con Rosa Díez, que iba de madre de los Gracos y acabó de madre de Brian, que le ha pispado todo el voto, y ha pasado luego con Pablemos, el que prometía un sueldo para cada español, y ahora, con Rivera, que promete que “los votos de todos los españoles valgan igual”, y no sé yo en qué canción de Sabina se explicará eso.

¡Cierra tu Byron y abre tu Goethe! –fue la consigna romántica de Carlyle.
A Rivera hay que decirle que cierre su Sabina y abra su Hamilton, y que se deje de sinécdoques socialdemócratas, ya que lo de cambiar listas cerradas por listas abiertas equivale a cambiar la ley D’Hondt por la ley de Murphy, según la cual,  si algo puede salir mal, saldrá mal.
Como Fandiño en su encerrona madrileña del Domingo de Ramos echó por delante el pablorromero, en su encerrona nacional de mayo Rivera echa por delante una ortegada (“ortegadas” llama Ferlosio a las jitanjáforas de Ortega), “proyecto de país”, como si España fuera el Atleti.
Y tras el “proyecto de país”, el birlibirloque de las listas cerradas por listas abiertas. Hombre, Rivera, que, cerradas o abiertas, lo antidemocrático (en una democracia formal) son las listas. Y las camas redondas. Y los pactos. Todo, naturalmente, por cuenta del Estado, que tampoco hay que confundir (aunque lo haga todo el mundo) con el gobierno.

Pero Rivera tiene una idea Disney de la Santa Transición, que es la misma idea Disney que su generación tiene de la Tauromaquia. Su ideal político es el suarismo, pero el suarismo fue reparto, y cuando se acabaron las cosas a repartir, se acabó el suarismo.

En el país de Disney hubo un Madison que dejó escrito que la libertad exige que los tres grandes departamentos del poder sean separados… y distintos.

Un buen anticonceptivo


JÉGUEL SUSURRA

Oye mi lógica, Segismundillo:
no poseer un buen anticonceptivo
es haberlo hallado ya.
¿No te inspira?
Gerardo Deniz Fosa escéptica

La zona Messi

Messi

Pepe Campos*

La relatividad instalada en los tiempos actuales ha convertido el fútbol en un juego de zonas, con defensa zonal, ni tuyo ni mío, con libertad de espacios para que se circule por ellos a las anchas de cada jugador, sin interferencias de propuestas obsoletas, digamos de marcaje de individual, que puedan impedir el espectáculo de ver a ciertos jugadores introducirse como Pedro por su casa hasta la cocina de cualquier área rival. Para deleite de públicos piperos que quieren ver goles de fútbol sala, sin añoranza de goles auténticos, trabajados, épicos, que remitan a cuando había tensión en el fútbol, pongamos como ejemplo el conseguido por Thiago Silva, de cabeza, ante el Chelsea en el mes de marzo pasado. Una acción que recordó a Luis Pereira, el jugador del Atlético de Madrid, que jugaba siempre con una sonrisa en la boca, al estilo Antonio Bienvenida, y que era capaz de hacer lo mismo que su colega brasileño, T. Silva, marrar en la propia área y acertar en la contraria, en un breve suspiro, llevado por la casta. Un golazo el de T. Silva que vale por todos esos que hacen sumar tantos récords en la escala estadística que vivimos. Hoy se fabrican goles como churros, goles de los que nadie se acuerda una vez terminado el partido. Como ocurre en los toros con los toreros que fabrican pases al modo de hacer chorizos y que se olvidan al mismo tiempo que se están viendo.

El amor propio, el pundonor, el orgullo se ha perdido en el fútbol. Ahora se prefiere perder por goleada, incluso por eso se reciben críticas piperas favorables, y se producen renovaciones de contrato para el entrenador. Porque el resultado demuestra que el equipo pequeño ha intentado jugar al toque, pasarla con elegancia, irse arriba de manera atolondrada. Dejar espacios libres, y dejárselos a esos jugadores que se colocan en zonas intrascendentes del campo, sin vigilancia, para desde allí trazar una diagonal hacia afuera que le sitúe en la zona pequeña de la cancha de fútbol sala. Donde se les permitirá pisar cómodamente el balón, como se le toca el pitón a un Juan Pedro hoy. Para encarar desde allí al defensa zonal, ese que deja pasar, por arriba y por abajo, por el lateral, al que se le puede hacer un túnel o un sombrero, porque sólo resopla. Un resoplido lejano, que es fácil entender como un acoso, por inconveniencia, por antiestético. Un soplido que lleva a todo jugador de fútbol sala al suelo, motivo de falta, de tarjeta, de estadística. Al delirio del piperío. Al gol intrascendente. A la suma de goles. Una vuelta a la niñez, a un juego de niños, cuando siempre metía goles el mismo, que era quien elegía a los compañeros tras echar a pies, para que le pasaran el balón sólo a él, y ponía al que no valía para nada de portero. Al que no entendía de fútbol. Personaje que con el tiempo se ha hecho pipero. Y como comer pipas distrae mucho, qué mejor cosa que acotar zonas y dedicarse a ver (a Messi) jugar a fútbol sala.
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*Pepe Campos es profesor de Cultura Española 
en la Universidad de Wenzao, Kaohsiung, Taiwán

Miércoles, 8 de abril

Valle de Esteban

DESCONCIERTO
Del salón en el ángulo oscuro
un fantasma hacía pipí.
Gerardo Deniz Fosa escéptica

martes, 7 de abril de 2015

Mujeres y hombres



Francisco Javier Gómez Izquierdo

     Rafael se hizo novio de Araceli, una mocita  guapa de dieciséis años, cuando él apenas tenía dieciocho. Araceli era celosa,  egoísta, presumida y dependiendo de la estación, se le alborotaban los sentimientos sin razón aparente:

     -Como te vayas, me tiro de la peña.
    
Araceli era hija de santera y se ponía farruca cuando Rafael tenía que volver a casa ya muy de noche, después de cortejarla junto a la ermita que guardaba su futura suegra. Araceli no tuvo otro novio que Rafael. Casó con él a los veinte años y tuvieron dos hijas. La segunda de las criaturas vino al mundo en un parto mal atendido por los médicos de la Seguridad Social y Rafael denunció a la Administración. La madre de Araceli, más limosnera que eremítica en el ejercicio de su ocupación, con el olor del dinero tomó asco a Rafael y entonces comenzó uno de esos calvarios que en distintas modalidades padecen muchos maridos con la complicidad de una normativa que a veces se interpreta con las entrañas.

     Rafael se tuvo que ir de una casa que le costó mucho sudor pagar. Su suegra, más que su mujer, haciendo caso omiso a las disposiciones judiciales, no le permitía ver a las hijas, hasta que en un acto desesperado y sin duda reprobable entró en casa, sujetó con cuerdas las manos de Araceli y le suplicó llorando que  no volviera a denunciarlo sin motivo, que se quedara con todo, pero que le  permitiera ver a sus hijas y sobre todo que lo dejara en paz de una vez. La desató y se fue.

      En éstos términos denunciaron los hechos Araceli y su madre y así los reconoció Rafael ante Su Señoría. Rafael entró preso por secuestro y amenazas en el ámbito de Violencia de Género y como quiera que  tenía ya dos condenas, una de  tres meses y otra de seis  por insultos y menosprecio en anteriores causas, acumuló siete años de prisión de los que lleva seis y medio sin disfrutar permisos y sin perspectivas de poder hacerlo. Va a cumplir a pulso porque no hay Ley mas rígida y escrupulosa que la que condena a los acusados por Violencia de Género. Sobre todo cuando son reincidentes.

     En el caso de Rafael, el condenado al menos es culpable de un acto injusto, pero ¡ay de aquéllos que el juez encarcela con la simple denuncia verbal de una mujer despechada!

     No hemos de olvidar que el feminismo -el bien-  no admite perversidad en su especie y por ello los legisladores persiguen a todo hombre, susceptible de adquirir hábitos machistas. Con que lo diga una mujer, basta.

El Árbol de las Manitas


Rothko, Chillida y Freud en Las Ventas

 El desconchón y el churrete

José Ramón Márquez

Con tanto lío de Fandiño, de Eugenio de Mora, de que si se llena la Plaza o se queda a medias, de que si los toros tienen que embestir o meter miedo, hay que ir a Sevilla para acordarse de lo principal que, como se nos enseñaba en la Enciclopedia Dalmau Carles, es el aseo. En Sevilla, con los Maestrantes encima, la Plaza está como un joyero de limpia y de pintada, de aseada, de guapa. Parece que la hubiesen acabado de hacer anteayer. Unos señores armados de unas brochas y unos cubos de pintura van repasando las paredes, las barandillas, las barreras, los burladeros; otros peinan la arcilla, la tierra de albero que hay en el ruedo, y la dejan como si nunca antes hubiese sido hollada por un pie, un casco, una pezuña. Miras arriba y ves la bandera de los maestrantes, tan blanca, tan aseada, miras abajo y no ves un papel… como si un arte mágico la mantuviese impoluta, impecable, virgen.

En comparación a eso, y acaso para establecer una diferencia de las que se notan, en Madrid tenemos a ese delicioso Abeya, paladín de la cultura que, por no copiar a los sevillanos y buscar su propio camino, ha optado por echarse en brazos del “Arte povera”. Abeya no desea la cosa facilona de que las gentes lleguen a la Plaza y despachen el asunto con un frío e impersonal: “¡qué bonita y limpia está!”, él demanda de manera plenamente consciente la intervención del público, la toma de partido, la toma de posición entre el objeto y su forma, y por eso propone un modelo de extremismo basado en valores marginales y pobres; y donde los sevillanos ponen una simple capa de pintura, él sugiere múltiples capas sucesivas en las que juega con gamas de tonalidades; y donde los sevillanos ponen un poco de argamasa, Abeya propone el desconchón y el chorretón, como queriendo que el espectador penetre hacia el interior de la propia esencia de la Plaza, que no se quede deslumbrado por el brillo de lo aparente y profundice hacia las interioridades de la materia de la que la obra está hecha. Abeya, un esteta a fin de cuentas, no consiente el brochazo uniforme y pastueño, le encanta la confrontación de los colores en la misma gama y tiende un emocionante homenaje al White over Red de Mark Rothko junto a la puerta de acceso al tendido alto del 9 en una brillantísima composición lineal, Red over Red, como de sarampión subido; y luego, en un inteligente guiño, se enfrenta al  óxido en el hierro de las barandillas y donde algunos sólo son capaces de ver la acción del oxígeno sobre el metal, Abeya traza, sublime, el recuerdo emocionado a Chillida en aquella rocambolesca historia con su Topos IV (hierro y óxido), que fue sustraída de una galería y vendida como chatarra a 0.22€ cada uno de sus 150 kilogramos de peso.

Y luego, las puertas. Otra de las obsesiones abeyanas. Según Freud la puerta representa a la mujer y sus órganos genitales y Jung ve en ellas algunas aperturas del cuerpo, pero también les atribuye un simbolismo espiritual en el que la puerta represen­ta las oportunidades y los proyectos. En Abeya la puerta permanece cerrada, la de bajar a la calle, y mantiene un cancerbero en el acceso que avisa de que está averiada… ¿averiada tras seis meses de inactividad en la Plaza?... y además ¿una mujer custodiando la bajada para impedir llegar a dicha puerta? El planteamiento de la sutil propuesta de Abeya es, simplemente, escalofriante y nos sumerge en los más intrincados vericuetos de la siqué. El hecho de que la puerta, además,  no reciba un solo cuidado, de que se deje su materia expuesta de manera casual a las inclemencias ambientales y al orín de las mascotas eleva de manera neta el carácter simbólico del arcano que construye Abeya sobre la pulsión del deseo y de su ocultación, lucha de luz y sombra entre el inside y el outside, el metisaca como aquél que dice. Y un poco más allá, como fabulando los sueños, la puerta chiquita que Abeya horada junto al patio de caballos. Puerta enana de Imaginarium, acceso recóndito al guadarnés, puerta trasera de escape o de secreto ingreso horadada en el magnífico muro de mampostería, minimalismo del aparejo de ladrillo vulnerado por la mano abeyesca en su más magna obra, la que legará a las venideras generaciones, demolición y cargadero planteados para perpetuar la memoria de aquél que amó tanto a la Plaza de Las Ventas que no hizo nada por conservarla y que en sus postreros momentos practica un orificio a un muro, casi una capilla diríamos, en un purísimo afán de trascendencia.

Y por último, la bandera. Abeya, hombre internacionalista y mundano, ha conseguido reducir el simbolismo de la bandera, rebajando su significación a la de trapo negruzco y deshilachado. Para el inicio de la temporada se nos obsequió con un jirón en la banda roja inferior de difícil explicación simbólica, como no sea la de la oculta pulsión de que esa banda roja inferior desaparezca para ser sustituida por otra banda y otro color. 

Es difícil intentar abrirse paso por la mente de un personaje tan complejo y tan sutil, empeñado constantemente en proponer tantos emblemas, tan elaborados juegos de significación, de pura cultura, de pura civilización. Imaginamos constantemente a Abeya en momentos fecundos para el hombre, poniendo su inteligencia al servicio de las más diversas causas: en la Florencia del siglo XV, entre los Médici y los condotieri, impulsor del arte y de la diplomacia,  entre los Padres Fundadores de la nación Americana, apostillando con sabiduría la Constitución de las colonias; en el Concilio de Trento, poniendo sus palabras junto a las de Diego Laínez; junto al Conde Duque de Olivares como vicealcaide del Alcázar de Sevilla… qué se yo… y por eso es que muy a menudo nos preguntamos:

 -¿Por qué, Dios mío, nos le has tenido que poner en esta época nuestra y no en cualquier otra de las de la Historia, contando desde la cueva de Altamira?
 Red over red
Homenaje a Rothko

 Recuerdos de Chillida

 La puerta cerrada

 Intemperie y orín

 La puerta chiquita

El muro vulnerado

Alvaritos

Rotonda en Guadalix de la Sierra


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

De Gaulle fue el último líder occidental (puso en marcha el único caso de democracia formal en Europa), y un día, en rueda de prensa, soltó:

¿Cómo se puede gobernar con acierto un país como Francia, que tiene trescientas clases de queso?
¡Ay, el queso!
Una vez al año, los niños espartanos debían resistir en el altar de Artemisa los fustazos de los mozos y, antes de caer, hacerse con un cacho de queso.

Con una malicia muy Lewis Carroll, Emilia Landaluce ha hecho posar al candidato de Podemos a la Junta extremeña, a falta de jalufo, con un bocata de queso, que no le gusta, pues prefiere el jamón, razón por la cual se presenta a las votaciones autonómicas, sinecura montada para dar salida a las militancias de provincias y que ha creado un tipo de españoles semejantes a los negros cigarrosos que Spike Lee saca sentados en una esquina despotricando de los chinos hormigueros de la esquina de enfrente.

El candidato extremeño es politólogo y se llama Álvaro Jaén, versión complutense de aquel Alvarito Palmares, aviador, de la novela de Pemán, que quería traer la República arrojando desde el cielo unas octavillas.

La Aviación española es muy izquierdista, decía Palmares, para quien ser de izquierdas era acostarse y levantarse tarde, no aplaudir en los toros cuando entraba el rey, opinar que las tierras destinadas a los toros bravos sirven para criar naranjos, decir que el problema de España es “un problema de cultura”, etcétera.

Rosa Belmonte invocaba ayer la leyenda murciana de Hernández Ros, devorador de lubinas, que contestó a un camarero que le ofrecía endivias: “Más marisco no”.

Para la izquierda, las autonomías son el milagro del marisco y el jamón.

Es más que un amigo –decía El Cordobés, que viajó siempre con un jamón–. Te quita el hambre y nunca te traiciona.
Una vez cortado, el mejor modo de preservarlo de los gorrones es el de Pepe Brajeli (apoderado de Curro), que, para ir al lavabo, colocaba su dentadura sobre el plato.

Cuando en España cantan "nicht diese Tone"


NOVENA

Cuando en España cantan
"nicht diese Tone", acaso por errata,
se hace polvo el lladró, se agrieta el váter.

Gerardo Deniz Fosa escéptica

Garissa



Hughes
Abc

Como tantos, me enteré de la matanza en Garissa por la televisión. Me sorprendió escucharla a mitad de las noticias, después de una tragedia naval en Rusia. Hice «zapping»: lo mismo en otros canales. Acudí al cálculo macabro para entender la proporción: Quizás un ruso interese por tres de Kenia, pensé. Pero seguía confundido porque en la matanza había muchos elementos noticiables: la espectacular barbarie del crimen, el terrorismo fundamentalista, el desequilibrio político de la zona y además, y sobre todo, el aplastamiento de la minoría cristiana. La perplejidad crecía y no ayudó mucho encontrar similar descuido en prensa y radio.

Lo de menos ya es la evidencia de que un muerto africano interese lo que un accidente de bici pequinés; eso estaba claro. Por no tener, ni tenemos a ese negro que nos acompañaba de niño, angelito rodeado de moscas que sacaban en el telediario y que obsesionaba al español, que le obligaba a ser bueno, a rezar por él y a comerse las lentejas. Ese peso moral no se siente.
También está ya más que asumido el abandono de la minoría cristiana, algo que explicó Jon Juaristi en estas páginas y que lleva a preguntarse si después del exceso narcisista del «Je suis Charlie Hebdo» no hay un terror inconsciente a ponerse el «Je suis cristiano» y enfrentar sus posibles consecuencias.

Pero saltándonos todo eso, que ya es mucho saltar, lo que más asombra es la falta de perspectiva. Tenemos el catalejo apuntando a nuestro ombligo. La identidad, el bienestar estatalizado, este paréntesis de inconsecuencia... Apetece poco ponerse a entender lo global, ni su complejidad, ni la despistada ufanía de nuestro eurocentrismo.

Esa noticia hubiese interesado sólo de haber sorprendido allí de vacaciones a un matrimonio de Calasparra. Entonces tendríamos lo que el periodismo, en mezcla difícilmente superable de abyección y bobaliconería, llama «una historia».

Es raro que una noticia que explica los derroteros de un continente y una amenaza de genocidio se esconda entre un accidente, las costumbres del loco Lubitz o un mitin en Algete. ¡Ay si hubiera sido el esguince de un subsahariano encaramado a la valla de Melilla!

Martes, 7 de abril

Valle de Esteban

A PIE
juntillas: prueba
de que los cojos no debieran
implantar modos adverbiales.
Gerardo Deniz Fosa escéptica

lunes, 6 de abril de 2015

Cera en el pavimento

F.J.G.I.

Frida Kahlo sobre "el mundo de la cultura" (europeo)

[A Hughes]



En enero de 1937, Frida Kahlo llega a París con la intención de mostrar su obra en una exposición. Pero se encuentra con que André Breton, que debería haber tenido todo preparado, no ha pensado en una galería. ¡Ni tan siquiera ha sacado sus cuadros de la aduana!

Frida se siente desesperada con los intelectuales y artistas europeos y, como muestra, aquí está un botón: 

“Hablan sin cesar acerca de la ‘cultura’, el ‘arte’, la ‘revolución’, etc. Se creen los dioses del mundo, sueñan con las tonterías más fantásticas y envenenan el aire con teorías y más teorías que nunca se vuelven realidad. A la mañana siguiente, no tienen nada que comer en sus casas, porque ninguno de ellos trabaja. Viven como parásitos, a costa del montón de perras ricas que admiran la ‘genialidad’ de los ‘artistas’: mierda y sólo mierda, eso es lo que son. Nunca he visto a Diego ni a ti [se refiere a Muray, un amigo estadounidense] perdiendo el tiempo con chismes estúpidos y discusiones ‘intelectuales’: por eso ustedes sí son hombres de verdad y no unos cochinos ‘artistas’… ¡Caramba! Valió la pena venir sólo para ver por qué Europa se está pudriendo y cómo toda esta gente, que no sirve para nada, provoca el surgimiento de los Hitler y los Mussolini. Creo que voy a odiar este lugar y a sus habitantes todo el resto de mi vida. Hay algo falso e irreal en su carácter que me vuelve loca.”

Frente a los artistas europeos, Diego Rivera le parece un prodigio de sensatez. Me temo que nunca se ha hecho una acusación más denigrante contra los intelectuales y artistas europeos.

Ya nos vamos, ya

M.M.C.

Vucaque & Mow en Sala Juglar


LITERAL

Cuando el Poeta les diga
que está hecho pedazos,
olfateen...
              y comprenderán.

Gerardo Deniz Fosa escéptica

Madrid - Benarés

Calle de Villanueva

J.R.M.

El baúl de la Piquer

Baulismo triunfante

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Ahora que Pepe y Sergio Ramos dirigen un seminario sobre el recibimiento al Madrid en los campos de España, hay que decir que en los toros, al contrario que en el fútbol, lo importante no es el recibimiento, sino la despedida.

    Al contrario que el Real Madrid, Curro Romero llevaba la penitencia en las despedidas. Una vez, en Valladolid, la tuvo tremenda. Bajo las almohadillas voladoras, al pasar junto a su apoderado, Manuel Cano, le comentó:

    –Oye, Manolo, ¿pero esto [Valladolid] no estaba tomado?


Prebaulismo, o baulismo pensante


Por estar casado con su hija, Conchín (amadrinada, ay, por Evita Perón), Curro era yerno de doña Concha Piquer, cuyo baúl daría origen a un “baulismo” primitivo, el del baúl de la Piquer, en boca de todos los piperos viajados, que tiene su versión contemporánea en el “baulismo” de Raúl González Blanco, un “ismo” del que Jarroson sería su André Breton.
    
Como el de la Piquer, el baúl de Raúl (“el baúl azul de Raúl”, cantaba Alberto Pérez, cundo hacía bolos con Krahe y Sabina) tiene muchos años, ha dado muchos tumbos y es objeto de la veneración pipera.


Baulismo prisante

En el baúl de Raúl está el programa de un Madrid alternativo y pipero que sería como el sector ruso de Berlín.

    Raúl reniega de los galácticos, aunque gracias a las camisetas que ellos vendían el club pudo pagarle a él su acendrado madridismo. (Hay un madridismo acendrado, que es el de los que se hacen ricos con él, y un madridismo fetén, que es el de Bernabéu, que trabajaba de balde, y Zidane, que renunció a un año de contrato.)


Baulismo tomatero


En el Madrid de Raúl, pues, no habría galácticos. Guardiola (¡el Pep!) sería el amigo. Los responsables de Valores, Valdano y Del Bosque (“el hombre al que quiso conocer Martín Patino”, en greguería de Hughes). Y el señorío descansaría sobre los hombros de Casillas y Ramos, el Cary y el Grant de la situación. Con eso, el Madrid sería como el Córdoba, es decir, querido por todas las adiciones de España.

    En ese baúl de Raúl uno sólo echa en falta a Milla, que habla como jugaba y dice frases de pase corto, como “conjunto nazarí” (creo que llamaba así al Granada, que vino al Bernabéu sin baúl para llevarse los goles), “cambiar el rol”, “no pone las manos duras”, y sobre todo, “vuelvo a repetir”: “vuelvo a repetir de nuevo”, “vuelvo a repetir otra vez”, y así.

 ¿Por dónde tiraría la falta un baulista?
 
Baulismo madridista

Será la Mejor Liga del Mundo, pero no sé si eso justifica venir de Granada a que el Madrid te meta nueve goles y que Milla te llame “conjunto nazarí”.

    Lo de ayer en el Bernabéu fue una capea para turistas resuelta por Bale, el jugador más poderoso (y antipipero) de este Madrid, y dramatizada por James, que en su regreso siguió mostrando su cara de novio de telenovela latinosa recién dejado. Con el gol de pesado de Bale y la asistencia de tobillo de James en el primero de Cristiano se acabó un partido que en boxeo, deporte con bastantes más valores que el fútbol, se hubiera zanjado con el recio Abel lanzando la toalla desde el banquillo. Cómo sería la cosa que salió hasta Chicharito, cuyo ego, por lo que ha dicho en México, no parece estar lo cuidado que presumen los chistularis del Administrado de Egos, que ayer, con ese tiquitaca chicloso que se trae en la boca, tuvo el valor de celebrar los goles con los puñitos apretadicos, como si Abel fuera Simeone.

 El secreto del baulismo

MORANTE EN LA CAPEA
    Morante, que no se dejó ver en Las Ventas el Domingo de Ramos (ya suponemos que por si acaso, teniendo en cuenta el ganado que se anunciaba), pasó por el Bernabéu el Domingo de Resurrección, una capea futbolera (“capear el temporal”, decían los radiofonistas) de las que le gustan y que disfrutó mucho. No intercedió por Chicharito, su compadre mexicano, pero dijo que Ramos e Isco hacen un arte como el suyo, y, si él lo dice, no seré yo quien se lo discuta. Morante se pasa la temporada despachando juampedros, que es como si el Madrid jugara cada jornada contra el Granada, “porque se nos da bien”. Cosas del arte.

Baulismo imperial

Resurrección en Madrid. Entre Quillo y Osado

 No es Sevilla

José Ramón Márquez

Segunda corrida de la temporada en Madrid, Domingo de Resurrección y primera entrega de la miríada de juampedreo que nos espera de aquí a octubre, y que Dios nos coja confesados. Para fecha tan relevante se eligió, entre los centenares de ganaderías posibles, la de Martín Lorca para el cartel, completada en el programa de mano con la de Escribano Martín, que es lo mismo que lo de Martín Lorca, o eso parece, aunque habrá finísimos paladares que serán capaces de discernir qué sutiles diferencias distinguen a la una de la otra, si es que tales diferencias existen. Entre el cuarto, Quillo, número 15, y el primero, Osado, número 53, había quince meses de diferencia y entre el sexto, Ilusionado, número 65, y el Quillo cinqueño, algo más de ocho arrobas de diferencia. Ahora, eso sí, a  cuernos no les ganaba nadie, ni el que los inventó. Vaya leña la que llevaban en sus cabezas los Martín, lo mismo los del encaste Lorca que los del encaste Escribano. Vaya arboladuras menos juampedreras, que uno no sabe nada de manejos ganaderos, pero se ve a las claras que desde que don José Luis compró las reatas fundacionales después de la canónica eliminación de lo anterior hace un cuarto de siglo, la cosa ha ido por sus propios derroteros y los toros ya han ido derivando hacia el rollo lorquiano, que es el de poco a poco ir alejándose de su origen. Bueno, pues mucha leña, en la cual las fundas ésas también tendrán algo que decir, poquitas ganas de pelear en el penco y algo de la blandenguería consustancial a su encaste remoto serían las notas predominantes de la tarde. En lo de la blandenguería la palma se la llevó el tercero, Consentido, número 72, un jabonero sucio con una de las capas más feas que verse puedan, que ya había echado los papeles para la Invalidez Permanente (IP) cuando por sorpresa lo metieron en un camión y lo mandaron a Madrid a pasar el tribunal médico. El sexto, Ilusionado, número 65, quiso tratar de engañar al tribunal fingiendo una cojera, pero la pericia del sanedrín palquero capitaneado por el probo funcionario don Trinidad, certeramente asesorado por el ex-banderillero Calderón y por el doctor veterinario sr. Mirat, descubrieron las añagazas del bragado y le mantuvieron en las arenas venteñas contrariando un poco la idea de su matador, aunque de eso se hablará más adelante.

Por la parte de los que llevan el postizo en la nuca, en el cartel estaban escritos los nombres de Eugenio de Mora, Pepe Moral y Víctor Barrio. Para quien guste de carteles rematados lo suyo es que en vez de Barrio hubiesen puesto a Juan Mora y, si además hubiesen completado la cosa con toros jienenses de Valdemoro, la corrida podría haber sido patrocinada por la cadena Al-Jazeera. Claro que en esas eufonías no suelen caer los Choperón Father & Son, que a estas horas estarán aún contando las montañas de billetes que les legó el otro día Fandiño.

Después de no haber visto a Eugenio de Mora ni a Pepe Moral en el verano del año anterior en Madrid, el cartel tenía un atractivo bastante interesante. Eugenio de Mora parte decidido hacia el encuentro con su primero, metido dentro de un indescriptible vestido, y le larga capote con capacidad y suficiencia. Es un torero hecho y cuajado, con oficio, y aunque no posea el don de ver al toro al primer golpe de vista, tampoco se deja sorprender por él. Le cuesta entrar en la faena y ofrecer de manera neta el argumento que tantos hemos venido a buscar: la proclamación de la verdad, pero en fugaces chispazos mueve la mano, remata por alto y trae y lleva al toro. La cosa queda por debajo de las expectativas, principalmente porque el matador no acaba de dar el paso adelante que hace grande al toreo salvo en un par de ocasiones, casi por accidente diríamos. Alarga en demasía la faena y el toro se va dejando sin protestar. Lo tumba de un espadazo echándose afuera y se vuelve al burladero a darle vueltas a la cabeza.

En su segundo Eugenio de Mora construye una faena. Construye una faena a más a medida que él mismo se va convenciendo de las condiciones del toro y, ¿por qué no?, de sus propias posibilidades. En una impecable serie en la que remata atrás, se queda colocado, echa la muleta adelante se trae al toro muy sometido y templado y finaliza con el imprescindible pase de pecho, serie breve como deben ser cuando se torea con la verdad, la Plaza se ha estremecido en esos oles profundos que subrayan el toreo bueno y a partir de ahí Eugenio de Mora ha ido construyendo su faena, dando tiempos al toro, buscando la distancia del animal sin agobiarlo y sacando muletazos de una enorme hondura y verdad, gustándose en los adornos y trazando pases de pecho de cartel de toros, de cuando en los carteles ponían a toreros toreando. El toro demanda la muerte y el torero marcha a por la espada -qué bien le habría venido llevar la de verdad y no ese deplorable simulacro- y en ese lapso y lo que tarda en igualar al toro pierde el triunfo grande, que lo habría sido si al remate de la serie postrera se hubiese perfilado y hubiese tumbado al toro. En cualquier caso una magnífica faena del moracho, que si sigue así va en camino de convertirse en uno de esos toreros que encajan bien con los aficionados de Madrid.

Pepe Moral ha echado encima de la arena blancuzca ésta que hay en Madrid otro remolque de arena. Andábamos a la espera de que nos deleitase con esa cosa tan difícil de contemplar, que es el toreo, y en cambio nos ha dejado el jarro de agua fría de lo mismo de todos los días. Pocas ideas ha traído Moral a Las Ventas y, encima, orientadas de forma harto contemporánea, lo cual quiere decir que torcía por los nefandos senderos que trazó Espartaco en los 80 y que continuó y ahondó el Pasmo de San Blas, influjo nefasto que llega hasta nuestros días. Para que se entienda: toreo por fuera, sin compromiso, haciendo ir y venir al toro sin ton ni son, ejercicio de doma en el que se lleva al toro por donde menos se le pueda molestar en series largas e inanes, déjà vu de lo de cada día. Un latazo. En los dos toros, lo mismo. Hay que ser descerebrado para venir en loor de santidad taurómaca a Madrid y en vez de repetir los argumentos que le sirvieron para que su nombre suene, ponerse a sueldo de la monotonía imperante, del aburrimiento de cada día cantado como oro molido por la crítica más pesebrera, y salir de la Plaza sin pena ni gloria y con el nombre a la baja. Y  eso que le apodera Manolo Cortés, que él sabe bien lo que es lo bueno. Pongamos a favor del sevillano, por resaltar también lo bueno, su manejo del capote y, sobre todo, la espléndida estocada con que ha mandado a criar malvas a su primero, de impresionante ejecución, marcando los tiempos a cámara lenta y de efecto fulminante.

Y Víctor Barrio... pues en Víctor Barrio. Se trajo esa simpática legión de seguidores que siempre le arropa y le jalearon su toreo tan de Víctor Barrio, tan de dar pases, como si fuese toreo del bueno. En el sexto, el falso cojito del que se habló al principio, se equivocó de plano, pues estaba deseando que echasen el toro al corral. Él estaba a ver cómo le podía tirar al suelo y el cojito que no se caía y cuando entra al caballo de Óscar Bernal le hace la seña que sea para que el picador se ponga a practicar el fracking en los lomos del bicho... bueno, pues ni por esas el toro se cae. Llega Barrio bastante contrariado a la cara del toro, le pone la muleta sin convicción alguna, y resulta que el tal Ilusionado era la máquina de embestir. Ahí ha estado dándole trapo, todo el que ha querido, con un estilo harto pueblerino que nos rejuvenecía llevándonos de vuelta a aquellas corridas que veíamos en las fiestas de Becerril hace cerca de cuarenta años.

Jarocho, lo mismo hoy que el domingo pasado, ha estado superior en la brega y muy bien con los palos.

 Es Madrid

Pero en Madrid Pepe Moral se puso a hacer de Espartaco

Lunes, 6 de abril

Valle de Esteban
Sólo quien implora al Padre eterno tiene esperanza de existir y puede decir, como dijo Rimbaud: ¡Yo seré siempre!
Thomas Bernhard