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jueves, 20 de febrero de 2020

La matemática



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El progreso consiste en pasar de la “democracia avanzada” de Pollito Pío (Pío Tamayo, teórico venezolano de la “idealidad avanzada del comunismo”) a la “calidad democrática” de Leonardo Morlino, teórico italiano del anclaje geométrico de la política.

    –Zanetto, lascia le donne e studia la matematica –dijo a Rousseau una puta veneciana a cuyo pecho, bizco de pezones, hacía ascos el llorón ginebrino.
    
No hay cosa más simple que la democracia representativa, una forma de gobierno con tres principios desconocidos en Europa (representativo, divisorio y electivo), para no hablar de los cuales están con su logomaquia los profesores universitarios, ayunos de lo que es democracia y ahítos de lo que lo parece.
    
Esto de la “calidad democrática” lo dijo primero Irene Lozano al fichar como Hipatia del Psoe (“Yo estoy aquí por la calidad democrática”) y ahora lo dice ya Pablo Casado. En el Congreso hay una Comisión de Calidad Democrática (?) que preside Errejón, que era “doctorsito” en Bolivia, pero que aquí nunca pasó de becario black. La “calidad democrática” de sus 3 diputados, y ahí entra la matemática de Morlino, es superior a la de los 52 diputados de Vox, que se quedan, por consenso, sin mamandurrias parlamentarias.
    
A Errejón lo ves de madrugada en un bar de copas y, con esos ojos de estar mirando por el cuello de las botellas, parece el inspector de garrafones, pero resulta que es, oh, Gecé, el inspector de alcantarillas de la democracia. ¿Por qué?

    –Represéntate a Rousseau, Voltaire, Holbach, Lessing, Heine y Hegel, no reunidos, sino confundidos en una sola persona, y tendrás el doctor Marx –escribió a un amigo Moses Hess, siendo becario del león de la Metro de Tréveris.

    Errejón no sabe que la democracia, si lo es, no es cualitativa, sino cuantitativa, pero Evo Morales, que lo tuvo de asistente cultural, creyó ver en él lo que Hess creyera ver en Marx, y la Boliespaña lo ha puesto de guarda del majuelo.

    La granujería tiene límites. La estupidez, no.