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jueves, 27 de febrero de 2020

El Mesón

Leopoldo Matos


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El tabarrón catalán es una gripe española que nadie sabe de dónde vino, aunque suelen andar juntas. Hace un siglo se hablaba de la Asamblea de parlamentarios en Barcelona y del tremendismo del 18 –mató en un año lo que al comunismo le llevó décadas– y hoy se habla de la Mesa de Diálogo en Madrid y del “neopompier” del coronavirus.
    
La Asamblea se reunió en la casa-palacio de Bertrán y Musitu en San Gervasio y luego pasaron al restaurant del Parque donde una banda de parlamentarios iba a repartirse España mientras almorzaban. A los postres acudió el gobernador civil, Leopoldo Matos, que requirió a los reunidos para que se disolviesen, pero la Asamblea no reconocía otra autoridad que la suya propia y se negó.

    –¿De modo –dijo Matos– que desobedece usted la orden terminante que da la autoridad de disolver la reunión?
    
Abadal, que, siendo una lezna, parecía el pez gordo, se puso farruco y dijo que el almuerzo sólo se disolvería por la fuerza, y entonces Matos, simbólicamente, puso una mano sobre el hombro del señorito Felipe Rodés, declarándolo detenido.

    En La Moncloa donde González puso su “bodeguiya” Sánchez ha puesto un mesón de jarro de vino, que eso es la Mesa de Diálogo para repartirse, entre tetones (¡y al margen de sus propia leyes!), la gota de leche española. Ahí las figuras son Sánchez, el que prometió solucionar la corrupción “preveyéndola”, asesorado por Redondo, el del peluquín como de nutria; Pablemos, el sandio penene que confunde a Einstein con Newton, asesorado, al parecer, por la chiquilla de Verstrynge, Lilith; y Castells, un zahorí de derechos que descubrió el derecho a la estupidez y el derecho a la autodeterminación, que son lo mismo.

    –El derecho a la estupidez es un derecho humano fundamental y hay que respetarlo –dijo un día Castells, y Sánchez se sintió tan halagado que le dio la mitad del ministerio de Duque, el Gagarin de San Blas, que ahora orbita Madrid Central a la caza de coronavirus sin pegatina.

    Nadie los detendrá.