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lunes, 5 de noviembre de 2018

Sábado de suertes

 Rensenbrick y Krol

Jovanovic y su melena setentera


Francisco Javier Gómez Izquierdo

          Me he vuelto a perder el partido del Córdoba por culpa del caprichoso calendario que le hace jugar todos los puentes en casa, fechas en las  que por lo general tiene mi doña sus planes. En éste de los Difuntos en concreto, acercarse a las tumbas de la familia en los Montes de Toledo y cumplir años con salud el mismo día de “su” reina.
           
A la hora del café en Cabañeros, Pepe el Garaña nos puso al Madrid para que pudiéramos ser testigos del advenimiento de Vinicius del que dicen es mejor futbolista que Mbappé pero el negrito sólo nos dejó una sensación de “mozo potroso” al arreglar casi sin querer un partido en el que al Valladolid le faltó una miaja de suerte para que los lanzamientos  de Alcaraz o Toni Villa llegaran donde los dos apuntaron. Vinicius, del que tanto se espera,  no apuntó. ¿Chutó o centró? con la cabeza gacha, un balón que si nadie lo llega a tocar hubiera acabado fuera de banda, pero Kiko Olivas, al que tanto defendí sin éxito en sus días de Córdoba, le traicionó una parte de su espalda y encumbró la estrella del nuevo ungido.
         
Si a Vinicius se le espera, de Dembelé no sé qué decir, pero el caso es que  también tuvo que ser un negrito puesto en lenguas y calzado esa noche por la Fortuna en la izquierda quien sacara  del atolladero de Vallecas a un Barça que volvió a ese fútbol con exceso de garabatos que desespera a sus aficionados.
      
Miraba yo este gol del empate a dos con mucha pesadumbre e impotencia, pues creía que el Córdoba había perdido 1-2 con el Extremadura y no veía solución a la calamitosa situación que se presentaba, pero mi cuñado miró su teléfono y me dijo entre risas que el Córdoba había acabado 4-2. No podía creer que en una misma tarde hubiera tres equipos con tanta suerte, pero resultó que sí, que nuestro Vinicius ó Dembelé se llama Jovanovic y como a ellos, con las justas esperanzas, lo sacó el entrenador para intentar remediar lo que parecía un seguro naufragio. 
      
Cuando llegó Jovanovic el año pasado con anacrónica melena y lo vi correr como Messi creí que había llegado un diamante sin pulir como pasó en Burgos cuando los mercaderes de futbolistas de los setenta nos trajeron yugoslavos que fueron los más  serios y formales de aquellas ligas: el extraordinario Kresic, “Harpo” Katic, Adzic..;  luego, a finales de los 80 el exquisito Barbaric, Juric, Karabeg... Tenía el Burgos querencia por los yugoslavos y me pareció bien que el Córdoba se fijara en ese mercado, pero Jovanovic no es yugoslavo sino serbio, juega acelerado y siempre he pensado que los entrenadores habrían de corregirle el poco conocimiento que demuestra cuando se pone a correr sin cambiar de velocidad. Así pega al balón tan mal como le pega. Mi chico me contó lo que pasó mientras me enseñaba el resumen de los goles. Perdíamos 1-2 con uno menos y al sacar un córner el Extremadura, el balón llegó al centro del campo rechazado y Aitor, un rudo lateral curtido años ha en Ponferrada, Lugo, Miranda, Guadalajara... quiso ceder hacia atrás y el balón quedó muy lejos del portero Álvaro Fernández. Jovanovic, liebre veloz, lo tuvo fácil con Aitor, delatado en su lentitud y con Álvaro, lejos tanto del balón como de su portería. El público daba por bueno el empate pero mira por dónde, Jovanovic de nuevo y en el minuto 90 centra desde la derecha a lo que salga y el balón se cuela sin que lo toque nadie por el primer palo, abandonado incomprensiblemente por un Álvaro que tendrá pesadillas de día tan nefasto. El 4-2 de Jaime en el 93 vino por el contragolpe de rigor que suele darse en estos partidos locos.
      
Este Extremadura me da que era un banco de pruebas en 2ªB donde Luis Oliver fogueaba al pequeño Jairo, hoy en el Cádiz, ValverdeZarfino o Gallego, los tres jugadores más destacados del equipo más el medio cedido por el Atlético de Madrid, Olabe, al que mi chico le vio muy buenas maneras, para traerlos al Córdoba en un inquietante negocio que a mí particularmente me tenía con la mosca tras la oreja. Inesperadamente subió el Extremadura, Oliver cobró del Córdoba ni se sabe cuánto y el hombre como está a lo que está por Almendralejo ha acabado parando no se sabe con queéintenciones. 
     
Como nosotros, el Extremadura luchará por la permanencia, por lo que no está mal que de momento le ganemos el gol-average y si de paso hemos encontrado en el serbio Jovanovic -”parece Rensenbrick, en bajo”, dije en la grada de El Arcángel cuando lo vimos por primera vez ante un público joven que buscó en sus móviles un nombre que no les sonaba de nada- esa baraka que se precisa para sacarnos de apuros y parecernos alguna que otra tarde al Madrid y al Barça, bienhallado sea este partido en noche de Difuntos.