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miércoles, 14 de noviembre de 2018

El Paraíso



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Cuando Suárez, el del aeropuerto, se dispuso a repartir el “café para todos” del 78, sus arbitristas pensaron que el peligro sería que Castilla se convirtiera en otra Gran Prusia, y para evitarlo le quitaron Santander y La Rioja, donde ahora un chirlón que no sabe hablar español (dice “desdecido” y “preveyéndola”), Pedro Sánchez, quiere imponer de román paladino (más que nada por Begoña, que es de Bilbao) el vascuence obligatorio.
El éuscaro, fósil de las edades cuaternarias, no puede ensancharse para acoger los matices y los conceptos de los modernos –escribe Unamuno desde su exilio francés a su amigo Eduardo Ortega y Gasset–. Ni aun cuajado de castellanismo, según hoy lo hablan. Para quienes han de vivir es más sencillo el decidirse a hablar en castellano.
¡Ja! ¡Convencerás, pero no vencerás, “Hombre de España” (como llama Ledesma a Unamuno)!
El 78 no ha derramado ni una moneda sobre los labriegos castellanos (¡los pelantrines de Azorín!), que siguen circulando hoy por los caminos que les asfaltó Primo de Rivera, pero, gracias al humanismo sanchista, los vinateros riojanos que ya compiten en arquitectura (Quemada, Marino Pascual, Hadid, Arizcuren) alcanzarán el colmo de la extravagancia atendiendo a los viajeros en la lengua del Paraíso, que es la vascongada, “primera que se habló en el mundo y la misma que trajo Túbal a España, en el año 1800 de la Creación”. Conclusión del Cabildo Metropolitano de Pamplona:
¿Fue el vasco la única lengua hablada en el Paraíso? Sobre este punto declaran los opinantes que no podría existir duda en su espíritu, y que es imposible oponer a esa creencia ninguna objeción seria ni razonable.
Es fama que luego, hacia el siglo décimo, un fraile populista de San Millán, anotando un sermón de San Agustín, inventó la lengua española que conocemos. Los burócratas de Bruselas no estuvieron al quite y aquella lengua se convirtió en la primera del mundo. Hasta que el socialismo nos trajo el Instituto Cervantes… y Sánchez.