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viernes, 13 de diciembre de 2013

La suerte de Canorea la (afición) guapa la desea

 
José Ramón Márquez
 
Estábamos en un agradable almuerzo un grupo de aficionados, cada uno de su padre y de su madre, comentando en amena confraternidad las cosas de nuestra común afición, cuando comenzaron a echar humo los i-Phones, las Blackberries, los dispositivos móviles de toda laña. De pronto, sin la necesidad de ningún piquete informativo, todos a una nos enteramos de que las “figuras” declinaban su presencia en la feria de Abril de Sevilla, por divergencias con el empresario Canorea derivadas, me temo, de la cosa de los dineros.

El caso es que, como todo el mundo sabe a estas horas, un grupo de los mal llamados “figuras”, cinco en este caso, han dado la espalda a la Plaza de Toros de Sevilla, a la que los madrileños llamamos La Maestranza.

-¿Quienes?

-Las ‘figuras’: July, Manzanares, Morante, Perera y Talavante...
 
-¡Ah! ¿Pero esos son figuras?
 
-Ellos se toman por tal.
 
-¿Pero figura no es el que revienta las taquillas? ¿No es figura el que donde va coloca el cartel de ‘No hay billetes’?
 
-Eso debía ser antes, hace mucho, cuando Manolete o El Cordobés. La cosa ahora ha debido cambiar, porque todos esos del plante a Canorea lo que más han visto en sus tardes de la temporada pasada es cemento, cemento y cemento. Asland o Portland, puro cemento.
 
Hace unos años Julián, el inventor del Julipié, lió a diez, podemos decirlo en romano, a X, para reliar no sé qué tontería de los derechos; ná de ná. Y ahora, antes de las Navidades, se ve que ha liado a estos otros cinco, V en romano y rima facilona, para que Sevilla se quede sin la presencia de esas mal llamadas “figuras”, de las cuales la única que tira allí más o menos del cartel es el pobre Morante, bufa caricatura  del peor Curro terminal.
 
Los toreros, en general, siempre han ido a lo suyo, y después de mí el diluvio. No es fácil encontrar ejemplos de toreros guiados por el desinterés, ni mucho menos con un pensamiento de futuro para la fiesta. Ésa siempre fue misión de los aficionados, con no mucho éxito, la verdad. Ahora vemos ponerse dignos a estos abusones, que se han enseñoreado de las ferias a base de matar la camada de la juampedritis, y eso mueve más a lástima que a risa. July nos debe una de Miura, Manzanares también, y Morante y Perera y Talavante lo mismo. Empecemos por lo importante, por el toro auténtico de libras, de sentido y de poder y muéstrense ante él los dones de cada cual, el poder del poderoso, la tauromaquia levantina del levantino, la silla del de la silla, la pata negra del extremeño y el enigma del torero camaleónico, para que podamos tomar un poco en serio a los V del plante y a su plante. Y mientras tanto, Canorea puede ir hablando con Cuadri, Conde de la Maza, Guardiola, Escolar, Victorino, Miura, Partido de Resina, Dolores Aguirre y Cebada Gago y montar, aprovechando la ocasión, una feria de abril algo diferente a lo que nos tiene acostumbrados, para que se apunten a ella los que tengan redaños. Sería una gran novedad poder ver anunciados en Sevilla a toros y con ellos a toreros y es seguro que, de público, andaría la cosa poco más o menos, que si se anuncian los de la V de vil metal.

Y AL FONDO, RESURRECCIÓN

No nos engañemos. En Resurrección en Sevilla lo que menos se ventila es una corrida de toros. Eso es un acto social con sus maestrantes, las señoras esas de las mantillas, los del Ave, unos cuantos jándalos y otros tantos viejos ganaderos que echaron a perder la simiente que criaron sus abuelos. Esa corrida se llena lo mismo con los de la V que si anunciasen en ella a Chacarte, Antonio Medina y Pepe Vela, el millonario torero.