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viernes, 31 de mayo de 2013

Guerra



El triunfo de la feminidad
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Ahora que hasta las ginebras se tornan dulces y afrutadas para conquistar a las mujeres, sale en plan chinche el hermano de Juan Guerra y le pone una B en el morrillo a Garzón, el hombre que ya le pusiera una X en el morrillo a Gonzalón.

    –¡Lo que hay que hacer para vender un libro! –ha contestado Garzón.
    
La España de letras en otro duelo goyesco que ganará Garzón, quien, a falta de voz, tiene a Pilar Urbano.

    Tampoco uno está muy seguro de que a Garzón le falte voz, pues a lo mejor la tiene dulce y afrutada, como las nuevas ginebras femeninas.
    
Melodiosa, en sordina, como la de Mallarmé, que cautivaba con un timbre exquisito y repentinas notas agudas.

    Una flauta mágica, vamos.

    –Eso sí lo ha dado España, ¿ves?, el encanto de la flauta mágica –le dijo María Zambrano a José-Miguel Ullán.

    Para ella, Valle-Inclán, Ortega (si hubiera querido)… lo tenían. Machado, en cambio, “tenía voz, pero no la usaba”.

    –Machado no podía decir que aquí hay tantas mesas… Tenía que hacer un mito, una fábula de aquello. Como es el modo andaluz.

    Guerra es machadista, y está por la cosa de mitificarse, de llevarse lejos, de traerse, cambiarse de tiempo, imaginarse, figurarse, cuando para vender libros todo lo que ha de hacer es tornarse dulce y afrutado ante las señoras, que son las que los compran.
    
Las señoras compran los libros, pero también compran el fútbol y los toros, que, de afrutados que se han vuelto, tienen a los caballeros hechos unos piperos, fenómeno cuya explicación, ya en el 98, Antonio Burgos, con su oído absoluto para el lenguaje, oyó a El Potra (Miguel Criado, gran Cyrano sevillano del Arenal):
    
Los toreros se dividen hoy en dos grandes grupos: los de comer pipitas y los de no comer pipitas. A estos pegapases que hay, tú los puedes ver tranquilamente comiendo pipitas. Hacen un toreo de comer pipitas.
    
En este San Isidro, yo he asistido en andanada a una tertulia, de espaldas al ruedo, sobre la curva de Laffer.