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lunes, 25 de marzo de 2013

Todo por la Roja



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Años de internado dándole al Platón de Popper y una mili en la Brunete ya no dan para acreditar un título en patriotismo.

    Ahora, para ser patriota, debe uno aporrear el bombo de Manolo y saludar con hurras las opiniones cuarteleras de Sergio Ramos, que hace agitación chavista (“Aló Presidente”) en el vestuario del Madrid.

    Así que del “Todo por la Patria” de Píndaro hemos pasado al “Todo por la Democracia” de Bono y al “Todo por la Roja” de Ramos.
    
Aquél que nunca haya estado en una granja nacionalista, que sepa que el nacionalismo es vivir todos los días del año con esa ruidajera mediática del periodismo deportivo en día de partido de la Roja.

    –España gana Mundiales y Eurocopas de forma aplastante. Los Hispanos somos una mezcla mejorada de brasileños y alemanes. We are the best –tuiteó el día de Finlandia un ideólogo de la Roja, que venía de hacerle un “escrache” patriótico a Mourinho.

    
Para los ideólogos de la Roja, con sus barbas postizas de falsos caballeros en la lapidación de “La vida de Brian”, cada vez que Mourinho abre la boca es para decir “¡Jehová!”.
    
¡Mou ha dicho Jehová! ¡Mou ha dicho Jehová! ¡Lapidación! ¡Lapidación!
    
Y así Todos los Días.
    
De ahí el “¡qué difícil es ser portugués en España!”

    Que en realidad es “¡qué difícil es ser brillante en España!”, cosa que ya sabía un señor tan sensato como Cánovas cuando dijo que es español el que no puede ser otra cosa.

    A Mourinho le preguntaron en Portugal por qué no había asistido al cotillón de Reyes de la Fifa y contestó que no le apeteció luego de que algunos votantes le dijeran que les habían birlibirloqueado el voto.

    Y en el campo de los patriotas de la Roja ardió Troya en defensa del fifismo como ismo depositario del “fair play” o juego limpio, esa bobada que Julio Camba definió como la cándida ilusión de un pueblo que cree haber descubierto una manera leal y caballeresca de pescar truchas y cazar zorras.
    
Lo de Mourinho es un berrinche de niños –vino a decir el señor Del Bosque, el general de la Roja que, en plena la lucha publicitaria contra el colesterol, no acudió a recoger la insignia de oro y brillantes del Real Madrid, el club donde, “motu proprio”, apagaba las luces del vestuario para ahorrar en el recibo de la luz.

    Silente Xavi, el pífano de Artur Mas en la Roja, habló Ramos, el Chávez de sí mismo en las bodas, bautizos, comuniones y entierros; lo hizo para decir (chavismo es dar voces en chándal):

    –La humildad ha hecho grande a la Roja.
    
No es extraño que, como tenemos visto en el cine de James Whale, Ramos, el cortijero de la Roja, le haga la ola a Busquets (“morro, mucho morro”) ni que Busquets, el ancla de la Roja, le haga la ola a Ramos.

    –De nuevo al estado paterno –fue el lema (del que deriva “patriotismo”) de los patriotas griegos.
    
¿Cómo hubiera mirado Bernabéu un movimiento chavista en su vestuario?
    
Por una cosa así, la barca de pesca de don Santiago dejó de llamarse “Saeta Rubia” y se llamó “Marizapalos”.

    –Ponle Marizapalos, que así me llamaba mi padre cuando era pequeña –le dijo doña María.



EL ESCRACHISMO DEPORTIVO
    El escrache es un invento argentino que consiste en amargar la vida de alguien para que se vaya. “Coacción democrática”, lo llaman sus valedores políticos. Reducido al fútbol, el objeto del escrache periodístico es el entrenador del Real Madrid. Lo ha recibido en todas sus variedades: desde el más repulsivo (en las personas de su madre o de su hijo) al más chusco, que fue aquél en que el escrache le cayó encima por no convocar para jugar en el primer equipo a Carvajal, un canterano que estaba sancionado.