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miércoles, 27 de febrero de 2013

Brochetas

Imagen de El Libro Negro del Comunismo
  tuiteada por @BuitreBuitaker

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En el ideal, la libertad de expresión es defender que la libre discusión conduce al triunfo de la opinión más acertada.

    En la realidad, la libertad de expresión nunca ha existido ni existirá.

    Ayer, por una opinión contraria a la suya, el portavoz comunista de Hacienda en el Ayuntamiento de Madrid llamó a hacer con Toni Cantó, diputado en el Congreso, lo que el compañero Torrijos, concejal en Sevilla, hacía con el marisco: brochetas.

    –Compañeras, creo que ha llegado el día de empalar a Toni Cantó –tuiteó, entre Gramsci y Don Hilarión, el bizarro concejal Castaño.
    
Oiga, Castaño, ¿en serio pide que le hagan a Cantó lo que sus “concomitones” hacían a los disidentes polacos? –le afeó otro tuitero.
    
Y Castaño, dado que esa pregunta no venía en su Gramsci y tampoco en “La verbena de la Paloma”, cayó en una duda taoísta:

    –Si no se puede ser cargo público y ser “antisistema”, ¿qué hacemos en las instituciones?
    
Supongo que la nómina es la explicación.
    
Castaño no sale de la Psicología, como aquella compañera Olmeda, coordinadora de la juventud de Rivas, Madrid, que en sus deseos de Año Nuevo incluyó la muerte de Fraga y un infarto para Esperanza Aguirre.
    
Castaño viene de la Sociología en la Complutense (“cursó estudios”, esto es, que nunca se licenció), como aquel compañero Rodrigues, portavoz comunista en el Ayuntamiento de Las Rozas, Madrid, que tuiteó: “Hoy, en mi casa, se puede descorchar una botella de cava después de largos años de espera #fraga.”

    –Sociólogo. En lucha permanente por un mundo más igual, solidario y justo. Lector impenitente. Melómano y cinéfilo empedernido. Ese soy yo. Salud.
    
¿Y estos nóminas son los “enfermos del infantilismo izquierdista” de Lenin?
    
Sobrecoge prensar que, sin carrera, Castaño fue miembro de la Junta de Gobierno de la Complutense y del Consejo Interuniversitario, diputado regional y portavoz municipal de Hacienda, ¡ay!, con delirios de… Vlad, el empalador.