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domingo, 16 de diciembre de 2012

El estoque de carbono no es cosa de hombres

 La espada de Lagartijo que hay
 en el Museo Taurino de Madrid
Machaquito, con americana, y vestidos de torero,
 José, Rafael y Guerrita


Cartel que ponían en la puerta de chiqueros
 de Madrid

José Ramón Márquez

La modernidad, que se les llena la boca de modernidad y lo que eso quiere decir es el desarraigo de los valores y el trileo, la quito, la pongo, la quito, la pongo. Hace un puñado de años era Guerrita vestido con americana cruzada y sombrero cordobés en Córdoba a principios de siglo; ayer fueron las Plazas cubiertas, engendro demoníaco de ruidos y reverberaciones; y hoy  mismo es el estoque, elemento esencial en el oficio de los toreros, también denominados ‘espadas’, quien es víctima de la modernidad, del I+D+i.

El próximo día 19 se presentará en el Tecnoparque Bahía de Cádiz un estoque de carbono que ha desarrollado una empresa llamada Carbures Europa, empresa dedicada a la construcción de materiales para las industrias aeronáutica, de transportes y de construcción civil. A la presentación acudirá por la parte de los espadas el diestro José María Dolls Samper, Manzanares III, que estará encantado de contar con ese ingenio tan adecuado para estos toreritos modernos de brazo feble, y eso que se tiran el día en chándal.

Habitualmente se reconoce que el vilipendio del estoque comienza con el gran Manolete. Estando herido en la mano derecha pidió autorización para poder utilizar lo que entonces se llamaba ‘estoque simulado’, que era un invento cuya autoría se atribuye a los “Charlots” y que consiste en una ridícula espadita de madera. En seguida muchos toreros adujeron dolores en la mano, acaso era lo único que podían copiar con garantía del IV Califa, y finalmente se generalizó el uso de aquél entre las huestes taurinas, matadores de toros y novilleros, por lo que se acabó colocando en las Plazas, de oficio, un cartelito avisando de ello. El que había en Madrid rezaba: ‘Se autoriza al espada de turno a servirse del estoque simulado’, lo mismo que podía haber puesto ‘Se autoriza al palitroquero de turno el uso del palitroque’. Luego ya la cosa era tan generalizada que se acabó quitando el cartel, porque entonces ya de lo que habría que haber avisado es de que el espada de turno llevaba el estoque de verdad. Lo anormal, como tantas veces ocurre, se había transformado en lo usual.

¿Qué paso? ¿Cómo es que unos muchachos pletóricos de fuerzas, con la juventud bullendo en sus venas, son incapaces de aguantar durante los ocho o diez minutos que dura una faenita el peso de un estoque de acero? Y eso no es cosa de estar cachas, que Juan Belmonte no era ningún Hércules físicamente, y nadie ha oído jamás decir que el diestro de la Calle Feria montase su muleta con una absurda espadita de madera.

Acaso habría que pedir a los que usan la espadita de madera que se sirviesen obligatoriamente de ella para matar al toro en vez de hacer esa estrafalaria ceremonia del intercambio del palo por el acero que actualmente se produce en la parte final de las faenas y que sirve para romper el ritmo de la misma creando un absurdo e innecesario tiempo muerto.

Si la espada de carbono sirve para que los bracitos de nuestros coletas contemporáneos no se resientan y se hallen descansaditos, para que no se produzca la interrupción de la faena a la que antes aludíamos, bienvenida sea, pero basta ver en algún Museo Taurino los estoques que se gastaban aquellos hombres, Lagartijo, el Chiclanero o Cayetano Sanz para entender de un plumazo que aquellos eran otros hombres, como lo fueron los miembros de las dinastías Dominguín y Vázquez o los Bienvenida, a los que nunca se les cansó el brazo por portar el estoque, enseña distintiva propia de los matadores de toros.