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jueves, 27 de diciembre de 2012

Piperos

Puxeu, aquel señor catalán que nos puso a comer conejo
(“carne sana, ligera, muy apetecible y barata”)

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Lo malo del gatillazo de los mayas es que ahora nadie se cree esa zalema gubernativa de que en el 13 levantaremos cabeza.

    Aquí, quien más, quien menos, con tal de no pisar el 13, todo el mundo daba por bueno irse el 21 a tomar viento con los mayas.

    Fiados de la superstición maya, para el año 13 las figuras de la política anunciaron gestos (bajarse el sueldo), y las figuras del toreo, gestas, como la prometida por Manzanares: dejar por un momento el estudio fotográfico de Kate Moss y encerrarse con seis yemas de San Leandro en Sevilla.
 
Toros, no, porque, como dijera Cayetano de los “victorinos”, en los ambientes elegantes del figureo esos toros son una ordinariez.

    Morante tuvo una vez la ocurrencia de anunciarse con “victorinos”: al final, en la plaza, le echaron unos saldos, pero sólo de ver durante tres meses su nombre en el cartel le salieron canas.
 
¿Cómo explicar los desprecios de Julián López a Sevilla y Madrid en 2013, si no es porque estaba convencido del fin del mundo maya?

    Manzanares, que es más alto que López, más pega-pingüis que Morante y más guapo que Cayetano, llega al año 13 como príncipe de la tauromaquia pipera, pues no sólo de fútbol vive el pipero, que es esa criatura que poetizó Hughes después de que una tarde, viendo al Real Madrid en un bar de Valencia, un militante madridista apagara la “mascletá” de la discusión con un jarro de agua fría:

    –Ése… ése... ¡ése es un pipero!

    Hoy, mientras los demás comemos sobras, el pipero devora pipas.

    Lo de comer sobras en estas fechas fue un consejo regeneracionista de Gallardón, que era alcalde y no quería ser menos que un probo funcionario catalán de Zapatero, el señor Puxeu, que por las mismas fechas recomendaba comer conejo (“una carne sana, ligera, muy apetecible y barata”), de donde le viene al español, habitante de esta tierra de conejos, ese labio de tertuliano, que no es más que labio de conejo, o labio que no sabe estarse quieto.

    Labio pipero.

Moss y Dolls