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sábado, 29 de diciembre de 2012

Se juega poco al 'Apalabrados'

El estilo es el hombre
(Colección Look de Té)

Jorge Bustos

Ya ha vuelto a sonar esa conocida crepitación tan nuestra que emiten al rasgarse de plano las vestiduras recosidas del moralista español, escandalizado porque han sorprendido a dos diputados madrileños jugando al Apalabrados en sus tabletas digitales, aliviando como pueden sus sufridas señorías el gravoso trance de asistir a un pleno. Rajoy clasificó de “coñazo” el desfile del Día de la Hispanidad y si tan vistoso acontecimiento, con todos sus carros y sus cazas y su cabritilla legionaria, puede antojarse un coñazo, yo no sé qué podría decir Rajoy de un pleno autonómico, donde la única manera de mantenerse despierto tras la dimisión de la vibrante Aguirre es ponerse a puntuar con disimulo los esqueletos de las compañeras reporteras.

Ardía el pueblo en Twitter exigiendo el cese fulminante de ambos ludópatas, que tan obscenamente insultaban la alta función de representar a la ciudadanía democrática en un Estado de Derecho legitimado en las urnas y toda la santa murga. Por su parte, los culpables Bartolomé González e Isabel Redondo han evacuado un escueto perdón tuitero, como quien carraspea una disculpa por un pedete en el ascensor, y la cosa ha quedado en una cosmética instancia a dar explicaciones –la crisis debió de coger a Cospedal en una cena de antiguas alumnas, y además qué explicación van a dar, que me aburro, coño–, por lo que ya están listos para reanudar la partida. La oposición espumea y pone el ojo como bola de alcanfor mientras con el otro vigila que nadie le mire la pantalla.

Ahora bien. ¿Qué habría pasado si Cospedal, para dar demagógico gusto a la plebe, hubiera decidido expulsar del partido a los dos convictos, como hizo con Cervera, que todavía anda escrutando en el espejo el monigote de inocente? Pues que otra inmediata ola de indignación se alzaría en sentido inverso para pedir el indulto de los condenados por tan nimio delito como es el de distraer la jornada con el chateo, la red social, el Apalabrados o el petardas.com; alivio en el que aproximadamente todo oficinista español –cierto que la especie anda mermada– incurre varias veces al día en su puesto de trabajo. A esto se le llama quijotismo jurídico y ya lo tenía descrito Ángel Ganivet en su Idearium de 1896:


En España se prefiere tener un Código muy rígido y anular después sus efectos por medio de la gracia. Castigamos con solemnidad y rigor para satisfacer nuestro deseo de justicia y luego, sin ruido ni voces, indultamos a los condenados para satisfacer nuestro deseo de perdón.

Pero haremos bien esta vez en no extremar la represalia porque, vaya, al fin y al cabo jugaban al Apalabrados, que puede convalidarse como primer curso de formación oratoria.
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NOTA DE SALMONETES...

ESPAÑA, PAÍS LEVÍTICO

De los autores de esta villanía (CLICK), esta beatería:

La foto de la desvergüenza: dos diputados del PP jugando con el iPad mientras se vota la privatización de la sanidad.

@morenobarber