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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Novias


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

                La España de Mariano sería una teocracia, avisó Carmen Vela, la madame Curie de la Ciencia de España.

                Pero la Ciencia de España es un poco maya, si a los aciertos nos atenemos, y así, para amenizar la Nochebuena, nos ponen, en vez de al padre Apeles, al laico Bosé, nueva gaviota del PP, novia de esa derecha alada que lleva a Gallardón a declarar legal la cotización de los funcionarios por la paga extra que no cobran.

                Los adultos tendemos a no creer en los cuentos –escribe en el periódico de Mariano la novia de Casillas, ese capitán de España que va con la novia por delante, como Schuster con Gaby, para decirle las cosas del fútbol a Mourinho.

                Si la esposa de Mourinho saliera ahora en el programa de Jorgeja invitando a Casillas a salir en los córneres, tendríamos completo el “Sálvame Deluxe”.
                 
Desde luego, la novia de Piqué no saltó así cuando Guardiola mandó al baluarte de España al banco, y tampoco la de Llorente, castigado por el peronista Bielsa en Bilbao, lo que nos hace sentir que el secesionismo vascocatalán será finalmente una cosa entre novias vestidas de Rosa Clará que podría ganar Sara (“gracias, Sara”), la novia de Madrid, por osada.
                Esto no es una democracia, es un cangrejero: uno manda. Así son las cosas –dice un capitán de “Pesca radical”, serie de la que debería ser un colgado Casillas.
               
Primo de Rivera, dictador de España, dejó a su novia, Niní Castellanos, para que nadie viera en las ojeras de ella que podía jugar en Bolsa con información confidencial.
                
 –Nadie se mueva. / Todo amante ve asaltos / en las ojeras.
                 
He ahí el aviso (nada maya) de Ullán, que, aclara, no fue el caso del poeta cubano Francisco Riverón: aquel decimador de lo guajiro, aun respetando la inmovilidad requerida para dejarse ver desde abajo, pasaba a describir el fenómeno como un auténtico “rensaku” del ahorcado, expuesto a la vendimia de la más esmerada comprensión: “Con un racimo de ojeras / colgado de la mirada”.