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viernes, 28 de diciembre de 2012

Portugueses

SUMMERS / HERMANO LOBO

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Pepe, defensa universal, ha dicho en Lisboa una cosa que actualiza la “Marca España”:

    –Los portugueses del Madrid nos sentimos perseguidos.
    
Y la verdad es que se queda corto el moreno (aunque no lo bastante moreno para merecer el amparo legal).

    Portugal, más propenso al lirismo que al drama, se hizo contra Castilla, pues todo lo malo para Portugal (incluida la sicalipsis: en “Los Maia”, todas las pupilas son españolas) llegó siempre de Castilla.

    Hoy, los dos portugueses más famosos trabajan para el Real Madrid, que es la única Castilla que queda para el mundo, frente al enemigo nuevo, ese régimen político, económico y cultural que es la Cataluña de Mas, con su Barça, su Hobbit, su Durán y Lérida, su guaje Villa y su Villar qué más te puedo dar.


    Cuando Cuba se nos tambaleaba, cundió la especie de que, si caía, España, para compensarse, invadiría Portugal.

    –Portugal necesita un invasión española –dice en “Los Maia” Ega, el amigo de Carlos da Maia.
    
No creo que la prensa garbancera que se ocupa del fútbol haya leído a Eça de Queiroz, el ingenio que dijo que Portugal era un país traducido del francés al caló, pero todos los “revistosos del puchero” parecen haber interiorizado que, si Cataluña se pone chula con España, lo español es ponerse chulos con Portugal, devolviéndoles la derrota de Aljubarrota en los lomos de Mourinho y Cristiano, expulsados de la Corte para dar paso a un triunvirato españolazo Toril-Casillas-Ramos que haría del vestuario blanco un Decamerón de arte y diletantismo.

    El populacho beatón, sucio y feroz (“que alterna la exposición del Santísimo Sacramento con el culto de los toriles”) ya no es la Lisboa miguelista, sino una España zapateresca (Mariano no ha cambiado ni la pintura) que nos sonroja.

    –Así acaba todo –dice Ega a un Carlos deprimido porque la Gouvarinho se le marcha a Sintra–. Como se acaban las grandes cosas: como el Imperio Romano, como el Rin, por dispersión, insensiblemente