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lunes, 23 de julio de 2012

Bienaventurados los pobres


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Bienaventurados los pobres…

    –…porque ellos seguirán siendo pobres bienaventurados –apostilló Chumy Chúmez.
    
Gago, por ejemplo, que era pobre en Madrid, es bienaventurado en Valencia. “¡Nos ha tocado la lotería!”, exclamó el que lo fichó a instancias de los periodistas, que le dijeron que Gago era más cartesiano que Descartes. Pero ¿qué sabrán los periodistas ni de Descartes ni de fútbol? Si supieran de fútbol, estarían en el banquillo del Madrid cobrando diez millones de euros, y no en el chiscón de una Redacción tomándole las medidas a Mou a tanto la colaboración.

    Cómo estará de achuchada la cosa que hasta un corresponsal en el Vaticano, con cuatro trapos pillados en el contenedor del oficio y un poco de hilo y aguja de Dan Brown y Julia Navarro, ha querido hacerle a Mourinho un traje... racista. ¡Qué digo un traje! ¡La bata del doctor Mengele!
    
Balotelli, Auschwitz, Mourinho… y a redactar.

    Todo esto se combina (¡otro combinado, por favor!) con las jitanjáforas del hispanista Robinson, ese epígono de Simón Cabido en Doña Croqueta, que, enamorado de Pep, no quiere llamar “asesino a sueldo” a Mourinho, y tenemos el programa del Señorío de Progreso para la nueva temporada.
    
Si supiera quién fue Hume, Robinson diría que Pep es Hume, así que se contenta con creer que es Gandhi, como en su día le llamó Ibrahimovic, gracias a lo cual hoy cobra catorce millones de euros en París.

    –¡Qué barbaridat! ¡Qué irresponsabilidat! ¡Qué “escandalidat”! –se queja (?) un tío del Barcelona, que le pagaba doce.

    París pagará ese dineral a Ibrahimovic por suponer que el sueco pudo contagiarse de alguno de los poderes del santón de Sampedor, cuyo glamour (el glamour de la humildad) vuelve a cotizar un huevo en la Francia “dirty chic” de Hollande.

    Pero el sueño “dirty chic” de Hollande ha sido barrido por la audacia “dirty chic” de Alejandro Blanco, el olímpico caballero que acusó a Mourinho de acabar con los valores del Madrid al protestar contra Stark.

    Mientras los italianos van a Londres de Armani y Prada (y los ingleses, de Stella McCartney), los españoles, que vienen del país del diseño, serán adefesios vestidos de jerapellinas adquiridas por Blanco, zelote del señorío, en un rastrillo ruso cuya única justificación es que, con su pobre inglés español, no se nos pierdan los atletas en la Villa Olímpica. Ésa y que, tratándose de “moda” que no volverá a ponerse nadie, los trajes valdrán para los Juegos del 2020 en Madrid, que es otra quita.
    
Nos ha tocado la lotería con los rusos –viene a decir Blanco (que es judoka y, por tanto, persona exenta de adentrarse en las profundidades de “Las enfermedades de la indumentaria teatral”, y sus tres hipertrofias básicas, del Roland Barthes simpático) para explicar el corte de mangas a la industria nacional del diseño.

    Que, miren por dónde, es lo mismo que dijo Calderón cuando trajo a Gago, un Descartes cuya personalidad “era tanta que Boca no le entendía”.

Jerome, el Decente*

FAIR-PLAY FINANCIERO
    El “fair-play” financiero es un invento de Platini, con su mejor cara de Jacques Villeret, para vigilar la cartera del Madrid en defensa del proverbial mileurismo catarí del Barcelona, científicamente, eso sí, más bajo (1,77 por 1,83), más viejo (25 por 26) y más pobre (mileurismo por plutocratismo) que el Madrid. Se le ocurrió cuando el fichaje de Cristiano, que tildó de “indecencia”, palabra usada por un ministro de Hollande para afear el sueldo de Ibrahimovic, que para venir de un militante del partido de Mitterrand (Cahuzac, no Ibrahimovic) no está mal.


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*Jerome Cahuzac, ministro del Presupuesto de Hollande, Francia