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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Orgullo y satisfacción

Carrera de San Jerónimo
La movida de la Décima (legislatura)


Jorge Bustos

Un vecino desavisado del barrio de Cortes que legañoso hubiera despertado ayer con rumores marciales en la Carrera de San Jerónimo habría pensado que respondíamos a la primera provocación de Kim Jong-un. Quiá: se trataba de la Solemne Apertura de las Cortes a cargo de Sus Majestades, y no nos referimos ahora a las de Oriente, o sí, pero del Oriente de la calle Bailén. Precedidos por la minuciosa liturgia de la fanfarria militar, con formaciones de los tres ejércitos taconeando por entre un bosque velazqueño de bayonetas enhiestas, Don Juan Carlos y Doña Sofía accedieron por la puerta de los leones a la sede de la soberanía nacional, ese portón que sólo se abre cada cuatro años, como las malas amantes.

Comparecían en el patio del Congreso ministros flamantes como Arias Cañete y ex ministros forzosos como Carme Chacón, acaso nostálgica de la milicia que ahora desfilaba para otros. Incombustible Alicia Sánchez-Camacho, que no sólo no se pierde una, sino que además trae a su pequeño, y no lo sentó en el escaño porque ya estaban demasiado apretados senadores y diputados en las bancadas. ERC y Amaiur ni están ni se les espera, aunque no por eso van a devolver la nómina del erario español. Los diputados alternan como alumnos de bachillerato en la rentrée de septiembre. Gallardón incurre en su cumplido besamanos parlamentario y su otrora némesis Aguirre refulge de naranja FAES en la tribuna de invitados. Cayo Lara recibe seguramente alguna regañina de su vecina Rosa Díez y Montilla –¡Dios mío, Montilla!– clava la postura senatorial del sedente escultórico, diríase inanimado.

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