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jueves, 22 de diciembre de 2011

I+D+i


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Se ve que no fuimos los únicos en deslumbrarnos con el fogonazo de magnesio que Ercoreca soltara por TV en aquel debate electoral con Gallardón y compañía:

Venía yo de Bilbao y un empresario me ha dado la receta: “I+D, Ercoreca, I+D”

Con la cosa del I+D (+i), que empieza a parecer la clave de un billete de avión, Sinde, la de Cultura, ha dado la vuelta al mundo, y Rodrigo, el del Csic, ha viajado a la China, con lo que Les Luthiers ya pueden hacer la cantata del adelantado don Rodrigo, de sus hazañas en tierras de mandarines… Etcétera.

Eso del Csic se hizo para salvar todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia, con grandes logros zapateriles, como retirar la estatua del padre Alvareda y tapar la lápida latina de Franco, artífices del negociado. En su lugar, dos gallos espantosos de Víctor Ochoa (dicen que son su tío Severo y Cajal en pelea gallera) y un árbol de la ciencia de Chirino que no acaba de arraigar.

I+D, Ercoreca, I+D

Quejábase el pobre Cajal, tertuliano del Suizo, de que todo el mundo se fijaba en sus charlas de café, en las anécdotas de su vida, pero no en sus “Reglas y consejos sobre investigación científica”, cuyas páginas, decía Giménez Caballero, puede uno afirmarlas como la historia más sucinta y perfecta de la decadencia de España.

La ciencia española tiene dos mojones de término, Azara y Cajal (...)

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