jueves, 24 de octubre de 2013

Halloween


Los "buebos" de don Inda

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La repentina excarcelación de “psicokillers” (de izquierdas, pero “psicokillers”) sólo puede obedecer a una “rave” progre de Halloween (¿truco o trato?).

    España se hace cruces con las prisas del gobierno por poner en la calle a la nueva Agustina de Aragón de la izquierda en armas, y más viniendo de un hombre de la cachaza de Rajoy, que en todas sus actuaciones obraba como si siguiera la recomendación del rey don Sebastián a sus fidalgos: “Caballeros, morir sin prisa”.

    Y, sin embargo, ahí están: el presidente culpando a “esas nubes que pasan”, que diría Cela; el ministro del Interior culpando a la Audiencia, convertida en “after hour”; y el ministro de Justicia culpando a Estrasburgo, la urbe rosa y gótica que amaba Gecé, por la carnación sana de sus gentes, su Mercado de los Lechoncitos y sus tejadones brunos y grises con alas de oca.
    
Desde luego, no parecen un gabinete de guerra, y hasta me han recordado la perplejidad de Bush cuando vio salir como gamos a Bono y Zapatero de Iraq sin poner los pies en el suelo:

    –¿Pero estos no mataban toros?
    
No, estos acaso sean los que, en el reparto de papeles de la Santa Transición, acaben con los toros… y con los presos, que es cultura de derechas, igual que los otros acabaron con la siderurgia y los mineros, que era cultura de izquierdas.

    Veías a Gallardón con la soñarra del madrugón por abrir la cancela de la pantera etarra y sólo le faltaba el rótulo, francamente quevedesco, de “Suelto presos de repente”, en homenaje a aquel “Pongo buebos de repente” de la taberna “Biencomes”, en Elorrio, donde Indalecio Prieto, guasón y tragaldabas, que llamaba al tabernero “Ko-ko-ro-ko”, se ponía de huevos como un quinto.

    –Porque te digo, Eulogio amigo –escribe Prieto en su carta (27 de julio del 48) a Urréjola, en que pone de chupa de dómine a todo el exilio–, y heme aquí parodiando al Quijote, que existen “hombres”, “hombracos” y “cacamutios”.

    Señor, señor.

Real Madrid 2 – 1 Juventud de Turín

Murallas de Jericó
Piperos en el asfalto
 Casillas al aparato
La horda juventina (?)

Banderas de nuestros padres 

A por la Décima 

Jarroson

-De entre toda la maraña de antiguos muebles mourinhistas apilados en el desván y el catálogo de fachadas renacentistas de la mesa del recibidor se adivina una intención de control y verticalidad convenientemente mezclada, pero de momento todo es una ideología que se debate de lunes a viernes en los pasillos de las casas prefabricadas de Valdebebas, la única certeza a día de hoy. Consuela saber que el Madrid dispone de 14 futbolistas útiles en un partido y 17 a disposición del entrenador entre semana capaces para ello.

-La segunda parte quedó marcada por el derecho de pernada de un árbitro con pinta de trabajador de ventanilla de una caja de ahorros de un pueblo de Soria. Expulsó sin motivo a Chiellini y a la fiesta de los locos se sumó Ancelotti con sus cambios lisérgicos, que trasladados a la literatura son un capítulo de Rayuela después de un cocido madrileño. Lo más accesible que hizo Carlo fue no mezclar a Benzema y a Morata en un solo cambio para que la entendida afición del Bernabéu (60.000 tíos se repiten eso por las mañanas mientras se miran al espejo del As en la barra del bar) no se cargue al francés, que tiene un fútbol apto para paladares aficionados a la cocina minimalista. Luego llegó la traca final de Bale en la derecha y en el centro, que es el sacrificio de Isaac a manos de Abraham, para que el dios Florentino vea que Carlo es un hombre de fe.

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Jueves, 24 de octubre


miércoles, 23 de octubre de 2013

Los pájaros de Lenin


Los Pla


José Pla
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Hoy es uno de esos días que a uno puede darle asco ser español (del país de los pactillos y las doctrinillas) sin incurrir por ello, como Pla, en alta traición.

    Hay un Pla, Alberto, que es cantante y que, españoleando por provincias, dijo en Gijón que sentía asco de ser español, y el Ayuntamiento, en un acto de supremo españolismo, le dejó sin concierto, cuando el artista tampoco había ido más lejos que en el Congreso fuera Cánovas (¡Cánovas!) cuando, en el Banco Azul, mientras se leía el artículo de la Constitución de la monarquía restaurada (“Son españoles…”), refunfuñó: “Los que no pueden ser otra cosa”.

    –Si tiene c…, que ese tío (Pla, no Cánovas) diga que le da asco ser catalán, viviendo de ellos.
    
Hombre, eso sí constituiría una confesión de género tonto, o antiespañolismo, porque ¿a cuántos españoles de esta clase hemos visto revolverse alguna vez contra su mamandurria?
    
Hay otro Pla, José, que es escritor y que, españoleando en TVE, dijo a Joaquín Soler Serrano que, desde el proteccionismo, Cataluña era un país “inmensamente rico, grosero y espantoso”.
    
El catalán se ha pasado la vida siendo español cien por cien y le han dicho que tiene que ser otra cosa. El español es un hombre insatisfecho. El catalán es muy envidioso, y la condición para ser feliz es no ser envidioso.
    
Ninguno de los dos Pla es un Antonio Pérez, aquel felón de nuestras pesadillas escolares. El escritor fue un egoísta español (solterón) sin medida, y el cantante sólo quiere ser un Chomsky o un Petras para pobres, por citar las dos cumbres intelectuales de América que viven de decir el asco que les da haber nacido en América.

    Los Pla nos colocan ante un espejo de país de vuelo de corral, con sus pactillos (Tinell) y sus doctrinillas (Parot) que nos vuelven asqueados para bien, pues con eso nos evitan ser absorbidos en lo múltiple, caótico, pululante: “en una masa de insectos, verbigracia”, como dijo un grande paisano de los Pla.

La última de la temporada

Miércoles, 23 de octubre


El repóquer de ases del periodismo español ( II)

Wenceslao Fernández-Flórez


Jorge Bustos

Pero en el repóquer de ases del periodismo español aún hay dos que están pendientes de documentales, reediciones y pertinentes alabanzas: César González-Ruano y Wenceslao Fernández Flórez. De ambos se encuentran obras en librerías especializadas y en anaqueles de viejo, pero no es ni mucho menos suficiente. No hay proporción aún entre la contribución periodística de estos dos genios y su reconocimiento editorial y mediático. Las razones para el silencio las adivinamos, claro: ambos fueron firmas triunfantes bajo el franquismo, y aquí y ahora ese es triunfo difícil de perdonar, por exclusivamente literario que sea. Pla tuvo la fortuna de topar con la idolatría de Vergés, que redimió su nombre en Destino, y el pasado anarquista de Camba contrapesa su deriva conservadora y queda muy atractivo en la solapa. Chaves, ya hemos visto, tuvo la clarividencia de instalarse en una tercera vía hoy mayoritaria. Pero Ruano y Wenceslao no cuentan con abogados solícitos, y eso que ambos rechazaron los cariños o cargos del organigrama franquista, algo que no puede decir el fundador y director del periódico que más credenciales de democracia y de periodismo ha repartido en la historia reciente de España.

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Almejas a la marinera

A los devotos del Apocalipsis


martes, 22 de octubre de 2013

La felicidad democrática


Raíces


Ernest Gellner


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La Ilustración dio la tabarra con que la razón hacía al hombre.
    
Pero vino el Romanticismo y dijo que al hombre lo hacen las raíces, y ahí siguen, emoción contra razón, con su tabarrón.

    El nacionalismo se quedó con la copla romántica, y ahora presume de oír crecer la yerba.

    –En la segunda parte, el césped estaba muy alto –ha sido la explicación de un jugador canterano (“arraigado”) del Barça a su mal partido en Pamplona.

    En Nueva York, Walt Whitman, onanista tremendo, arrimaba la oreja a la yerba para oír el rumor de la “atlética democracia” americana.

    En Barcelona, el Tata Martino, que viene de Argentina, se sentó con el entrenador de los rondos del Barça, que le dijo:

    –Si no los miras y oyes sólo el ruido del balón, parece una canción.
    
La canción que oye Roura en los rondos del tiquitaca culé (Stravinsky contaba que un caño descompuesto le dio el motivo de “Las nupcias”) sólo puede ser “Els segadors”: “Bon cop de falç! / Bon cop de falç, defensors de la terra! / Bon cop de falç!”
    
Después de todo, Cataluña tiene consagrado estatutariamente su “derecho al paisaje”: la tierra patria como fuente de vigor y de salud nacionales.

    Los primitivos creían que los demás se meten dentro de uno por el oído, y los alemanes dicen que el alma es algo que no para de recibir visitas: la última, la de Guardiola, heraldo del rondo o rizoma culé, cuyo pancatalanismo va siempre suspendido en un “malapropismo” de Zapatero (“Con mi paz.”, firmaba este individuo libros en la Feria), al modo del personaje de Proust cuyo amor iba siempre suspendido en una “frase” de Vinteuil.
    
Ernest Gellner chupó muchas raíces para estudiarlas y concluyó que romanticismo, comunitarismo, populismo, vitalismo y biologismo, combinados, dan lugar a la política de ciudadanía-a-través-de-las-raíces… y de persecución de los desarraigados.

    –En la segunda parte, el césped estaba muy alto.
    
Por eso en Barcelona cantan “Els segadors” en los descansos.

Aquel toro jarameño de Guerrita



José Ramón Márquez

Dice la reseña del «Sol y Sombra» para la segunda corrida del abono de Madrid en la temporada de 1897, firmada por el gran José Sánchez de Neira:

«…seis toros del inteligente ganadero don Esteban Hernández, que no dieron el juego que esperaba su dueño,  puesto que a pesar de su buen trapío, de su poder y del esmero con que los cría, algunos fueron abantos, otros se huyeron y todos conservaron facultades hasta el final de su lidia. No les faltó sangre de casta, al tercero y al cuarto especialmente; pero suponemos que, a fin de alimentarlos el pasado invierno, en que tanto han escaseado los pastos, se les ha dado trigo y avena, y este pienso, muy bueno para robustecerlos, tiene el inconveniente de que se habitúe el ganado a ver gentes a su lado, en más número y mayor frecuencia de lo que conviene al toro bravo…»

Conservamos la fotografía del primer toro de aquella tarde en el momento en que Guerrita se perfila para entrar a matar. Sirve la lámina de ese toro para comprobar cómo se suelen seguir los tópicos acuñados en el pasado de forma acrítica. Según la machacona repetición de lo mismo a que habitualmente estamos sometidos -no sólo en esto de los toros, por cierto-, se sigue de forma muy constante la animadversión a Guerrita de F. Bleu y, en general, del lagartijismo, perpetuándose hasta nuestros días las reiteraciones sobre la preferencia del II Califa por los toros andaluces, como si el propio Pedro Romero no hubiese manifestado ya en su día esa predilección, y sobre el achicamiento de los oponentes que, si no me falla la memoria, empiezan ya en esas épocas a ser tildados de cucarachas, iniciándose entonces un imposible proceso de miniatuirización que llegará hasta nuestros días.

A cambio ahí tenemos al gran Guerrita, torero largo y sin posible rival, acusado de frialdad por los que fueron incapaces de rendirse a su solvencia técnica y a su arte, perfilado ante un imponente toro jarameño, bien armado y perfectamente sometido, un toro que está «pidiendo la muerte», al que va a matar de una estocada en buen sitio echándose afuera y otra contraria hasta el puño a más distancia y sin liar, de la que saldrá acosado por el toro.

La clave verdadera del asunto está en las palabras del inteligente Neira, cuando dice que el inconveniente es que los toros se acostumbren a ver gentes a su lado. En nuestros días los toros son como otro animal doméstico más, todo el día rodeados de gente, venga a hacerles cosas: crotales, saneamientos, inyecciones, análisis, extracción de semen, revisión de próstata, TAC, complejos vitamínicos, fundas, ácido hialurónico, manicura… Tal es así que muchos de ellos cuando salen a la plaza se creen que simplemente ahí van a hacerles otro tratamiento, y es por eso que se quedan pasmados ante el peto y por lo que algunos hasta se desmayan a la salida de la jurisdicción jumentil.

Cualquier bóvido de nuestros días, pongamos sin ir más lejos al miserable del cuvillejo Arrojado que indultó Manzanares en Sevilla, le sacaría por lo menos tres o cuatro arrobas al toro de Guerrita, pero bien sabemos que al deleznable Arrojado nunca se le ocurriría, con un estoque hasta la gamuza dentro de su cuerpo, salir corriendo detrás del que le hirió para tratar de acabar con él, que es el caso que nos ocupa, pues de no ser por el oportuno capote de Juan Molina, el toro a poco y se come vivo al mismísimo Guerrita.

Tratar de traer aquellos antiguos toreros al día de hoy, tratar de extrapolar las censuras de aquella época a nuestros días resulta algo tan ridículo y tan falso como dar crédito a esas series de TV en que españoles de los años cuarenta se besan en las calles a plena luz del día; que en aquellas calles no había tal y que, según qué besos, hasta los cortaban en las películas. Pues con los toros pasa lo mismo, porque posiblemente no haya en nuestros días un solo torero de los veinte primeros del escalafón capaz de estar dignamente frente a aquel toro de don Esteban Hernández que hizo correr a Guerrita, y eso que dicen que «hoy se torea mejor que nunca».

Por eso es que ponerse a imaginar qué habrían podido hacer July o Manzanares con el jarameño, con esa pinta, con esos pitones, con esas intenciones, o Guerrita con la birria de Arrojado, es algo que pertenece a la misma categoría que lo de creer que en los bosques, dentro de unas setas, habitan los gnomos.

Doctrina... ¿Qué doctrina?


Francisco Javier Gómez Izquierdo

    Esa manía locoide que tienen los españoles de hacer leyes como si fueran biblias para interpretarlas conforme a insensato discurrir lleva, en más ocasiones de las soportables, a escandalizar en tierra extraña y a que se nos afee tan asqueroso vicio. Estrasburgo no podía decir otra cosa que la que ha dicho, si atendemos al principio fundamental de todo ordenamiento jurídico: la irretroactividad de las leyes. Principio demoledor en toda civilización. En nuestra Constitución -que no sé si vale de algo- hay un artículo 25, que no puede ser interpretado. Sólo procede su aplicación, y no es cosa de que prusianos traduzcan lo que uno mismo ha escrito.

      Me cuento entre las personas más afectadas por el eterno desvarío de nuestros políticos de no querer legislar con sensatez y buen juicio. Desde los 80 ha habido tiempo para redactar una docena de artículos más imprescindibles que necesarios, para que los canallas y los adictos a matar al descuido cumplan años de cárcel conforme a derecho... pero cuadrillas de estultos, que es lo que abundan en España, renegaron de la redención de penas por considerarla franquista, sin reparar que en primer grado no se redimía, y abandonaron el cumplimiento de penas a los equipos de Tratamiento, auténticos instrumentos políticos. 
Que el Equipo de Huelva que lleva dos o tres años observando a De Juana no le da el tercer grado, pues lo llevamos a Madrid, por ser los psicólogos de la capital capaces de evaluar en una semana lo que otros no sospechan en años. Un interno disfrutará de permiso ó tercer grado cuando así lo estime un psicólogo o psicóloga, un trabajador social, un educador.... nunca cuando lo diga expresamente la ley. En España las leyes dan para hablar mucho, pero sólo las entienden los delincuentes.

       La doctrina Parot fue una torpeza, propia de políticos españoles que actúan como cortijeros sin que nadie ose frenar sus disparates. Ni siquiera los jueces, grumetes de un barco sin ley en el que a veces uno no sabe si pecan por ignorancia, qué malo... o por maldad, qué remalo.
        
Un servidor no tiene estudios. Quiero decir que no tengo carrera y que me quedé en el COU setentero, pero viendo las remesas de abogados con los que trato de continuo, empiezo a sospechar que sobran las facultades de Derecho. Perdonable es en abogadillos logsianos la incomprensión de los escrito, pero escuchar a jueces divagar sobre lo evidente me tiene totalmente desmoralizado... porque hasta hace 20 años creía fervientemente en el Estado de Derecho, hasta que llegó esa psicolocracia que prostituyó la Justicia:

-Esto es conveniente. Esto no. El momento político aconseja...

Boxeo. Días de Poli y rosas*

ABC, 26 de Diciembre de 1987


Gente y aparte
ABC, 14 de Noviembre de 1987


Gente y aparte
ABC, 28 de Noviembre de 1987


ABC, 7 de febrero de de 1988


Gente y aparte
ABC, 21 de Mayo de 1988


ABC, 11 de Junio de 1988


ABC, 2 de Julio de 1988

ABC, 3 de Diciembre de 1988


ABC, 10 de Junio de 1989

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*Al hilo de El vestuario, de David Gistau

Martes, 22 de octubre


2006

lunes, 21 de octubre de 2013

Perdón (por el aburrimiento)

 Chinchón
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Brotes verdes en el Bernabéu y Cristiano pidiendo perdón al público… por el aburrimiento.
    
Que esta Liga no hay quien la aguante lo dice Simeone, y eso que él juega con Diego Costa, que es el chile de todas las enchiladas, razón por la cual Del Bosque lo persigue para su Combinado Autonómico como De Cuenca persiguió para su equipo olímpico de Sidney a Johann Mühlegg, Juanito.
    
Porque lo contrario del aburrimiento no es el placer, como creen los piperos, sino la excitación, y por eso fue grande Mourinho, al que Casillas quiere invitar ahora a una Coca-Cola, situación que sería un calco del famoso cuento de Churchill (hay quien lo atribuye a Bernard Shaw):
    
Si yo fuera su esposa, le pondría veneno en el café –le dijo una vieja cotorra.
    
Si usted fuera mi esposa –contestó él–, me tomaría muy a gusto ese café.
    
Los viejos progretas que ronean al Madrid tacharon de “fascismo” el “autoritarismo” de Mourinho, y la penúltima salida de pata de banco de Guardiola (“soy muy amigo de los jugadores… si obedecen lo que digo”) los ha pillado con el paso tan cambiado como a Alberti la noticia de que Stalin tenía un pacto con Hitler.
    
Mi ensayista dice que el aburrimiento consiste esencialmente en el contraste entre las circunstancias actuales y otras más agradables, que fuerzan irresistiblemente nuestra imaginación.
    
El sábado, a la hora de la siesta, muchos vieron brotes verdes en el Bernabéu, pero a mí, no sé si por la hora, la imaginación se me iba… a la oreja del sillón, mientras el piperío entonaba los nuevos himnos de la canteranidad (viva Morata, que es de mi barrio, viva Carvajal, que es de mi pueblo, y así), que es para lo que da el nacionalismo madrileño.

    –Da gusto ver bascular a Míchel Salgado –le oí decir una vez, en la época de Luxemburgo, al político Diego López Garrido.
    
Ahora dicen que da gusto ver bascular a Carvajal, aunque a mí no me recuerda, atacando, ni a Maicon ni a Cafú, y en defensa me parece igual que Arbeloa en ataque, a la espera de contrastar estas impresiones contra la Juve y el Barça, que son los territorios naturales del Madrid, cuyo público enloqueció el sábado con un par de carreras hacia atrás de Morata a la misma hora que Ibra y Cavani firmaban en París dos goles de Tiffany.
    
Y llegó, absurdo como un zapato impar, la petición de perdón de Cristiano, que es lo que le faltaba al piperío para sentirse como el extinto tendido “7” de Las Ventas, al que Padilla, por cierto, jamás pidió perdón.
    
Poéticamente, el perdón es condenable por cobardía (Blake) o por soberbia (Almafuerte), y no me cuadra esa pulsión “cristiana” de adulación servil a la masa, como un Echanove cualquiera.
    
Corrochano nos enseñó que en los toros es modesto el que no puede ser otra cosa, y a mí me gusta más un Cristiano chulo y Luis Miguel que en el Campo Nuevo levante el índice y se autoproclame Número Uno.

    Cuando Foxá vio que en la biografía de un importante político yanqui sólo se alababa su humildad y se exaltaban sus apuros económicos, exclamó:

    –¡Qué hubiera pensado Plutarco!



BALE Y EL DRÓGULUS
    La literatura del “Marca” sobre la hernia de Bale desató un debate sobre el positivismo lógico cuyo padre, Alfred J. Ayer, hincha del Tottenham, resumió en 1949 así: “Suponga que digo ‘Hay un drógulus (léase hoy “hernia”) allí’, y usted dice ‘¿Qué?’, y yo replico ‘drógulus’, y usted pregunta ‘¿Qué es un drógulus?’. Bueno, digo yo, no puedo describir lo que es un drógulus porque no es la clase de cosa que usted pueda ver o tocar, no tiene efectos físicos de ninguna clase, sino que es un ser incorpóreo. Y usted dice ‘Bien, ¿cómo puedo decir si está allí o no?’ y le contesto ‘No hay forma de decirlo. Hay un drógulus justo detrás de usted, espiritualmente detrás de usted’ ¿Tiene eso sentido?”

En el país de las colombianadas

Alberto Salcedo Ramos

La palabra “colombianada” es uno de esos neologismos que la Internet ha puesto de moda. No aparece en el diccionario oficial de la lengua española pero todos sabemos lo que significa: un hecho fundamentalmente cómico o raro, tan nuestro como la ruana y el sombrero vueltiao: algo único que, para mal o para bien, no podría florecer sino en nuestro suelo.

A menudo, la “colombianada” es una mofa risueña del hombre al hambre. Por ejemplo, el taburete en el paradero de buses de Sabanalarga, Atlántico, bajo un letrero que reza: “a 200 barras la sentada”. O el curioso local que queda ubicado frente al Colegio Palestina, de Bogotá: “expurgada de piojos y liendres en media hora”. O el baño público de El Carmen de Bolívar en el que aparece el siguiente aviso: “orinada, $200. Con peo, $300”.

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Lunes, 21 de octubre


Crónica del alba, 1982
Albarracín

Ensalada improvisada con salmón marinado

domingo, 20 de octubre de 2013

Morante ya no sabe qué hacer (para llamar la atención)

Gallito vs. Jack Johnson

José Ramón Márquez
Ahora, lo que faltaba, Morante boxeador, el morrosko de La Puebla se sube al ring, y confiesa que eso le ha dado un avance a su tauromaquia, que ésa sí que es buena.

No se sabe qué tipo de boxeador será el Jack Dempsey de la Puebla, que a lo mejor estamos alumbrando un nuevo tipo de boxeo: el boxeo de arte. Más bien yo diría que a este Morante, ahora artista de las doce cuerdas, le cuadra de perlas el famoso verso de Nicolás Guillén

  Qué sé yo de boxeo,
 yo, que confundo el jab con el uppercut

aunque echando cuentas de sus trazas con los toros, de lo poco que en ese ámbito le va la pelea, de las fatiguitas que pasó con la de Victorino en Sevilla, me temo que nos vamos a quedar sin ver en Las Vegas al Uzcudun sevillano, por más bolsa que le pongan, que si el otro día Floyd «Money» Mayweather se llevó ciento cuarenta kilos de dólares por dar una lección práctica de boxeo a Canelo, no hay dinero que ponga al bueno de Joseantonio  Dempsey con otra cosa enfrente que no sea un «paquete» o un sparring tísico, lo que se dice unos adversarios «de garantía», para que pueda manar el arte tal y como lo concibe el de La Puebla, a base de amañamiento.

Y conste que uno no puede por menos que simpatizar con estas cosas que hace el buenazo de Morante fuera de la plaza, especialmente con su afición a los tabacos habanos y ahora con esta nueva afición al «noble art». Cuando la mayoría de los toreros ya son de la liga anti tabaco, cuando han abandonado el viejo frontón, deporte de bomberos y de toreros, y sólo les interesa la cursilada esa del golf, gusta esto de que este extravagante reivindique el azulado humo de los vegueros de Vuelta Abajo y, ahora, la verdad del knockout.


Mezcla de El Fary (el pelo), Nino Jiménez (el trapío) y Óscar Ladoire (la apostura),
 Morante quiere convertirse en el Arthur Cravan de esta hora de España

El repóquer de ases del periodismo español (I)


El coloño periodístico
(Colección Look de Té)

Jorge Bustos

 Se trata de un juicio muy personal, pero yo creo que el periodismo español tuvo en la primera mitad del siglo XX cinco grandes nombres. Tuvo más, claro, y podemos discutir la inclusión en ese canon decantadísimo de otros nombres (Gaziel, Foxá, Corpus Barga) que estos: Julio Camba, Josep Pla, Manuel Chaves Nogales, César González-Ruano y Wenceslao Fernández Flórez. Dos gallegos, un catalán, un madrileño y un andaluz. Si hay que quedarse con cinco, yo no creo que quepan otros nombres que estos, reservando a Azorín para la estricta literatura.

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Los Reyes Magos de las multas

Gran Vía

J. R. M.

Haciendo afición al fútbol y a los toros

J. R. M.

En la muerte de Divine

Gente y aparte
ABC
12 de Marzo de 1988