lunes, 29 de noviembre de 2021

Lambrettas y penaltis

 

La lambretta de Vinicius al argentino Nahuel Molina

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Goleada nazarí del Madrid en Granada, donde todo es nazarí para la lírica periodística, incluido el mítico “este partido lo ganamos sin bajarnos del autobús” que soltó Helenio Herrera, entrenador del Barcelona, en tiempos de Miró Sans, que él sabría por qué Herrera hablaba en clave tan nazarí.


    Ni el Madrid era el de Amancio ni el Granada era el de Fernández, pero ahí estaban Vinicius, el jugador que justifica el precio de la entrada para ver al Madrid, y Monchu, que hizo una caricatura de Fernández y el árbitro, con buen criterio, lo sacó del campo: su entrada al extremo fue un “a mamarla a Parla”, porque no hay nada en el fútbol que moleste más a los brutos que las prestidigitaciones de Vinicius, que se ha quedado solo en su mano a mano mediático… con Xavi.
    

Vuelve Xavi. Vuelve el “fúpbol”, en el que “pe” es “pi”, símbolo de la pedagogía xaviana: el penalti ontológico. El “fúpbol” es el espacio-tiempo de Busquets, que según Xavi sabe más que Einstein, rematado con un penalti inexistente o xaviano.
    

Xavi se desmaya y es penalti. Busquets me mete el dedo en el ojo, y no –en resumen de David López, capitán del Espanyol, que perdió su derbi con un penalti inventado, algo que no podía ofrecer Koeman.
    

El xavismo viene de la edad dorada de las Desdémonas, como en mayo de 2011 los bautizó el “Wall Street Journal”. “The World’s Greatest Whiners”, se titulaba aquel artículo, y en él se alertaba del daño a la reputación del Barça que podría causarle… el estilo en el comportamiento de sus jugadores, en tres modalidades: 1) lloriqueos y petulancias propios de un niño pequeño 2) apelaciones constantes a un Dios justo que proteja de la persecución arbitral 3) tendencia a reaccionar ante cualquier contacto con los jugadores rivales con un retorcimiento de Desdémona en su lecho de muerte en el acto final de “Otelo”, de Verdi.
    

El “fúpbol”, que entusiasma al “mainstream” periodístico español, que nos tiene informadas hasta de las capas de rímel que usa Xavi para resaltar sus ojazos de princesa de cuento árabe, cuyas habilidades, una vez volcadas al espectáculo, granan en un centrocampismo de limpiaparabrisas y en un restregarse de los atacantes contra los defensores como gatos de venta hasta que el árbitro ve la ocasión de pitar un penalti ontológico y xaviano, con todo el Campo Nuevo coreando el “¡Xavi! ¡Xavi! ¡Xavi!”, para consagrar como Pastor del Ser en el claro del bosque a un tipo bajito y vestido con pijama que, a falta de dinero, monta un “Verano Azul” con los menores de La Masía (¡Xavi es Chanquete!) que luego Luis Enrique coloca en el escaparate internacional.
    

Los dos tortolitos hicieron su nido pajita a pajita –dejó escrito un cronista habanero que gustaba mucho a Carlos Franqui.
    

Para equilibrar los penaltis ontológicos del Barcelona de Xavi, el Madrid de Ancelotti cuenta sólo con las “lambrettas” igualmente ontológicas (¡y antológicas!) de Vinicius, que con Brasil le hizo una a Argentina (¡a Argentina!) que justifican una carrera futbolística. De una hada del río Lambro, la “Lambretta”, aquella motoneta en que viaja la nostalgia “mod”. Y de la “Lambretta” italiana, a la “lambretta” brasileña, por la imitación de la motoneta que hace el cuerpo del futbolista al realizarla. Con su “lambretta” a Argentina, Vinicius nos regaló un Cellini, aquel hijo de un pífano de los Médicis que quería dibujar, pero su padre prefería que fuera pífano. Al final, Cellini fue escultor, orfebre y escritor que cuenta en su “Vita” cómo en una tarde de invierno se le apareció una salamandra en el fuego del hogar y cómo su padre, entonces, le propinó una paliza. “Que esta deslumbrante visión –le dijo–, tan pocas veces concedida a los hombres, se te grabe en la memoria.”
    

Es natural que, de mayor, Cellini fuera por la calle matando a todo el que le mirara mal, pero el caso es que no se le borró la salamandra sobre el fuego, como seguramente no se nos borre la “lambretta” a un argentino de Vinicius en su zona, el sector izquierdo del campo, que hubiera superado la jugada de Redondo en Manchester, rematada a gol por Raúl, si el cabestro del rematador de Brasil hubiera aprovechado el excelso regalo.
    

Quiero que la noción del placer esté en todos los ejercicios.
    

Eso dice Bettoni que repetía Zidane a sus discípulos, pero se conoce que el único que se quedó con la copla fue Vinicius.




PIEL DE SAPO


    En Alemania el “Berliner Zeitung” se pregunta por qué se caen tanto tantos futbolistas, pero otros periódicos más alegres, como el “New York Post”, nos abren caminos menos transitados, como los que ahora recorre ese resumen de los 80 que es Mike Tyson: “Me drogo con veneno de sapo y me ha cambiado la vida. Antes de darle al sapo estaba hecho un desastre. Tenía baja autoestima, algo que les pasa a las personas con mucho ego, pero el sapo te despoja del ego. Todo es amor”. En Barcelona a Xavi lo despojó del ego el torno del Campo Nuevo el día de la presentación: 9.422 culés fueron a verlo a él, por 10.378 que acudieron a ver… ¡a Alves! Esto es como el público taurino en los apartados de Las Ventas: cuando hay más público en el apartado que en el tendido, es que los toros son más importantes que los toreros.

[Lunes, 22 de Noviembre]