viernes, 25 de mayo de 2018

Corrida de la Cultura. En la Feria de San Blas, a Ginés le ponen una caseta (y nosotros les devolvemos a los sevillanos su torero)

 Cuando escasea la vergüenza
El marketing de Plaza1 haciendo pasar a Julián y Ginés por José y Juan


José Ramón Márquez


Bueno, pues al fin llegó el día de la Cultura, de la high culture, a Las Ventas. El día del advenimiento de Julián, que primero estuvo diciendo, hace meses, que si no venía a Madrid, que si la cosa no le cuadraba bien por no recuerdo qué, y resulta que era todo una añagaza como para hacerse valer y que se crease un movimiento a su favor que nunca se llegó a crear. Finalmente solucionaron la papeleta con truco, pues en Julián todo lleva truco. Éste consistía en montar un mano a mano con él y con otro, para que a ver si con tres toros conseguía de una vez abrir la Puerta Grande de Madrid por segunda vez como matador de toros, cosa que le obsesiona. Se intituló la gesta como “Corrida de la Cultura”, echaron mano de Ginés Marín, y se compraron seis llamémosles toros para la parte cuadrúpeda del espectáculo que se correspondían con las ganaderías de Victoriano del Río, Alcurrucén y Domingo Hernández. Lo de Victoriano era, como si dijéramos, la continuación de lo de ayer, y la constatación de que entre los ocho toros le han hecho una avería gorda a su amo, que no sé quién de estos gourmets del toro bobo va a ir a comprarle el ganado vistos los resultados, y lo mismo nos toca ver dentro de un poco de tiempo a Victoriano del Río eliminando lo anterior. Y Ginés Marín, pues a lo que se le diga, que ése es el papel que, lo quiera o no, le toca jugar.

Hoy han vuelto a poner el letrero de “No Hay Billetes” por ponerlo, porque había huecos más que notables en los asientos, y en la explanada los reventas ofrecían boletos con muy poco margen, señal de que no había chu-chu, como decía Juanito, a quien mandamos un abrazo desde aquí, que está delicado de salud el hombre. Se nos olvidaba decir que ésta se llama “Corrida de la Cultura” porque asiste a ella el señor Ministro del ramo, al que se le ve un aire de estar muchísimo más interesado en la tauromaquia caballeresca del siglo XVI sobre todo si va glosada en verso:

“…Ya miro al Duque con espada en mano,

Al Marques y á otro compañero;

Parece cada qual Héctor Troyano,

Y al herir, cada qual es el primero:

A fuertes cuchilladas

Se queda el toro allí hecho tajada…” etc.

Echaron por delante uno de Victoriano del Río que adoleció de falta de movimiento, por lo que era absolutamente incompatible con la idea de Julián, que necesita de la carrerita repetidora del animal para perpetrar su tauromaquia. Si el toro se para, a Julián se le caen inmediatamente todos los palos del sombrajo, y eso es justamente lo que le pasó, que el toro era de tipo marmolillo, del mismo encaste que los toros de Guisando, que están en la Venta Juradera cerca de El Tiemblo, que se tragaba un pase y se paraba y ahí se quedaba Julián desesperado porque la cosa de la ligazón y el empalme de los muletazos que él necesita como el aire para echar a andar su negociado, no manaba al encontrarse el toro como posando para un escultor, para un Benlliure de la birria ganadera. Señalemos que toda la responsabilidad respecto de las condiciones de los toros de hoy  recae sobre Julián, que habrá reliado, él o persona interpuesta, en las ganaderías lo que no está en los escritos mirando líneas, reatas y sementales hasta la quinta generación para acabar trayendo esto. Lo mató de canónico Julipié al segundo intento y aún hubo personas generosas y de noble corazón que aplaudieron a Julián tras el arrastre del toro, que hay que decir en este caso lo bien que hizo el hombre en no salir del callejón a recoger cuatro palmas.
El primero de los Hermanos Lozano, se fue a las manos de Ginés Marín. Le picaron con el mismo mimo que se pican las cuerdas del violín en un piccicato, y el animal llegó a banderillas totalmente exhausto y con una falta de movilidad que daba pena verle andar por la Plaza. El buey arrastraba sus cuarenta y ocho arrobas y media con harto pesar de su corazón y cuando llegó la cosa de la franela el toro estaba como para tomarse un Dalsy y meterse en la cama más que para ponerse a embestir. De hecho se paró en medio de un pase, con Ginés en la oreja erre que erre dándole trapazos en el hocico y es que el bóvido ni se movía, ni intentó un derrote, ni protestó, ni hizo nada. Fuese el colorado de los Lozano a que le trinchasen los destazadores y nos aprestamos a ver a su hermano, a ver qué nos decía.
La salida del segundo Alcurrucén no fue lo que se dice la salida del toro que se viene a comer el mundo, y más bien al toro se le hacía un mundo abandonar el fresquito de las mazmorras de Florito sin acabar de salir. Así estuvo un ratito. Luego medio cumplió en varas y es tardo en banderillas. El bicho había tomado el capote de Julián con buen son en los lances de recibo y el de San Blas se fue con decisión a por él para iniciar su faena en el tercio, entre el 9 y el 8 con un principio ligero y gustoso: cuatro por bajo con la derecha rodilla en tierra, un cambio de manos, una trinchera algo tensa y otras tres más relajadas fue el inicio de su labor y en ellas ya se vieron las óptimas condiciones del Alcurrucén para la muleta. Ahí empezó la auténtica cultura de Julián, si será cultural el tío que el otro día le hacían un publirreportaje en un importante diario de tirada nacional, pero su cultura no es de Real Academia, más bien es cultura popular, como el botijo. Acabáramos. Bueno pues ahí tenemos al Julián de siempre con lo suyo de siempre, que no va a cambiar ahora el hombre tras veinte años de alternativa, lo del cite por las afueras, lo del pico, pico, lo de cargarse la suerte, porque no la carga ni en sueños, y, eso sí, un temple nacido de una muy buena técnica, que es lo que realmente pone él, porque el resto más bien lo pone el toro. En sus modos, recalquemos que en sus modos, ha estado bien y por eso le jalearon con fuerza en las series que enhebró, que fueron todas. Mató traserísimo donde hay más dolor de barriga que muerte, cobrando media estocada, y se vio obligado a descabellar. Luego, primero con tibieza y después con la ayuda de los benhures de la mula se fue creando una petición que se sustanció en la obtención de una de las dos orejas que había venido a buscar a Madrid. Incluso hubo quien dio palmas al toro en el arrastre. En ese momento abandoné la Plaza.

A continuación, por no dejar inconclusa la reseña, anoto los comentarios de persona de mi máxima confianza:

4º toro. Ginés se dispone a matar después de faena tediosa y aburrida en la cual ha sido revolconado y no ha hecho ná de ná. Lo mismo de siempre. Se tira a matar. Mata de un bajonazo trasero. Resultado final: puñalá… trapera. El bicho cae y el puntillero acierta a la séptima.

5º toro. El toro, de Garcigrande, es un claro ejemplo de lo que no es trapío. Recibe una puya medianilla y al salir cae. Julián intenta hacer un quite que pasa desapercibido. Ginés intenta un quite por verónicas, todas por el pitón izquierdo y es arrollado por el bicho. Segundo revolcón que se lleva el chaval.

Sale Julián con ilusión y alegría, el aparcacoches coloca el toro en terrenos del 6-7 y se apresta a comenzar la faena sobando al toro por las afueras, preparándole para lo que se le viene encima. Lo intenta por la mano derecha; el torejo no da vueltas y nos embarullamos un poco. Vamos con la izquierda y empezamos retrocediendo muchos pasos entre natural y natural. El toro no hace nada por colaborar. El torero es el mismo y el toro peor. El toro se llama Cazatesoros, número 64, y está sacando la vena como de macho cabrío y el pobre Julián no sabe qué hacer, totalmente desarmado. El aficionado R. apunta “incapacidad técnica total”. Mata con otro julipié a la primera y el toro rueda. El toro ha sacado su castita y le ha traído de cabeza. Sale a saludar y le chifla media Plaza, la otra media le aplaude, los que aplauden chiflan y los que no chiflan aplauden

6º toro. Sale el último, de Victoriano del Río, que es un toro gordo como si fuera de carne, de capa negra. Si lo pilla el de El Capricho y lo castra, teníamos buey para dentro de diez años. Dos grandes puyazos de Agustín Navarro, que se lleva la ovación de la tarde. Comienza Ginés la faena con la derecha, vaciando arriba, muy atropellado, luego pilla la izquierda y después pasa a la fase de los sustos, a ver si el toro le empuja y “lo para con la mirada”. Mata a la segunda y descabella a la última. Parte de la afición abandona la Plaza y otra parte se queda para pitar al toro en el arrastre.

Esto dio de sí la Corrida de la Cultura. A ver qué inventan para ver cómo levantan el muñeco el año próximo, que al entipado Julián le van cayendo las castañas y en Madrid su currículum de acinturamientos sigue empatado con el de Morenito de Maracay, el inolvidable Pepe Nelo. De momento ahí  les devolvemos a los sevillanos a su torero, para que pueda seguir reinando en el coso del Paseo de Cristóbal Colón, número 12.

Antijulianismo en el concierto, anoche, de Roger Waters

Gemoetría juliana

 Atado a la columna I
Tenetur in columna I

Atado a la columna II
Tenetur in columna II

El julianeo

La Cultura