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sábado, 23 de diciembre de 2017

Amor

José-Miguel Ullán


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Y encima, hoy, en el Bernabéu, el Barcelona de Amor.

Amor fue un futbolista de antología poética. Está en el “Como lo oyes” de José-Miguel Ullán, en lo que el poeta salmantino (Villarino de los Aires), que oía crecer la hierba, oyó el jueves, 1 de junio de 1989, en Barcelona, entre “En este cuadro mío, ‘El barco del peine’, está toda la cultura fenicia” y “¡Tú no sabes lo que descansa inaugurar!”:

Pues creo que a Amor se lo lleva el Real Madrid
¡Que se lo lleven de una vez! Lo que sobran aquí son hijos de p...!
La prueba de que en los 80 el “cosmopolitismo” del 78 ya se había trasladado a Madrid son las cosas que, en la misma semana, el oído ullanesco recogía en la capital: “Ya está Esplá: pasito atrás”. “Por lo visto, Jomeini se ha caído cuando lo iban a enterrar. ¡Tiene cojones la cosa!” “Helmut Newton me dijo que, si salía bien, me la mandaba. Y a mí me dieron unas ganas locas de decirle que me la mandase, saliese como saliese. Pero luego, como una imbécil, me contuve por educación”. “Rafael de Paula no se fía ni un pelo del que lo mira”. “Como me da vergüenza, yo no te lo pensaba decir: voy esta noche al fallo del premio de poesía Loewe”.

Amor es hoy la voz oficial del club independentista (fundado por un suizo) que juega en Madrid, y con sus declaraciones pasa lo mismo que decía Goethe de los aforismos de Lichtenberg: donde él gasta una broma hay un problema escondido.
Por culpa de la política, el ambiente es de mañana de Año Nuevo en la Castellana, por donde caminan, en lugar de mocitas alegres y risueñas, los piperos (mustios y pastueños) del 155, finos analistas que ya corren para tomar el último autobús que lleva a Ciudadanos como el último helicóptero que salió de Saigón. Todavía los estoy oyendo: “¡Qué guapa es!” “¡La Macarena parece!” “¡Ni Maragall en sus mejores tiempos!” Y así.
Como dijo don Rafael Salillas en su antropología picaresca, la guapeza nos ha entusiasmado, nos ha ensimismado, nos ha gobernado y nos ha desnaturalizado.