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viernes, 22 de julio de 2011

José Tomás en manos de Joaquín Vidal*


JOSÉ TOMÁS TIENE EL MAYOR FRACASO DE SU VIDA

Joaquín Vidal


José Tomás provocó un escándalo sin precedentes en la plaza de Las Ventas. Acabó provocándolo después de haber hecho una estrepitosa manifestación de incompetencia torera y rematarla con lo que quizá vaya a ser el fracaso de su vida.
(...)
La tarde estaba desmitificadora a tope, sin dejar a nadie en el olvido, pues el ganadero Adolfo Martín, que se había creado un cartel de riguroso y purista, criador de serios y encastados, envió para las dos fingidas figuras [Tomás y Joselito] una escalera de borregos sin trapío e inválidos, que tanto uno a uno como por junto constituyeron la vergüenza nacional. El fracaso del ganadero fue similar al de los mencionados coletudos: de los que hacen época.
(...)
Torería les faltó principalmente a los dos sucedáneos de fenómeno. Torería le faltó sobre todo a José Tomás. Iba de extraterrestre carismático, y sí, lo será; pero la torería verdadera debe de ser su asignatura pendiente, su gran desconocida.
(...)
José Tomás, que se puso tieso como un palo de mesana para las chicuelinas, los delantales y las gaoneras (tres tipos de quites que forman parte de su programación galáctica), los instrumentó irrelevantes, porque los toros se le desplomaban (...) Y lo que se vio fue un ridículo engolamiento, una grotesca pomposidad, un caminar como si estuviese levitando... Y todo para hacer un toreo fuera cacho, a base de medios pases y sin ninguna ligazón.
Así la premiosa faena de José Tomás al segundo torito, un borrego inválido con aire de muñeco que apenas se podía mover. Y así la que le aplicó al cuarto; o aún peor, porque éste desarrolló cierta manejabilidad y no le ligaba los pases, o si se los ligaba, no los empleaba y solía resolverlos a enganchones.
Cuando se marchó a la barrera para tomar la espada de verdad, José Tomás ya iba marcado por el estigma del fracaso. Volvió, y se puso a pinchar [siete], sonaron dos avisos, no acertaba el descabello [cinco] y en éstas que se abalanzaron al toro los peones intentando tirarlo con la rueda de capotes mientras el matador se inhibía y contemplaba el desafuero desde la distancia. Sonó el tercer aviso, se metió en el callejón y ahí se las dieran todas, en tanto cundía la indignación en los tendidos (...) Con un broncazo sostenido y lanzamiento de almohadillas despidieron a José Tomás. Un caso digno de estudio. Le han dicho que es de otra galaxia y al parecer se lo ha creído.

El País, 2 de junio de 2001
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*Al aficionado R., para zanjar la discusión de ayer y despejarle las dudas
sobre las inclinaciones tomateras de Joaquín Vidal