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lunes, 27 de diciembre de 2010

Las vueltas que da la vida

Cristián Mejía Trujillo
lapatria.com

Hasta hace poco más de tres años ellos eran el ejemplo para nosotros; largas filas en su sede consular de Bogotá eran la antesala de un maltrato quen nunca nos hemos merecido. Nos impusieron un humillante visado para visitarlos que poco más o menos rayaba en la ignominia; nuestros inmigrantes eran tratados allí más que parias llegados de un país azotado por la violencia y el desempleo producto de una guerra civil nunca declarada. Nos costó muchos años de sufrimientos y vejaciones probarles que éramos, y seguimos siendo, gente buena y trabajadora como la más.

Allí se nos entregaron los peores oficios como la limpieza de los excusados, los paletas de la construcción, y nos bautizaron despectivamente como sudacas y narcotraficantes.

Una bonanza económica ficticia los llevó a creer que el dinero prestado no habría que devolverlo nunca, porque la plusvalía -también ilusa-, cubría los créditos y sobraba para los toros, el fútbol, los onomásticos, las fiestas anuales para sus santos protectores y hasta para realizar batallas campales a tomatazo limpio en la plaza pública...

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Vía Ricardo Bada