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miércoles, 8 de junio de 2011

Beneficencia. El Rastrillo de los antitaurinos

Víspera de Beneficencia
Japón heroico y galante, 1

José Ramón Márquez

Corrida de Beneficencia en Madrid. Aún hemos llegado a conocerla cuando era una fiesta. Tengo un cartel en seda de los años diez en que se ve a una fila de desharrapados, mendigos, tullidos, niños descalzos, y abajo, a toda plana, la imagen de un fiero toro rompiendo las tablas de la barrera. Ya no hay desharrapados de aquellos, ni tampoco hay toros que rompan las barreras, ni hay Beneficencia. Se mantiene esta corrida con su denominación como un atavismo, sin más.

Ésta de hoy se preparó en enero. Juan Mora, Morante y July con los toros de Victoriano del Río. Un festín, dirán algunos. Yo, desde enero ya supe que no sacaría esta entrada. Esto es lo que creo que pasará y por lo que hoy no voy a estar en Las Ventas:

El mejor Mora es nada. Me dirán de sus maneras clásicas, de su forma de andar por la plaza y lo del estoque de verdad siempre en la mano. Vale. Ni sus maneras me parecen clásicas ni su forma de andar por la plaza me recuerda a la de los buenos toreros. Lo del estoque, sí que es verdad. Se tapará con unas trincherillas para que sus adeptos mantengan la ilusión del ‘viejo maestro’. Muchas carreritas, una manta de Béjar por muleta y, eso sí, en la mano el estoque de verdad.

La mayor fortuna que pueden tener los que vayan por Morante es que en su toro o en el de otro se pegue cuatro o cinco verónicas y una media. Los mitómanos cantarán entonces como oro molido esas verónicas cuyo mayor valor estriba en el hecho de que el torero se haya dignado a darlas. Morante tiene un capote pinturero, pero no es ni mucho menos uno de los cinco mejores capotes que uno ha visto, cosas de la edad, ni uno de los diez que lancea con más naturalidad; acaso uno de los más grandes de tamaño, eso sí. El sueño para los seguidores se completaría si pudiesen contemplar un exquisito inicio de faena o algún adornillo improvisado de los suyos. Me parece que el torero no está para mucho más: el toro de Madrid, aunque sea de Victoriano, impone más que el de por ahí, el torero está algo gordete y no está la cosa para sustos innecesarios.

July es la gran esperanza de la tarde. Tras su olvidado triunfo de la feria de San Isidro tiene que venir como un león a atizar a los espectadores otra de sus insoportables faenas de carrerillas y destoreo, cualidades a las que la selecta crítica ha bautizado como ‘poder’. Por desgracia no pudimos ver brillar el poderío de Julián con los Cuadri, pero a buen seguro que con los Victorianos, cochinetes de lidia, dará muestras inequívocas de su madurez y su poderío, tan innecesario, por cierto, con las reses que él lidia. Su objetivo nato son las orejas de los toros, pues es sabida su fijación por esos apéndices, y suyas serán haga lo que haga, salvo que sus toros se paren y no sean máquinas de repetir las embestidas, en cuyo caso podemos echar mano de la hostilidad de Madrid hacia el niño eterno, para taparle.

A Victoriano del Río le encantaría que José Tomás le adoptase de fetiche, ahora que se ha enfadado con el escrupuloso ganadero Cuvillo. Soñará con que sus toros hagan ‘tilín’, que vayan y vengan, que no creen problemas, que no saquen genio, que si les queda algo de casta se la traguen, que no den una voz más alta que otra, que sean buenos. Para eso los cría, para que echen una mano y no estorben. A lo mejor Tomás se fija en él.

***

Un viejo abonado de la delantera de Andanada, cuya avanzadísima edad le impide seguir viniendo a los toros, serio y culto aficionado de los que ya apenas quedan, nunca acudía a la corrida de Beneficencia.

-¿Por qué, don Javier?

-Es que ese día hay muchas entradas regaladas por la Diputación y la plaza es poco seria. Viene mucha gente sólo a aplaudir, y luego se van tan frescos.

Hace lustros me parecía un extravagante. Hoy le entiendo a la perfección


Víspera de Beneficencia
Japón heroico y galante, 2

Víspera de Beneficencia
Las 7, y aquí no está ni la perra loba

Víspera de Beneficencia
Japón heroico y galante, 3
Andanada del 9

Víspera de Beneficencia
Samurái nada heroico y nada galante

Víspera de Beneficencia
Rosco y su homenaje a Blake Edwards

Víspera de Beneficencia
Presidencia

Víspera de Beneficencia
Puesta de sol a lo Café del Mar (Ibiza)

sábado, 18 de enero de 2014

Beneficencia 2014: de Corrida del Año a Festival de los Amigos de Abella

 Julián y su personal interpretación del natural

José Ramón Márquez

 Bueno, pues ya tenemos en marcha el circo de la tauromaquia, cosa cultural, según dicen. Hace unos pocos años se puso de moda lo de anunciar la Corrida Extraordinaria de Beneficencia en enero. Cosas de Abella, a quien todos sus devotos llamamos Abeya, ese delicioso chisgarabís catalán que anda muñendo tantas cosas que no tiene tiempo para mandar que cambien el trapo roto, negro y deshilachado que corona la fachada de Las Ventas por una bandera limpia y nueva, aunque sea la estelada.

Digamos que, al no ser necesaria la recaudación de Beneficencia para el sostenimiento del Hospital Provincial, como antaño, ahora debería cambiar su nombre por el de Corrida de Beneficiarios, pues eso son los elegidos para la misma, primero por la morterada que les dan, que estando Abeya por medio la pasta nunca es un problema, sobre todo la que no es suya; y segundo porque esa corrida se concibe cuan carambola de Fernando VII para obtener otros fines tales como el de conseguir con poco esfuerzo triunfos low cost, con la plaza llena de entradas regaladas por el Ente Autonómico.
Podemos olvidarnos de aquello de que en Beneficencia se anunciaba a los triunfadores de San Isidro, acaso porque hace años que en San Isidro no triunfa nadie, y por eso es que se ha transformado en una especie de Gala del Jueves concebida, calculada y armada antes del inicio de la temporada. Un Festival, vamos.

Los Beneficiarios que matarán la corrida de Alcurrucén reseñada para la Beneficencia son Ponce, July y Fandiño, según nos informan los canales habituales.
Ponce se tira la torta de años sin venir a Madrid en condiciones y ahora el tío reaparece apuntándose al festival. No es serio. Y en vez de medirse con alguien de su tamaño, pongamos que hablo de Tomás, se anuncia con el pequeñín de Velilla, el Importancias. Ponce no tiene derecho, al final de su carrera, a ese volatín logrero y cobardón, sinceramente. Ponce tiene que pedirse dos corridas en San Isidro, una de las duras y otra de las que para él sean de garantía, y el que venga atrás que arrée. Eso es lo que hace una figura del toreo. Ponce no puede reaparecer en Madrid con una corrida amañada, con público de aluvión y gañote, aliviándose. No tiene derecho a hacer eso, simplemente. Me imagino a Victoriano Valencia: “Enrique, un torero de tu categoría... etc”. Ponce, como se decía arriba, tiene que buscar la confrontación con alguien equivalente, no vale July, ese diablejo que cuando se retire no se va a acordar de él ni la gorra de los porteros, por más cantares de gesta que le tengan dedicados los de siempre.

Y July, el Importancias, Orejeitor, que haga lo que le dé la gana. Si va a Sevilla, San José, y si va al Beneficio, la Purísima. Importa un bledo. Dicen que es un torero poderoso... pues que lo demuestre. El año pasado dijo, dijo, dijo que mataba Miuras en Sevilla ¡Juas, juas!, que le cogió el Miura dos días antes de la de Miura; pues ahora, que venga con Miura a Madrid, o con Escolar, o con Victorino, o con Adolfo, o con Cuadri, o con algo donde pueda demostrar a las claras su cacareado poder, y así nos calla la boca de una vez a los que decimos que el pequeñín sólo tiene poder en los despachos, en las entretelas, en los créditos blandos, en las redacciones. Montar el órdago sevillano ad maiorem mexicanii gloria y venirse a Madrid a pastelear la Beneficencia a beneficio propio a ver si por fin consigue la ansiada foto saliendo por esa puerta en la que pone “Año 1929. Plaza de Toros”, da una impresión de deplorable cálculo interesado. ¡Con los galafates que ha matado en México debe estar bien entrenado! Que venga con toros y se deje de monsergas. ¡Sólo pedimos toros imponentes para el Importante!

Y Fandiño, convidado de piedra en ese cartel absurdo, se sentirá halagado. ¡Soy figura!, se dirá. Pero quien va a matar en Sevilla la de Miura que nos debe el July es Fandiño, no sé si me explico. Fandiño no está en la partida, simplemente. Como le pasó a July aquel remoto día en Valladolid con Ponce y Tomás -cuando Tomás era Tomás-.

Siempre que se habla de Beneficencia me acuerdo de don Javier, viejo abonado de la delantera de Andanada que debe andar por los noventa, y otros noventa más que le deseo que viva, que nunca acudía a la corrida de Beneficencia:

-Es que ese día la Diputación regala muchas entradas y la Plaza pierde seriedad, que a la gente no le importan los toros, sólo van a aplaudir y a pasar el rato.
Eso justamente es lo que buscan Enrique Ponce y Julián López. El otro está a lo que le digan.


Uno de los pavorosos galafates que Julián lidió el otro día,
 mano a mano con Morante, en Manizales.
 Para el Festivl de Madrid se ha pedido toros de Abraham.

jueves, 13 de noviembre de 2025

A qué llamamos beneficencia


Aranguren


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Criar toros para matarlos puede parecer una paradoja española, pero es la paradoja universal y, desde luego, una de las más brillantes paradojas inglesas, como Camba les dijo a los ingleses en su cara. Si de paradojas hablamos, ¿qué más dará tauromaquia, o hacer toros para matarlos, que socialismo, o hacer pobres para socorrerlos? Tomás Gómez, el Florito del Nuevo Socialismo, tiene razón: además de comer atún, hay que acabar con los males sociales, para lo cual, naturalmente, lo primero es producirlos, y así, una corrida de toros, moralmente considerada, viene a ser exactamente lo mismo que una fiesta de caridad, aunque existe una razón para que las corridas de toros parezcan menos morales que las fiestas caritativas, y es la razón sencillísima de que constituyen un espectáculo bastante más hermoso, incluida la última corrida de Beneficencia y sus cochinitos disneylandializados para Julián López, en cuyo carné siempre tiene 18 años por la misma regla de tres que en casa del Sombrerero Loco siempre eran las 5 de la tarde. Está visto que a la corrida de Beneficencia fueron los madrileños que no habían aguantado la cola para la exposición que el CSIC le ha puesto a Aranguren (“Filosofía en la vida y vida en la filosofía”, como para perdérselo), y luego no hubo ni corrida ni beneficencia. Beneficencia... ¿para quién? Evidentemente, para la empresa y sus tres toreros, que no la necesitan. Imaginemos que Zapatero, en lugar de destinar el gasto social a los socialistas, como su propio nombre indica, lo desviara hacia la derecha, donde, como ha denunciado Pepiño Blanco, no existen los parados. (Todo español que acabe chapoteando en el lodo primordial del paro queda estabulado como nuevo socialista.) ¿Podría llamarse gasto social al gasto en la derecha? Pues lo mismo ocurre con la corrida de Beneficencia, nombre obsoleto como la lírica de García Montero y que encima puede llevar al engaño. Aquí ya no hay más beneficencia que la del Gobierno de España. 

jueves, 4 de junio de 2015

La de Beneficencia. Y Cano Seijo sin dimitir por la vuelta al "Jabatillo" de los Lozano

LOS TOROS VISTOS POR EL QUE PAGA

Brindis de Julián a Madrid en su comparecencia isidril
Franco dio la orden de concluir la construcción de Nuevos Ministerios un día que en ABC
 publicó Mingote la viñeta del guarda de la obra con el siguiente bocadillo: "Lo que más me gusta
 de este puesto es que es un trabajo para toda la vida".
Como lo de Julián en Beneficencia y lo de Casillas en la portería del Madrid

José Ramón Márquez

El martes 2 de junio, a las diez y cinco de la noche en la esquina de las calles de Alcalá y de los Mártires Concepcionistas, profeticé a los aficionados Ricardo Sánchez Montero y Juan Palette Cazajus que mi expectativa para la corrida del día siguiente, corrida de Beneficencia, era la de los dos matadores a hombros por la Puerta Grande, delirio colectivo y enfado de la afición más enfadable; eso iba argumentado sobre diversas bases e indicios que ahora serían prolijos de explicar.

A estas horas, ya acabada la corrida de marras, tras el fracaso sin paliativos de los toros y de los toreros, me reafirmo en mi ya proverbial ausencia de condiciones como profeta, que en el 92 me llevaron a augurar nulo éxito al Ave, así como otras cuántas que no pongo aquí por no aburrir.

De lo del Ave ni hablaremos, pues a uno, fascinado por la cosa de la aviación,  lo de la Renfe le sonaba a andén con unos militares sin graduación de permiso retornando a Villafranca del Bierzo y a esas monjas que antes siempre había en las estaciones de ferrocarril. Lo de los toros es ya otra cosa, porque las noticias que iban llegando alrededor de la Corrida de Beneficencia de 2015 podían hacer concebir la idea de que el gran enjuague para que Julián de San Blas tuviese su ansiada segunda salida a hombros de Madrid se sustanciaba en esta tarde, corrida apalabrada alrededor de las Navidades, mano a mano para tener tres toros por coleta, ganadería “de garantía” analizada por los veedores de Julián con celo propio del Tribunal de Cuentas del Reino, público fiestero, anticipo televisivo y caritativo, huida en masa de muchos abonados… Sobre el papel creo que fuimos muchos los que apostábamos porque esta era la tarde de Julián y creo, sinceramente, que es difícil que tenga otra tan a propósito, lo cual no quiere decir que ya sea imposible para él conseguir su sueño de esa segunda salida a hombros, que visto lo visto uno no quiere dejar escrita ya ni media profecía más.

Para su particular Beneficencia, luego transmutada en Vía Crucis, Julián eligió torear los toros del ganadero de Guadalix de la Sierra don Victoriano del Río y Cortés, los productos agropecuarios de Medianillos Ganadera S. L., que lo mismo son del Río que son Cortés, y para que se vea que el ganadero no hace distingos entre ellos envió cinco del Río y un Cortés, que si llega a mandar cinco Cortés y uno del Río hubiese sido exactamente todo igual. Llama la atención la diferencia entre los Medianillos Ganadera estos de hoy y los que echó el pasado día 28, que aquellos sacaron más genio y algo más que estos de hoy tan mansos, tan descastados, tan sosos, tan inanes. El día 28 soltó una máquina de embestir llamada Vampirito, número 78, que es lo que hoy hubiesen necesitado Julián o Perera para liarla a su manera. Muchos, al ver en la ficha de la corrida el nombre de Beato, número 83, pensaron en el Beato, número 46, de la triunfal despedida de Paco Esplá, y al ver que los hados del sorteo se lo habían asignado a Julián comenzaron a elaborar teorías conspirativas sobre la elección julianesca de los toros bajo pedido. Luego el Beato 2015 no tenía nada que ver con el Beato 2009, aunque a lo mejor lo que cantaba la diferencia entre ambos era los modos del torero que estaba frente a él.

La cosa es que los Medianillos Ganadera de Beneficencia estuvieron en un tono bastante menos interesante que los de la Feria, moviéndose estos de hoy en torno al  denominador común del descaste y la mansedumbre. Parece que los toros que sirven para triunfar, los ansiados por las “figuras”, también petardean lo suyo, que eso no es competencia exclusiva de las corridas menos comerciales, como nos cuentan por ahí de manera tan interesada. Otra cosa que difiere entre ambas corridas es la presentación, que es mucho más igualada y pareja en la de Feria, que osciló entre los 529 y 586 kilos, que en la de Beneficencia, que ha estado entre los 490 y los 660 kilos. Sobre este particular llamó hoy  la atención al aficionado atento la bula que dispensó el popular Faustino del tendido 7 a estos toros paisanos suyos, por ejemplo a ese chiquitín primero, Distante, número 37, frente a lo digno que se puso el otro día a censurar la presencia de los de Pablo Romero, que se ve que Villamanrique de la Condesa le pilla muy lejos. Bueno, pues lo dicho: toros de pitones completamente funderos, catálogo de mansedumbres, descaste y sosería a mansalva en un ganado elegido ex profeso por los toreros en una de sus ganaderías fetiche, que estos no estaban en un trágala a jugársela a cara o cruz con una de Isaías y Tulio Vázquez, que estaban frente a lo que ellos, sus mentores, sus agentes, sus veedores y sus pitonisos habían elegido para ellos.

Posiblemente cuando Julián, a raíz de su cambio de apoderamiento, anunció que este año iba a hacer “un gesto” lo dijo en serio. Nadie ha visto tal gesto, ni siquiera una miserable mueca, y pensamos que el hombre debe andar preocupado de otros temas y se olvidó de su promesa. Por lo que nos toca, le recordamos que aún nos debe una de Miura en Sevilla. Vamos a decir primero lo bueno, que algo ha habido, y esto es que, por un momento, pareció que el torero venía motivado a adoptar unos modos más serios, más verticales, de más torería que los que usualmente gasta. Fue en el recibo de muleta a su segundo, que se salió andando con el toro hasta el tercio con oficio y soltura. Punto. Lo demás, la peste juliana que tan desgraciada siembra ha echado sobre el toreo en general, el cite encorvado y con el pico, el toreo lumbar en redondo, el telonazo y tente tieso, la descarga de la suerte. El anti toreo. En el segundo se puso hecho un pelmazo elaborando una de esas faenas ventajistas y kilométricas que por ahí le jalean como de mago que se inventó el toro, y menos mal que en Madrid aún quedan algunos cabales que le afearon sus modos, sus formas de destorear, su antiestética figura y lo pesado que se puso con un toro que no tenía ni media leche, que ya me hubiese gustado verle a ver cómo se inventaba el toro y lo poderoso que era con uno cualquiera de los de Ibán del otro día.

No cabe duda, y cada vez estamos más convencidos, de que Madrid es para Julián un puerto de primera categoría y que en Las Ventas el torero se achica, se viene abajo y no da pie con bola, como evidencia el hecho de que sus dos actuaciones en Madrid hayan sido sendos fiascos. Decir, como dirán, que fue hostigado por el 7 es una inexactitud palmaria y una negación de la afición de Madrid, lo que queda de ella, distribuida por la Plaza entera, entre la cual hay muchos que no están dispuestos a tragar con los modos espantosos, con las ventajas sin tasa y con el engaño que constantemente perpetra Julián por todas partes. En Madrid el peor enemigo de Julián es él mismo, que nadie se engañe.

Perera era la guinda del pastel, de este indigesto pastel. Salvo una vez que entró en quites y alegró al cansino cuarto toro con tafalleras y gaoneras, su labor estuvo marcada por una notoria apatía, acaso contagiada del ganado que se había traído. En sexto lugar salió uno de Montalvo, Juncal, número 102, que no desmereció en nada de los del Río y del de Cortés ante el que el extremeño se lió en un muleteo sin ton ni son.

Los más cálidos y sinceros aplausos de la tarde durante la corrida fueron para la parada de bueyes de don Florencio Fernández Castillo, cuando retiraron del ruedo a Brazalete, número 70, canijo y lesionado.

La buena noticia es que hoy no presidió don Javier Cano Seijo, que lo mismo ha presentado ya su dimisión por manifiesto incumplimiento de lo reglamentado en la ilegal vuelta al ruedo que decretó para el toro Jabatillo de los hermanos Lozano.


Brindis de Julián al Palco Real en su comparecencia benéfica
El agit-prop mediático había vendido la Beneficencia Juli-Perera-Victoriano
 como una reedición de la Beneficencia Ortega Cano-Rincón-Samuel Flores,
 que ya son ganas de vender 

 Columna benéfica

 Sombrero benéfico

 La difícil suerte de pinchar la aceituna

 El salchichón y Julián

El Imperdible
Recuerdo de una pasada Beneficencia julianera
Y el año que viene, más

lunes, 24 de enero de 2011

Ya es Beneficencia en la Comunidad de Madrid

El chquillo de Juan Mora pasea las orejas
por la primera plaza del mundo "porque al niño le hacía ilusión"

José Ramón Márquez

Ni ha empezado la temporada y ya tenemos el cartel de Beneficencia para Madrid. Con la de tiempo que resta hasta que llegue mayo; con la de cosas que pueden pasar de aquí a mayo. En este caso, si de algo no se puede acusar a los responsables de la corrida de Beneficencia es de que les vaya a pillar el toro, de que vayan a andar con las prisas de última hora para cerrar el cartel, que en plena invernada ya lo han cerrado, los tíos.

¿Y el cartel, qué? Pues es lo que se dice un buen cartel, con su Mora, su Morante y su July. Un buen cartel en el que yo habría puesto a Eugenio de Mora en vez de July, no por animadversión al chiquitín de Velilla, sino para que la cosa hubiese quedado más magrebí, especialmente en este año que se conmemoran los mil trescientos de la llegada a la piel de toro de Tarik y Muza. Cosas de detalle, que se ve que no han caído en ello.

Por lo demás, pues no se puede decir nada. Juan Mora ya va embalado como Maestro del Shao-lin de las Ventas aupado por los pequeños saltamontes de lo que queda del siete, Morante en su rico mundo interior, con su legión de admiradores que por media verónica de su niño matan, como Belén Esteban por la suya, y July, el hombre de las orejas, no porque las tenga grandes, sino porque siempre quiere para él las de todos los toros que mata: torero al que dicen ‘de época’ aunque no nos explican de cuál época.

Del ganado ni me acuerdo y me da pereza mirarlo, pero me juego el sueldo a que este año tampoco se verá en Beneficencia la divisa blanca, gris plomo y negra de Concha y Sierra. Bueno, pues como vamos a todas las que podemos, pues ahí estaremos viendo el cartel éste de enero para mayo o lo que quede en el cartel de las intenciones de enero en mayo; que nos da igual lo que pase porque habríamos ido lo mismo si hubiesen puesto a Fernando Cruz, Javier Valverde y Torres Jerez, aunque con esos quizás aumentarían las posibilidades de ver lo de Concha y Sierra.

Sin embargo, la impresión mas principal que produce el cartel éste que acaban de alumbrar es que los autores de tal oferta prefiguran en cierto modo que no va a pasar nada de aquí a mayo, y el tiempo nos dirá si llevan razón. Para valorar esto, volemos al pasado reciente: ¿es posible imaginar que en enero de 1991 alguien hubiese tenido en cuenta a un tal César Rincón para la Beneficencia de aquel año? ¿Habría algún visionario en aquel enero de 1991 que hubiese podido pensar en un mano a mano entre Rincón y Ortega Cano para la corrida de Beneficencia? Creo yo que si hace veinte años hubiesen ido con esta idea de ahora, con tanta anticipación o con tantas prisas, en aquel enero nos podrían haber anunciado para junio a Espartaco, Roberto Domínguez y Pepito Arroyo. Habría sido un magnífico cartel, como lo es el que ahora nos presentan, pero nos habríamos perdido para siempre aquel imprescindible mano a mano.

viernes, 17 de junio de 2011

Lo que la Beneficencia nos dejó

¡Qué pequeños somos y qué encogidos vamos!
El julipié más caro de la historia de la Beneficencia

José Ramón Márquez

¿Beneficencia o beneficiarios? Sigo a vueltas con la malhadada corrida de Beneficencia. Me dice un señor que las cuentas de ese simulacro arrojan un saldo negativo de cincuenta millones de pesetas, ya se sabe que en los toros todo el mundo sigue hablando en pesetas.

- ¿Cincuenta millones?

- ¡Como lo oye usted!

- No entiendo nada.

- ¿Y eso?

- Hombre, yo no estuve, pero me dijeron que el llenazo fue espectacular.

- Así fue.

- Uno que conozco, que revende entradas de las de los cajones, se forró ese día.

- No lo dudo. Hubo bastante reventa.

- ¿Entonces?

- Pues al parecer hay muchas entradas de regalo. Compromisos del Chino González, de la Espe, de Abella

-¿Sabe usted que sus conocidos le llaman Abeya?

- Si. Bueno, Abeya. Como le digo, hay muchos compromisos…

- Pero la mayoría de los abonados sacaron sus boletos, ¿no?

- Si, así es.

- ¿No será que los toreros se subieron a la parra pidiendo pasta?

- Por ahí va usted bien encaminado…

- Y el ganadero haría lo propio también, ¿no?

- Es que no es lo mismo vender los cochinetes a Matilla, por boca de los gansos venteños, que a Abella o Abeya, como usted quiera. A ése se las dan con queso por delante y por detrás.

- ¿Y los toreros?

- Pues lo mismo, que aquí aprietan lo que pueden, y como el dinero no es de nadie… Mire: me equivoco muy poco si le digo que July no ha salido de las manos del Abeya por menos de cincuenta y dos quilos.

- ¡Buena Beneficencia! ¿Y Morante?

- Pues a ése póngale alrededor de treinta…

- ¿Y Mora?

- Pues más o menos la mitad que el gordito de La Puebla, unos quince.

- ¿Y los cochinetes de Victoriano?

- Ponga unos tres quilos por bicho, salen unos dieciocho quilos.

- Pues vaya cuentas… espero que les salgan mejor las de la Comunidad Autónoma que las de la Corrida de Beneficencia, porque con esos números la cosa nos salió por ciento catorce quilos y, si no recuerdo mal, el taquillaje de Madrid hace ochenta millones, ¿no?

- Sin IVA, ochenta millones.

- Pues ya, de momento, faltan treinta y tantos…

- Es lo que hay que pagar para que los de la Autonomía jueguen un ratito a empresarios y se den un montón de pisto. Siempre ha sido así. Cuando esto era de la Diputación Provincial pasaba lo mismo.

- Ya, hombre, pero ahora con la democracia, la crisis y tal, parece la cosa un poco… obscena ¿no?

- No me sea usted memo, por favor. Esto es para lo que es, y si a sus años me viene con estas es que usted no se entera… (etc)

miércoles, 8 de junio de 2016

Birlibirloques de San Isidro 2016



24 tipos sin piedad

José Ramón Márquez

A vueltas con los premios de San Isidro, que se los dan a uno que no estuvo en San Isidro, es que uno no da crédito. Fueron los Lozano los que idearon la cosa de meter la Beneficencia entre medias de la Feria, para ver si subía la venta de entradas para esa corrida, antaño la más importante del año, devenida en birlibirloque de entradas regaladas, fiascos ganaderos y demás. La verdad es que Beneficencia llevaba una deriva hacia la media entrada larga que contrastaba muchísimo en esa época con los llenos de aquellos sanisidros, y con ese invento se consiguió que hubiese buenas entradas.

Hicimos nuestra buena obra de la década el año que Rafael de Julia estuvo en Beneficencia, junto a Encabo y Alberto Ramírez (Pío, Pío, Pío) , con toros de Victorino, que le compramos los boletos al Pepito a la puerta de Toribio, y al entrar al bajo del 10 y ver los tendidos, las gradas y las andanadas semivacíos nos emocionamos pensando en que habíamos dado a un hombre los medios para llevar a su casa un mendrugo de pan precisamente el día en que los fajos de entradas estaban en las taquillas durmiendo el sueño de los justos y esperando su marcha a la trituradora de papel. Decían que Pío García Escudero hizo aquel cartel, que vaya usted a saber por qué en este mundo del toro es todo opaco y todo son habladurías, cartel de poco fuste y poco ingreso, beneficencia para el Pepito.

Ahora, puestos en el día de hoy, podríamos echar a volar la imaginación sobre esta  Beneficencia de 2016, metida como una astilla de la feria, para aumentar la confusión. Pongámonos en que a alguien se le ocurre llamar para esa corrida a David Mora y que el torero anda tan ilusionado con la idea de poder anunciarse en una corrida amable en la que suelen fallar muchos abonados y poblada de público de aluvión. Imaginemos que ya todo está cerrado pero que, de pronto, a alguien se le ocurre que quitando a David Mora, y dado que Manzanares no viene a la Feria, se puede intentar mejorar el caché del alicantino, pues ya va necesitando de algún triunfo sonoro para seguir funcionando y que los números salgan bien.  Manzanares cumple su parte componiendo su faena a Floripondio, o como se llamase el semoviente aquél, y a partir de ahí lo demás ya va rodado.

El hecho de que el jurado que da los premios de San Isidro ignore también de manera atroz a David Mora, que es el único que en San Isidro ha cortado las dos orejas en un mismo toro, lejos de las del 1+1 de Calderón y los minutos extra de los Ben-Hur de las mulillas, y que el premio se vaya en favor del hijo y nieto de Manzanares, que ni siquiera ha estado en San Isidro, abundaría en la idea de que alguna mano meció la cuna de la Beneficencia, primeramente para tratar de obtener un éxito low-cost, y después para dar a ese éxito una dimensión y una oportuna publicidad que redunde favorablemente en los ajustes de aquí a final de la temporada, que aquí, para entendernos, lo que han hecho es como si en el Festival de cine de San Sebastián le dan la Concha de Oro a una película de Cerezo que echaban en un cine de al lado, que ni estaba en el certamen. 

jueves, 7 de junio de 2018

Beneficencia'18. Aquí ya los únicos menesterosos que quedan son los aficionados


Luz de otoño en Junio


José Ramón Márquez

La “tradicional corrida de beneficencia” ha sido desde 1856 la gran corrida de postín de los madriles. Prácticamente no creo que haya un solo aficionado que no tenga guardado en su casa algún cartel de esta corrida, que entre ellos hay verdaderas obras de arte, de los de papel o de los de seda. Yo tengo varios, como es natural, pero casi puedo decir que mi favorito es uno de los primeros años del siglo XX, muy bonito, en seda gris en el que en su parte central está la imagen de un ferocísimo toro que se abalanza sobre el maderamen de la barrera, destrozándolo, y en la banda superior hay dibujada una fila de menesterosos, uno con unas muletas, unos niños pobres, una señora con pañuelo a la cabeza, otro en actitud de mendigar, como representando a los beneficiarios de la Beneficencia, en la que, por cierto, se anunciaban toros de Saltillo, y juro que no es éste un truco barato para traer de nuevo a estas letras el recuerdo de la pavorosa corrida que vimos el pasado lunes en la que Octavio Chacón se dio a conocer de manera fehaciente, porque lo que yo quería traer a cuenta del cartel es la importancia social que en el pasado tuvo esta corrida tan singular y cómo en nuestros días la Corrida de Beneficencia es apenas una mueca de lo que fue, sustituidos los reposteros que cuelgan de las barandillas por unas  cutres lonas serigrafiadas; dispuestas en la Plaza, con menos ganas que gusto, unas cuantas esmirriadas guirnaldas de flores de plástico; con todas las banderas de España desgastadas y muchas de ellas blanquecinas en su parte amarilla por efecto de la intemperie y la incuria, que algunas parecen más bien la bandera de Austria o del Líbano que la de España; o con unas pobretonas banderillas de “lujo” baratas, baratas, que tienen toda la pinta de habérselas comprado en el chino que hay al lado del Mercado de Ventas. Se ve que la dichosa Comunidad de Madrid, ese innecesario organismo, tiene otras cosas de más enjundia a las que dedicarse que a la de dar un poco de dignidad al espectáculo que ellos mismos montan y que es presidido, como ha sido inveterada costumbre, por S.M. el Rey.

Otra cosa es la selección de la fecha de celebración de esta corrida y la selección de los actuantes. En cuanto a lo primero, siempre fue celebrarla en jueves y una vez terminada la Feria, hablando de las Corridas de Beneficencia posteriores a la invención de don Livinio Stuyck, y en cuanto a lo segundo lo suyo siempre fue contratar a los toreros que hubiesen resultado triunfadores de la Feria, o que hubiesen dejado el cotarro animado con su actuación durante la misma. Ahora, desde hace unos pocos años, la Corrida de Beneficencia va colocada entremedias de la propia Feria el día que le toque y el cartel de la misma se da ya como opción al adquirir el abono, por lo que es cosa prevista de antemano en la que nada influye el resultado que los toreros hayan ofrecido en sus actuaciones feriales.

La combinación que pensaron los del Centro de Asuntos Taurinos para la Beneficencia de 2018 fue la de los toros de Alcurrucén y, como toreros, Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Ginés Marín. De ellos, lo mismo Ferrera que Perera ya habían pasado por la Feria, con las corridas de Cuvillo y de Victoriano del Río, respectivamente, y Ginés Marín se vino de acompañante al engendro mano a mano de la “Corrida de la Cultura”, otro invento de Domb, le Producteur, cuyo fin no declarado era el de aumentar las posibilidades de que Curro de San Blas, King of Seville, pudiese abrir esa Puerta Grande de Madrid con la que está obsesionado y así tener las mismas que Florencio Casado “El Hencho”, pero con menos valor.

De los toros pensamos, como tantas otras veces, que a estos del Centro de Asuntos Taurinos se la cuelan, por lo general, de manera inmisericorde y lo mismo nos estamos equivocando. Siempre hemos pensado que los hermanos Lozano son ganaderos y hombres de negocios taurinos extremadamente espabilados -y me quedo muy corto con ese adjetivo-, muñidores de muchas cosas y poco amantes de las sorpresas, y siempre hemos pensado que, como ganaderos, son de los que tienen en la mano su ganado, esto es que no echan una corrida a ver qué sale, porque ellos saben con bastante acierto qué es lo que sale en el camión desde su casa con destino a según dónde y a según qué toreros, pero con las dos que llevamos vistas nos entra ya la duda de si su olfato les está jugando una mala pasada, porque el pasado día 19 de mayo pensábamos que habían echado la mala en un cartel de pobrecillos y que, probablemente, hubiesen dejado la buena para lucirse en la corrida de Beneficencia  y resulta que la de hoy ha salido con unas trazas similares a la de aquella, cuando aún teníamos tantas tardes de toros por delante. La cosa es que aunque salió uno, el primero, Barberón, número 75, manso aunque con nervio y suficientes dosis de agresividad, pero el resto de la corrida se movió entre el descaste y las pocas ganas de correr, que como se sabe la mayor lacra para el toreo contemporáneo es que el toro no repita y se quede parado entre pase y pase dejando al aire las vergüenzas de los toreros. El tercero, Doctor, número 157, era una bolita de carne recortadita con la capa colorada que por un momento, en tres series, sí que regaló su correteo a Ginés Marín, y el sexto, que no fue picado, y cuando se dice “no fue picado” se quiere expresar exactamente eso sin exageración alguna, cobró una viveza, al no haber sido quebrantado, que trajo de cabeza a Antonio Manuel Punta y Manuel Izquierdo en su labor banderillera, y acabó desbordando a su matador. El resto del encierro salió muy parado y sin grandes dotes embestidoras. De la cosa de las varas ni perdemos el tiempo en hablar de ello, que cada cual se imagine lo que quiera.

Antonio Ferrera da la impresión de estar en un laberinto, que él ha dado su mejor perfil con toros de exigencia, y volvemos a traer a colación el toro de Carriquiri que le puso en circulación en Madrid hace una docena de años, pero ahora está en un plan como de viejo maestro que quiere dar su lección de arte, de quietud, de torería académica y eso no le acaba de salir, y hoy deja pasar la ocasión de plantear a la mansedumbre y a la belicosidad de su primero la apasionada receta que tan buenos réditos le produjo con el Carriquiri, para tratar de vender en cambio la moto del asolerado, que de momento no le ha dado nada. La cosa es que por momentos se le ve en el buen aire y en muchos otros, no. Deja algún natural, que el izquierdo era el pitón más aprovechable del toro, pero la mayoría los plantea por afuera y eso desluce su labor. Lo mismo si se bajase del pedestal que se ha hecho o le han hecho podría mandar al tendido un mensaje más sincero. Se embarulló con la cosa del estoque y la cruceta y le dieron dos avisos. En su segundo, no encontró la manera de meter mano a la sosería del burel, que tampoco merecía el esfuerzo. En éste le dieron un aviso.

Perera es ahora mismo como un espectro que se pasea por las Plazas arrastrando las cadenas de su idéntica faena, día tras día, siempre la misma, la misma pierna retrasadísima, la misma ventaja desde el principio hasta el remate de la serie, la misma sensación de déjà-vu, y todo eso, además, con un aire entre místico y tristón. Es que ni se le ocurre plantear otra cosa, como si no hubiese otra vida, él va colocando la misma faena a este toro, a aquél otro y al de más allá. Su nombre suena y él va sumando contratos en su temporada, pero la sensación de alguien muy aburrido es plenamente patente, y no me extraña porque la tauromaquia que practica lo es, y mucho.

Y Ginés Marín, que el hombre se llevó de regalo la ya clásica “oreja de los benhures” por una faena tontiboba a la bolita de carne, que se movió al gusto del toreo moderno. Inició con la típica fantasía que viene a decir que el toro no le impone respeto alguno, dando los muletazos con la parte de atrás de la muleta como en un baile. Luego el toro se movió como de él se esperaba en tres series, organizadas bajo el signo de la ventaja para el torero, ausentes de compromiso y de autenticidad; después el animalejo ya se quedó desfondado y ahí Ginés se esforzó en seguir en las cercanías, acabando con las bernardas que habíamos erradicado en los días precedentes y después de un pinchazo y una estocada desprendida y con la necesaria complicidad de los benhures, don Trinidad le dio la oreja como le podía haber dado una cita para renovarse el DNI sin esperar colas. Su segundo no fue picado, como se dijo antes, y llegó a la muleta con una gran viveza, con una embestida muy alegre y con ganas de galopar. El torrente de vulgaridad que Marín derramó sobre el toro, desde la manera de agarrar la muleta por el extremo del palillo, hasta el trazo lejano y guiado por el pico de la muleta hería a los ojos de tal manera que las ovaciones que recibió fueron de lo más tibias  y mecánicas. Él mismo se debió dar cuenta de cómo se le iba pasando la faena sin acabar de cuajar al toro, un toro muy a propósito incluso para el torero con algo de truco, pues el animal ponía la emoción que el toreo de Ginés no daba, pero su colocación era tan mala que hasta dos chinos muy espabilados y orejeros que estaban detrás aprendieron lo suyo y le gritaban:
¡Cluzal, Ginés, cluzal…!
Y ni por ésas.

Lo mejor de la tarde tuvo lugar en el tercero: Ginés deja el toro al caballo que monta su padre con una larga torerísima de la que sale con el capote al hombro como Gallito; el picador pone dos varas de buen hacer y Antonio Ferrera saca al toro del caballo andando, con tres chicuelinas de mano baja y una media verónica de gran empaque, en otro soberbio recuerdo de Gallito. Eso compensó el precio de la entrada.

Hoy tampoco se tomó el olivo, lo cual queda reseñado para público conocimiento.

El muerto al hoyo y el vivo al bollo


Lo que queda de la Beneficencia

jueves, 21 de enero de 2010

LA BENEFICENCIA DE CURRO VÁZQUEZ

Corrida de Beneficencia ó Aquí el que no corre, vuela
Su único lucro es hacer sonreír al necesitado



José Ramón Márquez


Poseo un ejemplar del Diccionario cómico taurino para los diestros que lo necesiten (que son muchos) compuesto por Paco Media Luna con la colaboración de todos los aficionados del mundo, segunda edición, editada en Madrid 1884, Establecimiento tipográfico de El Toreo.
Entre sus acertadas e hilarantes definiciones que a lo mejor vamos rescatando por aquí de vez en cuando se contiene ésta, que viene al pelo para introducir lo que vendrá más abajo:

PRIMO.- Véase Abonado de la Plaza de Madrid y otras semejantes.

I

No creo que haya otra diversión en el mundo, excepción hecha del sadomasoquismo en primera persona, en la que se trate peor al que sostiene el espectáculo. Parece que el denominado ‘respetable’ no tiene otro objeto en esto de los toros que la de pasar por esas taquillas de las que con tanta frecuencia emerge un hedor nauseabundo, y esto se puede tomar en el sentido que se quiera, y abonar el importe que se le solicita. Si fuese por muchos de los ‘actores’ del tinglado, lo fetén sería que el tal ‘respetable’, una vez depositado el óbolo, se retirase en paz a su casa y dejase de dar la murga cuanto antes. Entonces ya todo sería perfecto. Todo estaría en manos de los ‘profesionales’: el torero que siempre está importante, su padre con el puro, el artista detienetiempos, el inefable diosecillo travieso y enfadado, el serio representante de toreros, que fue torero, con varias ruedas de molino en el gaznate, el bondadoso plumífero agarrado a varios sueldos, el fracasado banderillero empeñado en hundir a cualquier joven promesa que se le ponga a tiro, el serio empresario cuya palabra vale menos que nada, el constructor que adquirió un desecho del desecho de un desecho de Juan Pedro, un conde, una marquesa y un par de veterinarios con sed y hambre. Todos esos componen una parte de la variopinta y picaresca piara que nos va llevando al perdedero o a la perenne desilusión, que no sé qué es peor.

II

¿Cuáles serán las razones que se habrán dado entre ellos para justificarse la encerrona que han montado con Daniel Luque en Madrid el Domingo de Resurrección? ¿No tuvimos bastante con la del año pasado? ¿No fue suficiente con la del año antepasado? ¿Quién es Daniel Luque? ¿A cuántos espectadores, además de los que vamos por ir, puede llevar a la Plaza este joven torero? ¿Podría llegar a interesarnos mínimamente el mejor Luque que sus mentores y partidarios puedan concebir? ¿Tratarán, quizás, de medir nuestra capacidad de aguante? ¿Acaso somos objeto de un experimento de ingeniería social, dirigido a probar la resistencia de un grupo humano maltratado por sistema? ¿Por qué nosotros?

III

Beneficencia. Falsa beneficencia, que aquí todo el mundo viene a por las pelas. En el Hospital General se gastó Jean Nouvel lo que no está en los escritos para dejarlo moderno, justamente ahora que ya no es hospital. Antes decían: un interesante cartel con los triunfadores de San Isidro en el ruedo y todos los invitados de la Diputación en el tendido. Ahora lo segundo permanece, pero ya no es necesario lo primero. Ahora se juntan media docena en un despacho y cierran el cartel ahora, en enero, tan felices, antes de que haya salido ni un toro del chiquero de Ajalvir o de Valdemorillo, no vaya a ser que la realidad les estropee el dibujito que se han hecho. ¿Triunfadores de qué? Serán triunfadores de la vida, hombre. Morante, Cayetano... ¡Ah! Nada de eso. Es que este año es la Beneficencia de Curro Vázquez.

martes, 31 de mayo de 2022

San Isidro'22. Samueles de aquella manera para Robleño, mandón; Morenito, gritón; y Castaño, confirmado en un corral de cuernos. Márquez & Moore

 


 Corral de cuernos


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Encaramos la última semana de la Feria con las vistas puestas en la corrida del martes, la de Pepe Escolar, que es la única que de verdad nos ilusionó cuando vimos publicados los carteles. Hoy, de prólogo, decidió la parte empresarial levantar la cuarentena a lo de Samuel Flores, después de más de dos lustros sin traer ganado a Madrid tras los fiascos ganaderos que provocó aquel famoso semental que “abueló”, según confesó el propio ganadero a los medios que le inquirían por la debacle en la que se sumía la vacada.

Trece años exactamente sin los toros albaceteños por los madriles y, como siempre que se habla de estos, aquí va el correspondiente recuerdo para aquella inolvidable corrida de Beneficencia del 91 en la que el ganado de  Samuel Flores protagonizó, junto a César Rincón y Ortega Cano, una imborrable tarde de toros. Y ahora que hablamos de Beneficencia, de un Rincón imparable y un Ortega Cano que fue el único que tuvo bemoles de todo el escalafón para darle la réplica, ya podemos compararla con esta basurienta Beneficencia que tienen amañada este año, desde antes de salir los carteles de la Feria, en la que han metido de recuelo al pelmazo de Julián, a ver si se le logra lo de la Gatera Grande, que le tiene obsesionado. Cuando todo el mundo sabe que la Beneficencia que se cotizaría, la que se tendría que dar sí o sí, sería la que pusiese frente a frente a Tomás Rufo y a Ángel Téllez, dos estilos y dos jóvenes abriéndose paso frente a frente, en el caso de que alguien pensase en el aficionado y en crear pasión, pero ahí están los tíos esos con su cálculo infinitesimal y no se les ocurre otra cosa que ofrecerle la sustitución a un tío más visto que el TBO, que en Madrid no ha empatado a nadie, sólo porque el pobre hombre anda como loco en ganar a Puertas Grandes a Morenito de Maracay. Si en el 91 la Beneficencia se hubiese regido por este asqueroso planteamiento de 2022, nunca habríamos contemplado aqurl impresionante choque de trenes que fue el de Rincón y Ortega.
 

Decimos Samuel Flores, pero en realidad lo que habían anunciado en los carteles eran toros de Isabel Flores y de Samuel Flores, cuatro de la dama y dos del señor, aunque el pañuelo mágico del color del Islam nos brindó la contemplación de uno más, en este caso de uno de los Daniel Ruiz de la ganadería de José Cruz, no se nos fuese a olvidar por un día que Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua.

Los de los hierros titulares, los chuchos de Samuel, no están afectados por aquella mítica compra y, según el programa oficial representarían a la estirpe de Gamero Cívico, que no sé, no sé. Lo de Gamero lo mismo puede ser, aunque la cosa de las cuernas tiraban más a venado que a gamo, y lo de Cívico no se vio por parte alguna, más bien incivismo, que hasta salió herido un penco, y mira que es difícil con tanto refajo. La corrida no se va a llevar el premio a la corrida de la Feria, pero no quepa duda de que ahí hubo ocasiones para quien quisiera sobreponerse a la descomunal arboladura del ganado y a las complicaciones que plantearon los toros. Para el despacho de los cinco màs uno los expertos en contratación taurina demandaron los servicios de Fernando Robleño, Morenito de Aranda y Damián Castaño, que venía a confirmar la alternativa que Javier Castaño le confirió en Gijón, ciudad donde una tía ha decidido que ya no debe haber toros. 22, 17 y 10 años de alternativa sumaban los tres coletas.
 

Traía leña en la cabeza el primero, Peinanovias, número 15, como esos montones que se ven por Valsaín cuando bajas las Siete Revueltas, pero era más feo que Picio, lo que se dice feo y que me perdone la vaca que lo parió. Muchos espectadores aplaudieron la presencia del animal, cuyas hechuras eran más de buey que de toro de lidia, ni Gamero ni Cívico: lo que se dice un perchero. También es verdad que el bicho por delante, visto a ras de suelo, debía impresionar lo que se dice una barbaridad y por eso nadie se va a poner exquisito si a la hora de cambiar el tercio había las mismas banderillas tiradas en el suelo que las que el animal llevaba en la espalda: cuatro y cuatro. Tras la ceremonia, allá que se fue Damián Castaño a ver qué se podía urdir con el toro de Isabel, y el urdimiento fue escaso porque el Peinanovias parecía que lo que quería era hacerle el afeitado en seco al salmantino. A raíz de un desarme el toro cambia a un poco peor, como si hubiese descubierto el truco ese de la muleta y, tras dos infructuosas intentonas de hacer circular al bicho, Castaño decide cortar la faena dejando media estocada desprendida que Jarocho, hábilmente, transforma en entera.
 

El castaño Peinanenas, número 7, se fue a la carrera al burladero del 6 y trató de saltar, pero no calculó bien y no hubo manera. Luego se fue al burladero del 9 a lo mismo y le pasó igual: que no atinó en cómo tenía que hacer el salto, que estos son Gamero Cívico, no Fossbury. La cosa saltarina tuvo el efecto de que el Gerente Abellán se guareció en su burladero, que estaba allí más a gusto que cuando echa el rato en Sinsombrero, y lo mismo la gentil alguacililla doña Rocío en el suyo, con la única diferencia de que ella jamás ha pisado el Sinsombrero. El toro tenía diversos problemas de motricidad o lo mismo es que no era un toro sostenible, pero el pobre se caía y en sus ojos se veía que no era eso lo que él quería. Pese a no ser tan cérvido de cuerna como el precedente la cosa banderillera tampoco funcionó estupendamente, en la primera pasada hay dos banderillas en el suelo, una en el toro en la segunda, dos en toro en la tercera, pasada en falso la cuarta y dos más en el toro en la quinta pasada. Objetivo conseguido. El toro, también del rancho de doña Isabel, era sensiblemente más bobalicón que su predecesor y, acaso porque Robleño demanda más lucha, no llegó el torero a emocionar a la parroquia con esos 545 kilos de descaste y sosería. Metisaca y estocada haciendo guardia es su balance.
 

Morenito de Aranda venía vestido como el enterrador de Lucky Luke pero sin chistera. Traía un vestido gris plomo y azabache que era la demostración de que la combinación de colores oscuros no es en absoluto afortunada, por si alguien no se había dado cuenta. Tras la expulsión del toro de Isabel y el pequeño entremés del adiestrador de cabestros don Florencio, subrayado con sinceros aplausos, apareció el negro Estornino, con el número 23. En la segunda vara entra sesgado, con distancia y velocidad, dejando lucirse a Manuel Sayago. Con este juampedritis la cosa banderillera se produce de una manera más sosegada que con los cérvidos titulares y ya tenemos a Morenito brindando el toro a un señor con americana beige que andaba por el callejón antes de citar al toro desde los medios y aguantar su largo viaje por dos o tres veces. El toro se mueve y entonces Morenito ya ve claro que ahí tiene la clave para el desarrollo del neotoreo del TíoVivo que tanto ilusiona al público en general. Puede decirse que no da un solo muletazo que no sea hacia afuera y que no cesa en su manía de esconder la pata, pero lo que más exaspera son los gritos que le mete al toro todo el rato, como un albañil en lo alto del andamio llamando al capataz: “¡Ahhhhh!, ¡Ehhhhh!, ¡Ahhhhhh!... y así sin parar, gritando un montón y sin cruzarse una sola vez. Diremos que el Moreno estuvo por debajo de las condiciones del toro, al que despachó mediante estocada desprendida.
 

Media hora estuvieron saliendo cuernos por la boca del toril hasta que por fin apareció el cuerpo de Recobo, número 51, que portaba el hierro de Samuel. Recobo llevaba en su cabeza los pinares de Vinuesa, que ahí había material como para hacer un bargueño. Robleño, a quien estas cosas ya no le afectan, lidia al toro con suficiencia, oficio y solvencia antes de que salga a escena Francisco Javier González, clásico tipazo de picador de los que ya casi no hay, a lomos del Teneguía. Como tantas veces pasa en la vida todo se queda en la primera impresión, pues de la labor del picador lo más reseñable es el propio picador. Todo lo que había sido lidia acertada por Robleño es luego un descalzaperros de trapazos en manos de Jesús Romero. Cuando comienza lo de la muleta ahí no vale esa bobada que dicen ciertos toreros de que se han “sentido muy a gusto”, porque lo que se plantea es un combate de boxeo de los pesos pesados, entre la conocida bravura de Robleño, tantas veces demostrada, y las artimañas de Recobo para tratar de amargarle el día. El vis a vis de Recobo y Robleño es un emocionante combate en el que Robleño acierta cambiando el terreno al toro y se luce aguantando los gañafones que le lanza el toro, derrotes secos con olor a hule. Por la izquierda el toro no humilla y en el embroque lanza unos ganchos de muy mala intención a la cara del torero. Tras haber planteado su pelea al de Samuel le caza al encuentro de puro oficio y el toro se va a morir a tablas, a los pies del hijo de Barajas-Adolfo Suárez.
 

Jovencito, número 11, fue el segundo de Morenito de Aranda. Le picó con gran entereza Manuel Piña aguantando con valor y oficio las oleadas del toro, que hiere en la mano derecha al caballo, cosa relevante por la cantidad de refajos, enaguas, calcetines y manguitos con las que atavían a los pencos. Banderillea estupendamente una vez más Fernando Sánchez y, tras el tercio de banderillas, el toro que era otro chucho sin raza detectable, ni Cívico ni Gamero, queda descompuesto y desabrido, aunque con el tiempo que duró la faena, que fue mucho, después se atempera, creando en Morenito la ilusión de que lo mismo podía reconducir la lidia. En cualquier caso estábamos deseando que finalizase, porque Morenito otra vez comenzó su particular berrea de voces y más voces al toro y era harto desagradable estar oyendo esos bramidos. Su labor, además de la cosa gutural, se basó en recortes y banderazos y en no atreverse a ir al sitio, que si con el potable no lo hizo cómo lo iba a hacer con éste. Cazó al toro de navajazo a la segunda y el animal, imitando al precedente, fue a rendir cuentas al Creador echándose, también, a los pies del hijo del aeropuerto.
 

Para final dejaron a Cuchillazo, número 57, castaño, listón y chorreado con el que Castaño estuvo porfiando sin que, por desgracia, podamos reseñar algo de su labor salvo que lo echó al suelo a base de dos pinchazos, estocada que hace guardia y descabellos.



 

La confirmación


ANDREW MOORE

 



LO DE ROBLEÑO

 



LO DE MORENITO

 


LO DE CASTAÑO

 


FIN

miércoles, 3 de junio de 2015

Hoy (¡ay!), Beneficencia



 El último julipié
San Isidro 2015

José Ramón Márquez

Hoy Beneficencia. Beneficencia a beneficio de inventario, y donde pone inventario léase Julián de San Blas, el poderoso, el inventor del julipié. Hace unos años descubrieron que se podía asar la manteca de la Beneficencia cerrándola por Nochebuena con quien conviniese y metiéndola camuflada entre medias de la Feria, para crear algo más de confusión, por si no hubiese ya bastante. El fin de esta Beneficencia, el fin no declarado, es conseguir que Julián el Poderíos sea capaz de empatar a Puertas Grandes de Madrid con Florencio Casado, el Hencho, valeroso torero a quien de buen seguro no habrá visto nadie de los que hoy irán a Las Ventas a sacar los moqueros en beneficio de Julián.

Y para que se vea que las cosas vienen bien armadas, que no se deja nada al azar, porque el ansia de Julián por la foto de su triunfo es inmensa, han organizado un pase previo camuflado con el señuelo de la caridad, un festival en Cáceres con el torero vestido de luces, que tuvo el honor de ser retransmitido por esa misma TVE pública que huye de los toros como de la peste. El Director General de TVE, José Antonio Sánchez, como fraile cartujo que fue, debería conocer el precepto que señala que en la caridad la mano derecha no debe saber lo que hace la izquierda, tal y como practican ciertos toreros que socorren sin publicidad alguna hospitales infantiles o conventos de monjitas desasistidas. El charity business de Julián con la complicidad de Sánchez no fue más que un publirreportaje previo a su cita madrileña de esta tarde, donde será entronizado como profeta en su tierra, falso profeta del fin de los tiempos del toreo, proclamador de la ventaja, del toro disminuido, de la antitauromaquia, cuyas artes sólo se van dirigidas a engañar a las multitudes, y a hacer que estas caigan en el engaño y adoren al Anticristo, tal y como señala Lucas en Ap. 12.