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sábado, 23 de mayo de 2020

Feria de Mayo en Córdoba




"Miré los arcos de la puerta mía
 si ayer lucidos hoy acobardados.."
 (Con perdón)

Francisco Javier Gómez Izquierdo

     Corre mayo en esa larga recta hasta el final de meta sin la compañía que se le supone. Pasa por delante de puertas y ventanas no sabemos si divorciado o viudo, pero el caso es que va solo. Sin su Córdoba de “tóa la vía”. A su paso va viendo pañuelos de lunares, farolillos, sombreros y banderas  colgados en los balcones, pero las flamencas no salen a la calle revoloteando los volantes de sus vestidos gitanos ni los botos cordobitas cruzan la puerta de casa camino del albero del Arenal. La ciudad se ve triste y pesarosa y como guardando luto. Mirándolo bien, es quizás el estado de ánimo que corresponde, pues hasta uno de sus mas célebres hijos ha ido a morir en treinta días de alegrías en los que no se admitían pesadumbres. Todo ha venido “revirao”, dice Rafael en lo de Antonio, intentando normalizar el cuerpo ante una tostada en la que ya no puede rebañar del tarro de la manteca “colorá” y acepta resignado las dos tarrinitas que le trae Antonio. “Mejor cámbiamelas por aceite” se arrepiente Rafael.

     Casetas, sevillanas, cerveza,  Montilla, Moriles, salmorejo, caballos, chulerías masculina y femenina, polvo, carreras de dromedarios, los maños del vino rancio, la tómbola y sus peluchones, los coches de “tope”,  hacer el ganso a deshora... todo se echa de menos y sentimos que la canción de Sabina quedó incompleta cuando sólo preguntó por el robo del mes de abril.
       
Dicen que la costumbre hace ley y la costumbre cordobesa de la noche de ayer viernes era darse un paseo después de cenar hasta la entrada de la Feria y asistir a las doce al alumbrado del recinto. Las familias desde las explanadas de El Arcángel y los jóvenes botelloneando a la orilla del Guadalquivir. Esta mañana he pasado por el puente del Arenal y he visto las columnas de la portada con esa mirada pesimista que llama a los restos, ruinas, y a la luz, fuego. No será para tanto el destrozo, pero un servidor, aunque vive en tierra que la autoridad gubernamental llama de fase 2, no ve diferencia con la 0. Mi pueblo y mi familia están en Burgos y C. Real, mi hijo en Sevilla y mi otra casa en Cádiz. No puedo moverme de Córdoba y ahora que llega la caló de los 38 sólo cabe caminar tempranito, -seguiré haciéndolo de siete a diez –. Además en vez de Feria que es lo que toca he de conformarme con que la película del Netflix que elija mi doña se pueda ver.