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lunes, 27 de enero de 2014

Tú, Claudio. Yo, el Madrid


Eric Pambani
(X-Agerado)
Jero García


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Ancelotti cometió en verano, a su edad, el error juvenil de prometer espectáculo en el Bernabéu (Scorsese, por hacernos una idea), pero el sábado, día de la ofrenda del Balón de Oro, a la hora de la siesta, volvió a colocarnos un Ettore Scola que no se lo saltaba ni José Rodríguez en zapatillas blancas.

    –Porque en esta vida lo primero que hay que tener es carisma –exigía Rafael de Paula en la célebre entrega de la Llave de Oro (falso, que fue lo que le mosqueó) de Ronda.

    Carisma, venía a decir Paula, es poder contra el tedio.

    El viernes estuve en el boxeo de Fuenlabrada, ese espectáculo clandestino: nos sentamos a las ocho y media de la tarde y nos levantamos a las dos y media de la madrugada. Sin beber, sin comer y, lo más alucinante, sin pestañear. La casualidad (siempre la décima musa) nos regaló el debut profesional de Eric Pambani (Xagerado para el rap), mitad mariposa, mitad avispa, como prescribe el evangelio de Clay/Alí, con tantas cosas, este Pambani, de Panamá Al Brown (¡ahí lo tienes, Eduardo Arroyo!) y Pernell Whitaker. No quiero ni pensar en qué sería de Pambani si la publicidad le dedicara la milésima parte de las salvas de ordenanza canterana que gasta con Jesé.
    
En Fuenlabrada, madrugada sin pestañeo, y en el Bernabéu, siesta que en el descanso, con la megafonía “recordando” que estábamos asistiendo a un Real Madrid-Córdoba, amenazaba tripanosomiasis humana africana o enfermedad del sueño, que un tuitero resumió así:

    –De momento, en el paseo militar sólo ha aparecido la cabra de la Legión, “Canelita”.
    
Se refería a la amarilla de Sergio Ramos, que él quiere recurrir porque en el club está acostumbrado a eso y a mucho más.

    La amarilla de Ramos fue la mosca en la leche de puchero de Cristiano y su chilena abortada por el portero granadino, Roberto, un Ñito homérico (de Ñito se decía, y ya no sé si la hipérbole correspondía a Pepín Cabrales, que poseía la merienda de un león), un paradón a lo Ñito, algo que, si llega a hacerlo Íker, la prensa se lleva a Diego a Guantánamo.
    
El caso es que el Madrid no necesitó más para ponerse en el sitio que más molesta al Barcelona: el cogote.

    Con el Madrid en el cogote, el Barcelona no sabe competir, y empieza a ver molinos donde sólo hay cabras y Francos donde sólo hay Villares, pues el Madrid es el Madrid (“Yo, el Madrid”), mientras que el Barcelona cada día se parece más al Claudio de Robert Graves (“Yo, Claudio”), con Laporta en el papel de Livia y sin que sepamos a ciencia cierta quién hace de Claudio.
    
El prodigio de Claudio en Roma fue un pollo de águila que cayó del cielo y el prodigio de Claudio en Barcelona sólo puede ser aquella cabeza de cochinillo que cayó sobre el divino “céspet” de Xavi en el Camp Nou.
    
Este “Yo, Claudio” culé es una guerra civil de intriga, enredo, familias, clanes (“Tot el camp, / és un clam…), sectas, partidos, Franco, Pujol, Convergencia y, desde Neymar, el Cristo de Corcovado, con un fichaje con más secretos que el diseño del Oscar en el Área 51.
    
Ser de este Barça pudiendo ser de este Madrid es como vivir de pobre pudiendo vivir de rico.

Pabellón Fernando Martín
Fuenlabrada
Viernes, 24 de enero

SERGIO RAMOS & JUSTIN BIEBER
    Cuesta acostumbrarse a ver con el brazalete de capitán a Sergio Ramos, el chico que iba para subteniente Remón, pero que ha roto en Justin Bieber. Ante el Granada, cuyos delanteros eran como señoritas del Día de la Banderita, Ramos provocó una amarilla grosera por estéril, que es la misma salida de pata de banco de Justin en Miami. La cara de “¡lo he conseguido!” de Justin en la foto policial es la cara de “¡soy la h…!” de Ramos en la protesta arbitral. Sólo que Justin tiene la atenuante de su amistad con Floyd Mayweather, mientras que Ramos sólo puede oponer la suya con Talavante, un torero que hizo el canelo con victorinos en Madrid y que ahora va con El Juli como de prestado para no torear en Sevilla.