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lunes, 27 de enero de 2014

Lo toros a la luz de los reventas



José Ramón Márquez

En lo que llevamos de año  el toreo y su circunstancia ha generado: una riña de taberna, un anuncio de presentación de temporada taurino/benéfico/cultural de un torero natural de San Blas, dos comunicados de dos matadores, uno de ellos para explicar que a él no le han hecho nada y otro para presentar un memorial de agravios, y un mamotreto de varias páginas de una unión sindical de subalternos para explicar sus cuitas profesionales al calor de una agresión. De la cosa estrictamente taurina, tan sólo tenemos el anuncio de que las ganaderías “malditas” no van a ir a Castellón, aduciendo que si van esos toros es imposible ponerse a hablar con los toreros, ni con el de San Blas, ni con el de los agravios, ni con el que no le han hecho nada, ni con el resto de los compañeros mártires.

Y aquí, como decía aquél, el toro ni está ni se le  espera, que en esto de los toros ya se sabe que el que menos pinta es el toro. Lo de menos es el toro, porque lo primero es la educación y sin educación no vamos a parte alguna. La educación y el respeto, digo yo,  Just a little bit, que le decía el coro a Aretha Franklin. Y lo que el coro les dice a estos ahora es que no se asomen, ni siquiera a bit, al vértigo de la casta; que distraigan al populacho con las cosas de la educación y del respeto y que lo importante, lo principal, lo único, lo dejen de lado. Ahora, siendo los toros cosa cultural, lo que conviene es hablar de educación, educación y cultura, y ante eso, tan fino y tan elevado, a ver qué importancia puede tener el toro íntegro, pujante, fiero y encastado, ese ignaro bicho sin estudios que no sabe leer ni escribir comunicados.

Para calibrar a los toreros comunicantes, y a los demás, lo mejor es hablar con los reventas. Ya sé que el reventa es un ser generalmente odiado por el aficionado, pero la verdad es que a uno siempre le han interesado, desde el mitológico Gordo de Badajoz, que nos enteramos el día de su entierro que era natural de Asturias, a quien mi amigo D. le dedicó póstumamente una conferencia que dictó en Lima, hasta el Globero, que le tocó la Primitiva y sigue en la puerta de Las Ventas, porque la reventa es lo que le mantiene vivo. Pues hablando con los reventas, que es el NASDAQ del toreo y de los toreros, ya podemos decir que ná de ná... que a ellos, que no entienden de comunicados ni de respeto, lo único que les importa es que venga Tomás, que es quien les mueve los billetes en las manos, el que mueve el chú-chú, que dice Juanito, y a gran distancia de ése, los únicos que hacen que suenen algo los teléfonos son Manzanares III y el Mofletes de La Puebla; fuera de eso, nada; que se comieron no sé cuántas entradas el año pasado con el suicidio de Talavante con los Victorinos y eso que hasta el cartel de San Isidro era él y que el hijo de Michelín le había hecho un publirreportaje. Y si les preguntas por el July, el Niño de San Blas (por San Blas al July verás), o Perera, ya es que les entra la risa floja, que con esos la taquilla se mueve menos que los ojos de Espinete. Y Ponce, ya ni saben quién es.
 
A falta de que haya alguien que mueva de verdad las taquillas por la cosa taurina, lo óptimo sería que desapareciera la proscripción social de que son objeto los toros, y para conseguir eso la primera medida sería que los políticos volviesen a los toros, que al español, por definición, lo que más le gusta es adorar a los santos por la peana. Si Rajoy Brey o la mínima Soraya se dejasen ver por los toros; si Wert o su porquero Lasalle fuesen de vez en cuando a la Plaza; si el fino olfato del logrero hispánico detectase el más mínimo interés de los próceres por el “hecho táurico”, lo mismo volvían los llenos de reventón sin razón aparente; pero el hecho es que ni los políticos quieren que se les relacione con los toros, ni las empresas -acuciadas por sus homologaciones de impacto medioambiental- quieren poner su dinero ni siquiera en publicidad, y ya ni siquiera los “famosos” acuden a las Plazas. Hace años no había un solo famoso que viniese a España y que no fuese a los toros, desde Heinrich Himmler -a quien el espectáculo tan sangriento le desagradó enormemente- hasta Buster Keaton pasando por Orson Welles, el Aga Khan o el doctor Fleming, hoy es inconcebible pensar en ver en una barrera de Sevilla a Brad Pitt, a Angelina Jollie o a cualquier modelo anoréxica de esas que salen en las revistas y que ganan millones a base de pasar hambre. Simplemente la mayoría de ellos no desean que su imagen se relacione en modo alguno con los toros.

Ante ese general estado de proscripción y de desinterés social, que es el auténtico mal a medio plazo de la Fiesta, el mundillo -ajeno a todo salvo a sí mismo- continúa con sus rencillas de vuelo bajo, con honores mancillados, respetos, educancias, con la suicida mixtificación del espectáculo, quitando de él lo único que le da sentido y aburriendo inmisericordemente a las ovejas... Mientras vemos cómo el tinglado poco a poco se va desmoronando, la forma que tienen algunos de poner su parche al asunto, o de arrimar el ascua a su sardina,  es emitir un comunicado.