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jueves, 24 de mayo de 2012

¡Qué escándalo, aquí se lee!

Plaza de Cervantes en Alcalá de Henares
Las tres plumas: la de la obra, la de la estatua y la de la cigüeña

Jorge Bustos

El mismo día que se presentaba la septuagésimo primera edición de la Feria del Libro de Madrid –que entre otras cosas servirá, supongo, para aprender a decir septuagésimo primera–, me soplan que Julia Otero ha revelado que Almudena Grandes no se depila la sobaquera. Ignoro si se trata de marketing editorial para colocar novelones guerracivilistas entre los lanudos lectores de Hessel o si la frondosidad axilar se incluye entre las premisas cosméticas que rigen en la última de las edades de Lulú. Cada cual vende su libro como sabe y aquí no vamos a subirnos a las barbas de nadie, pero la anécdota me viene al pelo para introducir el melancólico aquelarre libresco de ayer en el Palacio de Cibeles, donde Ana Botella no pudo oficiar por estar en Québec promocionando el olimpismo madrileño, cuya candidatura se despierta innominada cada cuatro años como el recalcitrante dinosaurio de Monterroso.

Qué bárbaro, oigan, qué despliegue policial sólo por que le hablen a uno de libros. Hacen que te sientas como Montag, el pirómano-bombero literario de la novela profética de Bradbury. Una pareja de seguratas con un vago aire a los Estopa –parecen a punto de murmurar “¡Qué escándalo, aquí se lee!”– me hace pasar el zurrón por el escáner y también una bolsa donde llevaba un tupper parecido al de Rajoy, con un cuchillo carnicero olvidado en su interior.

Oiga, caballero, ¿sabe usted que lleva un cuchillo ahí? ¿Para qué quiere usted un cuchillo en la presentación de la Feria del Libro? —me avergüenza a voz en grito uno de los Estopa en presencia de media docena de periodistas de Cultura, que empiezan a mirarme como si viniera de acusar a Salinger de beberse su propia orina.

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