miércoles, 22 de junio de 2022

martes, 21 de junio de 2022

Hen Party

Curro Fetén

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Vi como en dos fogonazos de magnesio los mítines de la vicepresidenta Díaz y de la ministra Montero (la Gran Capitana de las cuentas, no la cajera del colmado) y tuve la impresión de caer, como en las cámaras ocultas de Summers, en un Hen Party final.
    

Triste, solitario y final. Como si toda la Santa Transición no hubiera sido otra cosa (¡que no ha sido otra cosa!) que un Hen Trip hacia este Hen Party que es hoy España, donde el cómico Imanol Arias, que se ha hecho rico contándonos la Anábasis de la Democracia Que Entre Todos Nos Dimos, intenta convertirse ahora en un Benito Cereno del Régimen, en el que Babo sería Perico Sánchez.
    

Hola. Me llamo Cereno. Benito Cereno, capitán del “Santo Domingo” (por cierto, como la nueva naturalización de Bono y Gonzalón).
    

Mi idea del Hen Party nacional se ve reforzada con la imagen de Pons, cerebro de Feijóo, firmando en la Feria del Libro ejemplares de “Ellas”, novela sicalíptica de mesilla de noche devorada en su día por Casado y Rajoy y propia de don Ricardo León, pero sin el señor León visitando a su vecina Concha Espina con medias rayadas en el bolsillo del chaqué, que eso chismorreaba Colombine.
    

En la Feria de Chamaco, Curro Puya ha puesto una caseta –tituló Curro Fetén, un genio del periodismo español, ignorado por la nueva purrela umbraliana del columnismo de yesaire, que resumía así la noticia de que en la feria de Barcelona, en la que Chamaco toreaba toda la semana, Puya consiguió anunciarse un día.


    En el PP de Feijóo, Pons ha puesto un Todo a Cien, diría hoy Curro Fetén, y no por la berlina china del prócer gallego (“Coche de grandeza brava / Trae con suma bizarría”…, anota nuestro señor padre Quevedo, que en otra pintada pone en boca de gran dama: “que yo por ir en coche iré en cochino”).
    

La derecha de Feijóo sólo quiere economía (“hagan como yo, no se metan en política”), y tiene en Pons al Marco Polo que la guía en el comercio mundial, cuyos caminos llevan todos a China: María Cospedal firmó en 2013 el acuerdo de cooperación-PP-Partido Comunista chino, y María Soraya viajó en 2016 a Gran Canaria para renovar en persona ante Xi Jinping “la tradicional amistad hispano-china” en apoyo del plan “España y la nueva ruta de la seda: cómo aprovechar el tren Madrid-Yiwu”, motivo por el cual la derecha española fue la más beligerante del mundo contra Trump y su guerra comercial contra “el gigante asiático”.
    

Recuerdo al Pons de 2016 asustando a los pasajeros del bus del Hen Trip con Trump, el peligro mayor, decía, para la “democracia representativa” (eso que aquí todavía no hemos visto) y, por supuesto, el Estado de Derecho, una tautología a cuya defensa viajó el propio Pons a Polonia para moverle la silla al gobierno oficial, y lo hizo desde España, país donde gobierno y oposición (pues apoyó al gobierno) viven, según el TC, al margen de la Constitución, circunstancia sobre la que todos los tanques de pensamiento no es que callen; simplemente, enmudecen, y sólo se oye “El Bacalao” del Hen Party.

[Martes, 14 de Junio] 

Martes, 21 de Junio

 


aquila non captat muscas

lunes, 20 de junio de 2022

La paella de Beckham

 

Beckham en Madrid

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Beckham llegó a Madrid de cuarto galáctico, y la galáctica era Victoria, su señora, a quien Madrid le olía a ajo, lo que le dio fuerzas para pararle los pies a una dama de acrisoladas virtudes que sobrevolaba a su marido:


    –Haga el favor de comportarse como una señora de su edad –le dijo en un gimnasio.


    Y allí ya sólo se oyó el vuelo de una mosca.


    Ahora Bechkam se ha dejado caer en el diván (“The Overlap”) del youtuber Gary Neville, ex United, para confesarse a calzón quitado, con lo que eso supone hablando de Beckham, confiándonos tres secretos: se llama Bob por Bobby Charlton, ídolo de su padre (Cristiano se llama Ronaldo por Ronald Reagan, ídolo paterno, igualmente); cocina paellas “con pollo, calamar, gambas, camarones…”; y es portador de ochenta y un tatuajes.
    

El tatuaje, nos cuenta Jean Palette, es, inicial y generalmente, propio de las sociedades sin escritura: “Solemos decir que son sociedades caracterizadas por un fuerte etnocentrismo, pero tal vez convendría mejor hablar aquí de ‘somatocentrismo’: el cuerpo como principal portador y vehículo de la información y la comunicación”.

 Beckham, que fue un Míchel de Londres con mejor banana, triunfó en el fútbol mediático por su cuerpo como lo había hecho Valdano por su lengua. Beckham, para entendernos, fue el Anti-Iceta, ministro del Deporte español porque de pequeño estuvo federado en tres competiciones, natación, esquí y gimnasia.
    

Futbolero no soy, pero si tuviera que ser de uno sería del Barça femenino –declara el ministro, no se sabe si echado al sol en una piedra en algún lugar de las Islas Galápagos.
    

Los hombres pasan, mas los tatuajes quedan: Palette refiere que el mariscal Bernadotte (1763-1844), fallecido en tanto que Carlos XIV Juan de Suecia, llevaba tatuada en el pecho, recuerdo de su juventud republicana, la frase “Mueran los reyes”, para pasmo de sus ambalsamadores.
    

Veo a Bechkam poniendo un chiringuito de paellas en la playa de Brighton, y de cliente honorífico, a Hazard, que cada año está de mejor año: “Siempre lo he dicho, voy a volver a ser lo que era”. Aunque, bien mirado, ¿qué era Hazard? ¿Un “duque” (“duke”) que comía paella o un tropezón de “pato” (“duck”) en la paella? Una paella de Beckham sería la más cara después de la de Octavio’s en Denia y de la de Barceló en el Sofidú de Borja Luis Villel en Madrid (aquel “Big Spanish Dinner” con su cazuelita de mejillones pegados de los cuales uno desapareció y no se supo más del asunto).


    Otro artista de la paella en el fútbol es Ancelotti, un señor que cuando invita a cenar, en vez de llevarte a un restaurante, te lleva a su casa, donde él cocina para ti mientras te tomas el aperitivo, ese encargado de producir “un falso apetito”.


    Es un triunfo de nuestro carácter que en casa de Victoria Beckham, la de “España huele a ajo”, se presuma hoy de cocina española. Pemán, nuestro mejor escritor de periódicos, que enseñó a escribir artículos a Umbral y que hoy tendría que escribir en un blog, tenía claro que la cocina rica y afrancesada, la del asado y los espárragos, es inodora, pero que la cocina española, la de los potajes “que cunden mucho”, la de “un solo plato abundante”, tiene una inequívoca fragancia racial de cuartel o convento.
    

El convento de los Beckham y el cuartel de los Ancelotti, que con Tchouameni completa la lista de ingredientes para elaborar una paella futbolística de alcance mundial. Valverde, Camavinga, Tchouameni. Pollo, camarones y calamares. Todo lo demás, arroz, que siempre dependerá del punto, que este año seguirá pasando por los arrebatos del fuego de Vinicius (a quien los herederos del “Vuelva usted mañana” de Larra impiden ser español, que esos no cambian) y de las mañas de Benzemá. Ellos, y en medio, “Orbita”, el balón solidario de Puma para la Liga que viene, destinado a ensalzar “la sana obsesión que provoca el fútbol”. Si en Burgos ya te sirven “morcillas solidarias” para tocar el corazón del turismo progresista, ¿por qué no nos van a meter los goles con un “balón solidario”? Miedo me da, sin embargo, que a Tchouameni, fichado por su capacidad para robar balones, le acaben afeando esa actividad por tratarse de “balones solidarios”. A Camavinga los árbitros le sacan tarjetas porque Valdano los tiene convencidos de que Camavinga es un Bruce Lee pasado por Tarantino. Pero robar un balón solidario en el Bernabéu será como robar el cepillo de los pobres en la iglesia de los Sagrados Corazones, y Mateu querrá fungir ante las cámaras de “calbo” contra la “sinjusticia”, que es vaga y queda, y, por tanto, diferente de la injusticia, que es concreta y pasa.


 

The Big Spanish Dinner

Barceló 


EL PUENTE DE CLEMENTE


    Luis Enrique es un entrenador de andamio, que es lo que necesita para formarse una perspectiva, el mismo andamio que ahora necesitamos nosotros para contemplar en la distancia la estela de los dos entrenadores que más influyeron en el seleccionador de Rubiales: Louis Van Gaal en lo táctico, y en lo psicológico, Javier Clemente. “Por Clemente me hubiera tirado por un puente”, confiesa ahora Luis Enrique, que es lo mismo que dijo de Sánchez el pelucón Iván Redondo, con la mala suerte para Redondo de decirlo con Sánchez en el cargo, mientras que Clemente lleva años echando de comer a las palomas del parque en un banco.

Lunes, 20 de Junio

 


Bison Beer

 
Crafthouse

domingo, 19 de junio de 2022

Remembranzas trevijanistas VIII




Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica
    


Trevijano era todo un personaje barojiano, un nuevo Zalacaín del siglo XX. Un consumado aventurero, no en el sentido mezquino del oportunista que se abraza a la calvicie de las ocasiones proficuas, sino en el sentido de un idealista de fervorosa fiebre que hace suyas todas las causas justas del mundo, y jamás las soslaya, sino que entra en liza abierta contra todo aquel que las amenaza. Tenía ambición, amor al peligro y una confianza ciega en su estrella. La vida sedentaria y apacible le irritaba. Un perfecto Don Quijote de Las Alpujarras, quizás el crepúsculo doloroso de nuestra raza. Los propios obstáculos a sus propósitos le daban bríos y una inagotable energía. Inquietud espiritual personificada necesitaba siempre la acción, la acción continua. Español por los cuatro costados.

He sido testigo en dos ocasiones de su valor físico. En una ocasión unos izquierdistas, catequizados por el Dossier anti-Trevijano que el PSOE había elaborado en relación con su protagonismo heroico en la independencia guineanoecuatoriana, del que ya hemos hablado en estas “remembranzas”, le rodearon enseñándole los dientes y la ira de chulos de puticlub –obviamente eran PSOE
en un pasillo del Ateneo de Madrid, en los días en que Trevijano apoyaba la candidatura del comunista Carlos París para presidir tan insigne institución. Los ojos de Antonio llamearon con desafío, como el combatiente que va a por todas, manteniendo su boca un rictus de desprecio e ironía. Aquellos jóvenes cobardes huyeron. Antonio tenía entonces setenta años. Carlos París era un comunista decente que escribía también en las OTRAS RAZONES de La Razón verdadera de Luis María Anson. Era catedrático de filosofía y estaba casado con Lidia Falcón, mujer que siempre ha mantenido unos ojos azules espectaculares, y que representó como nadie el santo feminismo de la primera hornada, y que en la actualidad está a punto de ser borrado y aniquilado por el movimiento de LGTBI, tal como ya pronosticase Francisco Nieva en su profética obra Magia Batula. Carlos París, aunque comunista, representaba la candidatura que más garantizaba la libertad de pensamiento y expresión en aquella institución, frente al candidato apoyado por el PSOE y El País que, obviamente, acabó ganando. También apoyaba al bueno de Carlos Juan Antonio Bardem y su hermana Pilar. Después de votar fuimos a un cercano restaurante y allí estaba el entonces flamante joven Javier Bardem, rodeado por tres jóvenes bellezas, como moscas revoloteando en torno a la miel. Carlos París era un catedrático emérito con el corazón de un muchacho joven, con pantalones vaqueros, zapatillas y cazadora de cuero negro, era humilde, dulce, oía con atención a todo el mundo, y nunca se arrogó el monopolio de la verdad. Entre los comunistas obviamente hay de todo, como entre los liberales. Y Carlos París era un hombre bueno, e intelectualmente muy sólido. Por otro lado, era la época en que el Partido de Julio Anguita combatía contra el gobierno criminal de los GAL, de la Operación Mengele, y de la corrupción sistémica. Y ello unía a aquellos comunistas honrados y todavía no venales, como los de hoy, con las corrientes liberales aún no pringadas por la corrupción. Los comunistas de entonces habían sufrido la represión del franquismo –el propio Carlos fue apartado de su cátedra, y esa persecución ideológica los había dotado de cierto temple de asceta y austeridad, que había alimentado posiciones de honestidad y honradez. Un día bajó Carlos Paris a Valdepeñas con Lidia y estuvo viendo la procesión del Corpus Christi, en el que salían los niños y las niñas vestidos de comunión. Entre ellos iba mi hijo Martín vestido con el hábito del padre Damián. Lo contemplaron todo con respeto, e incluso admirando la belleza de la procesión. Había embeleso en los ojos bellísimos de Lidia Falcón. Es una dulce y triste membranza.

El único objetivo político que tenía Antonio era traer la democracia formal a España, y ello entrañaba, según él, que las buenas personas de cualquier ideología pudieran colaborar en su proyecto. La democracia estaba por encima de todas las ideologías, a las que él llamaba con cierto desprecio “anteojeras y policías de la mente”. Las ideologías eran algo secundario, lo sustantivo era la democracia, las reglas de juego con las que debían jugar todos los partidos y todos los ciudadanos en el juego de la política y del poder.

Para Trevijano la libertad de expresión en una democracia no debería tener límites. Y además la libertad es indivisible. Causa sonrojo escuchar las ampulosas jeremiadas con que los políticamente correctos y muy sabios de este país se lamentan, con aspavientos y efusiones de Bacante, demasiado excesivas para ser sinceras, como reencarnaciones de feroces inquisidores que hubiesen hecho las delicias del mismo Enrique de Susa, de quienes sobre la guerra en Ucrania mantienen un pequeño distanciamiento sobre la doctrina OTAN. Pero si algo nos enseñaron los mejores hombres de la Revolución Francesa, que si no cayeron bajo el Comité de Salud Pública, no sobrevivieron a los sucesivos directorios del corrupto gobierno termidoriano, es que la libertad es indivisible, no quedando limitados sus dones para nadie, ni siquiera para los más rusófilos. La libertad que se defiende con mordazas, censuras y expedientes disciplinarios no merece ser defendida, sino que hay que combatirla como perverso sucedáneo de la libertad. La libertad sólo se protege, saliendo ella siempre triunfante, con su propio y alegre ejercicio. Más aún, si la libertad tiene algún sentido es para ejercerla expresando ideas u opiniones que se oponen al sentir dominante. Usarla para proferir sólo las ideas dominantes, como jaculatorias religiosas, no tiene ningún sentido y es una tautología cobarde y servil. Expresar sólo aquello en lo que está de acuerdo el poder es en el mejor de los casos una simple comunión fáctica del lenguaje, que diría Bronislaw Malinowski. Parafraseando a Eurípides en “Las Fenicias” podemos decir que “éste es el sino del esclavo, no poder decir lo que piensa” si se opone a las ideas de los amos o a las ideas dominantes de cada época. Cuando el católico Milton escribió su “Areopagítica”, la defensa más noble de la libertad de imprenta en lengua inglesa, eligió estos dos versos de Las Suplicantes de Eurípides, incluyéndolos en el Prefacio de su discurso al Parlamento en contra de la censura: “Ésta es la verdadera libertad, cuando los hombres que han nacido libres, pueden hablar libremente”. Y es que si había algo que caracterizase a los ojos de un compatriota contemporáneo de Eurípides el régimen político de su ciudad era la “parrhesía”, o la facultad de expresar por cualquiera –incluso los esclavos– cualquier tipo de opinión, por peregrina que fuese; incluso opiniones contrarias a la Democracia y a la Libertad.

[El Imparcial

Domingo, 19 de Junio

 


Oriente / Occidente

"Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos"

 DOMINGO, 19 DE JUNIO


En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.» Él les contestó:

-Dadles vosotros de comer.
 

Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.» Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos:

-Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.


Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.


Lucas 9,11b-17

sábado, 18 de junio de 2022

La Monarquía Futurista de Curtis Yarvin

[Curtis Yarvin & Tucker Carlson]

 

 Mérida / España


 Plaza de España


 

 

 


Templo de Diana

 


 Hughes & Curtis Yarvin

[Entrevista, hoy, en ABC] 



Tirados en El Cruce



FIN

Enrique Gómez Carrillo, la agonía más hermosa


 
Enrique Gómez Carrillo / Toño Salazar


ABC AL PASO

La agonía más hermosa

ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO, EL PERIODISTA QUE AMÓ (Y ENTREGÓ) A MATA-HARI


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Enrique Gómez Carrillo, Príncipe de los Cronistas, es el señuelo que el periodismo pone a los incautos que se aproximan al oficio: nace en Guatemala, hijo de español y belga, y muere, acribillado por el Pernod (“no creo en la literatura seca, es un crimen estar en París y beber siempre café con leche”), luego de una docena de desafíos, como un emperador de la China, llorado a pie de cama por las mujeres (todas de alto copete) que ha amado.

Las damas, en un elegante pugilato, evocan recuerdos de Carrillo, anota el Caballero Audaz, testigo de la agonía: elogian, unánimes, sus arrogancias, sus locuras, sus galanterías. “Y en la alcoba contigua, en los momentos de pausa, se oyen los estertores del agonizante, macabro estribillo al más raro, galante y fascinador canto funeral que jamás se haya dedicado a un hombre”.

    –Varias fueron sus esposas. Llega un telegrama angustiado de Raquel Meller, que por la noche debuta en Lyon.

La prensa del corazón, que viene de Suetonio, corona la turbulenta relación del cronista y la cupletista achacándoles la entrega de Mata Hari, la espía que le amó, a los franceses, que la fusilan (“Rechaza la venda y cae de rodillas: era la primera vez que aquella mujer, que había ‘rodado tanto’, se arrodillaba delante de los hombres”). Ruano duda que Mata Hari y Carrillo (“un hombre que empeñaba con frecuencia el reloj de bolsillo”) se conocieran siquiera:
    
Mata Hari no era mujer que perdiese el tiempo con relaciones de poca monta, y vamos a ser sinceros: un cronista español no es la aspiración, en ningún sentido, de una aventurera de la clase de Mata Hari.
    
Ruano conoce a Carrillo en el París del 25 y ya le ve aspecto de tigre cansado: mucho encanto físico y un descuido muy cuidado. Se ha afeitado sus bigotes desflecados y, al hacérselo notar, le contesta una “divertida barbaridad”:

    –Se me han debido de caer apolillados ya de tanto
    
Es el amo de París (“una recomendación de Carrillo abre en París todas las puertas”), y alterna con Verlaine, Laconte, Wilde y Rubén. Escribe crónicas para Blanco y Negro y ABC. No cree en el peligro. “El verdadero peligro es vivir: la vida es una dama coqueta que no sonríe a los débiles”.

Como buen esgrimidor, despacha una docena de duelos. Durante la gran guerra se pasea por las líneas de fuego. Y confiesa ante Carretero las tres cosas que no quiere ser por nada del mundo: diputado, actor y torero. Su sueño es llegar a empresario del Folies Bergères.

    La noche de su muerte, Ruano, por encargo, escribe de un tirón su biografía.

    –Iba dedicado a don Torcuato Luca de Tena, y la dedicatoria no trajo, por cierto, ningún provecho.
    
Sin estudios de ninguna clase (“¡No soy ni siquiera bachiller!”), Carrillo ha sabido buscarse la leyenda que tanto recomendaría el colombiano Vargas Vila: ser orgulloso y sembrar odios, pues el odio, a su entender, da vida al que es odiado.

    Odiado por los periodistas, pero amado por las mujeres.



 
 
[Viernes, 24 de Julio de 2020]

Sábado, 18 de Junio

 


El Bule

viernes, 17 de junio de 2022

Rocanrol. Get The Water

 


 
The Railway Bell

En la muerte de García Castany

 

 

Nieves, Rico (burgalés de Melgar de Fernamental), Ovejero, Violeta, Planas y Soto

 Duñabeitia, GARCÍA CASTANY, Diarte, Arrúa y Blanco


Francisco Javier Gómez Izquierdo


      Jesús, que tiene carné de artista setentero, por la rama rociera, lo ha dicho temprano en lo de Antonio: "Ha muerto García Castany con 73 años. El pobre tenía Alzheimer como tuvo mi madre". De inmediato me ha venido su figura morenota y aquella cuadrilla de la que estuvo rodeado durante sus mejores años: el Nino Arrúa, que tiraba los penaltys como si ejecutara; Soto, que nació un 6 de enero como servidor (que cosas se le quedan a uno de aquella obsesión cultivada en los 70) y que quitó el puesto a Juanjo, un extremo izquierdo que no ha tenido igual simulando penaltys; el Chacho Blanco y sobre todo "Cara Rota" Ocampos, un delantero que manejaba la intimidación y repartía leña como cualquier central de la época y como correspondía a la tradición uruguaya y paraguaya. Recuerdo que le expulsaban como si fuera Montero Castillo o Fernàndez, aquella yunta del Granada.

Este Ocampos del que se decía que era oriundo con los papeles falsificados dio nombre a los Zaragüayos, herederos de los Magníficos en el Real Zaragoza. Luis Cid Carriega tuvo el gusto de entrenar aquel equipo que tanto entusiasmo levantó no sólo en Zaragoza sino entre los aficionados de todo el país. Queríamos que televisaran a los blanquillos por Arrúa, Diarte y... García Castany por su extraordinaria clase ¡cómo tiraba las faltas!, Arrúa le quitó los penaltys. Por lo moreno y por la melena también parecía paraguayo.
     

El Gaitu y servidor ya nos las dábamos de entendidos y, no pasa nada por reconocerlo, presumíamos de un punto de exquisitos por lo que poníamos a García Castany por las nubes por parecernos el más estiloso del equipo. "... Un Solsona más lento, mucha más clase que Claramunt, ¿cómo llama Kubala a Lora antes que a García Castany? Bueno, sí, Asensi es más constante, pero podía llamarlo a ver qué tal.." Éstos asuntos nos desvelaban, pero quiero señalar que a García Castany lo teníamos adoptado porque en el AS Color lo sacaron aplicado y sensato. El padre quiso que fuera médico como él, pero sacó Derecho y creo que siguió estudiando otras carreras tras jubilarle una gravísima lesión. Es legendario el partido de sus tres goles ante el Madrid, pero el buen aficionado también recordará que aquel Zaragoza dirigido por García Castany y escoltado por Planas y Violeta superó a todos los grandes de entonces, Barcelona, Atleti, Valencia... excepto al Madrid, que ganó la liga el año que murió Franco. Aquel Zaragoza marcaba muchos goles, jugaba muy bien, atacaba sin miedo, un poco a lo loco, para desesperación de Irazusta y Nieves, entusiasmo de sus hinchas y sincero reconocimiento de los rivales.
   

Aquel Zaragoza salía mucho en los papeles que devorábamos. Lo entrenaba Carriega y a García Castany le tenía encomendado ser el alma del equipo. Carriega falleció hace cuatro años muy pasados los 80, pero Diarte, Violeta, Manolo González, tío de Lucas Alcaraz, Junquera, Garcia Castany... no les tocaba aún. Estaban esperando el ascenso de su equipo.
   

Descanse en paz.

El Versalles liberalio de Almeida y Villacís

 

 
Despertar en Nuestra Señora del Rosario de Filipinas,
 iglesia católica de estilo brutalista
Conde de Peñalver, 40
 

 

Los sintecho de la iglesia escobando las aceras que Almeida & Villacís

 tienen sin barrer para no echar polvo a la capa de ozono

 

 

 Versalles otoñal; una paloma; un lindo
mármol; un vulgo errante, municipal y espeso;
anteriores lecturas de tus sutiles prosas

Rubén Darío

El mito del Rey

 

Curtis Yarvin


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En España el llamado “mito del Rey” (la idea de la imposibilidad de un Estado no monárquico, “con la condición de que fuera liberal”) proviene de las guerras carlistas, algo largo de explicar porque España “es pobrísima en Teoría Política”, dejó dicho Nicolás R. Rico, y ve en el pensamiento teórico una secuela del ocio holgazán.


    Para NRR, los teóricos se asemejan a sus opulentos antípodas humanos, los banqueros, en que, sin rebozo, especulan y de todo pretenden obtener lucros con medios ajenos. ¿Riesgos? “Los gajes de los suyos no han arredrado nunca ni a los ‘gourmets’ ni a los filósofos… ni a los reyes, que en esto de divertirse y gozarla a lo grande allá se andan esos tres personajes”:


    –Le métier de Roi est grand, noble, delicieux… –dijo Luis XIV.
    

NRR nos ofrece un esquema de la Historia desde el tipo de poder que, en un tiempo y espacio dados, predomina dentro de un grupo humano determinado, y concluye:1) ningún tipo de poder puede dominar pura y simplemente 2) todo dominar es esencialmente un predominar 3) cualquier predominio es históricamente transitorio, “siempre acaba por volverse la tortilla” 4) ningún poder es, en su existencia histórica concreta, un poder puro.


    Como en España, hoy, está imposible teorizar, porque toda la charca está “okupada” por los “ko-ko-ro-kos” del Estado de Derecho (“Ko-ko-ro-ko llamaba Indalecio Prieto al tabernero de “Bienmecomes”, en Elorrio, con su cartel de “Pongo buebos de repente”), hay que poner la oreja en lo de afuera, y ahora anda por aquí un useño de gran “capacidad cogitatriz”, Curtis Yarvin, el monarquista vivo más ingenioso que conozco (“extrema derecha”, pues, para los ko-ko-ro-kos), y que pide la monarquía para los Estados Unidos de América, la República de Hamilton, acusado por Jefferson de “aspirar a coronarse rey”, porque había dicho “hablamos el mismo idioma y creemos en las mismas cosas que los ingleses”.
    

Con motivo del Jubileo de la Reina, Yarvin ha publicado su visión de lo que va de Isabel Tudor a Isabel Windsor.
    

Hay tres formas de gobierno: monarquía, oligarquía y democracia. La monarquía es buena porque es mejor que la oligarquía. La democracia no es ni buena ni mala, es simplemente imposible. La monarquía es tanto la forma común de gobierno del sector público como la forma universal de gobierno del sector privado.
    

¿Qué pensaría Isabel I de Isabel II? Los Tudor reinan y gobiernan; los Windsor reinan, pero no gobiernan. Si la democracia permite que el “deep state” nos gobierne, sólo una monarquía puede controlar a las elites (“pienso en la monarquía como una forma legítima de gobierno, y me refiero a la monarquía real: la monarquía absoluta”). 

Ni el Brexit ni Trump perturbaron a la elite. ¿Cuántos trabajos de élite destruyó Trump? Molestó y energizó a la élite. Fue lo mejor que le pasó al “New York Times”. Traspaso de poderes:


    –El Rey está ahí mismo, en el podio de inauguración. El Presidente le entrega la Biblia y el balón de fútbol nuclear. El Rey toma el mando y el presidente llama a un Uber.

[Viernes, 17 de Junio]

Viernes, 17 de Junio

 


El Ojo de Dios

jueves, 16 de junio de 2022

Ave Verum Corpus



 Ave Verum Corpus

 

Gustavo Bueno y el Corpus Christi


 

Mi familia era muy católica. Mi tía Ángeles era de la CEDA y he vivido siempre entre curas. En la adolescencia me dio por no ir a misa, y mi madre, que era aragonesa, me decía que hacía el ridículo si no iba. Y tenía razón. Entonces me las arreglé para coger el Tratado teológico-político de Spinoza, que está lleno de latinajos, de un armario cerrado con llave en el que lo guardaba mi padre junto a libros de Voltaire y Anatole France. Lo metí en un devocionario de mi tía y entonces en misa los domingos yo cogía el devocionario y me ponía a leer a Spinoza; y el notario, que estaba a mi lado, me miraba de reojo y le decía a mi padre: «Oye, tu hijo muy bien, va para cura». Yo siempre vi lo mismo, que la Iglesia heredó el derecho romano y la filosofía griega y les dio un impulso gigantesco que en cierto modo fue lo que hizo la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Esto lo digo yo en un libro con comentarios a unas conferencias de Ratzinger, ¡Dios salve la Razón! Yo a Ratzinger le seguía mucho, era un teólogo que sabía mucho, no como este Papa de ahora, que es otro cantar, pero yo no comparto la teología de Ratzinger, Dios no es racional. Confundirlo con la razón es absurdo. Me dediqué a sacar textos escolásticos donde dicen que Dios no es racional, que Dios no puede hacer silogismos. Dios directamente lo ve todo. Ahí citaba además una serie de nombres para quienes, tipo Draper, hablaban del conflicto ciencia-Iglesia, de la Iglesia como campeón de la superstición; el krausimo, en una palabra. Para negarlo citaba a Copérnico, que era canónigo y su obra fue apoyada por los papas, porque no veían ninguna contradicción con el pasaje de Josué en que paraba el sol, lo que demostraba que el sol estaba en movimiento. La enemistad de la Iglesia contra Copérnico y Galileo no fue por geocentrismo, sino por el atomismo, que sí planteaba dificultades para explicar el dogma de la transustanciación. La Iglesia desvió la atención con la astronomía porque temía mucho más el atomismo y la negación de la Eucaristía, del Corpus Christi, que es la esencia del catolicismo y que aquí por cierto se negó como si tal cosa. Un día el ministro Ordóñez dejó de considerar el Corpus Christi como fiesta obligatoria. Esto es la revolución, pensé, y no se han dado ni cuenta. Pues además de Copérnico estuvo Mendel con la teoría de la herencia, o el abate Lemaître, precursor de la teoría del big-bang. Todos curas. ¿Cómo que la iglesia catolica es enemiga de la ciencia? Ahora bien, en el siglo XIX la cosa cambia con el materialismo y el marxismo; ahí la Iglesia perdió francamente posiciones, porque se extendió completamente esta ideología, el darwinismo, la termodinámica, el origen del universo y el fin del mundo. Ahora todos los teóricos del big-bang, Fleischmann, Hawking, empiezan sus libros contando un mito azteca. Que Dios vomitó el mundo y de la vomitina salió el sol y no sé qué. ¿Para qué me lo cuentas? ¿Para que veamos que eres más listo? En el fondo, siguen teniendo esa ideología. ¿Lo dejó Ratzinger por cuestión de fe? Yo creo que dudaba. Pero sencillamente estaba cansado, razones fisiológicas, y estaba al tanto de los enormes problemas de la Iglesia católica. La Iglesia estuvo bien en el poder, cuando las cruzadas.

Lectura completa 

El Curpillos

 

 

 


  
Desfile del Pendón de las Navas (Copia, original en las Huelgas)
 Fotografía de J.A. Renedo
Los gigantillos danzando
 
 Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Uno tiene presente que es una absoluta pérdida de tiempo recordar que no hace muchos años este jueves de hoy relucía más que el sol, ¡y miren si reluce sin piedad el sol!, pero como ya estamos en el grupo clasificado como "de mayores" me ha venido a la cabeza esta mañana, no el Corpus en el que nuestras madres nos ordenaban ir bien peinados y lavados (nos pasaban revista) y vestidos con la ropa más nueva, como si fuera el día de fiesta mayor en nuestro pueblo, sino del Curpillos, día grande en Burgos, más "popular" incluso que los mismos sampedros y a la que llamábamos y se sigue llamando "el día del Parral".

      Ya saben ustedes que a los sesenta días del domingo de Resurrección, llega el jueves del Corpus, pero en Burgos la fiesta grande se celebraba y celebra mañana viernes siendo hoy, con los nuevos usos del almanaque, día laborable. Gamonal es el barrio más alejado del de las Huelgas, donde lleva siglos cercado con una tapia y varias puertas el parque del Parral, parque al que bajábamos en el Curpillos todas las cuadrillas de merienda. El resto del año teníamos Fuentes Blancas. Estábamos obligados por ordenanza no escrita a comer morro asado. Chorizo y morcilla también, pero el pincho del que no podíamos abstenernos era el morro de cerdo, la careta que llaman en otros pueblos. Bajar solos, sin los padres, al Parral era una especie de prueba por la que pasábamos a ser unos "hombrecitos" a los que se nos permitía beber vino en la bota de casa que nos dejaban como signo de confianza... "pero a ver si tenéis cuidado y no dáis que hablar". ¿Catorce, quince años? Por ahí andaríamos.
 
 Antes, entre los nueve y los doce o trece, nos bajaban los marianistas en autobuses a las Huelgas y allí veíamos al ministro Alejandro Rodríguez de Valcárcel, que venía a ser no se si de Covarrubias o Retuerta, ante el que se desfilaba con el pendón de las Navas de Tolosa que es un trozo de la tienda del Miramamolín, y bailaban con mucho salero los gigantillos y con un soso compás los cabezudos. Nunca he sabido por qué se conmemora la batalla de las Navas de Tolosa, cuando ésta fue el 16 de julio, pero tengo leído que el rey Alfonso XI, enterrado en Córdoba por cierto, allá en 1331 celebró en Burgos el triunfo cristiano el viernes posterior al Corpus.
      
La fiesta era y es un día de camping institucionalizado donde las peñas lucen sus blusas y asan como para diez ejércitos. El día solía salir con sol pero en la tarde se nublaban los cielos y descargaban unas tormentas que espantaban los grupos y se vaciaba el recinto con orden y sin mayores sobresaltos.  De varios años para acá me dicen que el día del Parral sigue siendo una multitudinaria reunión de Peñas gastronómicas en el que todas y cada una ofrecen, como siempre ha sido, el mismo menú: morro, chorizo, morcilla, vino y cerveza. Pedir otra cosa es entretener de modo innecesario al peñista. La diferencia con el siglo XX está en la multitud que acude (los municipales están asustados por lo que se pueda juntar allí mañana) y el desparrame y falta de control en el trasegar de los mocetes que aún andan en edad de ir sólo a la procesión a conocer un poco de historia. Estos mocetes suelen presentarse el día del Curpillos en el Parral cuando las cuadrillas y familias de toda la vida empiezan a recoger. Hacia las seis o las siete de la tarde parece que no puede entrar más gente en el recinto tapiado, pero los burgaleses dicen que en el Parral cabe todo Burgos.
      
¡Feliz día del Parral, paisanos!

Azorín, el periodismo de poner una cosa detrás de otra


 
Azorín, por Bagaría 1915


ABC AL PASO

Poner una cosa detrás de otra

AZORÍN, EL PERIODISTA SUPREMO EN CASTELLANO QUE “ESCRIBE EN CATALÁN”

    
Como periodista, José Martínez Ruiz, Azorín (¡tío del actor pasmado Luis Ciges!), es, más allá del estilismo, el artista supremo (¡sin Cávia!), menos cuando tantea la política.

    –Cuando Azorín escribe de política –resume el Caballero Audaz, muchos españoles que le admiran se descorazonan.
    
Ante los retóricos de la subordinada, Azorín impone el atajo de la navaja de Ockham, con su menos es más y su morseo tuitero: “El poner una cosa detrás de otra; en eso estriba todo el arte del periodista”.

    –Y, ¿cómo firmará usted, amigo Martínez Ruiz, en el ABC? –le pregunta don Torcuato.
    
“Azorín”, naturalmente.
    
ABC nace diario con una crónica telegráfica (la primera en España) de Azorín, escrita con su “mano gorda y blanda de benedictino” en la Ópera de París durante la función que el presidente Loubet ofrece al Rey de España (que va a Londres para buscar novia), víctimas, a la salida, de una bomba anarquista. Es el mismo Azorín que luego se hace de Lerroux y predica la República “por creer que con ello trabajo por la prosperidad de España”:
    
¡Desdichada España, si la República desapareciera! Los horrores de la gran Revolución francesa y los de la República rusa serían pálidos al lado de lo que aquí ocurriera.
    
Y defiende al partido socialista como árbitro de la República, lo cual, en la distancia, deja a Baroja como único escritor políticamente coherente en España, donde los periodistas huyen de estudiar filosofía política como gato del agua.

    ¿Y el don azoriniano para el detalle? Una noche, en Toledo, se sienta en una plazuela solitaria. Hay luna, y un mozo cargado con un ataúd blanco, “chiquito”, llama a un portal: “¿Es aquí donde han encargado una cajita para un niño?” No es allí. En la cajería (funeraria, en Castilla) han tomado mal las señas.
    
La nacionalidad la ha creado en España la Iglesia –descubre en una visita al Greco.
    
Excelente escritor. Lo que pasa es que no sabía el castellano –“sornea” Pla–. Castellano es la frase larga que se termina generalmente en cola de pescado. Azorín escribe en catalán.
    
“Nación de naciones” escribe en el 18, cuando el Ejército useño lo invita a visitar sus posiciones en Francia. Elogia el federalismo americano, inspirado en Walt Whitman (“Here is not merely a nation but a teeming nation of nations…”)
    
Nosotros –el 98– hemos combatido la frivolidad. Lo privativo de la frivolidad española es hablar sin estar enterado de un asunto.
    
Un día del 16 Luca de Tena, con susto de salud, resuelve vender “Prensa Española” a Urgoiti, y como garantía de discreción, le pide la casa al Gran Silencioso:
    
Tomé un libro y me aislé en un rincón, haciendo propósito de abstraerme en la lectura. Lo conseguí. Su conversación duró hora y media. Ignoro lo que trataron.
    
Otro día marchó a predicar el socialismo, y en la Casa de ABC quedó el dicho de que nadie es imprescindible: “Azorín se fue y no pasó nada”.

 
La nacionalidad la ha creado en España la Iglesia
 

Jueves, 16 de Junio

 


Carlito Burrito

miércoles, 15 de junio de 2022

Estado de Obras. Hoy, Bonsáis Almeida y Caballitos Villacís


 Mucho arroz (alcorque) para tan poco pollo (acacia)

Bonsai Almeida frente al Ministerio de Exteriores

 para que no se camuflen argelinos

Lista


 

Caballitos Villacís frente a la Asociación de la Prensa

 


Juan Bravo / Claudio Coello

Don Torcuato Luca de Tena. La revolución y el milagro




ABC AL PASO

Entre un toro y un tonto, al toro

DON TORCUATO LUCA DE TENA Y ÁLVAREZ-OSSORIO, TODAVÍA MEJOR EDITOR QUE PULITZER Y TODAVÍA MEJOR DIRECTOR QUE DELANE


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

América tiene a Joseph Pulitzer, Inglaterra tiene a John Delane (para Pulitzer, el mejor director de la historia del periodismo europeo) y España tiene a Torcuato Luca de Tena y Álvarez-Ossorio, Don Torcuato, todavía, en números redondos, mejor editor que Pulitzer y mejor director que Delane.
  
Objetan los pejigueros –refunfuña Pulitzer– que un “hombre de prensa” nace, no se hace. Pero en esta república el único puesto que pueda ser cubierto por un hombre por el mero hecho de haber nacido es el de tonto.
  
Don Torcuato (en el meñique de su mano izquierda ve Azorín “una gruesa sortija de hierro con fúlgido diamante: fortaleza y claridad”) trae de su casa de Sevilla la vocación, y de un viaje a Alemania, la voz que le dice que venda lo que tiene y dé a los pobres, que en el ochocientos son los periodistas, a los que pone palacio (¡en la Castellana!), sueldo y berlina.
  
El periodismo del momento lo resume el cubano Escobar Laredo en la oreja de Bonafoux:
 
 –Sería verdaderamente ridículo que los periodistas, que no tenemos qué comer, tuviéramos convicciones.
  
Periodistas, adorna Bonafoux, que no son sino sinvergüencillas que se aparecen en París, husmean y sablean, y vuelven a Madrid a echarla de “boulevardiers”, como aquél que, al salirle al paso en Sol un galgo, gritó a un guardia: “Sergent, sergent, sparé de muá ese perrit!”
  
Aquí tienen ustedes un puesto para toda la vida…–dice Don Torcuato a sus periodistas al levantar nada menos que ABC, a cuya entrada coloca en azulejo el lema familiar: “De la prosperidad de Prensa Española dependen el bienestar y el porvenir de cuantos en ella trabajan”.
  
Dicho por Javier Bueno, muchos no han comprendido que “acababa de nacer el periodismo moderno en España”. ¡El periodismo independiente de las cuadras políticas!

    De una tertulia bohemia sale “Blanco y Negro”, rentable desde el principio, y de “Blanco y Negro”, el “ABC” que trae el periodismo moderno, que en España carece de lectores: hay que crearlos (“perdí hasta ochocientas mil pesetas”, le confiesa al Caballero Audaz, en entrevista al pie de la Koëning-Bauer, el guante Varadé del ABC), y ésa será la audacia mayor del monárquico (“con mi criterio, no con el criterio del Rey”) y liberal (liberal de Canalejas) Don Torcuato, creador del lector de ABC, que a su vez crea el escritor de ABC, de los que luego se beneficiará “El Sol” de Urgoiti y los Ortega, que en el 17, al salir, se encuentran con que su España culta lee (y escribe) en el silabario periodístico de Don Torcuato, cuya revolución cultural, a lomos de un milagro industrial, tiene por guía un trampantojo taurino: “Si ves venir hacia ti un toro y un tonto, ¡vete al toro!...”
  
No poner excelencias, cruces, senador vitalicio, etcétera…–reza la nota autógrafa de su esquela, que sólo dice: “Periodista”


Don Torcuato al pie de la Koëning-Bauer,
 el guante Varadé del ABC

 

[Miércoles, 22 de Julio de 2020]

Miércoles, 15 de Junio

 


Flores en el pelo

martes, 14 de junio de 2022

El Tukan-kamon de Almeida

 




 

Plaza del Marqués de Salamanca

El Ministerio de Albares, antes INI

Los Cronistas de la Villa no saben quién dio la orden de cambiar el pavimento de estas aceras. ¿Primo de Rivera? ¿Azaña? ¿Franco? Almeida se ha apropiado del proyecto, de nombre Tukan-kamon, para ingresar en el Guinness World Records como Obra de Más Larga Duración