Ice Cream for Dogs
Blog de la vida privada ("Humanismo es telecomunicación fundadora de amistades que se realiza en el medio del lenguaje escrito." Peter Sloterdijk)
Curro Fetén
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Vi como en dos fogonazos de magnesio los mítines de la vicepresidenta Díaz y de la ministra Montero (la Gran Capitana de las cuentas, no la cajera del colmado) y tuve la impresión de caer, como en las cámaras ocultas de Summers, en un Hen Party final.
Triste, solitario y final. Como si toda la Santa Transición no hubiera sido otra cosa (¡que no ha sido otra cosa!) que un Hen Trip hacia este Hen Party que es hoy España, donde el cómico Imanol Arias, que se ha hecho rico contándonos la Anábasis de la Democracia Que Entre Todos Nos Dimos, intenta convertirse ahora en un Benito Cereno del Régimen, en el que Babo sería Perico Sánchez.
–Hola. Me llamo Cereno. Benito Cereno, capitán del “Santo Domingo” (por cierto, como la nueva naturalización de Bono y Gonzalón).
Mi idea del Hen Party nacional se ve reforzada con la imagen de Pons, cerebro de Feijóo, firmando en la Feria del Libro ejemplares de “Ellas”, novela sicalíptica de mesilla de noche devorada en su día por Casado y Rajoy y propia de don Ricardo León, pero sin el señor León visitando a su vecina Concha Espina con medias rayadas en el bolsillo del chaqué, que eso chismorreaba Colombine.
–En la Feria de Chamaco, Curro Puya ha puesto una caseta –tituló Curro Fetén, un genio del periodismo español, ignorado por la nueva purrela umbraliana del columnismo de yesaire, que resumía así la noticia de que en la feria de Barcelona, en la que Chamaco toreaba toda la semana, Puya consiguió anunciarse un día.
En el PP de Feijóo, Pons ha puesto un Todo a Cien, diría hoy Curro Fetén, y no por la berlina china del prócer gallego (“Coche de grandeza brava / Trae con suma bizarría”…, anota nuestro señor padre Quevedo, que en otra pintada pone en boca de gran dama: “que yo por ir en coche iré en cochino”).
La derecha de Feijóo sólo quiere economía (“hagan como yo, no se metan en política”), y tiene en Pons al Marco Polo que la guía en el comercio mundial, cuyos caminos llevan todos a China: María Cospedal firmó en 2013 el acuerdo de cooperación-PP-Partido Comunista chino, y María Soraya viajó en 2016 a Gran Canaria para renovar en persona ante Xi Jinping “la tradicional amistad hispano-china” en apoyo del plan “España y la nueva ruta de la seda: cómo aprovechar el tren Madrid-Yiwu”, motivo por el cual la derecha española fue la más beligerante del mundo contra Trump y su guerra comercial contra “el gigante asiático”.
Recuerdo al Pons de 2016 asustando a los pasajeros del bus del Hen Trip con Trump, el peligro mayor, decía, para la “democracia representativa” (eso que aquí todavía no hemos visto) y, por supuesto, el Estado de Derecho, una tautología a cuya defensa viajó el propio Pons a Polonia para moverle la silla al gobierno oficial, y lo hizo desde España, país donde gobierno y oposición (pues apoyó al gobierno) viven, según el TC, al margen de la Constitución, circunstancia sobre la que todos los tanques de pensamiento no es que callen; simplemente, enmudecen, y sólo se oye “El Bacalao” del Hen Party.
[Martes, 14 de Junio]
Beckham en Madrid
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Beckham llegó a Madrid de cuarto galáctico, y la galáctica era Victoria, su señora, a quien Madrid le olía a ajo, lo que le dio fuerzas para pararle los pies a una dama de acrisoladas virtudes que sobrevolaba a su marido:
–Haga el favor de comportarse como una señora de su edad –le dijo en un gimnasio.
Y allí ya sólo se oyó el vuelo de una mosca.
Ahora Bechkam se ha dejado caer en el diván (“The Overlap”) del youtuber Gary Neville, ex United, para confesarse a calzón quitado, con lo que eso supone hablando de Beckham, confiándonos tres secretos: se llama Bob por Bobby Charlton, ídolo de su padre (Cristiano se llama Ronaldo por Ronald Reagan, ídolo paterno, igualmente); cocina paellas “con pollo, calamar, gambas, camarones…”; y es portador de ochenta y un tatuajes.
El tatuaje, nos cuenta Jean Palette, es, inicial y generalmente, propio de las sociedades sin escritura: “Solemos decir que son sociedades caracterizadas por un fuerte etnocentrismo, pero tal vez convendría mejor hablar aquí de ‘somatocentrismo’: el cuerpo como principal portador y vehículo de la información y la comunicación”.
Beckham, que fue un Míchel de Londres con mejor banana, triunfó en el fútbol mediático por su cuerpo como lo había hecho Valdano por su lengua. Beckham, para entendernos, fue el Anti-Iceta, ministro del Deporte español porque de pequeño estuvo federado en tres competiciones, natación, esquí y gimnasia.
–Futbolero no soy, pero si tuviera que ser de uno sería del Barça femenino –declara el ministro, no se sabe si echado al sol en una piedra en algún lugar de las Islas Galápagos.
Los hombres pasan, mas los tatuajes quedan: Palette refiere que el mariscal Bernadotte (1763-1844), fallecido en tanto que Carlos XIV Juan de Suecia, llevaba tatuada en el pecho, recuerdo de su juventud republicana, la frase “Mueran los reyes”, para pasmo de sus ambalsamadores.
Veo a Bechkam poniendo un chiringuito de paellas en la playa de Brighton, y de cliente honorífico, a Hazard, que cada año está de mejor año: “Siempre lo he dicho, voy a volver a ser lo que era”. Aunque, bien mirado, ¿qué era Hazard? ¿Un “duque” (“duke”) que comía paella o un tropezón de “pato” (“duck”) en la paella? Una paella de Beckham sería la más cara después de la de Octavio’s en Denia y de la de Barceló en el Sofidú de Borja Luis Villel en Madrid (aquel “Big Spanish Dinner” con su cazuelita de mejillones pegados de los cuales uno desapareció y no se supo más del asunto).
Otro artista de la paella en el fútbol es Ancelotti, un señor que cuando invita a cenar, en vez de llevarte a un restaurante, te lleva a su casa, donde él cocina para ti mientras te tomas el aperitivo, ese encargado de producir “un falso apetito”.
Es un triunfo de nuestro carácter que en casa de Victoria Beckham, la de “España huele a ajo”, se presuma hoy de cocina española. Pemán, nuestro mejor escritor de periódicos, que enseñó a escribir artículos a Umbral y que hoy tendría que escribir en un blog, tenía claro que la cocina rica y afrancesada, la del asado y los espárragos, es inodora, pero que la cocina española, la de los potajes “que cunden mucho”, la de “un solo plato abundante”, tiene una inequívoca fragancia racial de cuartel o convento.
El convento de los Beckham y el cuartel de los Ancelotti, que con Tchouameni completa la lista de ingredientes para elaborar una paella futbolística de alcance mundial. Valverde, Camavinga, Tchouameni. Pollo, camarones y calamares. Todo lo demás, arroz, que siempre dependerá del punto, que este año seguirá pasando por los arrebatos del fuego de Vinicius (a quien los herederos del “Vuelva usted mañana” de Larra impiden ser español, que esos no cambian) y de las mañas de Benzemá. Ellos, y en medio, “Orbita”, el balón solidario de Puma para la Liga que viene, destinado a ensalzar “la sana obsesión que provoca el fútbol”. Si en Burgos ya te sirven “morcillas solidarias” para tocar el corazón del turismo progresista, ¿por qué no nos van a meter los goles con un “balón solidario”? Miedo me da, sin embargo, que a Tchouameni, fichado por su capacidad para robar balones, le acaben afeando esa actividad por tratarse de “balones solidarios”. A Camavinga los árbitros le sacan tarjetas porque Valdano los tiene convencidos de que Camavinga es un Bruce Lee pasado por Tarantino. Pero robar un balón solidario en el Bernabéu será como robar el cepillo de los pobres en la iglesia de los Sagrados Corazones, y Mateu querrá fungir ante las cámaras de “calbo” contra la “sinjusticia”, que es vaga y queda, y, por tanto, diferente de la injusticia, que es concreta y pasa.
Barceló
EL PUENTE DE CLEMENTE
Luis Enrique es un entrenador de andamio, que es lo que necesita para formarse una perspectiva, el mismo andamio que ahora necesitamos nosotros para contemplar en la distancia la estela de los dos entrenadores que más influyeron en el seleccionador de Rubiales: Louis Van Gaal en lo táctico, y en lo psicológico, Javier Clemente. “Por Clemente me hubiera tirado por un puente”, confiesa ahora Luis Enrique, que es lo mismo que dijo de Sánchez el pelucón Iván Redondo, con la mala suerte para Redondo de decirlo con Sánchez en el cargo, mientras que Clemente lleva años echando de comer a las palomas del parque en un banco.
Martín-Miguel Rubio Esteban
Doctor en Filología Clásica
Trevijano era todo un personaje barojiano, un nuevo Zalacaín del siglo XX. Un consumado aventurero, no en el sentido mezquino del oportunista que se abraza a la calvicie de las ocasiones proficuas, sino en el sentido de un idealista de fervorosa fiebre que hace suyas todas las causas justas del mundo, y jamás las soslaya, sino que entra en liza abierta contra todo aquel que las amenaza. Tenía ambición, amor al peligro y una confianza ciega en su estrella. La vida sedentaria y apacible le irritaba. Un perfecto Don Quijote de Las Alpujarras, quizás el crepúsculo doloroso de nuestra raza. Los propios obstáculos a sus propósitos le daban bríos y una inagotable energía. Inquietud espiritual personificada necesitaba siempre la acción, la acción continua. Español por los cuatro costados.
He sido testigo en dos ocasiones de su valor físico. En una ocasión unos izquierdistas, catequizados por el Dossier anti-Trevijano que el PSOE había elaborado en relación con su protagonismo heroico en la independencia guineanoecuatoriana, del que ya hemos hablado en estas “remembranzas”, le rodearon enseñándole los dientes y la ira de chulos de puticlub –obviamente eran PSOE– en un pasillo del Ateneo de Madrid, en los días en que Trevijano apoyaba la candidatura del comunista Carlos París para presidir tan insigne institución. Los ojos de Antonio llamearon con desafío, como el combatiente que va a por todas, manteniendo su boca un rictus de desprecio e ironía. Aquellos jóvenes cobardes huyeron. Antonio tenía entonces setenta años. Carlos París era un comunista decente que escribía también en las OTRAS RAZONES de La Razón verdadera de Luis María Anson. Era catedrático de filosofía y estaba casado con Lidia Falcón, mujer que siempre ha mantenido unos ojos azules espectaculares, y que representó como nadie el santo feminismo de la primera hornada, y que en la actualidad está a punto de ser borrado y aniquilado por el movimiento de LGTBI, tal como ya pronosticase Francisco Nieva en su profética obra Magia Batula. Carlos París, aunque comunista, representaba la candidatura que más garantizaba la libertad de pensamiento y expresión en aquella institución, frente al candidato apoyado por el PSOE y El País que, obviamente, acabó ganando. También apoyaba al bueno de Carlos Juan Antonio Bardem y su hermana Pilar. Después de votar fuimos a un cercano restaurante y allí estaba el entonces flamante joven Javier Bardem, rodeado por tres jóvenes bellezas, como moscas revoloteando en torno a la miel. Carlos París era un catedrático emérito con el corazón de un muchacho joven, con pantalones vaqueros, zapatillas y cazadora de cuero negro, era humilde, dulce, oía con atención a todo el mundo, y nunca se arrogó el monopolio de la verdad. Entre los comunistas obviamente hay de todo, como entre los liberales. Y Carlos París era un hombre bueno, e intelectualmente muy sólido. Por otro lado, era la época en que el Partido de Julio Anguita combatía contra el gobierno criminal de los GAL, de la Operación Mengele, y de la corrupción sistémica. Y ello unía a aquellos comunistas honrados y todavía no venales, como los de hoy, con las corrientes liberales aún no pringadas por la corrupción. Los comunistas de entonces habían sufrido la represión del franquismo –el propio Carlos fue apartado de su cátedra–, y esa persecución ideológica los había dotado de cierto temple de asceta y austeridad, que había alimentado posiciones de honestidad y honradez. Un día bajó Carlos Paris a Valdepeñas con Lidia y estuvo viendo la procesión del Corpus Christi, en el que salían los niños y las niñas vestidos de comunión. Entre ellos iba mi hijo Martín vestido con el hábito del padre Damián. Lo contemplaron todo con respeto, e incluso admirando la belleza de la procesión. Había embeleso en los ojos bellísimos de Lidia Falcón. Es una dulce y triste membranza.
El único objetivo político que tenía Antonio era traer la democracia formal a España, y ello entrañaba, según él, que las buenas personas de cualquier ideología pudieran colaborar en su proyecto. La democracia estaba por encima de todas las ideologías, a las que él llamaba con cierto desprecio “anteojeras y policías de la mente”. Las ideologías eran algo secundario, lo sustantivo era la democracia, las reglas de juego con las que debían jugar todos los partidos y todos los ciudadanos en el juego de la política y del poder.
Para Trevijano la libertad de expresión en una democracia no debería tener límites. Y además la libertad es indivisible. Causa sonrojo escuchar las ampulosas jeremiadas con que los políticamente correctos y muy sabios de este país se lamentan, con aspavientos y efusiones de Bacante, demasiado excesivas para ser sinceras, como reencarnaciones de feroces inquisidores que hubiesen hecho las delicias del mismo Enrique de Susa, de quienes sobre la guerra en Ucrania mantienen un pequeño distanciamiento sobre la doctrina OTAN. Pero si algo nos enseñaron los mejores hombres de la Revolución Francesa, que si no cayeron bajo el Comité de Salud Pública, no sobrevivieron a los sucesivos directorios del corrupto gobierno termidoriano, es que la libertad es indivisible, no quedando limitados sus dones para nadie, ni siquiera para los más rusófilos. La libertad que se defiende con mordazas, censuras y expedientes disciplinarios no merece ser defendida, sino que hay que combatirla como perverso sucedáneo de la libertad. La libertad sólo se protege, saliendo ella siempre triunfante, con su propio y alegre ejercicio. Más aún, si la libertad tiene algún sentido es para ejercerla expresando ideas u opiniones que se oponen al sentir dominante. Usarla para proferir sólo las ideas dominantes, como jaculatorias religiosas, no tiene ningún sentido y es una tautología cobarde y servil. Expresar sólo aquello en lo que está de acuerdo el poder es en el mejor de los casos una simple comunión fáctica del lenguaje, que diría Bronislaw Malinowski. Parafraseando a Eurípides en “Las Fenicias” podemos decir que “éste es el sino del esclavo, no poder decir lo que piensa” si se opone a las ideas de los amos o a las ideas dominantes de cada época. Cuando el católico Milton escribió su “Areopagítica”, la defensa más noble de la libertad de imprenta en lengua inglesa, eligió estos dos versos de Las Suplicantes de Eurípides, incluyéndolos en el Prefacio de su discurso al Parlamento en contra de la censura: “Ésta es la verdadera libertad, cuando los hombres que han nacido libres, pueden hablar libremente”. Y es que si había algo que caracterizase a los ojos de un compatriota contemporáneo de Eurípides el régimen político de su ciudad era la “parrhesía”, o la facultad de expresar por cualquiera –incluso los esclavos– cualquier tipo de opinión, por peregrina que fuese; incluso opiniones contrarias a la Democracia y a la Libertad.
DOMINGO, 19 DE JUNIO
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.» Él les contestó:
-Dadles vosotros de comer.
Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.» Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos:
-Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.
Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.
Lucas 9,11b-17
[Curtis Yarvin & Tucker Carlson]
Mérida / España
Plaza de España
Templo de Diana
Hughes & Curtis Yarvin
Tirados en El Cruce
FIN
Nieves, Rico (burgalés de Melgar de Fernamental), Ovejero, Violeta, Planas y Soto
Duñabeitia, GARCÍA CASTANY, Diarte, Arrúa y Blanco
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Jesús, que tiene carné de artista setentero, por la rama rociera, lo ha dicho temprano en lo de Antonio: "Ha muerto García Castany con 73 años. El pobre tenía Alzheimer como tuvo mi madre". De inmediato me ha venido su figura morenota y aquella cuadrilla de la que estuvo rodeado durante sus mejores años: el Nino Arrúa, que tiraba los penaltys como si ejecutara; Soto, que nació un 6 de enero como servidor (que cosas se le quedan a uno de aquella obsesión cultivada en los 70) y que quitó el puesto a Juanjo, un extremo izquierdo que no ha tenido igual simulando penaltys; el Chacho Blanco y sobre todo "Cara Rota" Ocampos, un delantero que manejaba la intimidación y repartía leña como cualquier central de la época y como correspondía a la tradición uruguaya y paraguaya. Recuerdo que le expulsaban como si fuera Montero Castillo o Fernàndez, aquella yunta del Granada.
Este Ocampos del que se decía que era oriundo con los papeles falsificados dio nombre a los Zaragüayos, herederos de los Magníficos en el Real Zaragoza. Luis Cid Carriega tuvo el gusto de entrenar aquel equipo que tanto entusiasmo levantó no sólo en Zaragoza sino entre los aficionados de todo el país. Queríamos que televisaran a los blanquillos por Arrúa, Diarte y... García Castany por su extraordinaria clase ¡cómo tiraba las faltas!, Arrúa le quitó los penaltys. Por lo moreno y por la melena también parecía paraguayo.
El Gaitu y servidor ya nos las dábamos de entendidos y, no pasa nada por reconocerlo, presumíamos de un punto de exquisitos por lo que poníamos a García Castany por las nubes por parecernos el más estiloso del equipo. "... Un Solsona más lento, mucha más clase que Claramunt, ¿cómo llama Kubala a Lora antes que a García Castany? Bueno, sí, Asensi es más constante, pero podía llamarlo a ver qué tal.." Éstos asuntos nos desvelaban, pero quiero señalar que a García Castany lo teníamos adoptado porque en el AS Color lo sacaron aplicado y sensato. El padre quiso que fuera médico como él, pero sacó Derecho y creo que siguió estudiando otras carreras tras jubilarle una gravísima lesión. Es legendario el partido de sus tres goles ante el Madrid, pero el buen aficionado también recordará que aquel Zaragoza dirigido por García Castany y escoltado por Planas y Violeta superó a todos los grandes de entonces, Barcelona, Atleti, Valencia... excepto al Madrid, que ganó la liga el año que murió Franco. Aquel Zaragoza marcaba muchos goles, jugaba muy bien, atacaba sin miedo, un poco a lo loco, para desesperación de Irazusta y Nieves, entusiasmo de sus hinchas y sincero reconocimiento de los rivales.
Aquel Zaragoza salía mucho en los papeles que devorábamos. Lo entrenaba Carriega y a García Castany le tenía encomendado ser el alma del equipo. Carriega falleció hace cuatro años muy pasados los 80, pero Diarte, Violeta, Manolo González, tío de Lucas Alcaraz, Junquera, Garcia Castany... no les tocaba aún. Estaban esperando el ascenso de su equipo.
Descanse en paz.
Los sintecho de la iglesia escobando las aceras que Almeida & Villacís
tienen sin barrer para no echar polvo a la capa de ozono
Versalles otoñal; una paloma; un lindo
mármol; un vulgo errante, municipal y espeso;
anteriores lecturas de tus sutiles prosas
Rubén Darío
Curtis Yarvin
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
En España el llamado “mito del Rey” (la idea de la imposibilidad de un Estado no monárquico, “con la condición de que fuera liberal”) proviene de las guerras carlistas, algo largo de explicar porque España “es pobrísima en Teoría Política”, dejó dicho Nicolás R. Rico, y ve en el pensamiento teórico una secuela del ocio holgazán.
Para NRR, los teóricos se asemejan a sus opulentos antípodas humanos, los banqueros, en que, sin rebozo, especulan y de todo pretenden obtener lucros con medios ajenos. ¿Riesgos? “Los gajes de los suyos no han arredrado nunca ni a los ‘gourmets’ ni a los filósofos… ni a los reyes, que en esto de divertirse y gozarla a lo grande allá se andan esos tres personajes”:
–Le métier de Roi est grand, noble, delicieux… –dijo Luis XIV.
NRR nos ofrece un esquema de la Historia desde el tipo de poder que, en un tiempo y espacio dados, predomina dentro de un grupo humano determinado, y concluye:1) ningún tipo de poder puede dominar pura y simplemente 2) todo dominar es esencialmente un predominar 3) cualquier predominio es históricamente transitorio, “siempre acaba por volverse la tortilla” 4) ningún poder es, en su existencia histórica concreta, un poder puro.
Como en España, hoy, está imposible teorizar, porque toda la charca está “okupada” por los “ko-ko-ro-kos” del Estado de Derecho (“Ko-ko-ro-ko llamaba Indalecio Prieto al tabernero de “Bienmecomes”, en Elorrio, con su cartel de “Pongo buebos de repente”), hay que poner la oreja en lo de afuera, y ahora anda por aquí un useño de gran “capacidad cogitatriz”, Curtis Yarvin, el monarquista vivo más ingenioso que conozco (“extrema derecha”, pues, para los ko-ko-ro-kos), y que pide la monarquía para los Estados Unidos de América, la República de Hamilton, acusado por Jefferson de “aspirar a coronarse rey”, porque había dicho “hablamos el mismo idioma y creemos en las mismas cosas que los ingleses”.
Con motivo del Jubileo de la Reina, Yarvin ha publicado su visión de lo que va de Isabel Tudor a Isabel Windsor.
–Hay tres formas de gobierno: monarquía, oligarquía y democracia. La monarquía es buena porque es mejor que la oligarquía. La democracia no es ni buena ni mala, es simplemente imposible. La monarquía es tanto la forma común de gobierno del sector público como la forma universal de gobierno del sector privado.
¿Qué pensaría Isabel I de Isabel II? Los Tudor reinan y gobiernan; los Windsor reinan, pero no gobiernan. Si la democracia permite que el “deep state” nos gobierne, sólo una monarquía puede controlar a las elites (“pienso en la monarquía como una forma legítima de gobierno, y me refiero a la monarquía real: la monarquía absoluta”).
Ni el Brexit ni Trump perturbaron a la elite. ¿Cuántos trabajos de élite destruyó Trump? Molestó y energizó a la élite. Fue lo mejor que le pasó al “New York Times”. Traspaso de poderes:
–El Rey está ahí mismo, en el podio de inauguración. El Presidente le entrega la Biblia y el balón de fútbol nuclear. El Rey toma el mando y el presidente llama a un Uber.
[Viernes, 17 de Junio]
Mi familia era muy católica. Mi tía Ángeles era de la CEDA y he vivido siempre entre curas. En la adolescencia me dio por no ir a misa, y mi madre, que era aragonesa, me decía que hacía el ridículo si no iba. Y tenía razón. Entonces me las arreglé para coger el Tratado teológico-político de Spinoza, que está lleno de latinajos, de un armario cerrado con llave en el que lo guardaba mi padre junto a libros de Voltaire y Anatole France. Lo metí en un devocionario de mi tía y entonces en misa los domingos yo cogía el devocionario y me ponía a leer a Spinoza; y el notario, que estaba a mi lado, me miraba de reojo y le decía a mi padre: «Oye, tu hijo muy bien, va para cura». Yo siempre vi lo mismo, que la Iglesia heredó el derecho romano y la filosofía griega y les dio un impulso gigantesco que en cierto modo fue lo que hizo la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Esto lo digo yo en un libro con comentarios a unas conferencias de Ratzinger, ¡Dios salve la Razón! Yo a Ratzinger le seguía mucho, era un teólogo que sabía mucho, no como este Papa de ahora, que es otro cantar, pero yo no comparto la teología de Ratzinger, Dios no es racional. Confundirlo con la razón es absurdo. Me dediqué a sacar textos escolásticos donde dicen que Dios no es racional, que Dios no puede hacer silogismos. Dios directamente lo ve todo. Ahí citaba además una serie de nombres para quienes, tipo Draper, hablaban del conflicto ciencia-Iglesia, de la Iglesia como campeón de la superstición; el krausimo, en una palabra. Para negarlo citaba a Copérnico, que era canónigo y su obra fue apoyada por los papas, porque no veían ninguna contradicción con el pasaje de Josué en que paraba el sol, lo que demostraba que el sol estaba en movimiento. La enemistad de la Iglesia contra Copérnico y Galileo no fue por geocentrismo, sino por el atomismo, que sí planteaba dificultades para explicar el dogma de la transustanciación. La Iglesia desvió la atención con la astronomía porque temía mucho más el atomismo y la negación de la Eucaristía, del Corpus Christi, que es la esencia del catolicismo y que aquí por cierto se negó como si tal cosa. Un día el ministro Ordóñez dejó de considerar el Corpus Christi como fiesta obligatoria. Esto es la revolución, pensé, y no se han dado ni cuenta. Pues además de Copérnico estuvo Mendel con la teoría de la herencia, o el abate Lemaître, precursor de la teoría del big-bang. Todos curas. ¿Cómo que la iglesia catolica es enemiga de la ciencia? Ahora bien, en el siglo XIX la cosa cambia con el materialismo y el marxismo; ahí la Iglesia perdió francamente posiciones, porque se extendió completamente esta ideología, el darwinismo, la termodinámica, el origen del universo y el fin del mundo. Ahora todos los teóricos del big-bang, Fleischmann, Hawking, empiezan sus libros contando un mito azteca. Que Dios vomitó el mundo y de la vomitina salió el sol y no sé qué. ¿Para qué me lo cuentas? ¿Para que veamos que eres más listo? En el fondo, siguen teniendo esa ideología. ¿Lo dejó Ratzinger por cuestión de fe? Yo creo que dudaba. Pero sencillamente estaba cansado, razones fisiológicas, y estaba al tanto de los enormes problemas de la Iglesia católica. La Iglesia estuvo bien en el poder, cuando las cruzadas.
Mucho arroz (alcorque) para tan poco pollo (acacia)
Bonsai Almeida frente al Ministerio de Exteriores
para que no se camuflen argelinos
Lista
Caballitos Villacís frente a la Asociación de la Prensa
[Miércoles, 22 de Julio de 2020]
Plaza del Marqués de Salamanca
El Ministerio de Albares, antes INI
Los Cronistas de la Villa no saben quién dio la orden de cambiar el pavimento de estas aceras. ¿Primo de Rivera? ¿Azaña? ¿Franco? Almeida se ha apropiado del proyecto, de nombre Tukan-kamon, para ingresar en el Guinness World Records como Obra de Más Larga Duración