jueves, 7 de julio de 2022

Memoria

 

Locutorios


Para aprender Historia, Mérida


Francisco Javier Gómez Izquierdo


            Ayer, cuando supe que teníamos que despedir a Paco, dos quintas mayor que servidor, fui apuntando nombres en un recuento endemoniado que me da veinticinco compañeros fallecidos durante estos veintidós años del siglo. Veinticinco funcionarios de prisiones que se han ido antes de cumplir o recién cumplidos los 65 en esta prisión de Alcolea que ya hace tiempo nos empezó a parecer maldita cuando en pleno servicio fueron cayendo Juan Rosado, Joaquín, Begoña, Pepe Alors, Trigueros, Luis...y etc. Recién jubilados Alfonso, Pepe Gallardo...¡¡uff!! Veinticinco nombres que suenan como dolorosa letanía.


       Se habla mucho estos días de "lo" que pasó hace 25 años, y en el Congreso, al parecer, unos cuantos en cuadrillitas van a escribir en papeles oficiales lo que a ellos les pareció aquel julio del 1997 y los veinte que pasaron desde el año 77 a ese mismo 97. ¡Bueno!, creo que van a espantar a los historiadores y van a poner en una ley su punto de vista de aficionados con el objetivo de que las modernas generaciones y las que están por venir comprendan estos últimos cincuenta años de vida de los españoles.
       

A servidor no se le ocurre hacer ley de sus recuerdos, alguno ya confuso, pero quiero dejar constancia de hechos ciertos que me tocó vivir por molestarme desvergüenzas que quieren ser vendidas como verdades absolutas en periódicos que se creen prestigiosos: "...no puede ser motivo de escándalo que una fuerza política como EH Bildu apoye una iniciativa legislativa y pida introducir aquellos postulados que satisfagan sus expectativas". Eso ponía ayer o antier en una editorial de El País que me ha llegado por el wasapp ése.
       

El 12 de julio de 1997 estaba de tarde en el Módulo 5 de la cárcel vieja de Córdoba. Era el primer día del turno. Hacíamos tarde, tarde, mañana, mañana-noche. Hice el recuento con el pin del maillot amarillo del Tour que me dieron con un L'Equipe del 87, de cuando fuimos a los Pirineos a ver a Perico Delgado, pinchado en el bolso de la camisa. El pañuelico sanferminero que empecé a llevar en la cárcel de Pamplona ya no me lo ponía. Creo que dejé de hacerlo tras el secuestro de Ortega Lara. En Córdoba había alrededor de una docena de presos de Eta. En mi módulo me salen cinco: A., que era el portavoz de todos; A2, que me quería convencer de que a José Antonio seguro que lo sacaban a ratitos de noche de donde lo tuvieran y veía el campo; F., que era medio gallego y se le recrudecieron las ínfulas nacionalistas euskaldunas bastante decaídas dos o tres meses antes, cuando empezó a venir una abogada con la que comunicaba vis a vis; U., melancólico y un tanto depresivo, que añoraba el vino de Rioja y los chuletones de a kilo; otro más había que ahora mismo no recuerdo el nombre, pero no se me olvida que engordaba en las huelgas de hambre. En el Módulo 2 había otros cinco y en Enfermería, uno: C., que había renegado de la banda hacía un año. "C. anda un poco deprimido", me decía A., que además de filólogo y etarra era del Real Madrid. "¿Pertur? A Pertur lo mató la policía española. Yo estuve con él, el día que desapareció" . El personal que anda a vueltas con la ley, creo que prefiere preguntar a tipos como A. antes que a las familias de los asesinados. A la de Pertur, sin ir mas lejos.


     A todos los etarras con su nombre y apellidos pegados en la "g" o en la "i" de Egin les llegaba su periódico. Lo solíamos entregar los viernes por la tarde los de toda la semana. Antes había que revisarlos. El 12 de julio de 1997 fue sábado y los periódicos andaban en la oficinilla sin ser entregados. ¡Qué portadas aquéllas! ¡Qué tíos, y tías también sin duda, imaginando perversidades! Fui pasando las hojas mientras escuchaba la radio. Estaba solo. Hasta las cinco no se abría. La radio habló y les prometo que no sentí odio ni tuve malos pensamientos. Me embargó una sensación angustiosa. Una desazón que me impedía comprender tanta maldad y tan seguida. Un "¿cómo es posible? ¿cómo puede haber personas así? ¿A tanto llega el fanatismo?".  A los pocos minutos se acabó la siesta de la población reclusa y subí a abrir a los internos de la primera comunicación.


     Los etarras comunicaban los sábados. Era un privilegio que se asentó, por indicación de Madrid, claro está.  Se les abría la celda un poco antes para que compraran en el economato: agua fresca en julio era lo más preciado en Córdoba. Comunicaban todos en el locutorio de mi Módulo. De pronto escuché voces. Me asomé al pasillo que iba del Dos al Cinco y ví cómo venía a paso ligero G. preso de Eta considerado "saborío" por todos, seguido de Pepe el interno de Economato que con una pala de frontón amenazaba con golpearle en la cabeza. Corrí y me puse en medio "Pepeee, ¡qué haces! ¡que te buscas una ruina!". José Gámez se paró al tiempo que G. entraba en el Departamento, al que yo había abierto la puerta de acceso, ya claramente corriendo y me soltó con los ojos rojos : "...¿pues no ha dicho que un fascista menos? Esto no puede ser, esto no puede ser. ¡¡Cómo se puede matar así a una criatura y alegrarse...!!" G. quería parecer malo y sin sentimientos, pero en realidad tenía muchos conflictos interiores. Le dieron una libertad muy contestada en la prensa (estaba condenado a más de 300 años), pero el caso es que sus demonios le arrastraron al suicidio con una escopeta del hermano. U. apareció muerto sin violencia en un saco de dormir dentro de una furgoneta. El que arrodilló a Miguel Ángel Blanco para que Txapote lo asesinara también se suicidó. En estos no se sabe si hubo arrepentimiento de algo. Quien si que renegó de verdad de Eta fue C., que al poco del asesinato del concejal hizo una declaración ante los medios de comunicación desde el rastrillo de la prisión.


      -Don Javier, le han matado en Lasarte, mi pueblo.


      -¿Por qué te metiste en la Eta?
     

-Porque me paraba muchas veces la Guardia Civil sin venir a cuento.
   

F. tuvo vis a vis esa tarde. Volvió al módulo contento. Experimentaba ayuntamientos carnales de los que no había disfrutado durante años. "Hay cosas que parecen tremendas, pero es la única manera de que se escuche al pueblo vasco." Y subió tan campante a la celda.


   Los que escribían y mandaban el Egin a F. tienen una memoria privilegiada. Así lo creen las parcialidades que mandan en el Gobierno. Además, lo ha corroborado El País, y si El País dice, ¡santa palabra!

González-Ruano, la sombra cipresal



Ruano, por Ugalde


ABC AL PASO

La sombra cipresal

CÉSAR GONZÁLEZ-RUANO, “MÁS GRANDE ESCRITOR QUE NADIE, TIENE EL SECRETO DEL ARTÍCULO”


Ignacio Ruiz Quintano

Buscando en la tiniebla del recuerdo, “donde tantas veces brilla el sol de los muertos”, de la guerra de Cuba cuenta Bonafoux que él, periodista que vive de la pluma, está a punto de perder trabajo y pan porque otros periodistas, “que viven de bajezas y chanchullos”, piden “por orden” que se los supriman.

    –No esperé a morir para que me hicieran justicia. Y vivo, fuerte y rencoroso, continúo
    
¿Qué podría decir Ruano? La “salida” de Foxá (“no perdono a los comunistas haberme tenido que hacer falangista”) parece hecha para él.
    
En el 31 Ruano es republicano y relata con regocijo en el “Heraldo” la quema de iglesias. Mientras, Juan Ignacio Luca de Tena, acusado de asesinar a un taxista que se negaba a gritar ¡Viva el Rey!, es encarcelado; al juez sólo le queda sobreseer la causa, pero Luca de Tena es retenido como preso gubernativo, y ABC, del que es propietario y director, suspendido indefinidamente.

    –Un día –cuenta Luca de Tena– me fue anunciada una visita. Era Ruano.
    
“Yo entonces no te conocía  personalmente. Sabía que eras republicano. Tu primer deseo fue el decirme que el día de mi detención coincidió con el día en que dejaste de ser republicano. Porque tú habías sido republicano, me dijiste, porque eras liberal. La misma razón que yo había tenido para no serlo nunca. Durante los meses que pasé entre rejas no me faltó ni un solo día tu amistad y compañía. Y tú, bendito paradójico, que pertenecías al grupo de los triunfadores, desde aquellas conversaciones con un periodista encarcelado te pasaste al grupo de los vencidos. Al contrario que tantos otros, te hiciste monárquico al caer la Monarquía. Fue cuando, en las visitas a los cementerios románticos con Foxá, gritaste ante el ataúd abierto de un vizconde francés, muerto en Madrid después de la Revolución: ‘Vizconde, voy a dar un viva que hará estremecer vuestros huesos. Monsieur le Vicomte, vive le Roi!’”

    –¿Por qué vuelve todo el mundo de Ruano, y no vuelve él? –se pregunta Umbral–. César era más grande escritor que nadie, desde Ramón, escritor puro. Es una sencillez entre Azorín y Baroja, sólo que con el estilo añadido que le falta a Baroja y con la gracia añadida que le falta a Azorín. Tenía el secreto del artículo, igual que Pemán. Los únicos.
    
A la “sombra cipresal” de Ruano (“que era bueno, cosa que nadie sospecha”) en Teide recibe Ullán la señal poética del guioncito para su José-Miguel.
    
Me harán una semana del duro, cuando me muera –se predijo Ruano, “un esteta de la muerte”–. Pero fui de primera, y casi de primera A.
    
Sin discusión, y con más de medio siglo durmiendo a pierna suelta en la Muerte, Ruano es el mejor escritor (pupila y muñeca) de periódico que hemos visto en España. Camino del reportaje del día, con un “Lark” en los labios, a los becarios de los 70 nos cuenta Teodoro Naranjo, el fotógrafo que le servía la foto a la mesa como un lenguado de la actualidad, cómo lo hacía:
    
Don César se ponía la mano en los ojos (¡muñeca y pupila!) y decía: “¡Lo tengo!”
 

César González-Ruano
 

Pero ¿de qué viven los españoles?




LA DECADENCIA EN SUS CUENTAS

Vicente Llorca

Releyendo el excelente La España del siglo de oro, el clásico del hispanista francés Bartolome Bennasar, llegamos a las páginas finales en donde se reproduce la conocida tesis sobre la decadencia del Imperio español, que Bennasar quiere situar en 1648, como fecha simbólica.

1648, año del Tratado de Westfalia. “Alrededor de 1648, un sueño colectivo se desvanece, un milagro cultural se acaba. 1648 es un desenlace”.

Recordemos, a lo largo de su ensayo, la importancia que el historiador de la universidad de Toulouse había concedido a la obra de los tratadistas del siglo XVII, los célebres arbitristas – como Martín de Cellorigo– a los que con frecuencia se ha despachado como autores en principio visionarios; en última instancia, plúmbeos, con sus reiterados memoriales sobre las causas y soluciones a los problemas del país. (Problemas que, una y otra vez aluden a la “despoblación” como síntoma, y razón primera de los males del país). Bennasar, en cambio, defenderá a lo largo de la obra la racionalidad y lucidez de sus diagnósticos, realizados ya desde la fecha temprana del reinado del emperador Carlos, en donde resultaba mucho más difícil aludir a los “males de la patria”, en expresión que siglos después retomará el regeneracionismo del XIX.

Martín González de Cellorigo, decimos. Pero también Pedro Fernández Navarrete, Sancho de Moncada o Juan de Santamaría… Sorprendentemente, aristócratas y vagabundos, hidalgos y pícaros, se unen como blanco de la crítica de los arbitristas en torno a una misma actitud vital. La cual excluye el ejercicio de cualquier actividad vil, que no concuerde con su, en el fondo idéntico, sentido del honor. Esto es, que no excluya radicalmente toda actividad manual.

Comenta Bennasar: “El despoblamiento se completa con el parasitismo de una gran parte de los 'activos' potenciales: en la cima de la jerarquía social los privilegiados por el nacimiento y por la fortuna sitúan su punto de honor en vivir de las rentas, rodeados de numerosos criados, desprecian la mercancía y todavía más el trabajo. Los aristócratas ni siquiera sirven ya, salvo escasas excepciones, en los ejércitos del rey. En la base de esta jerarquía una muchedumbre de ociosos, de mendigos, de pordioseros, consigue su subsistencia de la caridad pública y privada o por medio de actividades ilícitas de toda clase: hurtos, engaños, estafas.”

Y, más adelante, “la proporción de los que trabajan respecto de los que no hacen nada es de uno a treinta”, afirma con exageración, Martín González de Cellorigo.

¿Con exageración? Pudiera ser a finales del siglo XVII. De repente me pongo a pensar en lo que me rodea en este pueblo pequeño y saco la media: por uno que trabaja y cotiza a la Seguridad Social, a Hacienda, y a Arbitrios y Consumos, hay cuatro delegados sindicales, que cobran del Estado. Dos artistas de las tablas, que viven de la subvención de la Junta. Un hombre orquesta que vive de la Sgae. Dos artistas conceptuales que cobran proyectos conceptuales, esto es, afortunadamente irrealizables. Un liberado a sueldo de la sociedad de artistas conceptuales. Cinco que viven del subsidio agrario. Una familia –cuatro en total– que trapichea. Y seis jóvenes que ni trabajan ni estudian.

¿Y el resto?, dirá algún reformador. El resto, hasta completar los treinta, está en el paro. Para eso están los sindicatos, me responderá el reformador.

Pues no. Los sindicatos están demasiado ocupados en realizar una profunda revisión de la historia de España. La cual excluye desde luego, en principio, a los arbitristas; en segundo lugar, a los hispanistas franceses; en tercero, a todo hispanista, catedrático o no; y en cuarto, a la propia historia.
 
[Abril, 2010]
 
 

Jueves, 7 de Julio

 


Hojas de yerba

miércoles, 6 de julio de 2022

Ramiro de Maeztu: "Ser es defenderse"


 
Ramiro de Maeztu, en El Sol, por Bagaría


 
Ramiro de Maeztu, en ABC, por Sirio


ABC AL PASO

"Ser es defenderse"

RAMIRO DE MAEZTU, DEL ANARQUISMO AL TRADICIONALISMO
 Y DE AQUÍ AL PAREDÓN


Ignacio Ruiz Quintano

Vitoriano, hijo de cubano e inglesa, Ramiro de Maeztu es hoy el Instituto de la mejor serie B española (Jesús Franco y Paul Naschy son ex alumnos), y ésa es la posteridad del hombre de “Defensa de la Hispanidad”, asesinado en las sacas del 36 “por escribir en ABC” (en el mismo mes de octubre tiene la humorada de enviar al secretario de la Española, Julio Casares, una tarjeta manuscrita excusándose de no asistir a la sesión inaugural del curso por encontrarse “detenido gubernativamente”). No le vale su “Ser es defenderse” aprendido en Inglaterra.
    
Maeztu empieza en el anarquismo y termina en el tradicionalismo, pasando por el pragmatismo americano y la “estabilidad”:

    –El ideal mío es un pedazo de tierra –escribe en “El Sol” del 21–, limitada por una cerca, y en el centro una casa, donde haya una escopeta con que descerrajarle un tiro al primero que cruce la cerca sin pedirme permiso. Es un ideal tan modesto, que hay pueblos donde lo realiza la mayoría del sufragio universal. Pero, modesto y todo, es el secreto de la estabilidad de las naciones.
    
Maeztu y Ortega se alternan en los editoriales de “El Sol”. Ortega, que políticamente es un giróvago liberalio (¡su ídolo es Mirabeau!), dedica fraternalmente a Maeztu su primer libro, y (España, España) borra su dedicatoria en ediciones posteriores. Pero en la autopsia de la Restauración Maeztu es más certero que Ortega: para Maeztu, en la obra de Cánovas se nota el pesimismo.
    
Un optimista hubiera fundado la Restauración en la verdad. Un pesimista prefirió fundarla en el falseamiento de las elecciones a base de caciquismo.
    
En el 27 renuncia a “El Sol” (“desgarramiento doloroso”, dice el periódico), que editorializa la teoría de la incompatibilidad entre catolicismo y democracia (?), y en pleno período prerrevolucionario llega a ABC, donde en el 31 lo conoce Ruano, para quien Maeztu es un hombre honrado y arbitrario que se pasa la vida en los extremos, “como un energúmeno”.

    Yo sabía que don Ramiro encontraba absurdo que a mí se me hubieran contratado diez artículos al máximo precio, pero no me di nunca por enterado. Una vez me dijo: “Que a usted, por joven, y a mí, por viejo, nos paguen relativamente bien, es lógico. Pero ¿y a Fulano?
    
A Maeztu le obsesiona “eso del dinero” (¡su “sentido reverencial del dinero”, que tanto juego ha de dar a Camba!) e inventa un pecado, el “pecado del despilfarro”, en el que nunca ha incurrido, según se malicia Ruano, que al enterarse en Roma de su salvaje muerte descubre que lo quería más de lo que hubiera querido.


Lista provisional
 de asesinados de ABC en el 36 (1)
 

Lista provisional
 de asesinados de ABC en el 36 (2)

     
Maeztu viaja de Kant al espíritu y del espíritu a la fe, y en el instante definitivo dice a sus asesinos (hijos de un “pueblo intermitente que no sale de la atonía sino para caer en la pasión”):

    –Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero.

    
Son palabras, en semejante trance, inimaginables ahora en nuestros Colosos del Periodismo Enmoderado.
 

Ramiro de Maeztu

Del “bridge” al tute

[PARA ENTENDER EL HEN PARTY MINISTERIAL EN NUEVA YORK]


Había que hacerse nuevamente con el Poder por las buenas o por las malas, y una vez dueños de él, asegurarlo muy aseguradito. ¿Qué era lo que se oponía al disfrute del Poder por los hombres del 14 de abril? ¿La clase media? Pues se la destruía. ¿El Ejército? Pues se lo desorganizaba. ¿El clero? ¿La aristocracia? Pues se acababa con la aristocracia, con el clero y con la industria. ¿España, en fin? Pues se hacía polvo a España, y asunto concluido 
 




Julio Camba
Sevilla, 29 de enero de1938

    Vuelvo a mi tema sobre los hombres del 14 de abril. Se iba muy a gusto, no cabe duda, en los coches oficiales de la República. Los de la Monarquía eran ya bastante buenos, pero la República se había propuesto renovar a España, y, como por algo tenía que empezar, empezó por los coches oficiales. Marcas nuevas. Modelos nuevos. Carrocerías novísimas... Cada coche estaba provisto de un aparato de radio con el que, según decían los entusiastas del régimen, se podían oír las emisoras japonesas en plena carretera de Extremadura, y aunque en esto no hubiese ninguna ventaja especial y fuese mucho más cómodo oírlas en casa, la idea de oírlas en la carretera ejercía verdadera fascinación sobre aquellos potentados de última hora.

    ¿Se imaginan ustedes la tristeza de ir en taxi, cuando no en el Metro o el tranvía, después de haberse habituado a unos coches tan soberbios? ¡Ir en taxi, señores, y por si esta humillación fuera poca, tener que echarse la mano al bolsillo del chaleco y pagarle al chófer la carrera como el común de los mortales que, sólo mediante estipendio y de una manera mercenaria, pueden disfrutar de los bienes de la vida!... ¡Ir en taxi y verse obligado, para matar el tiempo interminable de la cesantía, a jugar al tute en el Círculo de Bellas Artes, precisamente cuando uno empezaba ya a soltarse un poco en el bridge! ¡Tener que abandonar los brillantes salones de las Embajadas para comer, a lo sumo, en el Achuri o el Baviera, donde, a lo mejor, el mozo le trataba a uno de camarada! ¡No ser ya vuecenciado gorra en mano por los guardias, ni por los porteros, y peor aún que todo ello volver al café; volver, por recurso ineludible, a ese medio social, muy democrático, sin duda, y perfectamente igualatorio, pero en el que bien podrían establecerse algunas diferencias a favor de los prohombres demócratas y de los verdaderos partidarios de la igualdad!...

    –¡Acabemos con la política de café, plaga del gobernante! –había dicho un día desde el banco azul don Manuel Azaña.
  
Y después de haber dicho esto, ¿con qué humos querían ustedes que volviese al Regina a reunirse con Luis BelloAmós SalvadorSindulfo de la Fuente y demás políticos cafeteriles de su tertulia? ¿En qué estado de ánimo podría el hombre reintegrarse a su vida de siempre?

    Luego había las familias. Las familias que ya se habían habituado al coche, a las recepciones de palacio, a la conversación de los diplomáticos extranjeros y, sobre todo, a la envidia. Se habían hecho a la ilusión de ser envidiadas, después de haberse pasado toda la vida envidiando, y ahora dejaban de ser objeto para volver a ser sujeto de esa devoradora pasión que, al decir de Quevedo, está siempre flaca, porque muerde y no come.

    Era demasiado. Había que hacerse nuevamente con el Poder por las buenas o por las malas, y una vez dueños de él, asegurarlo muy aseguradito. ¿Qué era lo que se oponía al disfrute del Poder por los hombres del 14 de abril? ¿La clase media? Pues se la destruía. ¿El Ejército? Pues se lo desorganizaba. ¿El clero? ¿La aristocracia? Pues se acababa con la aristocracia, con el clero y con la industria. ¿España, en fin? Pues se hacía polvo a España, y asunto concluido...

    Y ya sé que en esta exégesis de la Revolución que estamos combatiendo, yo sólo tengo en cuenta factores puramente materiales, pero es que no hay otros. Aquel judío petulante, sabihondo y barbudo que se llamaba Carlos Marx creó la interpretación materialista de la Historia y, naturalmente, tanto los socialistas como los socializantes, procuran no desautorizarlo jamás con su conducta.

 HACIENDO DE REPÚBLICA
EDICIONES LUCA DE TENA, 2006

Luego había las familias. Las familias que ya se habían habituado al coche, a las recepciones de palacio, a la conversación de los diplomáticos extranjeros y, sobre todo, a la envidia. Se habían hecho a la ilusión de ser envidiadas, después de haberse pasado toda la vida envidiando, y ahora dejaban de ser objeto para volver a ser sujeto de esa devoradora pasión que, al decir de Quevedo, está siempre flaca, porque muerde y no come


 

Miércoles, 6 de Julio

 


De oídas

martes, 5 de julio de 2022

Asufutimaehaehfutbw

 


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Lo acaba de anunciar el Líder del Mundo Libre en declaración solemne en los jardines de la Casa Blanca:


    –Estados Unidos es una nación que se puede definir en una sola palabra: “asufutimaehaehfutbw”.
    

¿“Asufutimaehaehfutbw”? Si lo hubiera dicho en la plaza de toros de Las Ventas, famosa por su megafonía Kraftwerk, que transforma cada palabra en un compás de Radio-Activity, pensaríamos que Joe Biden anunciaba un minuto de silencio a la memoria de algún finado famoso (“No es cualquier legaña de mico el que llega al Salón de la Fama”, diría el campeón Kid Pambele), pero lo ha dicho, con atril, en los jardines de la Casa Blanca y junto a Kamala Harris, con lo que todo adquiere un aire a bosquecillo sagrado de Nemi, en Roma, cuyo sacerdote sabía que, más pronto que tarde, sería asesinado por alguien deseoso de sucederlo en el cargo, según el delicioso ensayo con que sir James George Frazer fundó la antropología. Al concentrarse para pronunciar “Asufutimaehaehfutbw” (¡su definición de América!), Sleepy Joe, ese hallazgo trumpista, se quita una legaña, que es su forma de decirnos ojo al dato.
    

“Asufutimaehaehfutbw” fue una vez los Estados Unidos de América que inventaron, sin conciencia de ello, lo que Hamilton llamó “democracia representativa”, surgida de su Constitución federal, la única que separa los poderes, fundamento del sistema: ejecutivo (elección directa), legislativo y judicial (autoridad más que poder), como aclara el propio Hamilton:


    –El poder judicial no influye ni sobre las armas, ni sobre el tesoro: no dirige la riqueza ni la fuerza de la sociedad, y no puede tomar ninguna resolución activa. Puede decirse que no posee fuerza ni voluntad, sino únicamente discernimiento.
    

La mal llamada “sentencia del aborto” de la Corte Suprema no trata del aborto, cuestión que le es ajena, sino de la separación de poderes, cosa ininteligible fuera de América: la Constitución se limita a establecer las reglas del juego político, y el aborto no es un derecho constitucional, como dictaminaron, usurpando funciones, los jueces (por cierto, republicanos de Nixon) del 73, usurpación que ahora la Corte remedia devolviendo a la voluntad del pueblo de cada Estado la decisión de abortar.


    La ruidajera de la izquierda americana, con el apoyo feminista de Lewinsky (“fuck you roberts. fuck you thomas, fuck you alito. fuck you kavanaugh. fuck you gorsuch. fuck you coney barrett”, tuiteó) o Villacís (la prestigiosa jurista que nos recuerda su “Hanger Street” en Virginia), es otra cosa. A la izquierda no le gusta la Constitución federal, pues impide mandar a gusto (para eso se redactó: que los poderes se maten entre ellos para que el ciudadano duerma tranquilo, lo resumió Madison), y por una gatera quiere sacar de ella el verdadero derecho constitucional a portar armas (el pueblo que delega su defensa renuncia a su soberanía, que pasa a ser del portador) y por otra gatera quiere meter (y metió) el falso derecho constitucional al aborto.


    En una palabra: “Asufutimaehaehfutbw”.

[Martes, 28 de Junio]

Martes, 5 de Julio

 


Cave canem

lunes, 4 de julio de 2022

El medio siglo de ZZ



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Zinedine Zidane cumple medio siglo, que son cincuenta años, y ha ido a “L’Equipe”, que es “El Chiringuito” para intelectuales franceses de jersey de cuello alto, a contar sus memorias.
    

“Mi medio siglo se confiesa a medias”, tituló Ruano las suyas a la misma edad de Zidane, apodado el Monje, como un rey de Aragón. Tener presencias de más de medio siglo es para Ruano como vivir entre sombras. Por mucho sol que haya.
    

¡Cincuenta años! En “El mundo de ayer” cuenta Stefan Zweig que entre 1900 y 1914 nunca vio citado el nombre de Paul Valéry como escritor ni en “Le Figaro” ni en “Le Matin”; para que nos hagamos una idea, “Marcel Proust pasaba por un pisaverde de salón y Roman Rolland por un musicólogo erudito: tenían casi cincuenta años cuando el primer tímido rayo de fama iluminó sus nombres y habían creado su gran obra en la sombra, en medio de la ciudad más curiosa e intelectual del mundo”.


    Fuera de esa ciudad, cuyo club lo quiere de entrenador, creó su gran obra Zidane, y lo hizo a la luz del Bernabéu, donde levantó cuatro Copas de Europa, una como jugador y tres como entrenador. Podían haber sido cinco, que el “5” es su número cabalístico, pero la música se cortó y la culpa fue del cha-cha-chá. Número andrógino, por ser impar y masculino y contener una parte femenina y par, pero, en cualquier caso, número esférico y circular, ya que en cada multiplicación se recupera a sí mismo y continúa al final del número que resulta. Misterios zinedinescos de un futbolista que con pies de Gargantúa se movió por el campo como una bailarina con pies de loto. Pero es normal que una estrella como Zidane, que puso su carrera en manos de un Visitante Nocturno que lo guiaba, se agarre a un número, aunque sea de mala rima, como el “5”, para comprender las cosas extraordinarias  que le han sucedido. Cinco años en la Juve, de donde lo sacó Florentino Pérez en la famosa noche monegasca de la servilleta, tan famosa como la de Felipe IV bajo la cual deslizó Quevedo los versos sobre los tronchos de coles que le costaron la cárcel. No muy lejos de allí sedujo el truhán Junot a la bella Carolina por el hábil procedimiento de reajustarle la talla del vestido en una gala de la Cruz Roja. En cinco años cifraba Cruyff el ciclo en un club de las estrellas, por la misma regla de tres que Ortega, el Cruyff de la divulgación filosófica, cifraba en quince una generación cultural.
    

Después de los cinco años en la Juve, Zidane se apuntó a otros cinco años en el Madrid, donde vivió cinco Champions (él se incluye en la Décima, la del himno de boda, y no de Fígaro, como segundo de Ancelotti), y con el número “5” a la espalda, que era el número que quedaba libre cuando llegó él, que fue atando cabos con la numerología como un Pitágoras de la vida (que no es lo mismo que un Pitagorín de la escuela de entrenadores, como Álvaro Benito).
    

Cuando voy a un hotel, si me alojo en la quinta planta gano el partido.
    

Pero para eso necesita de un equipo ganador. De Pitágoras sabemos que compraba a los pescadores su redada mientras la red estaba aún en el agua, y luego devolvía al agua todos los peces capturados. Zidane prefiere esperar a ver qué clase de peces hay en la red: “Si vuelvo a un club, es para ganar. Lo digo con toda modestia. Por eso no puedo ir a cualquier parte”. Y por eso espera a la Selección de Francia.
    

El medio siglo de Zidane (¡Zidane confesándose a medias!) pasa desapercibido por el ruido mediático de las declaraciones de Pedri sobre “fúpbol” y los tuits de Lineker sobre racismo. En alusión a los triunfos del Madrid, club que lo desechó, Pedri, que no sabe lo que es ganar, dice que lo importante no es ganar (lo que hace el Madrid), sino cómo se gana (como, al parecer, hace el Barcelona, que este año no ha ganado nada). Aquí podemos aplicar a Pedri la metáfora escogida por Rio Ferdinand para explicar la actitud pasmada de Varanne en su etapa en el United: “Está sentado como un conejo deslumbrado por los faros y pensando ‘vaya, ¿qué es esto?’”.
    

Después de todo Pedri tiene 18 años, pero Lineker tiene 61, y ha ido a la TV a confesar, como un Rhodes sin piano, que sufrió abusos racistas en la escuela y un par de veces durante su carrera futbolística por su “piel oscura” en Leicester, mereciendo un tuitazo de Nigel Farage:
    

Oh please, GaryLineker. I know you suffer from guilt, but this is simply ridiculous.



 
AISLADOS Y DE RODILLAS


    Todo el mundo quiere ser Elon Musk, y al famoso emprendedor burgalés Sancho, que puso al San Pablo Burgos de rodillas para pedir perdón por el descenso, se une ahora el asesor portugués Luis Campos, un Superlópez contratado por el PSG que propone “aislar” a los futbolistas que no quieran salir del club. La pandemia ha traído muchas ideas: “Se les sacará del grupo, se cambiarán en otro vestuario, se les quitará la plaza de aparcamiento...” ¡Es la disciplina! Y lo que se persigue con esta disciplina de guerra es que los jugadores “sientan los colores”, como Mbappé, y no como Kurzawa, que no juega, y que un día llegó en su Ferrari quince minutos tarde al entrenamiento y no le abrieron la puerta. 

[Lunes, 27 de Junio]

Lunes, 4 de Julio

 

 

Lunes

domingo, 3 de julio de 2022

Remembranzas trevijanistas X


 

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica


Trevijano veía a los partidos necesarios como asociaciones de carácter civil que estructuraban y organizaban las distintas corrientes políticas, ideológicas o de mundivisión que recorren la sociedad. Pero se opuso siempre frontalmente al carácter estatal que tienen los Partidos en España, parangonables a partes de la Administración del Estado en que sus cuadros son similares a funcionarios.

Los partidos, estos partidos, no pueden ahogar la libertad política de los particulares. Ellos articulan el pensamiento político, pero no protagonizar la libertad política. De lo contrario viviremos en un totalitarismo oligárquico- me dijo un día.

De acuerdo a varios trabajos periodísticos rigurosos publicados en distintos periódicos (ABC, El Mundo, El País, etc.), los partidos políticos españoles cuestan al Estado más de 700 millones de euros, con independencia del coste de los procesos electorales. Hay muchos y muy importantes Departamentos del Estado que cuestan menos. Este hecho mismo pervierte la pretendida esencia filantrópica de los partidos, pues pasan de ser asociaciones privadas con fines políticos a ser voraces instituciones públicas o departamentos del Estado. Y no sólo se han hecho propietarios del Estado de acuerdo a su tirón electoral, sino que también viven exclusivamente de él, como algunas ONGs corruptas. Y se ha llegado a esta “degringolade” política no por casualidad, sino fatalmente, porque no podía ser de otra manera. El salto cualitativo que ha resultado desde el franquismo a la partidocracia se traduce en que en la dictadura se rendía pleitesía a uno solo, y hoy se da una masiva adulación mamporreril a los líderes de los Partidos, de tal nivel, que la dignidad pública ya no existe en nuestro país. Y sin dignidad pública, el pueblo consentirá siempre la corrupción, tal como ya dijese nuestro admirado Manuel Fraga Iribarne, quien comiendo un día con Trevijano, nuestro héroe lo puso tan nervioso con la ruptura política que el fogoso gallego tiró todo lo que había en la mesa al suelo. Encuentro de dos grandes españoles discrepantes. Hoy combaten almas enanas.

La Democracia ateniense no sólo no contemplaba la posibilidad de que hubiese partidos o asociaciones políticas, sino que persiguió con toda la fuerza de la ley (nómos) cualquier estructura política que mediara o se interpusiera entre el simple particular, el ciudadano de a pie, ordinario y particular, el “idiôtês”, y el Gobierno de la pólis. Cualquier ciudadano podía llevar a debate su “particular” visión sobre el mundo y dar propuestas concretas no probouleumáticas –no discutidas en el Parlamento o Boulê
. Era el idiôtês aislado, totalmente singular, quien influía o se dejaba influir por los otros idiôtai en la Asamblea o en Los Tribunales, sin la participación de ninguna estructura mediática como los partidos. Más aún, la Democracia ateniense siempre persiguió con toda su fuerza a las “hetaireiai”, especie de sociedades de “niños bien”, “niños pera”, “barbatuli iuvenes”, en el sentido de clubes políticos, antecedentes claros de nuestros partidos políticos. Miembros de estos clubes, como Ergocles y muchos más, fueron condenados a muerte por la Democracia ateniense, que veía en estas sociedades minoritarias y conspiradoras contra las visiones del pueblo, deseosas de asaltar el poder, el peligro de “oligarquizar” la política, usurpando el poder directo a los idiotas, entraña misma de la Democracia.

Por otra parte, es lógico que en las democracias antiguas, en las ciudades-estado, en donde participaban directamente en la cosa pública tan masivos contingentes de ciudadanos, no hicieran falta para nada –aparte de representar un atentado usurpador contra el ideal democrático– los partidos políticos. El partido político sólo comenzó a tener sentido y a usurpar las funciones de los “idiôtai” cuando la inmensa mayoría empezó a desinteresarse de la política, considerándola algo totalmente ajeno a sus intereses privados y a su tranquilidad anímica, máxime cuando a partir de Alejandro las grandes decisiones políticas comenzaban a tomarse en instancias que estaban muy por encima de la pólis. En Atenas y en la Roma republicana había interés en que nadie quedara fuera de los “deberes” políticos, y vivir retirado de la política se consideraba como una deserción. En nuestro tiempo no sucede lo mismo. No es de temer que la ausencia de algunos espíritus tranquilos, amigos de la paz y del sosiego, deje un vacío sensible en esas filas apretadas de aduladores obedientes codiciosos que se precipitan de todas partes al asalto del poder. Además, se piensa hoy que, fuera de la vida pública, hay mil maneras de servir a la patria, sobre todo cuando tu voz es ahogada por las horrísonas y bárbaras orquestas de los partidos. Pero los griegos y los antiguos romanos no conocían otra. Entre ellos, un verdadero ciudadano no tenía más que una manera de emplear su actividad, y era desempeñar funciones políticas. Es lo que se le hacer decir a Escipión en la República ( I, 22 ), de Cicerón: “Quum mihi sit, unum opus hoc a parentibus maioribusque meis relictum, procuratio atque administratio rei publicae…”, etc. Para atenienses y romanos, hacer otra cosa era no hacer nada: llamaban ociosos a los sabios más trabajadores, y no se les ocurría que, fuera del servicio al Estado, pudiera haber algo que valiera la pena de ocupar el tiempo de un ciudadano. Pero en la actualidad, con la apropiación y secuestro de la cosa pública por parte de los partidos voraces y acaparadores de lo público, y otras organizaciones jerarquizadas como sindicatos, al “idiôtês”, al ciudadano “de a pie”, se le veda la posibilidad de participar directamente en la gestión de los intereses de todos.

Hoy la partidocracia abusa del aparente hecho de que la Democracia sería impracticable sin ellos, al menos como forma de gobierno, y que sin ellos la democracia representativa de tipo hamiltoniano sería inviable, y estos hechos son generalmente seguidos por el manido argumento de que una Democracia sin partidos que la gestionen hoy sería totalmente imposible debido al tamaño de los estados modernos, recordándose que la República Romana cayó ante el hecho de que el funcionamiento de la democracia propia de una ciudad-estado como era Roma se hizo inviable tras la expansión territorial de las legiones. Pero los estadistas más integristas del liberalismo y conformes con “lo que hay” tienden a pasar por alto el hecho de que la tecnología moderna y la digitalización educativa de gran parte de la población mundial han conseguido que la vuelta a la Democracia directa –la única verdadera democracia, no nos engañemos– sea un hecho perfectamente posible –aunque los actuales gozadores del gobierno no lo deseen
. Así, por ejemplo, B. Holden, en su ya antigua pero interesante obra, “The nature of Democracy” ( Londres, 1974 ), sostiene que la democracia directa “podría ser un sistema en donde, por ejemplo, los televidentes, después de seguir algún tipo de debate o presentación de proposiciones políticas, votaran directamente sobre las cuestiones planteadas desde sus terminales perfectamente identificados”. Esto significaría la vuelta a los radiantes tiempos de Pericles. Pero el problema que aún no ha podido resolver la tecnología es el de que, tal como nos señalaba con realismo García-Trevijano, quién hace las preguntas.

[El Imparcial]

Domingo, 3 de Julio

 

 

Un banco

"Mirad que os envío como corderos en medio de lobos"

DOMINGO, 3 DE JULIO

 

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

-La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”. Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad.


Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo:

-Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.


Lucas 10,1-12.17-20

sábado, 2 de julio de 2022

Javier Bueno, el hombre que entrevistó a Hitler


Los neutrales, por Sileno


ABC AL PASO

El hombre que entrevistó a Hitler

JAVIER BUENO/ANTONIO AZPEITUA, 300 CRÓNICAS FRENTE POR FRENTE, DESDE EL SOMME HASTA GALLÍPOLI


Ignacio Ruiz Quintano

    Javier Bueno hace en 1914 lo que Tom Wolfe dice en los 60 para resumir el tabarrón del Nuevo Periodismo: “El periodismo es el motel donde pasar la noche camino del destino: la Gran Novela.”
    
Bueno nace en La Coruña en el 83, y en 1906 marcha “A París en burro”, viaje cómico-trágico contra la velocidad del futurismo que todavía está por nacer, un echarse a andar a la gallega (“¡ahí está Cela, con su viaje a la Alcarria!”) cuyas crónicas son bendecidas por un éxito popular (la España de la boina bizqueando entre el burro y la torre Eiffel) que lo pone a tiro de “Mundial Magazine”, el lujo revistero de Rubén Darío, a quien Bueno salvará la vida en Brasil en una trifulca a punta de navaja, aventura narrada en su autobiografía “Diálogo con el que se fue”.
    
Bohemio y anarquista sin causa (justificada), Javier Bueno intima con Baroja y un día lo llama Luca de Tena:

    –Va usted a demostrar que es un periodista europeo: infórmenos de la guerra. Y mis instrucciones serán éstas: veracidad, interés y rapidez.
    
Es cuando, frente por frente, Javier Bueno se convierte en Antonio Azpeitua, que “tuerce” por los soldados alemanes y ridiculiza a los periodistas americanos, a los que niega el “talento artístico” de los europeos:
    
Lo que más sorprende de estos colegas es que alguna vez escriben.
    
Primero, los hechos. Luego, las ideas. (¡Lo “factual” con un siglo de adelanto!) En el viejo Nuevo Periodismo, lo mismo que en la vieja Revolución Francesa, los hechos posteriores dan sentido a los anteriores sin ser sus consecuencias necesarias. Es la Historia.
    
¡Voy a contar cómo se desarrolla la tragedia más gigante que presenciaron los hombres! La Historia, que tantas mentirillas permite a los historiadores, conmigo se muestra demasiado rigurosa. ¡Nada de fantasías!
    
De Javier Bueno quiere burlarse Rivas Cherif, el mismo que luego, enchufado de asistente del presidente del Gobierno, Azaña, su cuñado, relata su juerga en la quema del convento de jesuitas en la calle de la Flor: describe, letraherido, el corro danzante de alegría de mozalbetes, y, mezclándose a ellos, famosos, “como el poeta festivo Luis de Tapia, mi casero y amigo, siempre juvenil, a quien me uní en la chocarrera zarabanda”:
    
No ha comido caliente hasta convertirse a la germanofilia –escribe de Bueno con maldad azañil.
    
Unas trescientas crónicas de guerra envía Javier Bueno para ABC, desde el Somme hasta Gallípoli. Presenta el conflicto como una lucha de la pedagogía alemana contra la rapiña inglesa, y los franceses protestan:
    
¿Qué quieren los franceses? –pregunta Luca de Tena–. Doy cabida a todos los escritores que les defienden. Azorín publica sus “Páginas de un francófilo”. Gómez Carrillo, Manuel Bueno
   
 Pero ése es el éxito de ABC: ofrecer por un “perro chico” un periódico con toda la información y completa independencia de juicio en las cuestiones políticas. Bueno, que entrevistará a Hitler en el 23, cubre la corresponsalía berlinesa hasta su retiro patriarcal en Suiza.

Javier Bueno/Antonio Azpeitua

Sábado, 2 de Julio

 


Ladrillos vistos

viernes, 1 de julio de 2022

Adiós a Toribio

 

 

Cerrado por jubilación

30 de Junio de 2022


Los Toribio


 Los rabos

***

[Crónica de Febrero de 2010]



José Ramón Márquez

Hacía más de un año que no volvía por Casa Toribio. El otro día almorcé allí con las señoritas A. y A. Como es natural, había encargado cabrito, que no he encontrado a nadie que lo haga más a mi gusto. Lo sirve en su fuente de barro con unas patatas fritas por encima, con su salsa, que pide pan, y le consigue dar un color a la piel que parece pintada o lacada. Siempre lo acompañamos con una ensalada de escarola, que nos aliña el propio Toribio.

En este tiempo que he estado sin ir por allí, ha incorporado a su carta un plato que tiene un concepto muy moderno. Entiendo aquí moderno en el sentido del esfuerzo innovativo de muchos restaurantes para transformar en caro algo que es barato de por sí, mediante la adición de algún ingrediente mágico con propiedades ‘carificadoras’. Para entendernos, lo que hacen en Ars Vivendi con el tartufo bianco, que te ponen los spaghetti del Lidl y les echan las raspillas de trufa y su precio se eleva cual globo sonda. Bueno, pues Tori, que es de Zamora, ha concebido, a su modo, un plato de esos. Se trata de una base de patatas fritas sobre las que van unos huevos fritos y unas virutas de jamón pasado por la sartén y, sobre ello... un puñadito de angulas. Ésta es su forma de sumarse a las modernas tendencias. Al menos Toribio pone en ello un gran rasgo de humor, pues titula su invención con el nombre de ‘El Rejonazo’, para que nadie se llame a engaño, y eso es siempre de agradecer.

Turnismo y bipartidismo

A dos mil euros el selfi

 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La oligarquía de partidos-lapa en el Estado fue una imposición del ejército de ocupación a la Europa derrotada. Un sistema de control para la guerra fría: elimina la política (la conquista del poder) y la sustituye por el consenso (reparto del poder mediante pacto o corrupción). El pueblo no decide nada, pero se le vende que lo decide todo, y siendo necio, lo compra. Su necedad se nutre de la guerra cultural entre la Komintern de Willi Münzenberg y la CIA de Michael Josselson, con su plan de engorde para intelectuales (los famosos liberalios) de la socialdemocracia, donde militan todos (¡aquel Julián Andía de Tierno!).
    

Y ahora, conectamos en directo con la guerra fría de la cultura –era un gag de la BBC.
    

Los ingredientes de la oligarquía de partidos son dos colas de león (coleo de derecha a izquierda) y muchas cabezas de ratón destinadas a la extracción de dinerales. Al colear de las colas por turno llaman bipartidismo, cuando ni siquiera sería turnismo, como el de la Restauración, que ya era malo, visto por Galdós: “Los dos partidos son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos...”
    

Bipartidismo es otra cosa. La grandeza americana de los Founding Fathers fue admitir el fracaso de su primera Constitución, confederal y parlamentaria, y elaborar la de la Convención en Filadelfia, federal y presidencialista, de elección directa y separada, invento que al reducir a dos las opciones trae por consecuencia el bipartidismo, que es, como la mayoría absoluta (enemiga de la oligocracia), un distintivo de la democracia.
    

Bipartidismo y mayoría absoluta constituyen anomalías graves en la partidocracia, de sistema proporcional, que el Régimen, que está muy bien vigilado, se apresura a corregir, y ahí tenemos las obras maestras de Podemos y de Vox como tapagrietas del montaje, que han conseguido devolver al corral a las churras y las merinas que se habían desengañado del cuento, con lo que hablar aquí de bipartidismo es ignorar bajo qué régimen político se vive. El sistema proporcional, que disuelve la conciencia nacional, da por sentada la imposibilidad de la democracia.


    Sin presidencialismo, pues, no hay bipartidismo (ni división de poderes, claro). Pero ¿sería compatible con la Monarquía?


    –Una Monarquía presidencialista es democrática. Una República parlamentaria es oligárquica –concluyó el genial autor de la “Teoría pura de la República”, que en el 74 entregó al Conde de Barcelona un proyecto constitucional de Monarquía presidencialista (nada que ver con “la monarquía futurista” de Yarvin) que a Maurice Duverger, con quien lo consultó Don Juan, le pareció “que habría hecho soñar a Benjamin Constant”.


    Poco nos suben los impuestos.

[Viernes, 24 de Junio] 

Viernes, 1 de Julio

 

 

En cualquier dirección