lunes, 5 de julio de 2021

Un sombrero para "saludá"

 

 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Pemán topó una vez en Córdoba con un mendigo que le pidió una limosna para comprarse un sombrero. Arrogándose, decía, ese derecho de dar consejos cuando se da una limosna, dijo al mendigo que más valía que se comprara una rosca que no un sombrero. Pero el mendigo le replicó magníficamente:
    

Entonces, señorito, ¿cómo voy a “saludá”?
    

Admirable espíritu, se admiró el escritor, el de esta raza vieja, culta y ceremoniosa que necesita llevar sombrero para podérselo quitar.
    

Me vino esta escena al ver a los futbolistas de España, ese Combinado Autonómico del Trío Los Elegantes (Rubiales, Molina, Luis Enrique), pasar como burros cabeceantes ante un grupo de aficionados, muchos de ellos niños, que los aclamaban a la salida de un hotel en Sevilla, la ciudad donde Manolete, que se hospedaba en el “Inglaterra”, cruzaba la Plaza Nueva vestido de veracruzano y seguido por una multitud de chavales aclamándolo. ¿Cómo puede ser que Pedri haya llegado a ídolo de alguien que acude a saludarlo y Pedri pase por delante ignorándolo?
    

¡Idiotas, que soy burgués! –contestó desde la ventanilla del tren que lo llevaba a un mitin en Valencia el politiquín alcalaíno, e ídolo de Aznar, Azaña, cuando lo vitoreaban los descamisados y le pedían la revolución.
    

Un arisco profesional como Schopenhauer, amargado socialmente por una vieja que tenía de vecina, compara la vida de los hombres con la de los puercoespines, que nunca daban con la distancia idónea para darse calor sin pincharse hasta que inventaron la cortesía.
    

El propio Pemán contaba que en un besamanos de Pascua en El Escorial, durante la guerra civil, el general Petain, que era embajador de Francia, se cuadró delante de Franco y levantó el brazo al modo fascista. Le preguntaron por qué lo había hecho, y respondió:


    –Pour enmerder les autres!
    

¿Querían “enmerder” a alguien los “jóvenes millonarios” (expresión del periodismo deportivo cuando se pone demagógico) que se hicieron los marmolillos ante la algarabía popular de Sevilla?


    España ha dado grandes negadores del saludo. En América preguntaban por qué Américo Castro y don Claudio Sánchez-Albornoz se negaban el saludo y alguien explicó a los americanos que por cuestiones de monarquía:


    –¡Pero de la de Recaredo!
   

 ¿Guarda Pedri el rencor de Recaredo? Baroja presume en sus memorias de haberse encontrado en un viaje con Maeztu y Unamuno, pero que los evitó por no saludarlos. El canario Vicente Marrero, biógrafo de Ortega y Maeztu, cuenta que Ortega se cruzó con Maeztu en la escalera de una casa y tampoco se saludaron, anécdota que pone en solfa la etiqueta de “generación”. Si cuesta ver “equipo” en un grupo cuyos miembros no se saludan, ¿qué decir de un equipo que niega el saludo a sus clientes?
    

Nosotros somos productores de contenidos –dijo un día José Ángel Sánchez, ceo del Madrid, a Ancelotti, su entrenador.
    

Molina y Luis Enrique serían los productores de contenidos de “la Rojita” de Rubiales, cuya estrella, Pedri, un futbolista del toreo moderno (pases “patrás” y “pafuera”, en vez de “palante” y “padentro”), pasa sin saludar entre su público, como un israelita con orejeras entre las aguas del Mar Rojo.
    

¿Qué quiere usted, que la Federación sea una escuela de cortesanía austriaca?
    

No, y tiene más posibilidades de ganar la Eurocopa que de convertirse en eso. Mas conviene preguntarse a quién se deben los futbolistas. ¿Al público? ¿Al presidente?
    

Los del Combinado Autonómico de Pedri, cuyo capitán es Jordi Alba, no creen deberse a nadie; si acaso, a sí mismos. Ancelotti, en cambio, el hombre de fútbol en activo con más experiencias, es partidario de deberse al presidente, y ha pasado por Berlusconi, por Abramovich, por Al-Khelaifi y por Florentino Pérez.
    

Con Berlusconi aprendí que mi trabajo era complacerlo. Aprendí que ningún sistema es más importante que el presidente.
    

¿Y qué quiere un presidente? Ganar. ¿Cómo? Con “fútbol atractivo”. Sea. Eso pasa por decisiones a corto plazo y tácticas. Ancelotti se tiene por un hombre práctico porque “me inclino por coordinar estrategias, políticas e incluso caprichos de los propietarios”.
    

A menudo me han preguntado por qué el Real Madrid contrató a Mourinho –anota Ancelotti en sus memorias–. La respuesta es sencilla: querían derrotar al Barcelona.


    Hoy estamos en otra cosa. El “entrenaor” como “agradaor” y un sombrero en la cabeza para “saludá”.


Saludo de Eric Cantona


EL ENTRECEJO DE EFFENBERG


    Stefan Effenberg, ex capitán del Bayern de Múnich: “Si no convocas a nadie del Real Madrid, entonces ya tienes un problema antes del torneo. Eso no es aceptable en absoluto. En Alemania sería como no llevar a nadie del Borussia Dortmund. Y a España le faltan jugadores experimentados, como Sergio Ramos, que tenía todo bajo control”. Incluso para un alemán como Effenberg y su entrecejo Bauhaus se hace intolerable la gamberrada de no incluir en el Combinado Autonómico a ningún jugador del Real Madrid, como lo sería la no inclusión de ningún jugador del Barcelona, tratándose de los dos clubs que le dan sentido (y sentimiento) al fútbol español, europeo y mundial. Pero estamos en manos de gambas.

[Lunes, 28 de Junio]

 


Finidi  George

Los muertos y las muertas. Luis Buñuel



LUIS BUÑUEL
1900-1983

Luis Buñuel, fascinado por sus recuerdos prenatales, se hizo pasar por canónigo. Detestaba el pedantismo, la jerga, las estadísticas, los fanáticos, Steinbeck... Le gustaban Sade, el frío, la lluvia, los claustros, los enanos, los bares, el alcohol, el tabaco... Tenía el fetichismo de las botitas: al rodar Viridiana, tomó setenta planos de pies, seleccionados en el montaje. Era de Calanda, que tenía dos iglesias y siete curas. “Yo jugaba a decir misa en el granero.” Su obra cinematográfica es un tenderete de símbolos. “Dalí y yo éramos surrealistas sin etiqueta.” Dalí no fue informado –prescripción facultativa– de la muerte de su amigo. “En Calanda tuve yo mi primer contacto con la muerte, que, junto con una fe profunda y el despertar del instinto sexual, constituyen las fuerzas vivas de mi adolescencia.” Todas sus películas son, según él, películas cómicas tratadas trágicamente.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Lunes, 5 de Julio

 


El río que nos lleva

domingo, 4 de julio de 2021

Julio Casares, el Pat Garrett de Valle-Inclán




ABC AL PASO

El Pat Garrett de Valle-Inclán

JULIO CASARES, LA INMORTALIDAD DEL DICCIONARIO Y UN ESCÁNDALO MONUMENTAL

 
 
Ignacio Ruiz Quintano

Lo que imponía a un becario de los 70 en ABC era echar la firma en el mismo papel que don Julio Casares, que dominaba casi los mismos idiomas, dieciocho, que años tenía uno y que era autor de uno de los dos diccionarios útiles, “el Covarrubias” (Tesoro de la Lengua Castellana o Española, 1611)… y “el Casares” (Diccionario Ideológico de la Lengua Española, 1942).

    Casares tiene en su haber las dos realizaciones que deparan la inmortalidad, un diccionario interesante y un escándalo monumental: la lectura, lápiz en mano, de la obra de Valle-Inclán, y lo que descubre lo publica en “Crítica profana”, 1916.

    –La crítica de un libro es la imagen del mismo a través de un temperamento.

    Con su lápiz y su temperamento (el mismo arte cisoria con que García Viñó desplumará los pollos sagrados de la Santa Transición), Casares (¡el Pat Garrett de Bradomín!) halla en los libros de Valle-Inclán la cueva de un perista: el estilo (religiosidad y blasfemia) de Barbey d’Aurevilly; el tresillo de adjetivos, en final de frase, de Eça de Queiroz, de quien traduce “saudoso” (nostálgico) por “suave”; y páginas enteras de las “Memorias” de Casanova.
    
La escena, el ambiente, los personajes, las “sensaciones”, el estilo, las palabras… todo, “todo” está literalmente reproducido. Es uno de esos casos en que, según Bayle, el plagiario se lleva “no sólo los muebles, sino también las barreduras; no sólo el grano, sino también la paja, la cascarilla y hasta el polvo”.
    
Niega además que Valle-Inclán, “horro de humanidades”, haya podido ser vehículo del simbolismo, que supone erudición, dominio de lenguas sabias, conocimiento de las literaturas inglesa y alemana, entusiasmo por Wagner y un concepto hegeliano del arte que produce, como tendencia, la encarnación de ideas en los personajes, y, como procedimiento, el empleo del símbolo…
    
Todos los artistas se ponen de parte del genio gallego; después de todo, la república de las letras consiste mayormente en que uno cobra lo que otro escribe.

    –Se pronuncia la palabra plagio, y he aquí a la muchedumbre arremolinada y atónita: en realidad, todo esto es sólo nuevo para el vulgo –interviene Rafael Cansinos Assens, “el gran galgo señorial y apolillado de la judería madrileña” que va por las calles, dice Ruano, como un gallo desplumado.

¿Plagio? Nuestra literatura es de rumiantes que se van pasando, de generación en generación, el bolo alimenticio de la raza.

    Con Valle-Inclán, precisamente, tiene Ruano “una extraña coincidencia amorosa”. La muchacha le enseña una carta de don Ramón diciéndole que sólo había sentido ser manco aquella tarde en que sólo pudo abrazarla con un brazo.
 
Me hizo mal efecto el inocente autoplagio: aquello de no haber podido abrazar más que con un solo brazo lo había dicho ya don Ramón a propósito de la muerte de una hija suya.
 
Nos queda la pregunta de Casares (violinista, ebanista, diplomático) al periodismo: “¿Ustedes creen que es el lenguaje una guitarra de su propiedad y que pueden poner en ella los dedos como les dé la gana?”

 
   

El Parlamento de Escritores

 

Abc, 24 de Abril de 2002


Ignacio Ruiz Quintano

 

Con la primavera le brotan al español dos aficiones: la culta del escritor en cóctel y la milenaria del toro en plaza. Yo, para la plaza, quería llevar este año, en vez de pañuelo, un manojo de espárragos verdes, y el verdulero me ha vendido unos de Camuñas que llevan la siguiente dedicatoria en la faja: «À la mémoire de I. Kant le philosophe». ¡Caramba! Con eso, que te lo ve un «juanpedro» y salta la barrera para arrancarte el manojo, ¿cómo le pides al señor Lamarca que devuelva un toro?

Nuestro tiempo sigue siendo un tiempo gris, aunque uno tome el sol del nuevo siglo. ¿Tiene un siglo al comienzo algo que no tenga al final? Cuando Virginia Wolf dijo que, «más o menos en diciembre de 1910, la naturaleza humana cambió», ¿qué vino a decir en realidad? Porque, realmente, lo único que había cambiado, y esto lo ha dicho un señor tan serio como Rorty, era el comportamiento sexual de algunos de los amigos y conocidos de la señora Wolf.

El pensamiento anglosajón es como el Google, que no hay quién lo engañe: al autor que escribe «conejitos», la máquina le saca los colores: «Usted quiso decir “coños”.»

Nuestra industria literaria nunca ha dispuesto de estos adelantos. Aquí, los políticos tuvieron que echárselas de escritores para alcanzar notoriedad, y los escritores, para alcanzar notoriedad, no han tenido otro remedio que echárselas de políticos. Más o menos en los tiempos en que, según Virginia Wolf, la naturaleza humana estaba cambiando, la envidia del escritor ibérico era el típico escritor italiano que de su ministerio de las Colonias recibía la orden de encaminarse a la Tripolitania a describir las pasiones libias.

Italia, Alemania, Francia..., comprendiendo que la vida moderna se basaba en la propaganda, enviaban sus mejores novelistas a escribir fantasías por encargo ministerial. España, mientras tanto, y ésta era una queja muy regeneracionista, sólo conocía ministros inclinados a distinguir a ciertos hombres de letras con destinillos para entretener necesidades mensuales. De ahí esa actitud de pasarse la vida anonadando a los transeúntes con un libro que caracteriza al escritor ibérico. Madrid está atestado de bares y oficinas públicas donde nadie se atreve a entrar por terror al «¡Le voy a mandar a usted mi último libro...!»

La República fue el primer socorro a la literatura. Azaña era del gremio y, al encargarse del Poder, ofreció a los autores un té con pastas en la Presidencia, cuyos camareros, según los cronistas, recibieron la orden de no preocuparse de las cucharillas. Con la Dictadura se pasaron al café, hasta el punto de que los escritores dormían en los cafés como los pájaros anidan en los árboles. Y ahora, con la Democracia, han creado un Parlamento. ¿Cómo llegan ahí? ¿Por elección o por sorteo? Montesquieu sostiene que el sufragio «par le choix» es de naturaleza aristocrática y que el sufragio «par le sort» es de naturaleza democrática, pero Montesquieu no es miembro del Parlamento Internacional de Escritores.

A los miembros del Parlamento Internacional de Escritores se los reconoce porque encabezan sus artículos con el PIE, y esto nos lleva nada menos que a Edipo, cuyo nombre significa «aquél que conoce la respuesta al enigma de los pies». Para ser llamado complejo, Edipo hubo de matar a su padre y acostarse con su madre, pero a un escritor contemporáneo le basta con pertenecer al Parlamento Internacional de Escritores, que sólo es la versión culta —es decir, comercial— de la bulliciosa oficina de San Jerónimo cuyos empleados siguen divididos en dos bandos: uno, pequeño, que se dedica a escribir en los periódicos sin aparecer nunca por el escaño, y otro, grande, que va al escaño a leer lo que los primeros escriben en los periódicos.

 


El pequeñín Azaña era del gremio

Los muertos y las muertas. Joan Miró



JOAN MIRÓ
1893-1983

Joan Miró –pulcritud, minuciosidad y gusto por la obra bien hecha– “cazaba a las estrellas como un vaquero caza a las reses”. Era doce años menor que Picasso y once mayor que Dalí. Miró hizo famoso el rojo vivo, es decir, el “rojo Miró”. Creía que la pintura nace de choques irresponsables. “El arte está en decadencia desde la época de las cavernas”, dijo en contestación a Tristan Tzara, que había declarado: “Miró ha encontrado el secreto de la pintura rupestre.” Se sabe que a su estilo –primitivo, infantil y mágico– llegó en 1924, con El carnaval del arlequín e Interior holandés. Ese lenguaje de signos fue su aportación más importante al arte contemporáneo. “Trabajo como un jardinero o como un vendimiador –explicó–. ¡Las cosas crecen lentamente!” Rimbaud, Mallarmé, y casi todos los simbolistas, fueron sus poetas predilectos.


IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Domingo, 4 de Julio


 Otra forma de verlo

"No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa"

DOMINGO, 4 DE JULIO

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso.
Jesús les decía:

-No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.
 

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.


Marcos 6,1-6

sábado, 3 de julio de 2021

El editorial de Cuartero


ABC AL PASO

El editorial de Cuartero

JOSÉ CUARTERO CIFUENTES, PROBABLEMENTE EL ÚLTIMO ANALISTA POLÍTICO DEL PERIODISMO ESPAÑOL

 
Ignacio Ruiz Quintano

    José Cuartero viene al mundo en Villarrobledo el año del sufragio universal.

    Al ABC, en el verano del 79, donde me tenía citado para becario Carlos Mendo, me presenté con los artículos de José Cuartero (“Veinte años de política española”, libro homenaje de Prensa Española) en la cabeza, pero Mendo no sabía de Cuartero y así me llevé mi primer chasco profesional.
    
Cuartero, el editorialista de don Torcuato (los lectores dicen “el editorial de Cuartero”, no “el editorial de ABC”, como medio siglo después ocurriría con Pradera y “El País”), viene de Albacete, donde es apuñalado por un matón enviado por un cacique. Huye a Madrid, vive a salto de mata y en 1911 lo llama don Torcuato para el puesto de editorialista político, “el oficio”, dice él, en que se va dejando la vida a base de tabaco y horas.

    Don Torcuato propone y Cuartero dispone.

    –Don Torcuato –recuerda Corrochanoopinaba; conocía más que Cuartero el ambiente de la calle. Le daba tema para el comentario político del día.
    
Primero escribe lo largo del artículo y luego comienza con la poda de todo lo que no es esencial. Hace el editorial quitando cuartillas.

    En el 28 recibe el Cávia por el artículo “Sin bilis y sin fiebre”, una diana acribillada de dardos:
    
Nuestra dictadura es un apellido, una persona…Mis derechos naturales de hombre, los derechos de todos los españoles, han desaparecido porque estorban a otro hombre, dedicado espontáneamente a regir a sus conciudadanos… Valga lo que valga el dictador, valgan lo que valgan su obra y sus propósitos, lo que nos pone frente a la dictadura es una cuestión de dignidad civil…



El dictador detesta a Cuartero, y al lado de cada editorial “cuelga” (inserción obligatoria) su “Nota de la censura” con sus matizaciones.

    –¡Porque yo me he jugado la vida al dar el golpe de Estado! –le grita un día Primo de Rivera al director de ABC.
    
–¡Y la mía, sin pedirme permiso! –contesta don Torcuato.
    
El problema, explicará don Torcuato a un gacetillero que le pregunta por la dictadura, es que, cuando todos esperaban que Primo no fuese otra cosa que un cirujano, se ha convertido en médico de cabecera.

    La literatura política de Cuartero tiene hoy la misma actualidad que cuando se escribió.

    La República –escribe en junio del 36– nació de la protesta contra una dictadura que ya no existía… La República es la revolución en la Gaceta” [hoy, BOE], con añadiduras en la calle si la “Gaceta” se queda corta… No lograrán atención de nadie ni respeto ni curiosidad los republicanos que maldicen de la República porque no es como la quisieran… Un programa que se resume en esta conclusión: “Delenda est Hispania!” (Alusión al “Delenda est monarchia!” de Ortega en “Crisol”)… Nosotros somos enemigos de la revolución, pero también de la dictadura.
    
Y es que en España con la Monarquía se puede ser republicano, pero con la República no se puede ser monárquico.



Ya era hora

 

Karl Kraus

 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Cuando el sol de la cultura política se encuentra muy bajo, hasta los enanos proyectan una larga sombra, dijo Karl Kraus, viéndolas venir, y vio que “en el corazón de la gran cultura los hombres harán guantes de piel humana”, como, en efecto, vimos con los nazis, que se quedaron, ahora lo vemos, en aprendices de brujo.
    

El Ateneo madrileño votó la existencia de Dios y el Parlamento europeo vota que el aborto (“abortar es como ponerse tetas”)… es otro derecho humano.


    ¿Qué son los derechos humanos? Metafísica, según Bentham. Y según Ihering, intereses jurídicamente protegidos. Dinero, si somos francos. Donde haya dinero, habrá un derecho humano. Los derechos humanos son los sacramentos de la nueva religión socialdemócrata. Las bodas y bautizos dan mucho dinero a la hostelería, pero poco, si se compara con la industria del aborto, “derecho humano” que supone el triunfo del Estado, dueño de la vida y de la muerte, sobre la Iglesia. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Degenerando. (Miranda, banderillero de Belmonte, llegó a gobernador civil de Huelva. “¿Cómo?”, preguntaron al matador. “Pues degenerando, degenerando”, contestó el trianero.)
    

Es inútil razonar con un hacedor de derechos humanos. Las ideologías no son simples mentiras: "son proposiciones ciertas sobre lo que uno cree ver". La cultura de la muerte se alimenta de estos ideólogos, que no salen de la lógica de Aristóteles ni de los juegos del lenguaje de Wittgenstein (el derecho no es una idea de lógica, sino de fuerza, avisa Ihering), sino de los dídimos de Gloria Steinem, para quien el cambio climático es consecuencia del “parto forzado” (¡violencia obstétrica!) y las restricciones… al aborto, o de los zorcicos de Chomin Ziluaga, profesor batasuno de la UPV, que dijo:
   

 –En HB somos partidarios del aborto porque cada año lo hacen clandestinamente en Euskadi 3.000 mujeres en condiciones tales que peligra no sólo la vida de la madre, sino también la de la criatura.
    

Ya era hora (de todo).

[Sábado, 26 de Junio] 

Si buscas palmeritas de Morata...

 

...ésta es una parada del 337 para llegar

Consejo de Medio Ambiente

Comunidad de Madrid

 


Espíritu burlón de la Basura

Los muertos y las muertas. K-Hito



K-HITO
1891-1984

Ricardo García López, K-Hito para el arte, natural de Villanueva del Arzobispo, provincia de Jaén, fue en Madrid un campeón de la modernidad y hombre-orquesta del periodismo: crítico taurino, caricaturista, productor de garabatos kaitecoscos y fundador de las revistas de humor Gutiérrez, Macaco, Macaquete y Dígame. Extrajo su seudónimo de una extraña transformación popular de su nombre, Ricardo, que había pasado a ser Ricardito, Cardito y, finalmente, K-Hito, director periodístico desde Gutiérrez de la otra generación del veintisiete: Jardiel, Neville, Mihura, López Rubio, Federico Galindo, Tono, Martínez Gargallo, Perdiguero... Gutiérrez, el personaje creado por K-Hito que daba nombre a la revista, era funcionario, jefe del Negociado de Incobrables en la Dirección General de Cuentas Atrasadas, y de este huevo saldría un día La Codorniz. “No tengo tiempo ni para morirme”, dijo en una ocasión. Creía que para morirse debía estar, por lo menos, un año descansando.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Sábado, 3 de Julio

 

La flecha ya ha salido del arco

viernes, 2 de julio de 2021

Enrique Gómez Carrillo, la agonía más hermosa


Enrique Gómez Carrillo / Toño Salazar


ABC AL PASO

La agonía más hermosa

ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO, EL PERIODISTA QUE AMÓ (Y ENTREGÓ) A MATA-HARI


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Enrique Gómez Carrillo, Príncipe de los Cronistas, es el señuelo que el periodismo pone a los incautos que se aproximan al oficio: nace en Guatemala, hijo de español y belga, y muere, acribillado por el Pernod (“no creo en la literatura seca, es un crimen estar en París y beber siempre café con leche”), luego de una docena de desafíos, como un emperador de la China, llorado a pie de cama por las mujeres (todas de alto copete) que ha amado.

Las damas, en un elegante pugilato, evocan recuerdos de Carrillo, anota el Caballero Audaz, testigo de la agonía: elogian, unánimes, sus arrogancias, sus locuras, sus galanterías. “Y en la alcoba contigua, en los momentos de pausa, se oyen los estertores del agonizante, macabro estribillo al más raro, galante y fascinador canto funeral que jamás se haya dedicado a un hombre”.

    –Varias fueron sus esposas. Llega un telegrama angustiado de Raquel Meller, que por la noche debuta en Lyon.

La prensa del corazón, que viene de Suetonio, corona la turbulenta relación del cronista y la cupletista achacándoles la entrega de Mata Hari, la espía que le amó, a los franceses, que la fusilan (“Rechaza la venda y cae de rodillas: era la primera vez que aquella mujer, que había ‘rodado tanto’, se arrodillaba delante de los hombres”). Ruano duda que Mata Hari y Carrillo (“un hombre que empeñaba con frecuencia el reloj de bolsillo”) se conocieran siquiera:
    
Mata Hari no era mujer que perdiese el tiempo con relaciones de poca monta, y vamos a ser sinceros: un cronista español no es la aspiración, en ningún sentido, de una aventurera de la clase de Mata Hari.
    
Ruano conoce a Carrillo en el París del 25 y ya le ve aspecto de tigre cansado: mucho encanto físico y un descuido muy cuidado. Se ha afeitado sus bigotes desflecados y, al hacérselo notar, le contesta una “divertida barbaridad”:

    –Se me han debido de caer apolillados ya de tanto
    
Es el amo de París (“una recomendación de Carrillo abre en París todas las puertas”), y alterna con Verlaine, Laconte, Wilde y Rubén. Escribe crónicas para Blanco y Negro y ABC. No cree en el peligro. “El verdadero peligro es vivir: la vida es una dama coqueta que no sonríe a los débiles”.

Como buen esgrimidor, despacha una docena de duelos. Durante la gran guerra se pasea por las líneas de fuego. Y confiesa ante Carretero las tres cosas que no quiere ser por nada del mundo: diputado, actor y torero. Su sueño es llegar a empresario del Folies Bergères.

    La noche de su muerte, Ruano, por encargo, escribe de un tirón su biografía.

    –Iba dedicado a don Torcuato Luca de Tena, y la dedicatoria no trajo, por cierto, ningún provecho.
    
Sin estudios de ninguna clase (“¡No soy ni siquiera bachiller!”), Carrillo ha sabido buscarse la leyenda que tanto recomendaría el colombiano Vargas Vila: ser orgulloso y sembrar odios, pues el odio, a su entender, da vida al que es odiado.

    Odiado por los periodistas, pero amado por las mujeres.



Gastroconcordias


Junqueras

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El sanchismo siempre podrá decir que, si Mariano hubiera sido Maura, Perico no habría tenido que indultar a Junqueras, con lo que come.


    Calígula hizo senador a Incitatus y Maura, en efecto, hizo ministro a Cambó, líder en Barcelona de una Asamblea de Parlamentarios alternativa al Parlamento de “Madrit”. El gobernador de la ciudad, Matos, fue a disolverla y le contestaron que, “como representantes de la Patria”, sólo por la fuerza obedecerían. Y Matos apeló a la fuerza… “simbólicamente”. Con el bastón borlado, signo de su autoridad, en su mano derecha, fue colocando su mano izquierda en el hombro de todos los parlamentarios, que se retiraron de uno en uno y al primer toque.
    

Continuaron la bufonada en el Ateneo madrileño. En mitad de la tenida, presidida por Cambó, un emisario real le requirió para que fuera al Palacio Real, y Cambó fue de la presidencia de la Asamblea rebelde a Palacio, de donde salió convertido por Maura en ministro de su “gobierno nacional”. ¿Y qué?
    

Rebeldía y traición abajo y arriba, y lo que era peor, debilidad, contemporización cobarde –escribió el Caballero Audaz.
    

“Concordia”, que en política sólo significa corrupción, socialmente no pasa de ser un estimulante del apetito (¡justo ahora que el periódico de las elites invita a los pobres a tirar la mesa de comedor a un contenedor!), como se vio en Francia con la Apoteosis de la Concordia a la muerte de Robespierre, cuando los hijos de los guillotinados se abrazaron a los verdugos y fueron de cena. Huérfanos de amos por la guillotina y la emigración, los jefes de cocina se instalaron por su cuenta con cartas de cien platos. Beauvilliers inventa la librea de los camareros, y mi favorito, por lo que de descripción de Régimen tiene, es “El Ternero Que Mama”, en la plaza del Chatelet, con patas de cordero (sostenible) y anguilas.
    

Aquí ver a Junqueras es leer a Larra (“en España el estómago es el encargado de cumplir en las grandes solemnidades”). ¿Qué nos impide hacer ministro a Junqueras?

[Viernes, 25 de Junio]

Los muertos y las muertas. Antonio Marcial Lafuente Estefanía



ANTONIO MARCIAL LAFUENTE ESTEFANÍA
1903-1984

Antonio Marcial Lafuente Estefanía, toledano, ingeniero industrial, hijo de periodista, publicó dos mil setecientas novelas del Oeste americano, territorio en el cual había vivido en su juventud. Lafuente carecía del “glamour” de Maurice de Bévère, Morris, creador de Lucky Luke, el cow-boy sinsorgo que, a lomos de Jolly Jumper, y acompañado por Rantamplán, viaja por la frontera socorriendo a los desamparados del desierto. “Me di cuenta de que la gente se entusiasmaba con los westerns, de modo que empecé a hacer novelas que tuviesen esa misma acción. Tenía una serie de mapas maravillosos y, además, conocía los Estados Unidos, aunque entre el Oeste que visité y el de mis novelas hay, naturalmente, un abismo.” Lafuente, que publicó su primera novela, La reina de la pradera, en 1924, creó un modelo de vaquero alto, rubio, apuesto y justiciero, cuyas aventuras inundaron los quioscos a razón de ocho novelas mensuales. Siempre rehuyó la popularidad: “No aspiro a la Academia; sólo quiero que mis lectores olviden sus problemas.”

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Viernes, 2 de Julio

 

Y la grúa sin venir

jueves, 1 de julio de 2021

Azorín, el periodismo de poner una cosa detrás de otra


Azorín, por Bagaría 1915


ABC AL PASO

Poner una cosa detrás de otra

AZORÍN, EL PERIODISTA SUPREMO EN CASTELLANO QUE “ESCRIBE EN CATALÁN”
 

    
Ignacio Ruiz Quintano
 
Como periodista, José Martínez Ruiz, Azorín (¡tío del actor pasmado Luis Ciges!), es, más allá del estilismo, el artista supremo (¡sin Cávia!), menos cuando tantea la política.

    –Cuando Azorín escribe de política –resume el Caballero Audaz, muchos españoles que le admiran se descorazonan.
    
Ante los retóricos de la subordinada, Azorín impone el atajo de la navaja de Ockham, con su menos es más y su morseo tuitero: “El poner una cosa detrás de otra; en eso estriba todo el arte del periodista”.

    –Y, ¿cómo firmará usted, amigo Martínez Ruiz, en el ABC? –le pregunta don Torcuato.
    
“Azorín”, naturalmente.
    
ABC nace diario con una crónica telegráfica (la primera en España) de Azorín, escrita con su “mano gorda y blanda de benedictino” en la Ópera de París durante la función que el presidente Loubet ofrece al Rey de España (que va a Londres para buscar novia), víctimas, a la salida, de una bomba anarquista. Es el mismo Azorín que luego se hace de Lerroux y predica la República “por creer que con ello trabajo por la prosperidad de España”:
    
¡Desdichada España, si la República desapareciera! Los horrores de la gran Revolución francesa y los de la República rusa serían pálidos al lado de lo que aquí ocurriera.
    
Y defiende al partido socialista como árbitro de la República, lo cual, en la distancia, deja a Baroja como único escritor políticamente coherente en España, donde los periodistas huyens de estudiar filosofía política como gato del agua.

    ¿Y el don azoriniano para el detalle? Una noche, en Toledo, se sienta en una plazuela solitaria. Hay luna, y un mozo cargado con un ataúd blanco, “chiquito”, llama a un portal: “¿Es aquí donde han encargado una cajita para un niño?” No es allí. En la cajería (funeraria, en Castilla) han tomado mal las señas.
    
La nacionalidad la ha creado en España la Iglesia –descubre en una visita al Greco.
    
Excelente escritor. Lo que pasa es que no sabía el castellano –“sornea” Pla–. Castellano es la frase larga que se termina generalmente en cola de pescado. Azorín escribe en catalán.
    
“Nación de naciones” escribe en el 18, cuando el Ejército useño lo invita a visitar sus posiciones en Francia. Elogia el federalismo americano, inspirado en Walt Whitman (“Here is not merely a nation but a teeming nation of nations…”)
    
Nosotros –el 98– hemos combatido la frivolidad. Lo privativo de la frivolidad española es hablar sin estar enterado de un asunto.
    
Un día del 16 Luca de Tena, con susto de salud, resuelve vender “Prensa Española” a Urgoiti, y como garantía de discreción, le pide la casa al Gran Silencioso:
    
Tomé un libro y me aislé en un rincón, haciendo propósito de abstraerme en la lectura. Lo conseguí. Su conversación duró hora y media. Ignoro lo que trataron.
    
Otro día marchó a predicar el socialismo, y en la Casa de ABC quedó el dicho de que nadie es imprescindible: “Azorín se fue y no pasó nada”.
 

La nacionalidad la ha creado en España la Iglesia

Sobre la traición


 Rata es una rata es una rata es una rata

G. Stein

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Que con la gente llamándoles traidores por las calles no estén los amaneceres del Retiro atestados de ministros batiéndose en duelo por su honor prueba que la contemporaneidad española está corrompida hasta la deformidad.
    

¿A qué se debe esta interiorización española de la cultura de la traición? Conmovida por el espectáculo, una de las dos figuras más brillantes de nuestro pensamiento político tuvo la curiosidad intelectual de estudiarlo, y sacó sus conclusiones.
    

El consenso español de la Transición sería un hijo faltoso del consenso europeo de la Guerra Fría: una conveniencia táctica, éste, y un valor moral absoluto, aquél, arraigado en la picaresca desatada en tiempos de reparto y de aseguramiento. La deslealtad como lazo que anudó el consenso.


    –El valor positivo de la deslealtad –escribe– se basa en la ausencia de remordimiento si, y sólo si, la traición de todos a su pasado les hace renacer con otra personalidad reconocible, o admirable, en una nueva sociedad de desleales.
    

Al desaparecer de la clase media la pobreza, la deslealtad sustituye a la envidia, que fuera el “resorte anímico de la Restauración” en palabras de Galdós: “Imperio de la deliciosa Sinrazón, ley de la mentira provechosa, holganza de las inteligencias, triunfo de las travesuras, terreno en que medran los tontos, se enriquecen los audaces y todo va al revés de lo que ordenan las antiguas pragmáticas del Padre Universal”.
    

Ningún novelista, historiador o sociólogo ha representado, narrado o analizado el nuevo mundo español de la deslealtad: la deslealtad hacia el propio pasado como condición de prosperidad personal.
   

 Fuera, lo hizo Proust, que vio que esa deslealtad no produce remordimiento ni desprestigio, si garantiza mejor vida social en el porvenir: “Esta indiferencia será en un sentido real la muerte de nosotros mismos, una muerte seguida, es cierto, por una resurrección, pero en un ser diferente”.


    Las cosas son lo que son. Rata es una rata es una rata es una rata (Gertrude Stein).

[Jueves, 24 de Junio]

Los muertos y las muertas. Vicente Aleixandre




VICENTE ALEIXANDRE
1898-1984

Vicente Aleixandre, Nobel 1977, en los Poemas de la consumación: “No eres tú quien lo dice. / Vive el que muere y calla el que ha vivido. / Mucho saber no es conocer. Te brillan / los ojos, pues nada sabes. / La juventud luciendo entre las olas.” Una vez le preguntaron: “¿Cómo quiere usted morir?” Y contestó: “Con aceptación.” La muerte: “¡Ah! Eres tú, eres tú, eterno nombre sin fecha, / bravía lucha del mar con la sed, / cantil todo de agua que amenazas hundirte / sobre mi forma lisa, lámina sin recuerdo. / Eres tú, sombra del mar poderoso, / genial rencor verde donde todos los peces son como piedras por el aire, / abatimiento o pesadumbre que amenazas mi vida / como un amor que con la muerte se acaba. Mátame, si tú quieres, mar de plomo impiadoso, / gota inmensa que contiene la tierra, / fuego destructor de mi vida sin numen / aquí en la playa donde la luz se arrastra...”


IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Jueves, 1 de Julio


Valle de Esteban

Camino de Wes

Vox, chollo liberalio


 Madrid ya tiene profesor de español

 

Hughes

Abc

La colocación general de las personas me alegra. Incluso la colocación particular. Sucede igual con la lotería. Cuando veo el júbilo de los premiados soy ligeramente feliz, aunque no juegue. Ahora ha habido un reparto de cargos, una pequeña pedrea en Madrid, cuna de la Libertad continental en su versión terracil. El Milagro Económico de Madrid, la Libertad Que es Madrid no está reñida con el carguito y la pequeña ‘colocaçao’, lo cual está muy bien. Yo soy partidario (además en serio: la gente se tiene que colocar, el drama humano de qué hacer debe ser resuelto).


En esta ocasión han sido personas de índole liberal y también exciudadana. Nada en contra. El liberalismo se hace de liberalismo, se hace de liberales, ¡no se puede quedar ni uno fuera!
Lo curioso del asunto es que todo parte del apoyo de Vox. Sin Vox, no habría nada de eso. Cuando Vox empezó, Ayuso y Almeida eran unas personas muy dignas pero con un relieve político escaso. Vox inicio su campaña, recibió todo tipo de descalificaciones e improperios, Ortega Smith se convirtió en una especie de meme denostado universalmente y, meses después, el resultado fue que Ayuso y Almeida eran poderosas figuras emergentes de un Nuevo PP. La ingrata labor de Vox, contra el mundo y contra la hegemonía, ha deparado otro efecto sorprendente: ir colocando también a los de Ciudadanos.
 

Ahora que se corre el Tour, recurramos a ese deporte lleno de realismo: Vox tira y tira contra el viento en una larga y solitaria escapada pirenaica y cuando llega el final, sin dar ni un relevo, el chuparruedas se lleva el maillot amarillo y, para colmo, el de detrás le levanta la meta volante. Casado no ha retirado las palabras que dedicó a Vox, pero Vox le ha hecho un hombre en Andalucía y Madrid, y ahora son los exciudadanos los que se benefician. Con el voto de Vox, con el sí del nefasto populismo, se coloca la finura liberal, rama mercados o rama ilustración
 

Una pequeña mariposa bate sus alas en el Pekín, un liberalio se coloca en Madrid… Es el Efecto Mariposa dentro del más grande Efecto Ayuso, pero la mariposa es Ortega Smith o Monasterio a punto de ser descalabrada en “Nuestros Barrios”. Vox recuerda a un nadador en mar abierto. Nada, bracea incansablemente, pero se encuentra ahora mismo dentro de unas corrientes, más poderosas, que le llevan en dirección contraria. Esas corrientes son el Tinglao, y su sutil juego de fuerzas y mareas. El Tinglao es una cosa divina: parece simple, pero tiene un diseño superior. En las fractalidades del consenso es posible ver el misterio de la creación, ver incluso a Dios.
 

¿Qué podría hacer Vox? ¿Seguir nadando ciegamente hasta conseguir salir del remolino o salir de otro modo, cambiando la estrategia? Alejarse del PP radicalmente, marcar distancias con el PP, no-tocar-con-un-palo al PP le llevaría a una oposición contra el régimen mayor. Una actitud de absoluta oposición contra la corrupción y la inercia institucional. No sólo contra el nacionalismo destructor de España, no sólo contra el “consenso progre”, sino contra ese otro consenso no visible (o menos visible) que han formado con su alternancia el PP y el PSOE y que descansa en el juego institucional.


Nivel 1: separatismo
Nivel 2: ideología izquierdista hegemónica
Nivel 3: el teatro sutil, perfecto, autorrenovable del PPPSOE…


Incidir en este tercer nivel exigiría renovar algunas cosas y reforzar la crítica y la soledad de ese partido, pero no necesariamente extremarse a la derecha. Podría bastarles con todo lo que desborda el consenso, que ahora es casi casi la realidad misma: desde la biología hasta la geopolítica pasando por la historia reciente de España, el conflicto generacional o la desigualdad rampante. Ese tercer nivel exigiría entrar de lleno en la Constitución, la mitología entera del 78, el funcionamiento de las instituciones y hasta el sistema electoral.
Por titánica que haya sido la labor de Vox en los niveles 1 y 2, parece que nada tendrá efectos serios, reales, definitivos sin entrar en el 3.
 

Esto, especulado aquí con cierto apremio, es muy difícil, claro, y es la Madre del Cordero. No tiene que ser fácil. Es muy difícil, me doy cuenta. Pero el efecto real, innegable, que hay que hacer constar es que la energía que genera ese partido, la energía renovadora y disruptiva, por ese juego de esferas existente acaba aprovechándola el PP, que, recolocado ya, empieza a colocar a lo que llega de Cs. El PP de Madrid, no lo olvidemos, presenta algunos matices interesantes. Por un lado hace la gilesca “guerra cultural” con Ayuso, pero también va “ciudadanizándose”, como es visible por su política cultural, y de cargos. La izquierda dice que es un PP duro, cercano a Vox, pero es más bien algo múltiple: por un lado, y mientras mantiene el neoliberalismo clásico suyo (libertad económico, aquí el dinero), desarrolla o va germinando la reconstrucción de un discurso liberal que recompone lo de Ciudadanos, el centrismo, el liberalismo más articulado en lo cultural. La tercera pata es el populismo chulapón de Ayuso.
 

Esto es un peligro para Vox, pues el centrismo español, de pretensiones neuronales e ilustradas, sí propone una guerra cultural de segundo grado que se hace desde un punto de vista liberal que critica unos excesos de la izquierda de los que no se sienten responsables. Así, habrá una crítica al feminismo, pero liberal, y sucesivas críticas culturales pero matizadas. Con apoyo mediático (hay captación pepera también de firmas ‘que vienen de la izquierda’) y con Ayuso haciendo sus aspavientos (en una mano un capote, en otro el arco iris), le pueden ir quitando el sitio a Vox en esa crítica legítima al edificio ideológico actual. Es un peligro real para ellos.
 

El PP madrileño es neoliberalismo del eterno revival aznaril, populismo Ayuso, y germinación de un discurso centrista que articula una batalla cultural no conservadora y, por descontado, no religiosa (y, por tanto, poco incómoda, en el sentido de que sus conclusiones no son “contra corriente”, sino que pueden pasar como salvedades del sentido común al exceso socialista -aunque jamás será esgrimido el sentido común, sino el cerebralismo afrancesado o lilla-pinkeriano).
 

Sin entrar de lleno en ese nivel 3, al anillo de lo institucional, por tanto, un porcentaje del trabajo de Vox se le va a ir al PP, como una pérdida de energía inevitable o una entropía que está en el mismo sistema.