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miércoles, 23 de noviembre de 2011
Octogenario torturado en su casa de Palazuelos de Villadiego
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domingo, 14 de julio de 2024
Gobernantes octogenarios
Martín-Miguel Rubio Esteban
La patética demencia senil del viejo verde Joe Biden no debe llevarnos a la precipitada conclusión de que la edad de los ochenta años es incompatible con un maestro ejercicio del poder político. Muy por el contrario, la mayor parte de las grandes figuras de la Historia política ejercieron el poder a esa edad y con grandes éxitos para sus pueblos en muchos casos. Pongamos algunos ejemplos de distintas épocas y países. Nabucodonosor, Darío I, Augusto, Justiniano, Carlomagno, Juan II de Aragón, Luis XIV, Wellington, Palmerston, Francisco II de Austria, Metternich, Palafox, San Martín (Juan José), Espartero, Luis XVIII, Luis Felipe de Orleáns, Victoria I de Inglaterra, Disraeli, Bismarck, Moltke, Garibaldi, Pío IX, León XIII, Porfirio Díaz, Clemenceau, Foch, Guillermo II, Hindenburg, Jorge V, Antonio Maura, Petain, De Gaulle, Stalin, Pío XII, Marshall, Juan XXIII, Winston Churchill, Konrad Adenauer, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Papa Francisco, Pablo VI, Helmut Kohl, Ronald Reagan, Gerald Ford, John Adams, Thomas Jefferson, James Madison, James Monroe, John Quincy Adams, Andrew Jackson, Martin van Buren, Herbert Hoover, Harry S. Truman, Kissinger, Mao Tse Tung, Francisco Franco, Manuel Fraga Iribarne, Hirohito, Fidel Castro, François Mitterrand, Erich Honecker, Papandreou, Golda Meier, Fanfani, Andreotti, Silvio Berlusconi, Sergio Mattarella, Mario Soares, Jaruzelski, Chu en Lai, Ho chi Minh, Malenkov, Molotov, Lizardo García Sorroza, Francisco Andrade Marín Rivadeneira, Alfredo Baquerizo, José Luis Tamayo, Isidro Ayora, Luis Larrea, Oliveira Salazar, Neptalí Bonifaz, el gran orador ecuatoriano José María Velasco Izarra, Juan Esteban Pedernera, José Evaristo Uriburo, Hipólito Yrigoyen, Pedro Pablo Ramírez, Edelmiro Julián Farrel, Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi, Arturo Umberto Illia, Roberto Marcelo Levinston, Carlos Menem, Isabel II de Inglaterra, o Juan Carlos I, entre otros muchos. Muchos de los aquí señalados fueron también viejos rijosos, pero ninguno hizo gilipolleces en su labor política. Lo que sí es un hecho es que el que de joven ha sido un idiota y un cretino, de viejo es más idiota y más cretino. Todos los vicios crecen con la edad. Pero el que nació con grandes dones intelectuales, de viejo la experiencia lo convierte en un consagrado maestro. Toda la noble asamblea de guerreros aqueos que se describe en la Ilíada, asamblea de reyes con skêptra, o cetros, guarda reverente silencio cuando el octogenario Néstor, hijo de Neleo y rey de Pilos, toma la palabra, y hasta Agamenón tiene que aceptar sus propuestas, aunque sea a regañadientes. Al viejo Néstor Homero le da el sobrenombre o epíteto de “Hippota”, en cuanto que era el mejor táctico aqueo en el uso de los carros de guerra, el Guderian de los griegos: saber mover los carros en una batalla es ciencia y experiencia. La sabiduría experimentada de la vejez la vemos en el mismo mundo griego en los términos políticos, como el de “dêmogérontes”, que formaba el consejo político de la ciudad antigua, o en la institución espartana de la “gerousía”, que es el “senatus” romano que reúne a todos los “patres familias” cuyos ancestros fundaron Roma. Al rey, en griego “basileùs”, con frecuencia Homero lo llama “gérôn”, título de honor, independiente de la edad (Aquiles, Diomedes o Áyax no eran viejos, gérontes), precisamente porque en la palabra “viejo” se encerraba una venerabilidad que emanaba de una autoridad. Si el joven Héctor lleva el epíteto de “korythaíolos”, o su sinónimo “chalkorystês” —“el de resplandeciente casco”: la juventud resplandece de tal fuerza que asusta al pequeño Astianacte—, Néstôr es “hippokorystês” (que lleva casco con penacho de crines de caballo). El joven en política, en el mejor de los casos, es un técnico o un gerente aseado de conocimientos parciales, pero el gran político viejo es un guía. En general, quien aprovechó bien los placeres de la juventud sabe ser un buen viejo. En Zamora se suele decir que “quien de joven no trota, de viejo galopa”. El que gozó ampliamente de la vida, acepta la declinación física y sexual —que no intelectual— como un fenómeno justo, confortado por dos viáticos generosos, que son el recuerdo y la sabiduría de la experiencia. Repárese que Fausto, que es el emblema del hombre viejo que busca la juventud a costa de todo, no lo hace, como se cree generalmente, por el deseo de gustar de nuevo placeres perdidos con los años, sino para ponerse en aptitud de gozar de lo que no gozó nunca; por poder rectificar una vida que dedicó a la sobriedad y al estudio y que ahora, a la vejez, juzga malgastada. Goethe, tan conocedor del alma humana, sabía, pues, lo que hacía al encarnar a su Fausto en un sabio austero y no en un calavera. El viejo debe adaptar su actividad a sus fuerzas, y la actividad política no le supone, si la ha experimentado, una cima insuperable; por el contrario, su experiencia le hacer ser un magnífico jugador de la política, aunque tenga que tener ya al médico como compañero cotidiano, lo mismo que Winston Churchill tenía al simpático doctor Lord Moran. Ya Galeno decía que la tristeza del viejo depende de desear lo que no puede conseguir; y nada se ha podido añadir a esta verdad del padre inmortal de la medicina. Galeno calificaba a la vejez (gêras) como ese estado en que los signos de la salud son neutros, ni sanos, ni malsanos. Esa salud neutra, entre la debilidad de la mala y el vigor de la buena, hace que el juicio del político viejo sea ponderado, equilibrado, experimentado, ni pesimista ni optimista, ni apático ni furioso, justo. En cierta ocasión, en un debate televisivo, Rajoy le dijo a un impertinente invectivador Sánchez: “Usted es demasiado joven”. Tenía razón. No es la vejez lo que descalifica a Biden de la presidencia de los EEUU, sino una enfermedad que suele estar asociada con la edad avanzada, pero que no castiga a todos los viejos. Una breve mirada a la Historia nos enseña que el ejercicio del poder por parte de gobernantes octogenarios, incluso en graves conflictos bélicos o grandes crisis económicas, ha salvado a sus pueblos. Pensemos, además, como Gregorio Marañón, que los errores de los viejos fueron casi siempre verdades en su tiempo. Esto nos enseñará a ser a la vez indulgentes con los que nos precedieron y modestos con los que nos siguen en la lucha por la vida. Nada da la medida de la verdadera edad del hombre como su curiosidad. La expresión genuina de la vitalidad, no es la fuerza física ni el ímpetu erótico, sino la curiosidad. El ser curioso es lo contrario de ser frívolo (v. gr. Yolanda Díaz). Y así como el abandono de los deberes depende de la frivolidad, su cumplimiento, el cumplimiento del deber y de esa forma suprema de sentir lo que es inventar el deber nuevo, nace de la curiosidad. Mientras la curiosidad se mantiene viva, no sólo está el espíritu alerta, sino que se cumple rigurosamente la misión específica que uno se ha impuesto. El afán de mejorar el país, que debe permanecer en el gobernante con cada aurora, es lo que lo alejará de la decrepitud. Por lo demás, a Joe Biden no lo va a salvar ni los injertos del olvidado Voronoff, y es bueno que así sea, porque el pobre está atontado y de hecho ya no puede presidir su país. Mientras, el pueblo americano aguarda impaciente con su mejor esperanza al juvenil octogenario Donald Trump, el presidente más joven desde Kennedy y Reagan. God save America.
Leer en La Gaceta de la Iberosfera
lunes, 14 de febrero de 2022
La merienda del león
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
El Athletic de Marcelino se merendó la cena del Madrid de Ancelotti, que no vio en toda la noche el balón (que no vio la forma de meterlo en la portería vasca), con la disculpa de que, “ausentes” los brasileños, no eran once.
Como ruido de fondo de los comentaristas, que hablaban como parpayuelas en una peluquería, se colaba el juego de piernas, como saltando a la comba, de Gerardo Diego: “¿Tener un balón? Dios mío. / Qué planeta de fortuna. / Vamos a los Arenales: / cinco hectáreas de desierto, / cuadro y recuadro del puerto. / Qué olor a Tabacalera. / –Suelta ya el balón, Incera. / –No somos once. –No importa. / Si no hay eleven hay seven. / Qué elegante es el inglés; / decir sportman, team, back; / gritar goal, corner, penalty. / (Aún no se ha abierto el Royalty.)”
–Para el Athletic es el partido álgido –anunciaba Kiko Narváez, que no sabe qué significa “álgido”, comentando al ex león Echeberría, que dijo que, en su época, el partido señalado en Bilbao era… el del Madrid.
Un poeta bilbaíno, Basterra, nos descubrió que el león es cordero asimilado, que eso fue el Madrid copero en San Mamés, uno de esos recentales (incluimos al Barcelona de Xavi) a los que “les titilan de placer las colas”, vistos por Salvador Rueda.
Y luego, el Granada.
Para el madridismo, el Granada es, en lo malo, Fernández, y en lo bueno, Ñito, nombre que uno tiene asociado a la leyenda de un león. Cipriano Antonio González Rivero, Ñito, en los 70 portero chicharrón del “club nazarí”, como dicen los cronistas deportivos, cuyo nombre salía a relucir en las conversaciones picantes porque un compañero suyo de vestuario contaba que “cargaba con la merienda de un león”, eso que en los 90 la compañía americana Shaper Briefs comercializó por treinta dólares en forma de gayumbos con “Endowment pad” incorporado.
Ñito fue el primer portero español (y probablemente europeo) en salir del área jugando con los pies (eso que el Busquets de Cruyff haría luego, sólo que en leotardos), en una época en que Miguel Muñoz prohibía, con amenaza de multa y de las gordas si cruzaba la línea del centro del campo, hacer a su central De Felipe en el Madrid.
¿Por qué el Athletic se merendó la cena del Madrid? “Merendar la cena” es una expresión del pícaro salmantino Villarroel, que huía de pleitos y no quería en casa ni abogados ni gatos, pues estos, decía, roen un arca, y los otros suelen merendar la cena. Al Madrid le merendaron la cena en San Mamés primero por Rubiales, que es abogado, y que hace unos calendarios que ríanse del disparatado calendario republicano del matemático Romme que necesitó nada menos que de Napoleón para ser abolido. Y luego por Marcelino, que ha hecho con futbolistas del montón un equipo-acordeón tan competitivo que hasta se podría hacer el juego de palabras de Churchill: “Nunca en el ámbito de los enfrentamientos coperos ha habido tantos que les debieran tanto a tan pocos”.
La caída copera en Bilbao ha dolido porque se debió, no a la desidia, como tantas veces, sino a la impotencia: del equipo en el campo y del entrenador en la banda. Este año querían la Copa y no han podido, que de aquí vienen las dudas. ¿Hay plantilla? Si la hay ¿se le saca todo el rendimiento? ¿Hay cantera? Si la hay ¿por qué no se le ha puesto a prueba en la Copa? Estos son los pelos que Ancelotti se ha dejado en la gatera de San Mamés. De caer en octavos con el PSG las cosas se pondrían todavía más feas para un hombre que vive su segunda vuelta. “Cuando me enteré de que el Madrid lo había despedido –cuenta su gran amigo Galliani–, pasé cinco días con Ancelotti en Madrid para que volviera al Milán. Él tenía miedo a volver. Se dice ‘No vuelvas nunca’, y lo entiendo.”
Pero las cosas malas suceden más por cansancio que por maldad: Modric-Casemiro-Kroos no son malos, pero están cansados. Se mueven como el octogenario Carvajal, alias Demonio de los Andes, veterano de los Tercios en Rávena, Pavía, Saco de Roma, Méjico, Perú… Y el ataque serio se reduce a Vinicius, que dio dos veces la vuelta al mundo para hacer una “caneta” brasileira con su Selección, y a Benzemá, nuestro Lawrence de Arabia, ya en edad provecta, que es esa edad que da malas noticias, como la de Ramos y su “síndrome del sóleo viejo”. Se hacen necesarios, como el comer, Mbappé, y sobre todo, Haaland, que tantas novias tiene, aunque siempre se le podría camelar fichando a Miguel Pérez Michu, el Monchi del Burgos, idolazo, al parecer, del noruego, que celebra los goles como lo hacía el futbolista asturiano del Swansea City. El caso es que el Madrid no puede ir por el mundo con Isco de delantero centro. Lo sabe incluso Xavi, que se ha hecho fichar once delanteros para asegurarse tres tridentes y medio para no hacer el ridículo… ¡en la Europa League!
La grúa llevándose de Valdebebas el Rolls de Courtois
SAÚL Y HAZARD
Saúl, un zurdo moldeado por Simeone, acabó en el Chelsea, y resume su visión del fútbol-Premier: “Más físico y un poco más loco, más ida y vuelta, que en la Liga. Menos posesión y más entretener a los aficionados”. Y señala como víctima de las diferencias de estilos a Hazard, figura en el Chelsea y náufrago en el Madrid. Cree que en Inglaterra Hazard gozaba de más uno contra uno, y que en España, al tener fama de bueno, se lo ponen más difícil. Pero la diferencia fundamental es que en Inglaterra el futbolista puede viajar tranquilo en el Metro, y en España, no. Courtois, por citar a otro ex del Chelsea, acude a los entrenamientos de portero (barrigazos en la hierba) en Rolls-Royce.
[Lunes, 7 de Febrero]
jueves, 3 de diciembre de 2009
JUEVES, 3 DE DICIEMBRE
Contaba D'Ors que al bajar del tren en Zaragoza lo esperaba en el andén el maño castizo:
-Vendrá a mi casa... Le convido a un cocido en familia...
Murmuraba D'Ors, para sí:
-Las dos cosas que más molestan: la familia y el cocido.
(Dice Pemán que luego se vengó filosóficamente, y cuando el amigo fue a devolverle la visita a Madrid, le esperó también al pie del vagón: "Véngase a mi hotel... Almorzaremos con espárragos e ideas generales.")
Unas caballeros de la Mesa del Toro (?) , muy farrucos ellos, exigen al venerable Oliart la vuelta de los toros a RTVE.
¿Mesa del Toro? A mí esta historia me huele a sobremesa.
La sobremesa y los negros, tituló Foxá uno de sus prodigiosos artículos. Hablaba de Cuba, aquella España en vacaciones que había inventado la sobremesa. (Allá, un taxista mulato le dijo: "Yo gasto lo que gano; la caja de muerto no tiene bolsillos.") Es verdad que la más bella doctrina humana del Amor nació a los postres del Symposio platónico. ¿Pero qué bella doctrina humana de la Tauromaquia va a nacer de una sobremesa de antofagastas -pelmazos- con un octogenario?
Ignacio Ruiz Quintano
miércoles, 24 de abril de 2013
Toniolo
Toniolo es un octogenario italiano condenado por la crisis a vivir su octogenariado en perpetuo movimiento ferroviario:
–Nunca me he parado a dormir en la estación, sino que viajo también de noche, bajo al final del recorrido y vuelvo a subir en otro tren que parte –le ha dicho al ABC.
El Estado no le garantiza techo, pero le proporciona un carné para ir en tren de balde.
El tren a ninguna parte de Toniolo es la metáfora de nuestra posmodernidad.
También está ahí el premio de la Renfe, pero Toniolo es un jubilado, no el obrero comprometido que pedirían los jurados de ese miliciano de la juglaría que es García Montero.
También escribió “El principito”.
El principito quería que Saint-Exupéry le dibujara un cordero, pero lo que quería Saint-Exupéry era que en todos los trenes de pobres pusieran a Mozart.
miércoles, 11 de julio de 2012
Muere el anciano torturado por unos ladrones en Palazuelos de Villadiego
domingo, 5 de junio de 2022
Remembranzas trevijanistas (VI)
Doctor en Filología Clásica
La democracia, en cuanto división de poderes del Estado, fue analizada por Trevijano, teniendo como principales referentes a Jeremy Bentham, Montesquieu, Hamilton y Benjamin Cosntant. Pero la verdad es que los grandes referentes de esa mencionada división de poderes que principalmente la caracteriza se encuentran ya en Grecia y Roma. Todo el pensamiento político democrático que la especie humana ha producido surgió como terapia a lo que el viejo Platón, en el Libro III de “Las Leyes” (691 a), ayudado por el jovenzuelo Filipo el opuntio, denominó “la enfermedad de los reyes” (tò tôn basileôn nosêma). Y toda la ingeniería institucional del Estado ideada desde entonces nació como remedio o acesia a la curación de esa enfermedad de reyes que el octogenario Platón calificó de “extremadamente grave” (tês megistês nósou).
Esa enfermedad infecta y contagia (plerotheísa) la mente de todo hombre que ostenta un poder político, cebándose sobre todo en los que tienen el mayor poder. Tan terrible enfermedad consiste en que el poder infecta la sangre de todo el que lo tiene, de suerte que llega a ser el poder en sí quien domina al agente, quien esclaviza al que lo ostenta, escapándose por completo del control de éste como ente autónomo. Es así que el actante (el rey) se hace paciente de su instrumento infectante, y el término marcado, el poder, se hace actante, y la enfermedad reina sobre el rey. Esta misma idea la vislumbró Martin Heidegger en su penetrante comentario al segundo “stásymon” de la Antígona, de Sófocles. Sófocles, devoto de Asclepio, dios de la medicina, a través del Coro, nos señala que el hombre es un ser maravilloso, pero terrible (“deinós”), tan maravilloso y terrible como un dios. Y no se diferencia de los dioses por el poder –pues precisamente por su poder es igual a los dioses–, sino porque no tiene capacidad para controlar dicho poder, que con frecuencia le lleva al mal y a la locura del ensoberbecimiento.
Contra esta enfermedad diagnosticada por el divino Platón, las ciudades griegas tenían dividido el poder, terrible y contagioso, en tres poderes más pequeños y con frecuencia hostiles, siendo la enfermedad voraz de cada uno la medicina o terapia para los otros dos. Cada República lo hizo a su modo. Así, hasta en la militarista Esparta, el poder se despedaza en una doble línea de reyes, en dos dinastías, Agíadas y Euripóntidas, veintiocho gérontes que constituían el Senado o gerousía, y los éforos. En Atenas con la tríada Boulê-Hêliaia-Junta de Generales y Comisión de Fondos Festivos, sometida siempre a la Ekklêsía o Asamblea abierta a todos los ciudadanos, se dividía el poder del Estado en las tres tradicionales ramas (branches) de legislativo, judicial y ejecutivo.
Pero también Roma supo combatir con inteligencia la enfermedad de los reyes en su República. Mediante tres procesos electorales distintos, absolutamente distintos en todo (cada uno de estos tres procesos tenía hasta su propia ley electoral), Roma instauraba tres poderes del Estado hostiles entre sí, pero imprescindibles cada uno de ellos para la República. Ni las leyes podían recibir sanción sin la aquiescencia de los ciudadanos, ni los magistrados ser elegidos fuera de los comicios, ni los justiciables ser sentenciados por jueces que no fuesen idóneos e independientes, y como todos los ciudadanos estaban inscritos en una curia por su linaje, en una centuria por su capacidad económica y en una tribu por su domicilio, nadie estaba excluido del sufragio y de dar su opinión, siendo por consiguiente el pueblo romano verdadero soberano de hecho y de derecho. Con los comicios por centurias –en donde las clases más menesterosas tenían una muy escasa influencia debido al orden de la votaciones: de las 195 centurias, los más poderosos tenían 98 y votaban los primeros, si bien la clase no tiene siempre una relación automática con los sentimientos políticos– se elegía al poder ejecutivo (cónsules, pretores y demás magistrados dignos de sentarse en una silla curul). Con los comicios por tribus –en donde los patricios o aristócratas no votaban y todos los votos valían lo mismo– se elegía a los tribunos y se aprobaban las leyes. Es decir, las tribus elegían el Poder Legislativo, magistrado mudo, como son las letras, pero absolutamente efectivo, y los comitia centuriata el Poder Ejecutivo, las leyes hablantes, leges loquentes. De ahí que Rousseau dijera que en la República Romana gobiernan los ricos con las leyes que hacen los pobres.
Finalmente, los comicios por curias fueron la cuna de todas las elecciones, remitiéndose al rey Servio Tulio, representando cada curia ( de *coviria, “reunión de varones” ) diez gentes o clanes, y que demuestran que la familia y la sangre eran el fundamento del Estado romano. La estirpe es el primer principio político de clasificación. De hecho, aunque fueron perdiendo funciones en relación con los otros dos comicios citados, siguieron, sin embargo, rigiendo el derecho familiar y doméstico, como, por ejemplo, la adscripción de un nuevo ciudadano a una familia.
Es evidente que lo que hace John Locke en su Segundo Tratado del Gobierno Civil, fundamentalmente en los capítulos XII y XIII, así como Montesquieu en la Segunda Parte de su Del espíritu de las leyes, es retomar del Mundo Antiguo las teorías terapéuticas sobre la enfermedad de los reyes y la práctica institucional de las democracias griegas y la República Romana. Aunque la idea de la separación de poderes o domesticación del poder –civilizar el poder–, propia de la libertad política, se restaura por vez primera en la Democracia de los EEUU en los inicios de la Edad Contemporánea, esta idea formaba parte sin duda del acervo del Mundo Clásico. La aportación del liberalismo moderno fue el concepto de representación política, fraguado por Alexander Hamilton y Jeremy Bentham, con que en cierto modo se ha intentado conjurar el peligro de que la Democracia caiga en una Oclocracia. Hoy el poder en España reside sólo en un Parlamento vocinglero, tumultuario, de baja estofa, plebeyo y mercader, en donde los partidos trafican con sus ideales dentro de un nauseabundo contrato sinalagmático, tal como Antonio García-Trevijano llegó a declarar hace cuarenta años.
martes, 23 de abril de 2024
La motosierra
Georges Bernanos
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
En la semana que muere O. J. Simpson, absuelto por un jurado americano del asesinato de su ex esposa Nicole y del camarero que la acompañaba, un jurado español declara culpable de homicidio al librero octogenario que en su casa de Ciudad Real mató de madrugada con su escopeta a un intruso hondureño armado con una motosierra, por lo que recibirá más sanción que la cumplida en su día por el carnicero Chaos por cada uno de sus asesinatos.
El jurado popular es un instrumento de la cultura jurídica anglosajona, basada en el precedente judicial, que no pide un gran conocimiento de las leyes, frente a la cultura jurídica europea, basada en el derecho romano, cuya complejidad requiere de un gran dominio técnico. Los constitucionalistas del 78, un ingeniero agrónomo y un director teatral, se apuntaron al jurado porque en su Constitución había de caber toda la moda, como en la planta de oportunidades de Sepu, y les salió un “monstruo de Horacio” (ver el arranque del “Ars poética”) que, por un lado, garantiza la inviolabilidad del domicilio, y por el otro, se abre a los jurados populares que condenan al librero ciudadrealeño por defenderse en su casa y que absuelven a los policías que con ariete echan abajo, sin orden judicial, la puerta de un domicilio donde se celebra una fiesta.
–Los abogados siguen buscando una definición del concepto de Derecho –dijo famosamente Kant.
Pues que dejen de buscar, porque el Derecho, con los llamados Estados de Derecho, dejó de existir, y su lugar lo ocupa lo que Dalmacio Negro llama el “nihilismo jurídico”. Lo explicaban estos días “las expertas” de la televisora woke ABC con motivo de la muerte de O. J. Simpson:
–Recordemos el contexto. No se trataba de que Simpson fuera culpable o inocente. Si preguntabas, todos te decían: “Oh, sí, él lo hizo”. Se trataba del Sistema. En el 92 habían quedado libres los policías que pegaron a Rodney King. Así que en el 94 tenía que salir libre Simpson. Después de todo, los policías matan más.
El fiscal del librero ciudadrealeño, que ignorará el cuento del molinero y Federico II, hacía al procesado la pregunta saducea de la casa, porque usted lo que defendía era la casa, ¿verdad? ¿Qué puede defender uno hoy en España, su casa, cuyo derecho de propiedad está a punto de extinguirse, o su vida, en una sociedad que proclama el aborto como “derecho humano fundamental”?
Todos estos disloques tienen un solo fin: la domesticación social. Tras el 45, observó Bernanos, y Muray lo recoge, se empezó a fabricar, a toda velocidad, en serie, “una humanidad dócil, cada vez más dócil, a medida que la organización económica, la competencia y las guerras iban exigiendo una reglamentación más minuciosa”. Somos la sociedad que aplaudía en los balcones a los carceleros que la confinaban ilegalmente, y la Constitución canta al despotismo ilustrado con la música prusiana de que “la justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey”.
[Martes, 16 de Abril]
viernes, 27 de noviembre de 2009
FAMOSFERA DE MENORES
Ignacio Ruiz Quintano
ABC, 27 de Noviembre
La pepera Celia Villalobos (Hipatia de Málaga) pronunció el martes en el Congreso una verdad en números redondos: «Moved el culo, que hay que ver al Barça». Se votaba el nombramiento para la RTVE de Alberto Oliart, que, como todos los que presumen de estar en la pomada saben, es octogenario.
La España posmoderna reserva sus respetos para los menores. Ahí está el escándalo desatado por el asalto en una Red Social a los perfiles de las hijas de Zetapé, que ingresaron en la famosfera el día de la foto con los Obama. Y es que la discreción hay que currársela. Felipe González podía haber llevado a su hija vestida de Alaska o de Ana Curra para ver a Reagan en la Casa Blanca, pero no lo hizo, y la libró de una buena, es decir, de ser famosa. Lo de Zetapé con las chiquillas únicamente sería comparable, si medimos el impacto mediático, con lo de Malcon McLaren con los Sex Pistols. Ahora esas niñas padecen, como Joselito o Marisol, el «mal del famoso», que consiste en la pérdida de contacto entre uno y su circunstancia. Y cuanto más famoso se es, a más famosos se conoce.
¿Qué van a hacer ahora? ¿Quedarse en casa viendo «Bambi», con papá? Como tiene dicho Cacho, son «dos antisistema, pero con cuatro coches de policía por escolta». Los chavales que guardaban disciplinadamente cola -la juventud actual es la más disciplinada que se recuerda- para ver en Madrid a Rammstein (en Wikipedia vendrá cómo diablos se pronuncia en alemán) se quejaban del aparato de las muchachas para acceder al Palacio de los Deportes. «¡Envidia!», protestarán los chuchos de Roures, acostumbrados a morder las canillas a todo aquél que, ante el nombre de Zetapé, no se ponga en primer tiempo de saludo. Sí, pero la envidia es el fundamento de la democracia, y esto lo aduce Bertrand Russell, no el subteniente Remón, el mítico legionario que no quiere recortarse la barba para dejársela como Cebrián. Vivimos en una sociedad de mirones cuya disculpa es la distracción.
viernes, 25 de septiembre de 2009
sábado, 31 de diciembre de 2022
En la muerte de Benedicto XVI
Erección de la estatua compostelana
QUIEN CREE NO ESTÁ SÓLO
Ignacio Ruiz Quintano
ENVIADO ESPECIAL A SANTIAGO DE COMPOSTELA
Visto y no visto. No es más que un instante de claridad. Pero es la claridad de la majestad que impone el peso de la púrpura, esos dos mil años a cuestas de un hombre octogenario señalado para buscar y salvar lo perdido. Es el Papa Benedicto XVI en Santiago. Apenas medio segundo que nos lleva tres horas de espera.
—Pero quien cree no está solo.
Por la avenida de Juan XXIII, el «papamóvil» pasa velozmente, precedido por un vehículo que podría ser el del ministro Rubalcaba haciendo de «safety car». El visto y no visto pinta una desilusión como la de «Bienvenido Mr. Marshall».
En el «papamóvil», frente al Papa, hemos visto a su secretario, Georg Gaenswein —cuya elegancia, al decir de las comadres, inspiró a Donatella Versace una colección de camisas—, y al arzobispo de Santiago.
—¿De Santiago? ¡No, «home»! De Zamora. Fresno de la Polvorosa— corrige un señoruco que cree que se discute la cuna del señor arzobispo—. El pueblo donde tiran a la cabra del campanario...
Para llegar a la avenida de Juan XXIII ha habido que rodear la ciudad de Santiago, con todos los callejos del centro cerrados por la Policía: policías hechos y derechos mezclados con policías novatos en prácticas de Academia. ¿Quiénes de ellos perderían el otro día los papeles secretos de la seguridad papal que un ciudadano anónimo devolvió a la autoridad?
Con las de Juan Pablo II, es la tercera visita de un Papa a Santiago, y en la tertulia de valla se establecen las comparaciones:
—El polaco era más simpático.
—Pero el alemán habla más idiomas.
Es la traducción popular de las visiones que, a juicio de Peter Seewald, han establecido los medios:
—De Wojtyla estimaban la emotividad, el dramatismo de sus gestos varoniles; de Ratzinger, la nobleza, esa postura aristocrática al hablar y actuar, que recuerda a los grandes de la Antigüedad clásica.
Después de unos días de primorosa —aunque falsa— primavera, hace un frío sin sol en Santiago. En la valla se culpa de la demora a Rubalcaba, que entretiene al Papa en una audiencia.
—¿No es Jefe de Estado el Papa? ¿Qué hace entonces con Rubalcaba?
Ya tiene caso salir del sol de Roma para caer en la niebla de Santiago y que aparezca Rubalcaba, el hombre del día en la política local, sólo por haber presentado como un logro que la economía española crece al cero por ciento. La esperanza es que Benedicto XVI, gran amigo personal de Trappatoni, sepa improvisar un «catenaccio» para parar al hombre que en España presume de saberlo todo de todos.
En la valla de enfrente, muchachas rubias agitan una pancarta, «Tarnowskie Gory», que no sabemos leer.
—¿Qué comerá el Papa? —pregunta una mujeruca.
—Ni las monjas que atienden al señor arzobispo lo sabían ayer —responde un enterado.
Gran parte del público de valla o de cuneta está entre la adolescencia y la juventud. Grita y canta con una alegría que quita el frío. En Alemania se reza en las escuelas. Un periódico de Madrid envió a Berlín a un reportero para contrastar el laicismo alemán y se llevó esa sorpresa. «¿Y por qué se reza?», preguntó el reportero. Y le respondieron: «Porque una vez dejamos de hacerlo y nos fue muy mal».
La decisión de Ratzinger por el sacerdocio tuvo que ver con la atracción espiritual que le produjo el misterio de la antigua liturgia romana:
—El aspecto estético era tan sobrecogedor que era un auténtico encuentro entre Dios y yo —confesará el Papa.
La TV gallega pondera el galleguismo del arquitecto gallego del escenario de la misa papal. Él da sus explicaciones, pero, metido en esa plaza universal, su aparejo viene a ser una metáfora del relativismo cultural que tanto ha combatido el Papa. Este localismo tan hispánico acaba por reducirlo todo a «performances» con sabor a pollo de albergue: gallega la TV, gallega la arquitectura, gallega la artesanía y gallega la música.
La música, precisamente, es lo que más ha cuidado esta vez el canónigo Búa, coordinador de las visitas papales, que salió insatisfecho de las dos experiencias anteriores.
Sin las verdades de la música, ¿cuál sería nuestro déficit de espíritu al caer el día? —pregunta el gran revisor de la cultura Steiner—. La música y el sentimiento religioso han sido inseparables. ¿Qué hay en el mundo semejante a la música? ¿A qué se parece la música?
Quizás a ese instante de claridad y estremecimiento al paso del viejo Papa de Roma por el Camino más antiguo de la Cristiandad. «Habemus Papam». Tenemos Papa.
[Publicado el 7 de Noviembre de 2010]
lunes, 21 de marzo de 2016
La visita de Obama a Cuba, entre el hito histórico y el horror de la historia
lunes, 22 de junio de 2026
Evasión o victoria
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Los Usa querían otro Mundial, pero la Fifa optó por Catar, donde Messi se movió luego como en un parque de bolas. El mosqueo de los Usa llevó al FBI a husmear en los bajos fondos de la Fifa, cuya cúpula cayó, y apareció Infantino, que habla seis idiomas (al séptimo, descansó) y le dio su Mundial, que es en el que estamos, a los Usa, y un “Fifa de la Paz” a Trump, quien lo llevará de corona (“In hoc signo Vinces”) cuando el ejército del pequeño Marco Rubio invada Cuba para atrapar a Raúl Castro, amigo, ay, de Infantino, que hace años viajó a la isla para ponerle al pequeño dictador (hermano del grande dictador Fidel, alias el Caballo) una camiseta con su nombre y el número “9”.
–El presidente Raúl Castro ya marcó muchos goles en su vida y ahora va a marcar goles de fútbol –dijo Infantino en español al colocarle la zamarra a su amigo cubano, hijo de gallego y libanesa, como la propia esposa de Infantino.
El caso es que estamos en el Mundial de los Usa del octogenario Trump, cuyas dos máximas estrellas son dos cuarentones, Messi y Cristiano, todo lo cual, unido al espectáculo policial y parapolicial del gobierno hacia los invitados, apunta a un “remake” cutre de “Evasión o victoria”, con Trump haciendo de John Huston, el viejo que dirigió aquella cutrez únicamente por dinero. Allí los actores no sabían jugar al fútbol y los futbolistas no sabían leer un papel. Sólo se salvaban, como futbolista, Pelé, en el papel de Luis Fernández, cabo del ejército de Trinidad y Tobago, y como actor, Michael Caine, que hacía de capitán británico John Colby (jugador del West Ham al inicio de la guerra), aunque Caine, con 47 años, se presentó al rodaje más pasado de kilos que Hazard a su presentación en el Real Madrid.
Con varios focos de guerra en el planeta, a nadie sorprendería un “cisne negro” (novela de Nassim Nicholas Taleb) en pleno Mundial. Entre guerra y guerra, Trump, que es del United por su amistad con los Glazer, avisa: “Es hora de un nuevo campeón. Un país que nunca haya ganado. Eso lo haría memorable”. Ya están tardando los persas en poner esa condición.
[Sábado, 13 de Junio]
miércoles, 7 de marzo de 2012
Guerrilla
A los de mi generación nos educaban nuestros padres y abuelos en casa, los profesores en el colegio y la Bruja Avería y los Electroduendes en la tele. Nuestro padres venían de la posguerra y nuestro abuelos habían estado pegando tiros en el Alto de los Leones, así que sabían de qué iba la vida. Tonterías, las justas. Yo estudié en un colegio con fama de derechista y no recibí allí más adoctrinamiento político que el subliminal de Don Ángel, un octogenario profesor de inglés que se ocultaba tras El Alcázar mientras hacíamos ejercicios con el genitivo sajón. Bien es cierto que los curas que daban religión y oficiaban las misas eran casi preconciliares, uno con sotana y el otro con clergyman, pero teníamos la contrapartida de los curas progres de las parroquias de los barrios o del Padre Palomares en San Pablo. Los sábados por la mañana nos educaban Lolo Rico, Alaska y Pablo Carbonell con un refrito de consignas progres y música de Los Ronaldos, pero cabía la posibilidad de ponerse del lado de la bruja, del mal y del capital para acabar siendo un ultra-liberal, que diría Nacho Escolar. Nos quedamos con las ganas de saber si aquel pato de la Rico consiguió ser líder y guía o acabó lacado en un chino.
No tenemos muy claro quién educa a los niños de hoy en día, pero sospechamos que internet, Educación para la Ciudadanía y, en algunas escuelas de Cataluña, el Pep. Ya hablamos aquí de la Madrasa futbolística del Barça, que va a acabar siendo la escuela piloto de la educación catalana. Con los niños representando Otelo en la función de Navidad, haciendo todos de Desdémona en el lecho de muerte a imitación de los jugadores de Guardiola como decían en el Wall Street Journal y nos recuerda con frecuencia Ruiz-Quintano. Sólo que en vez de música de Verdi acompañarán la opereta temas de Coldplay. Que a un niño le prediquen la paraula del Pep es como que le sustituyan a uno a los Evangelistas por Paulo Coelho. Los niños catalanes de las madrasas nacionalistas no saben quién fue Pla y muchísimo menos Eugeni d'Ors, pero la hipocresía que aprenden de Guardiola les vendrá muy bien con el régimen que les gobierna.
La némesis de esa Cataluña oficialmente culé sólo la puede representar el Espanyol, a pesar del intento del de los berberechos de alejarlo de su esencia entregándolo también al nacionalismo. Se recibe al equipo blanquiazul en el Bernabéu como se recibe a un amigo y salta el Espanyol al césped dando la impresión de necesitar un freudiano "matar al padre" para sacar un buen resultado. No ocurrió el domingo, en un partido que el Madrid dominó de cabo a rabo con una solvencia despampanante. Este Madrid de Mourinho fluctúa entre la disciplina de un ejército regular y el aparentemente caótico y fulgurante ataque de la mejor de las guerrillas. Si la resurrección de Kaká llega a concretarse y Khedira continúa rebosando tensión física y talento táctico, más la conocida ansia de Cristiano, el insultante talento de Özil y la "baraka" que parece acompañar a Higuaín cuando los enterradores se afanan en cavar su tumba, podemos esperar de este equipo cosas que aun ni imaginamos.
Mientras llega el declive del Imperio Guardiolista, yo, cuando veo al entrenador del Barcelona, no puedo evitar acordarme de aquellos versos que Jaime Gil de Biedma se dedicó a sí mismo.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
En La Vida por Delante
tras el calentamiento durante el descanso con Rui Faría
lunes, 21 de septiembre de 2009
LO QUE VÍCTOR MANUEL TIENE EN ESTADOS UNIDOS

Víctor Manuel San José Sánchez, "Victor Manuel", en La Habana, Cuba.
El marido de Ana Belén, que vivía, allá por el franquismo, de la granja San José en Asturias, se caracteriza por decir siempre lo que el que manda quiera oír, llámese Franco, aquél al que dedicó el motete pacifista Un gran hombre, o Zapatero, ése que a un artista octogenario que le había preguntado en la bodeguilla si no creía él que Bush tenía demasiado poder le contestó: "Bueno, yo también tengo mucho poder."
lunes, 5 de junio de 2017
Lo nunca visto
Creíamos tenerlo tan visto en las barajas de don Heraclio Fournier que ni siquiera lo habíamos visto: un Rey de Copas de verdad, con su “12”: las doce tribus de Israel, los doce apóstoles de Jesús y las doce copas del Madrid con que Zinedine Zidane ya puede, vestido de Rappel, montarse un zodíaco: el Zodíaco del Fútbol.
Antes de la final de Cardiff vimos un publirreportaje sobre Guardiola, el inventor del fútbol, en el cual todo eran excusas para justificar el gatillazo pegado en el City; un lambiscón lo resumió en una frase memorable: “Es un entrenador tan especial que necesita futbolistas muy buenos que lo entiendan”.
Vimos también el anuncio cervecero con Mourinho en el Ártico, donde, por cierto, sale más hielo del que dicen las Casandras climáticas (¿o se dice climatéricas?), que son de la teoría de que se ha derretido el Polo Norte, aunque en la playa de Lastres la marea sigue llegando al mismo ladrillo que hace treinta años.
A Guardiola y a Mourinho, que iban de Alfa y Omega del fútbol, se los ha llevado en Cardiff por delante el tal Zidane, que toreó a la Juve del “Anchoa” Allegri como Ponce al garcigrande de Las Ventas.
–El fútbol depende de una ráfaga de viento –dice Hughes que es el lema laboral de Allegri.
El fútbol es de los buenos futbolistas. El Madrid los tiene y la Juve no. Zidane lo fue, y vino al Madrid. Por eso el Madrid gana finales y la Juve las pierde.
La Juve finalista parecía un robot al que sólo un teórico de la inteligencia artificial podía meter mano. En su eliminatoria con el Barcelona de Messi mostró una pauta organizativa propia de las colonias de insectos: parecía un termitero. Su alma era comunal, del nido. El Barcelona cayó fascinado por la contemplación de tan frenética actividad. El Madrid, en cambio, encaró el problema como los elefantes el desfile en el Libro de la Selva. Lo que no sé es cómo Allegri, un tipo que una vez plantó a su novia en el altar, no salió corriendo en el descanso hacia el Ártico de Mourinho, llevándose de recuerdo, al menos, el gol Mandzukic, que era de Van Basten. Se hubiera ahorrado la segunda parte, cuando hicieron agua todos sus jugadores, incluido Dybala, que, como todas las figuras emergentes en nuestros días, tiene algo de pescuezo de gallina: de lejos parece algo, pero de cerca sólo es otro hueso.
En el Madrid cumplieron todos sin despeinarse, y contra eso, hoy, no hay nada que hacer. Navas salvó un cero a uno. Carvajal y Marcelo fueron los “flippers” del pinball zidanesco, en el que Isco es la bola, y Modric, el muelle. Casemiro, ese río de leones (¡los veinte Stielikes de Hughes!), hizo lo suyo y un gol. Kroos sacó córneres como confetis. Cristiano obtuvo dos goles y otro Balón de Oro. Ramos, que tiene naturaleza histriónica, repartió papeles para todos los registros, de Cortihero a Supermán, de Tony Leblanc a Peseto Loco, pasando por… ¡Jordi Alba!, con esa “barcelonada” o “culerada” sin fundamento al pobre Cuadrado, a quien el árbitro, que equivocó todas las tarjetas, envió a la calle. ¡Esa broma hubiera quedado homérica con Alves! Pero, en sus peores momentos, la vida humana no es algo trágico, sino carente de significado.





















