miércoles, 7 de diciembre de 2022

Mundial. No es lo mismo un club que la Selección


 

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


       Confieso que creí que Luis Enrique se bajaría del caballo y pisaría los campos del Mundial como debe hacerlo un seleccionador de fútbol que no es un entrenador de club como lamentablemente se ha empecinado el asturiano. A mi parecer, Luis Enrique se cree tan moderno y avanzado que está convencido de haber descubierto el Mediterráneo y así como Sacchi y Cruyff revitalizaron el fútbol con sistemas e ideas tan innovadoras como espectaculares, nuestro seleccionador, envidioso de aquellos profetas y con desprecio a la razón, experiencia y conocimientos de todo el mundo del fútbol ha querido convertir en geniales, como es costumbre en el siglo, demasiados despropósitos. Un seleccionador, además de confiar en sus jugadores, debe estudiar a los rivales y llevar barajadas varias opciones para poder batirlos. La posesión, como la defensa adelantada de Sacchi en el medio campo, puede que sea un buen método, pero así como a Sacchi le empezaron a destrozar la estrategia con balones largos, el "sistema innegociable" de la española lleva tiempo con resultados intrascendentes además de monótono porque los jugadores no lo hacen ya con velocidad -lo de Costa Rica ha quedado como raya en el agua, como nuestros otros dos únicos triunfos en los dos anteriores mundiales: Australia e Irán- y está demostrado que con esperarnos cerrados es suficiente. El contrario siempre tiene alguna, y si no es capaz de crearla se la regalamos jugueteando con el portero. ¡Un juguete! Eso parece que ha sido la selección en manos de Luis Enrique. Un juguete de ésos de videoconsola "megaguay" que se nos hace tan inasequible como incomprensible a los que llevamos bastante más de medio siglo sufriendo con el fútbol.


      Sí. Luis Enrique tendría que haber llevado otro delantero centro nato, Borja, para partidos más que probables a priori como el de Japón, Marruecos o Croacia, selecciones que se iban a cerrar a cal y canto y previsiblemente necesitarían balones al área, que es un modo de ataque tan respetable como efectivo. El hombre, en su cerrazón, se ríe de los que apuntaron la necesidad porque cree que sólo él sabe del fútbol y sus ramificaciones. Para lo bueno y para lo malo la selección española era un equipo de autor, y el autor, fanático como él solo, ha quedado retratado tras su mundial vulgaridad. No le deben echar sino que debe dimitir. Más por coherencia que por dignidad, que también. Y por favor que venga gente práctica, como el añorado Luis Aragonés porque a la selección debe llevarla alguien sensato que estudie a Alemania, a Francia y también al Japón, a Marruecos y hasta las Islas Feroe. Y seguir moviéndola. Sí, mover la pelota, que no es lo mismo que magrearla. Lo primero fue una gozada multitudinaria; lo segundo, en lo que estamos, resulta ya de una rijosidad casi vomitiva y nos coloca en calidad a la altura de Japón, Corea, el Senegal... y sí, por debajo de Marruecos.


      ¡Con Dios, Luis Enrique!


      ¡Ah! A cuartos llegan los buenos de siempre, menos quizás Alemania, que se nos está empezando a parecer. Permitan que tuerza por Holanda, donde hay un entrenador de club y de selección.

El disenso

Alberto Buela


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Ante la sedición catalana, las promesas de “diálogo” del gatopardismo mariano, las “medidas secretas” de María Soraya y el órdago del cura encampanado en Gerona son lo mismo: chapoteo en la sopa primordial del consenso, esta ideología socialdemócrata que consiente la transgresión, mas no el disenso.

El disenso no es otra cosa que pensamiento crítico, “ruptura con la opinión publicada”, dicho por el argentino Alberto Buela, que lleva tres décadas teorizándolo y que encabeza su teoría con Havel:
El disidente no aspira a cargos oficiales ni busca votos. No trata de agradar al público, no ofrece nada ni promete nada. Puede ofrecer, en todo caso, sólo su pellejo.
Havel es el gran marginado por los satisfechos gozadores del sistema consensual del “ostrakón”; lo que Buela llama la “Patria Locutora”: profesores y periodistas semicultos, “demócratas discursivos” del blablablá de Habermas (“¡Teoría de la Comunicación!”), con la vanguardia por método:

Si no somos profundos, al menos no seamos antiguos.
El disenso rompe el simulacro ilustrado de “hacer ‘como si’ se tuviera en cuenta al otro” cuando en realidad busca distanciarlo sin que se note.

En el consenso (hablar por hablar, jovial disposición a un compromiso que a nada compromete) los problemas se ordenan, pero no se resuelven: en esta “pax apparens” el político se siente obligado a aceptar las demandas, pero no a solucionarlas.

Con “la ausencia de intento alguno para resolver los problemas” se espera que una fuerza de las cosas lo vaya haciendo.
Buela se detiene en esas “mesas de consenso o diálogo” que nos brindan los “analfabetos culturales locuaces” (comunicadores en general), donde cada uno dice lo que el otro quiere escuchar, pero quien habla no cree lo que dice.

¿A qué obedece este “carácter mistongo” de los argentinos (léase españoles) de ahora?

¿Será tal vez al carácter romano (en Roma “todos gritan y nadie se pelea”) de los curas?
Sólo la Patria Locutora y el cura de Gerona lo saben.
 

 [Publicado el 6 de Septiembre de 2017]

Escolios a la demografía, escollos de la demografía

Malthus


Jean Palette-Cazajus

Mi obsesión por el carácter inexorable de las cifras demográficas sobre el destino de Europa y la andadura del planeta solía ser considerada, hasta hace poco, como una chifladura, un truco barato para epatar al personal o aparentar originalidad intelectual a precios de bazar chino. La sistemática ignorancia sobre estos temas, por parte de gente sin un pelo de tonta, siempre me resultó descorazonadora. Entre intelectuales de filiación llamémosla “humanista”, creo que el interés por las cifras se consideró siempre como una ordinariez. La elegancia intelectual está en el “puro cielo de las ideas”, en el manejo de los conceptos y de los símbolos. 

Cuando hablamos de España, de Francia, de Italia, de Alemania seguimos manejando tópicos de barra de bar y no digamos cuando se trata de países exóticos como China, Pakistán o Nigeria. Por supuesto, nuestros tópicos presumen de categoría, vienen envueltos en dorado papel de regalo. Pero detrás de las lentejuelas intelectuales siempre dormita la fundamental incapacidad para extirparse de una vez fuera de la ganga de los siglos de la trascendencia, para renunciar a la idea de que la sustancia de los humanos es distinta del resto de los seres vivos. La incapacidad de renunciar al viejo dualismo ontológico, como dice la filosofía escolar, a la idea de que constituimos una entidad especial, separada, “la excepción humana”. Aceptemos la inscripción de la especie humana en la historia común del genoma y de la evolución de las formas vivas, asumamos la realidad del hombre como “cristalización genealógica, provisional e inestable de una forma de vida en evolución, a saber la humanidad en tanto que especie biológica” (Jean-Marie Schaeffer). Entonces disfrutaremos lo mismo de la poesía de San Juan de la Cruz y de los escolios de Spinoza, pero nuestra cabeza abandonará su larga convivencia con los pies y pasará a ocupar su emplazamiento, nunca mejor dicho, “natural”. Ciertamente, el precio a pagar será doloroso: “Lasciate ogni speranza, voi che'ntrate” avisó Dante. Y así es. Lo que realmente distingue al hombre del animal es su posibilidad de anteponer la lucidez a “cualquier esperanza”.


Camino de Usa

Por supuesto, no siempre en los albures de la historia los factores demográficos han sido factualmente determinantes, pero, a la larga, el peso de la demografía se muestra implacable. El cúmulo de las anécdotas termina construyendo la ley. Si Rocroi (1643) fue el canto del cisne de los Tercios fue también porque la mayoría de sus integrantes ya no eran españoles, o ya no eran voluntarios, o ya no tenían el “fighting spirit” que los adornó durante siglos. Y aquello tuvo mucho que ver con la demografía española del momento. 

Si Bonaparte trajo a Europa de cabeza fue porque se podía apoyar en la reserva de carne viva suministrada por un país de 30 millones de habitantes, entonces y con mucho, el más poblado de Europa. “Francia es mi amante, me concede sin contar sus favores y su sangre” roneaba el corso. 

Si la población inglesa no se hubiese multiplicado por 5,6 entre 1750 y 1914 –cifra inaudita, recordemos, en la demografía europea– para alimentar un torrente migratorio, la hegemonía anglosajona hubiese resultado más dudosa.


Ruanda, 1994

Si el mes inicial de la Primera Guerra Mundial, del 6 de Agosto al 13 de Septiembre de 1914,  fue tal sangría (313 000 muertos) para los franceses, fue, aberraciones tácticas aparte, por la superioridad demográfica alemana que les permitía alinear regimientos cuyo efectivo era hasta un 50% más numeroso que los franceses. 

Si el frente del Este terminó en desastre para los alemanes, durante la Segunda Guerra Mundial, fue por la abrumadora superioridad demográfica de los soviéticos. Alemania tenía 68,5 millones de habitantes en 1940, la URSS 172. Stalin dudaba aún menos que Hitler a la hora de sangrar al propio pueblo, en particular el vivero de sus repúblicas asiáticas, explotado hasta la última gota. 

Si, en los mismos años, los Estados Unidos aceptaron renunciar a su aislacionismo tradicional – al que pretende volver Trump– para ejercer de primo de Zumosol, fue, por un lado, ahorrando al máximo la sangre americana, a cambio de terribles destrucciones urbanas como en Normandía,  después, contando con que, diluidas en el potencial demográfico americano, las bajas no alteraran demasiado la conciencia ciudadana. 

Si poco más tarde, en Corea, en 1951,  americanos y surcoreanos se vieron al borde del desastre, fue por la irrupción de cerca de 2 millones de “voluntarios” chinos que los sumergieron literalmente. Costó Dios y ayuda enderezar la situación hasta regresar al sempiterno paralelo 38.

Niños en Gaza

Si la guerra (1996-99) y luego la independencia de Kosovo constituyeron tal trauma para Serbia fue porque su conciencia nacional se había forjado en el corazón de aquella provincia,  a partir de la terrible derrota del Campo de los Mirlos, en 1389, frente a los otomanos. Luego, a lo largo de los siglos, la demografía musulmana se impuso inexorablemente hasta llegar a la situación actual: 92% de albano-kosovares, 5,3% de serbios.

Si advino el horrible genocidio de 1994, fue también porque Ruanda, 26 338 kms2, casi 13 millones de habitantes descontando a los 800 000 tutsis, tal vez más de 1 millón, troceados a machetazo limpio, fue porque el llamado “País de las mil colinas” sufría desde hace generaciones el fatal encogimiento de las parcelas agrícolas. Ninguna situación ilustró mejor las palabras de Lévi Strauss citadas hace unos días: “...empezamos a odiarnos unos a otros porque una presciencia secreta nos advierte de que somos demasiado numerosos para que cada individuo pueda disfrutar libremente de los bienes esenciales...”

No quisiera marear. Terminemos con tres ejemplos de rabiosa actualidad.


Bumedián y su frasecita

Si la presencia “hispana” es cada vez más notable en Estados Unidos es porque México, y en grado algo menor la América Central, padecieron en los últimos  decenios tasas de crecimiento demográfico “africanas”. México tenía 25 millones de habitantes en 1950, hoy son cerca de 130. Con la misma tasa de crecimiento, los españoles serían hoy 150 millones. Perdón por el susto. Los políticos mexicanos lo avisaban desde hace decenios, a ritmo de mariachi: “Reconquistaremos los territorios perdidos (en la guerra de 1846-48, con EEUU) con el vientre de nuestra mujeres”. Personalmente y dándole la vuelta a la famosa frase del viejo Porfirio Díaz, diría que “¡Pobres Estados Unidos, tan lejos de Dios y tan cerca de México!” 

Si lo de Israel y los territorios palestinos no tiene pinta de mejorar, mucho tiene que ver con la situación demográfica. Sobre una superficie útil de poco más de 12 000 kms2 se aprietan y se odian unos 14 millones de judíos y árabes que se habrán duplicado en el horizonte 2050. Es la extensión de la provincia de Salamanca, ella con sólo 342 000 afortunados habitantes, nada dados a practicar la “guerra de los vientres” como palestinos y judíos ortodoxos. El colmo de la pesadilla lo tenemos en la banda de Gaza, 360 kms2, casi 2 millones de infelices, controlados por los islamistas. Se puede hablar de patología poblacional y política. La natalidad de los judíos ortodoxos y “jaredim” es ella 3 o 4 veces superior a la de los judíos laicos, mayoritariamente askenazíes, fundadores del Estado de Israel,  portadores de los valores europeos y cada día más minoritarios. Muy pronto la batalla opondrá dos siniestras cavernas religiosas. 

Si algún iluso piensa que pronto nos habremos librado del sedicente Estado Islámico y sus secuaces es que no tiene la menor idea de la realidad demográfica de los países musulmanes. Cansado estoy de alinear cifras. Búsquese cada uno los datos y previsiones relativos a Nigeria, Pakistán , Bangla Desh, Indonesia, entre otros, y comprenderán que nos esperan interminables y peores avatares de Daesh. Bueno, venga la espuela: veamos el caso de Egipto, ombligo cultural del mundo musulmán, que padece lo que se llama una “contratransición demográfica”, donde la tasa de nacimientos vuelve a aumentar, inducida por el peso del islam radical y la regresión de la condición femenina, con una gran mayoría de mujeres veladas y sometidas a la mutilación genital femenina (MGF). Egipto pasa del millón de kms2, pero con sólo 40 000 fértiles, prácticamente los de la época faraónica cuando tenía 3 o 4 millones de habitantes. Eran 9, 5 millones en 1900,  hoy pasan de los 90 millones, serán 162 en 2050. 

“Un día, millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque irrumpirán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria.” La frase es muy conocida. Se atribuye al argelino Houari Boumediene, en 1974 . La deontología exige advertir que no tengo pruebas fehacientes de su veracidad. Pero la frase, muy celebrada entre los islamistas y en los “países del sur”,  se corresponde con el inexorable proceso de las cosas. Vimos el éxito de parecido soniquete en México. Puso su granito de arena el difunto Gadafi en un discurso de 2010 publicado en el diario libio Al-Shams: “Vosotros musulmanes sois una minoría en Europa. Alá quiere que un día seáis mayoría y la dominéis...seréis los imanes y los herederos del continente europeo”.

Algo más que paridoras

Resulta que son sociedades particularmente convencidas del origen divino de la “excepción humana”, las que animalizan el vientre de las mujeres, y las propias mujeres, las que reproducen ejemplares en lugar de producir sujetos. En cambio comprobamos que quienes consideran sagrado el deber de criar individuos responsables, pero irresponsable la proliferación de la especie, suelen ser los mismos que aceptan la unicidad fundamental del tronco de la vida. Cuanto más educado y racional, menos se reproduce el ser humano. Hasta el punto de poner en peligro su continuidad. El axioma es implacable: prolifera la ignorancia y se extingue la inteligencia. Lógico. Su aparición era absolutamente innecesaria para la supervivencia de la especie. Tal vez, incluso, contraproducente.

En la llamada “transición demográfica”, tras bajar la mortandad, la natalidad se mantiene un tiempo idéntica y las poblaciones crecen rápidamente. Luego la natalidad siempre termina disminuyendo hasta llegar a cierto equilibrio. Esto creían, al menos, los demográfos. Hoy se asoman incrédulos al desastre de una inconcebible “contratransición”. Sobre todo en África y, en grado menor, en la India. Occidente generó los progresos sanitarios que redujeron la mortandad. Al mismo tiempo, desde hace dos mil años, aprendió a superar el aislamiento clánico para ir creando no solamente instituciones colectivas sino una fuerte conciencia de su necesidad, hasta llegar, claro que en grados muy diversos, a la conciencia del estado, a la  de la nación y a la de la humanidad. La conciencia de que a menor mortandad debe haber menos natalidad y la de que la responsabilidad reproductiva es también colectiva fueron concomitantes. 

Los países proliferantes son víctimas del esquema inverso. En primer lugar los instrumentos que acabaron con la mortandad les llegaron de una cultura ajena. Luego la total ausencia histórica, en los individuos, de la referencia interior a una colectividad o una totalidad social englobante dejó fosilizados los comportamientos en actitudes puramente egoístas y posclánicas. El prototipo es hoy el varón autista, un primate reproductor dominado por el placer competitivo de verse rodeado por una prole pululante. Con frecuencia polígamo, suele labrar metódicamente el vientre de mujeres condenadas al destino de hembras gestantes. Parte de la producción se manda a Europa en busca de los medios económicos para garantizar la continuidad del ciclo reproductivo.

No sé porqué me viene a la memoria el recuerdo de la cultura ateniense, la huella de la lengua de Platón y Aristóteles, que brotaron en una polis de 50 000 ciudadanos libres. Ninguna generación futura se acordará del tipo de conciencia que encarnamos alguna vez. En realidad ninguna recordará que hemos existido ni para qué lo hicimos.

Atenea deprimida
 
[Publicado el 2 de Diciembre de 2016]

Miércoles, 7 de Diciembre

 

Valle de Esteban


Entre dos aguas

martes, 6 de diciembre de 2022

Azules y rojos


Robespierre

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Estaba uno ojiplático con el tuit de un profesor universitario que clasificaba la democracia representativa en “liberal, orgánica y popular” (!), y me saltó el video de Otegui:


    –No habría gobierno sin el apoyo de quienes queremos marcharnos de España.


    A la violencia ontológica de tener a Otegui de jefe real del gobierno de España, la ruidajera mediática opone, como paliativo, la acusación de “violencia política” a una diputada de la oposición que en la tribuna dijo “Jehová”, como el anacoreta de “La vida de Brian”, al llamar “nepote” a un miembro del gobierno que se defendió en su banco azul prometiendo “acabar” con los bancos rojos (“banda de fascistas”) de la diputada a lapidar.


    –Los insultos de la extrema derecha preocupan cada vez más a los partidos, que piden cambios para evitar la degradación del Parlamento –tituló el diario gubernamental.


    España es un país tan anómalo que a su Parlamento no lo degrada confinar ilegalmente a la población “porque no sabíamos qué hacer”. Ni siquiera lo degrada la existencia del Banco Azul, expresión en cuero o skay de que el gobierno es el legislador, el juzgador y el ejecutor (¿cómo hablar libremente delante de quien te puede encarcelar por hacerlo?). De hecho, los ministros presumen de legislar y dan su nombre a las leyes. Es el caso de Montero, que antes de ser ministra fantaseaba con la guillotina en Twitter, síntoma propio de lo que Lenin estudió como enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo.


    El amo de la guillotina, como sabemos, fue Robespierre, que no era tan mala gente: en la Constituyente del 91 propuso, sin éxito, la abolición de la pena de muerte, pero la Asamblea no la aceptó, así que luego él la aplicó, y con tanto éxito que ya sabemos dónde acabó. Dice la Historia que Robespierre estaba totalmente perdido cuando, el 8 Termidor, se le dijo en la Convención: “Nommez ceux que vous accusez” (nombre a aquellos que acusa), y no nombró a nadie.


    En las discusiones constituyentes, Robespierre había defendido la separación de poderes (concepto desconocido en España, donde toda teoría política son tuits de Errejón para los jóvenes y jaculatorias del diario gubernamental para los “boomers”), doctrina que conducía a negar a los ministros el derecho “de entrada y de voz” en el cuerpo legislativo.


    –Todo lo que tiende a confundir los poderes aniquila el espíritu público y las bases de la libertad –dijo el Incorruptible.


    Entonces los “pâtissiers” de la situación, aunque sabían que si el rey o sus ministros entraban en la Asamblea el cuerpo legislativo dejaba de ser cuerpo deliberante, pastelearon la solución del banzo azul, cargándose (para siempre en Europa) la Constitución, cuya única función es separar los poderes, salvo la del 78, que lo único que constituye es un puente vacacional en diciembre, como corresponde a una democracia profesoral de banco azul y banco rojo, “representativa, liberal, orgánica y popular”.
 

[Martes, 29 de Noviembre]

Martes, 6 de Diciembre

 


Valle de Esteban


Gato Botero

lunes, 5 de diciembre de 2022

El muslo de Mbappé

 

Pierna de El Tato expuesta


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Los derechos humanos, otro invento del utilitarismo anglosajón, son, como el sexo, una cuestión de hábito, y una semana en Catar ha bastado para que mediáticamente pasemos de la ética de los valores a la estética de los goles, que nos ha dejado dos soberbios: el de Richarlison, de académica palanca, y el de Mbappé, cuyo muslo nos recuerda que el destino manifiesto de ese hombre está en el Real Madrid, aunque sé de gente más emocionada con el gol de Lewandowski sólo porque lloró. En su dorada jubilación barcelonesa, Lewandowski es como aquella mujer de ciento ocho años que conoció el doctor Marañón y a la que visitaba a menudo la infanta Isabel porque gustaba de oírle relatar cómo Napoleón le acariciaba la mejilla.


    Al contrario que la tauromaquia, donde la presencia constante de la muerte se presta a la buena literatura, el fútbol, donde nadie muere de verdad, carece de rango literario, cosa que los futbolistas argentinos intentan remediar haciéndose los muertos en cada disputa, pero no veo a Borges escribiendo un soneto (“aunque sea cortito”, como Nieves Herrero pedía en TV a Antonio Gala) a Rodrigo de Paul (para los locutores, “Depol”).


    En Catar, la única agarradera homérica que tenemos es el portentoso muslo goleador de Mbappé, que entronca con la tradición muslera del Madrid, desde el muslo vendado de Chendo al muslo aquilino (de águila y de Aquiles) de Cristiano (con el que desafiaba a los ultras atléticos en el Manzanares) que Hughes comparó con el muslo ozórico (de Ozores) de Jenny Llada, pasando por el muslo-palimpsesto de Sergio Ramos, ese muslo izquierdo praxitélico y canelón con fantasías de Ibáñez, de Bansky y de Dalí.


    El madrileñismo muslero es como una fantasía ramoniana (de Ramón Gómez de la Serna) que viene, al menos, de la época de El Tato, torero sevillano que donó su pierna, amputada por una cornada en la plaza de Madrid, a una farmacia de la calle de Fuencarral, donde estuvo expuesta en formol. Ante el gol de Mbappé con el muslo a Dinamarca, me hice la promesa de no renunciar al goce de ese muslo (músculo de pantera asimilada) vestido de blanco en el césped retráctil del nuevo Bernabéu. La propaganda catarí equipara el golete a México de Messi con el golazo de Maradona en México, pero lo memorable de Catar es el muslo de Mbappé como lo memorable de Ben-Hur es el muslo de Messala.


Lunes, 5 de Diciembre

 

Valle de Esteban


Gato preto

domingo, 4 de diciembre de 2022

El Mundial y sus trampas infalibles

 

Esto parece verdad, pero es una mentira de un amigo

 que hace perfectas hasta las trampas

 

La divina imagen de la FIFA sin el japonés Mitoma

El centrador


Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Que mi admirado Van Gaal haya recogido en su libreta los recursos prácticos de colegas mucho menos brillantes es señal evidente de la decadencia de un fútbol que no tardando mucho se convertirá en sucedáneo de emociones como lo es de sabores el tomate, el pollo o los flanes en tarrinitas de los supermercados. Sin que nos demos cuenta, Holanda ya está en cuartos sin enamorar al mundo con el fútbol total que tanta gloria le dio. De repente nos hemos fijado en Noppert, un portero gigantesco que hace poco estuvo a punto de meterse a policía porque no veía futuro en el fútbol. Van Gaal, que es un señor que hace mejores a los jugadores que le confían -servidor mide así a los entrenadores y ¡sí!, a Bogarde lo hizo mejor y encareció su precio- lo ha puesto de titular ¡debut de un guardameta en un Mundial! y en punta ha subido el valor de Gapko, un delantero que ahora todo el mundo presume de conocer. Holanda espera a Argentina, un equipo que parece un Elche de los setenta, con perdón (aquél sembrado de cabelleras y éste de tatuajes), con De Paul queriendo hacer de Aníbal Montero. Argentina tiene a Julián Álvarez y a Enzo Fernández a los que Scaloni a punto ha estado de devaluarlos hasta la náusea... y a Messi, claro está, para quien todas las bendiciones fiferas y catarís le son encomendadas, además de las argentinas, por supuesto, pero Argentina tiene poco más y lo mollar lo va a estudiar como merece ese eterno "negatifo" del imaginario español.


      El Mundial de Catar está igualando el fútbol, no por arriba, por la excelencia, sino como es norma en el siglo, por abajo, por lo más corriente, tirando a una vulgaridad que trae la corrompida emoción de la incertidumbre del resultado hasta el minuto cien, que es una de las novedades mundialistas: más tiempo para las teles. No hay grande al que no se le haya subido a las barbas un chico. Camerún a Brasil, Túnez a Francia, Corea a Portugal, la Arabia a la Argentina, Japón a las nuestras y Bélgica... Bélgica tendría que haber sido la única víctima del ambiente crepuscular que invade el fútbol, pero...¡ Ay, Alemania y Uruguay!


     Al aficionado de toda la vida no le molesta que Alemania y Uruguay no lleguen a octavos. Al aficionado de toda la vida le subleva que el VAR -no, queridos amigos, no es una fijación- haya dado un penalty a Portugal por simulación de caída de Ronaldo y no lo haya entendido así un lance mucho más culposo con Cavani ante Ghana. La infalibilidad del VAR tendría que haber corregido lo injusto en vez de enredar y hacer que sea lo que no es y su contrario. Digo infalibilidad porque esa imagen de la tecnología fifera metiendo el balón en el campo para el segundo gol de Japón contra España es no sólo una ridiculez pretendiendo legalizar dos milímetros ¿y si se pega un tábano en la barriga del esférico, don Iturralde? en los fuera de puerta y en los fuera de juego, sino un insulto a todas las criaturas con un mínimo de raciocinio. Ponen los ingenieros de la FIFA la pelota sin el pie que centra del japonés en una abstracción que será muy moderna y sofisticada pero que no tiene nada que ver con el fútbol. Se admite que el árbitro y el línea no lo vean -fútbol de ayer-, pero que el VAR te de a comulgar ruedas de molino es motivo suficiente para pedir la demolición de tan demoníaco artefacto. En Alemania creen que ese gol fue válido para castigar a Neuer y compañía por no hacerse gratos a los ojos e intereses de la FIFA. Servidor cree que también, porque en realidad, nuestra selección parece que salió favorecida por el disparate. En el Uruguay hay voluntarios para destruir ese juguete con el que tanto disfrutan los fanáticos de vídeo consola.


    -Ya, ya lo sé. Es el futuro.

Remembranzas trevijanistas XXXII





Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

Ahora que Alberto Núñez Feijóo ha puesto de moda a Orwell por un pequeño despiste, que “hominis est errare”, y que nos encanta tirar piedras con los ojos vendados, podemos decir que la mayor parte de la obra orwelliana fue una crítica sin concesiones a los partidos políticos. Las diatribas de Orwell contra las lealtades partidistas son justas, y todos los que aceptan estas lealtades deben obligarse a un continuo examen de conciencia para estar seguros de que no están traicionando a la verdad, que exige aún mayor lealtad. Más aún, para Orwell es imposible la militancia de un creador en un partido político. “La aceptación de cualquier disciplina de Partido es incompatible con la integridad literaria”, nos dice en su England Your England. Orwell tenía muy claro –lo vio ya en la Cataluña roja– que la capacidad expresiva de un escritor sufre un grave quebranto si éste se ve obligado a censurar su propia producción, o limitarla a los márgenes estrechos de una política de partido. Está claro que el sentimiento de la filosofía trevijanista tiene mucho de orwelliano, pero véase bien que hablo de sentimiento, que no de intelecto. En Orwell lo emotivo tiene siempre más fuerza que lo racional. Orwell deseaba un mundo en el que nadie tuviera miedo de mostrarse tal como era, en el que nadie se viera obligado a mentir ni a rebajarse para conservar la vida, con praderas donde no pudiera edificarse, y ríos cuyas aguas no se vieran envenenadas por escorias industriales. Siempre le atrajo el laborismo inglés, pero le repelía la cultura de cromados que lleva consigo. “Los socialistas –escribe en The Road to Wigan Pier– nunca han expuesto con suficiente claridad que los fines primordiales del socialismo son la justicia y la libertad; obsesionados por los factores económicos, han olvidado que el hombre tiene un alma, de ahí que su meta sea una Utopía materialista”. Esta crítica orwelliana del socialismo viene a coincidir con la idea de Antonio que sostiene que la democracia material nunca se consigue si antes no se garantiza una democracia formal. También la personalidad de Antonio, como la de George Orwell, hubiera sido problemática en cualquier partido, empecinada siempre en buscar y defender la verdad. Cuando las circunstancias obligasen al partido comenzar el Credo por Poncio Pilato, sin comas: “Poncio Plilato fue crucificado, muerto y sepultado”, tanto el inglesísimo Orwell como el españolísimo Trevijano abandonarían el partido.

La anti-utopía de “1984” nos presenta algo peligrosamente probable a fin de que lo evitemos. Quería prevenir a la gente contra el peligro inherente a las aterradoras tendencias políticas actuales. No creía, sin embargo, que el individuo estuviese ya atado de pies y manos, y esperaba que Nineteen Eighty-Four le serviría de estímulo, obligándole a precaverse y actuar sin medias tintas. La tendencia moderna es presentar las utopías de forma novelada. Podemos citar los nombres de Huxley, Wells, Windham Lewis, Golding, Asimov, etc. Trevijano, que además de pensador era un excelente literato, pudo haber escrito El hombre del consenso, en donde el Winston Smith de Orwell reapareciese aquí aún más embotado. Pero desgraciadamente las ideas desplazan siempre a lo imaginativo. Orwell en su novela quería decir entonces tres cosas: que el laborismo inglés era un totalitarismo incipiente, que lo peor del totalitarismo es que no duda en penetrar hasta lo hondo del espíritu, para destruirlo desde allí, y que la forma de pensar de los totalitaristas acabará por corromperles totalmente. La lección que nos da Orwell es presentarnos a su “héroe” molesto por la incomodidad de sus ropas y el mal sabor de sus alimentos, cuando habría tantas cosas mucho más transcendentales e intrínsecamente humanas por las que sentirse, no ya molesto, sino angustiado. La degradación de estos seres del paraíso socialista es más molesta y fea que conmovedora.

Podemos decir que la obra de Trevijano fue toda una salvaguarda contra 1984, la única salvaguarda que tenemos contra la profecía de “1984”, que ya no distopía. En realidad todo contribuye a hacernos pensar que el futuro de Orwell no es otra cosa que el presente, visto a través de una lente de aumento aplicada a nuestras cadenas y a nuestros verdaderos amos. En Oceanía, como aquí, en España, se pretende borrar el pasado con la mentira, y las grandes monstruosidades burocráticas de Oceanía, como hoy nuestra LOMLOE, tienen todas las posibilidades de convertirse en realidad. También los españoles, como aquellos pobres habitantes de Oceanía, no parecen haber comprendido aún la deformación de que estamos siendo víctimas. Aquí, como en “1984”, ya se limita el pensamiento para extirpar toda posibilidad “crimental” –todo totalitarismo es una máquina de fabricar palabros agramaticales. Orwell, como Trevijano en su Pasiones de servidumbre, demuestra un conocimiento profundo de la psicología humana. Quizás la Oceanía de Orwell ya sea hoy una realidad en España. No existe ya una verdad inmutable y objetiva. El Gobierno puede exigir que el pueblo crea que lo blanco es negro. El acto de creer es lo ortodoxo y lo legal; lo que se crea es indiferente. Nuestros conciudadanos son capaces de olvidar por completo las creencias de ayer para aceptar las de hoy. El hombre de España-Oceanía debe hacer una profesión de fe a diario, olvidándola al día siguiente en que tal vez deba creer lo contario si lo manda el Gobierno. Los españoles nos encontramos en las mejores condiciones para ser dirigidos como un rebaño de ovejas. Antonio siempre decía que España es el país más “gobernable” de Europa. Y tenía razón. Uno de los postulados de la oligarquía orwelliana dice: “Quien controla el pasado, controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado”. Por ello para Trevijano si el poder controla no democráticamente el presente, controlará también tanto el pasado como el futuro. La forma elegida por el Gobierno para controlar el pasado es una alteración constante y sistemática de las pruebas escritas, de suerte que nunca puedan contradecir el presente. Es por ello que ya lleva a los libros escolares de la Historia el mundo imaginario que se forjó a su antojo. El terrorífico “Ministerio de la Verdad” de Orwell ya está funcionando en España, sin importarle para nada el hecho de que la falsificación del pasado sea el acto más inmoral.

Finalmente, podemos también decir que para Orwell, lo mismo que para Trevijano, el uso de la lengua es un elemento clave para la libertad o para la servidumbre. Newspeak es el idioma impuesto por el Partido totalitario que rige Oceanía. En líneas generales, se trata de una simplificación morfológica y sintáctica que permite reducir al mínimo los medios de expresión. Es el libro de estilo de nuestros hodiernos periódicos. Obviamente el efecto es la atrofia del pensamiento. Para que los oceánicos acepten que el concepto de libertad es un delito, se les ha hecho olvidar el auténtico significado del concepto de libertad, suprimiendo la palabra “libre” de su vocabulario. De modo mucho más profundo y científico expresó Antonio García-Trevijano este peligro totalitario en el Simposio Internacional, “El Consenso político degenera el idioma", celebrado en Santo Domingo de La Calzada entre el 21 y el 23 de julio de 2017.

[El Imparcial

Domingo, 4 de Diciembre

 

Valle de Esteban


Gato con pita

"Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes"

 DOMINGO, 4 DE DICIEMBRE

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."» Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizará, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.»


Mateo 3,1-12


sábado, 3 de diciembre de 2022

Caravaneros


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El Bannon de Rajoy, Lassalle, arremete en un libro contra el populismo, que es el nombre que en las culturas de democracia orgánica se da a la democracia representativa.
    
Ciudadano blanco del Medio Oeste que vive en una caravana, cobra un subsidio y pasa horas delante del televisor con el rifle en el regazo… –es el retrato del elector populista que hace Lassalle (en cita que debo a la generosidad de Gregorio Luri).
    
En la democracia representativa, el voto del ciudadano blanco del Medio Oeste que vive en una caravana, cobra un subsidio y pasa horas delante del televisor con el rifle en el regazo vale exactamente lo mismo que el voto de un gafapastas con cargo extravagante y nómina del Estado como Lassalle. ¿Qué parte de esta evidencia no entiende la derecha antipopulista?
   
La democracia (fuerza del “demos”) dirime cantidades, no calidades. Es la ley de las mayorías. Y no le debe nada a la Ilustración, ese tabarrón salesiano (de Lassalle). A la Ilustración debemos el terror de la Convención, la corrupción del Directorio y el militarismo del Imperio. Por deber, la democracia debe más a la religión (de la gente del “Mayflower”), y esto, que ya lo dice Tocqueville, tendría que saberlo un ayudante de Peces Barba, cima de la socialdemocracia democristiana en Las Batuecas. A la religión y, desde luego, al rifle del caravanero, que conquistó su libertad constituyente contra el parlamentarismo británico, aunque uno decidió hace tiempo no intentar explicar a los batuecos salesianos (de Lassalle) la grandeza política de la Segunda Enmienda americana.

    Además, con el ejemplo del caravanero blanco Lassalle se queda viejo: Trump ganó en más de tres mil de los casi tres mil doscientos condados de la Unión, y eso supone muchos caravaneros, que encima son pobres. Lo nuevo es que los “blancos pobres” votaron a Clinton, y a Trump, los “blancos racistas”, y eso supone mucho racismo y otro ensayo que Lassalle, que tiene tiempo, ya estará redactando.

 [Publicado el 13 de Agosto de 2017]

Sábado, 3 de Diciembre

 

Valle de Esteban


Nómina del Estado

viernes, 2 de diciembre de 2022

Mundial. Víctimas del sistema


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


         Una de las frases que menos me convence de los asuntos futbolísticos es aquélla que se ha hecho primer mandamiento entre casi todos los entrenadores modernos: "El sistema es innegociable". Estos entrenadores vieron agua clara en las fuentes holandesas y allá se fueron a acarrearla, pero además del agua cargaron con la proverbial cabezonería de los que gobernaban los manantiales. Los hubo que evolucionaron y miraron más allá del método basado en la posesión, pero otros se empecinaron en no "cambiar el dibujo", en "no voy a perder un minuto en discutir el planteamiento" y unos cuantos siguen firmes en sus principios y se obcecan en convertir a sus porteros en aquellos líberos de antaño: Beckaenbauer, Baresi... y por ceñirnos a la tradición holandesa, Krol, Koeman o el mismo Van Djik de ahora.


      Sigo creyendo en Luis Enrique a pesar de sus cabezonerías, pero me incomoda que no acepte un patadón defensivo, un "a tomar por culo el balón" como dice Take Kubo que haría cualquier equipo ante una presión bien organizada. Japón y casi todas las selecciones tienen plan B... y C y D y F y G pero ante España no es necesario calentarse la cabeza. Todo se resume en cerrarse a cal y canto y aprovechar una pérdida tonta que es cosa que va a pasar seguro y si el partido se pone feo presionar arriba hasta que se la pasen al portero al que le gusta hacer el pino a deshora. Los errores de Unai Simón, que los tiene en demasía a pesar de que no todos sean gol, son achacables en su mayoría a Luis Enrique que le tiene comida la cabeza con cánticos gloriosos a "las situaciones de riesgo". Hasta parece que al seleccionador español le gusta más arriesgar en defensa que en ataque. Hay unanimidad para considerar la segunda parte de ayer como horrorosa, pero creo que lo más preocupante es que no va a haber cambio de sistema y que Unai Simón va a seguir regateando como si fuera Garrincha. Song, el entrenador de Camerún, se ha cargado a Onana (guardameta salido del método holandés) por sus atrevidos driblings, entre otras cosas supongo, fuera del área ante Suiza. Paco Jémez, como seguro haría Luis Enrique si se diera el caso, cambiaba a su portero en la primera parte si se le ocurría despejar dos veces a donde vaya. Lo puse el otro día aquí tras las buenas tardes ante Costa Rica y Alemania: "Unai Simón me pone frenético cuando pisa el balón". Pues ocurrió y del mosqueo pasé, como todo quisque, a la indignación. El VAR remató la noche dando un gol que los exégetas modernos interpretan de modo ininteligible.


    Mal nosotros pero ¡mire usted Alemania! Creo que los alemanes fueron a Catar a ganarse fama de solidarios y muy sensibles con el mundo de la homosexualidad. Se les fue el tiempo en amagos de dignidad -eso sí bien visibles los carteles de Adidas y la Wolsvagen, máximos sostenedores fiferos- y cuando se quisieron dar cuenta les ganaba Costa Rica. Lo intentaron arreglar pero los nuestros ni supieron ni pudieron ayudar. ¡Miedo dan las represalias!


    ¿Y Bélgica? Por Bélgica, De Bruyne, al que tanta devoción tengo y hasta Courtois han estado como el resto de los futbolistas belgas: a otras cosas. De Hazard no se puede hablar porque no ha dado ningún motivo. Soporífero partido al que le echó picante el VAR en otra enigmática intervención. Ya saben que éste es el fútbol del futuro. Agitarlo en el comedor de casa y al campo si no quiere ir la gente, que no vaya.


    Espera la Marruecos de Regragui, aquel defensor tirillas que escuchó las pragmáticas enseñanzas del difunto Nando Yosu en Santander. Nando Yosu, amarrategui de condición sí que cambiaba de planes según rival:  "Balones altos que la defensa es bajita", hubiera dicho ayer ante Japón; "asfixiar a Busquets y provocad que pasen la pelota al portero", dirá el martes que viene el que fuera su pupilo.

Los pocos y los muchos


Hermann Alexander Graf​ Keyserling

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    “¡Es mucha calle, señor, la calle de la Montera!”, se grita en una comedia de don Narciso Serra. Es mucho pollo, señor, el pollo de la Montero, este jueves, en la Carrera de San Jerónimo:


    –¡Las demócratas somos más y vamos a parar los pies a esta banda de fascistas!

 
    En la calle de la Montera estaba “La Favorita”, ante cuyo escaparate el conde Keyserling preguntó un día a Ruano: “¿Le gustan a usted los pájaros grandes?” Los “pájaros grandes” eran pollos que vendían asados, y Keyserling se comió tres de pie junto al mostrador, con los dedos, y luego se fueron a cenar.


    Para la democracia a la española, cuyo mediodía no parece haber cumplido las promesas de la aurora, cada pollo que monta la Montero es como un aperitivo del conde Keyserling, y tranquiliza saber que las demócratas (las comunistas) son más que las fascistas (liberales), que son una banda.


    Ayuno de lo que es democracia y ahíto de lo que lo parece, el españolejo habla de democracia por lo que oye en la peluquería de Ferreras, cuyos sacamuelas son todos fetichistas de esa palabra y la usan de “avemaríapurísima”, con lo cual el españolejo no entiende que la democracia, o mando de los muchos, siga siendo algo tan de los pocos como cuando… entonces (nuestra legislación democrática proscribe la palabra franquismo).


    –Era el mundo de unos pocos, y eran muy pocos –dijo Churchill, que también dijo lo de la excepción democrática, e inspirado en el “Enrique V” de Shakespeare, lo de que nunca tantos debieron tanto a tan pocos.


    Hablamos de pocos y muchos por no hacerlo de ricos y pobres, que nos metería en el jardín de la lucha de clases. La historia de los pocos y los muchos es la historia de la confrontación de las elites y el demos, que agachó las orejas en Atenas y tardó dos mil años en volver a levantarlas. Los pocos mandan y los muchos obedecen. Para asegurarse su posición, el elitismo inventó primero el liberalismo, que es la forma fina (meñique levantado) de mantener a los muchos alejados de los pocos.


    –El negocio del gobierno es, y debe ser, el negocio de los ricos, que lo obtendrán por las buenas o por las malas –dejó dicho el señor padre de Stuart Mill, James–. El único medio bueno de obtenerlo es el sufragio universal.


    Luego, cuando al liberalismo le temblaron las piernas, el elitismo inventó el comunismo, que es la forma bruta (puño en alto) de seguir manteniendo a los muchos alejados de los pocos, razón por la cual Wittfogel pudo decir, en su estudio comparativo del poder totalitario, que 1917 es, desde el punto de vista de la libertad individual y la justicia social, “el año más fatídico de la historia moderna”.


    –La tarea del elitismo en la era de la democracia –escribió Wolinno es resistirse a la democracia, sino aceptarla de manera nominal y luego dedicarse a persuadir a las mayorías de que actúen  políticamente en contra de sus propios intereses.


    Sólo que el elitismo era ya el Partido Demócrata.

 

[Viernes, 25 de Noviembre]

Viernes, 2 de Diciembre

 

Valle de Esteban


Mañana de Otoño

jueves, 1 de diciembre de 2022

Mundial. Los primeros ocho

 

Kalidou Koulibaly

 


  

Enzo Fernández

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


        El VAR llamó al señor Makkelie a consultas tras un centro de Julián Álvarez -muy buen delantero, por cierto- que salió un poco alto porque la cabeza de "la Pulga" ni es ni tiene que ser la de Cristiano, por ejemplo, que se apunta goles por lo que supone su salto. Messi remató fuera y Szczesney, que llega tarde a despejar, roza con su mano abierta la cara del 10 argentino. El VAR, esa perversa herramienta, legisló a la moderna y conminó al árbitro holandés a sancionar, puede que hasta contra su voluntad. Ese vergonzoso minuto 35 lo arregló la mala ejecución de la pena, pero tras la parada del portero polaco muchos torcimos hacia Polonia porque ya es más que "algo" lo que huele a podrido en Qatar. Más que en Qatar, en la FIFA. Se ha de reconocer que Argentina a la que Scaloni va a mejorar con Enzo Fernández y Julián Álvarez de titulares es mucho más equipo que Polonia y que ésta pase es una demostración de que sobran selecciones en el Mundial. Cuando México se puso 2/0 me cambié al estadio Lusail a empujar para que Chávez la colara otra, vez pero no..., Al-Dawsari, el que una vez jugó con el Villarreal, destrozó las ilusiones mexicanas en un contrataque en el minuto 95 y nos privó de una escuadra que uno cree mejor de lo que ha mostrado. Francia tendrá un fácil pasar a cuartos ante el "temible" Lewandosky y ese Krichowiack al que vemos haciendo de zapador no se sabe cuántos años ya.


       ¿Sobraba Dinamarca, la del olor a podrido del Hamlet? Pues igual sí. Servidor no ve tan mala plantilla: Erikssen felizmente recuperado, el terrorífico Cornelius, el excelente lateral Maehle... pero ha resultado triste en su juego a pesar de los esfuerzos de Erikssen y sobre todo nula en un ataque con tres delanteros de cierto fuste: Dollberg, Braithwaite o Cornelius. El caso es que ¡¡Australia!! se medirá con Argentina en un camino que se le ha puesto a la albiceleste como el que gustan corretear sus hinchas.


     Ya saben que ahora todo funciona conforme te caiga el prójimo y Van Gaal a muy pocos cae bien. Sospecho que si hiciésemos un club de fans del gran Louis, seríamos clandestinos y por eso prefiero no decir nada de uno de mis ídolos y esperar a ver que pasa en cuartos, porque ¡hombre! los USA son rocosos, pero no temibles. Se le exige allí en los Países Bajos, que es como dicen ahora a Holanda como si tuviera a Cruyf y Rensenbrick ó Gullit y Kluivert, pero lo más parecido a Gullit es ese Aké que hace de Hullsoff, y que a servidor le parece que en cualquier momento va a fallar por ésa autosuficiencia defensiva que tanto ha predicado la escuela holandesa.


    El sorteo colocó a Inglaterra en un mero trámite que ha resuelto sin mayores problemas. Se cruzará con Senegal. "Le falta Mané" decimos todos, "...y Kouyaté" dicen los ingleses del Crystal Palace y del Nottingham. A mí particularmente el que me gusta del Senegal es Kalidou Koulibaly, un central de los que intimidan, de los que tienen cara y cuerpo de centrales ("Pikabea es demasiado guapo para central", decía Toshack), de los que suben a rematar saques de esquina y son capaces de meter goles que suenan como cañonazos. ¡Ojalá repita jugada!


     Quedamos a la espera de la selección de Luis Enrique y del Croacia- Bélgica.

Las mulas del BOE


 Peter Bogdanovich

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La República, escribe Cuartero aquí, en junio del 36, nació de la protesta contra una dictadura que ya no existía…


    –La República es la revolución en la Gaceta” [hoy, Boe], con añadiduras en la calle si la “Gaceta” se queda corta… Un programa que se resume en esta conclusión: “Delenda est Hispania!”… (Alusión al “Delenda est monarchia!” de Ortega en “Crisol”)
    

Como la República vino de la protesta contra la dictadura muerta de Primo, la Democracia viene de la protesta contra la dictadura muerta de Franco. España es hoy una guardarropía con Iván Redondo, el del vellocino craneal, de cerillera, y donde los fantasmas pintarrajean para matar el rato páginas del Boletín Oficial del Estado, pues en España nunca legisló la Nación, sino el Estado, que siempre ha sido el gobierno, cuyo gamberrismo llega al extremo de embutir en el preámbulo de una Ley Orgánica un libelo contra el partido que juega el papel de oposición. ¡Las mulas del Boe! (Cuatro mulas dice un cortesano que se hubieran necesitado para cargar las cartas y documentos escritos por Felipe II hacia 1590).
    

Se ve que el aseo personal que Rabelais resolvía con un polluelo, o el ex ministro de Pulpí, de niño, con un canto del río, resuélvenlo estos brutos con las hojas del Boe, que a esto debía referirse Suárez, el del aeropuerto, cuando al presentar, como jefe del Movimiento, en junio del 76, el asociacionismo político, decía que “todos los ciudadanos deben participar en el poder del Estado”.
    

Hablando de brutalismo, un amigo mío tenía su oficina en Torres Blancas, el edificio brutalista de Oíza declarado monumento no sé si por su cercanía al Rock-Ola. En la oficina había una recepcionista digna de una película de Bogdanovich, y un mensajero se enamoró tan perdidamente de ella que en el skay rojo del pasamanos de la escalera, elemento distintivo del edificio, anotó su declaración de amor y su número de teléfono, por lo que fue despedido de su trabajo.

Desde luego, trae mejor cuenta emporcar el Boe.

 

[Publicado el 27 de Abril de 2021]

Arte. Alfred Stieglitz

 

 

La obra de arte fotográfico comenzó en realidad con Alfred Stieglitz. Estudió ingeniería mecánica y fotoquímica en Berlín. Fundó las primeras publicaciones para aficionados americanos a la fotografía. Dirigió la «Galería 291» de N.Y., donde expuso dibujos de Rodin y óleos de los impresionistas parisinos en 1908. Tras sorprender al mundo artístico con los bellísimos fotograbados de «Camera Work», fundó la revista dadaísta «291», con Picabia, Duchamp y Man Ray. «Mis fotografías nacen siempre de una visión interior».

 

     Sus fotografías de los emigrantes en el entrepuente del barco (1907) y sus fotograbados de escenas de invierno (1911) son objetos de culto legendario. En uno de ellos, titulado «Terminal», el vaho blanquecino que despiden los cuatro caballos de tiro de un ómnibus parado ante el edificio de la terminal, mientras un obrero retira la nieve endurecida y el cochero en primer plano de espaldas, abrigo negro hasta los pies y sombrero bordeado de copos recientes, sujeta el primer par de jamelgos, componen una estampa tan verídica como escalofriante de los duros inviernos de N.Y. «O es arte o no es arte, nada hay en medio», dirá el refinado artista.

 

Antonio García-Trevijano

 

 

Jueves, 1 de Diciembre

 

Valle de Esteban


Sermón de los Olivos