viernes, 2 de enero de 2026

Pavada navideña


Pavera madrileña / Alfonso


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El Espíritu de la Navidad parece haber atemperado el exhibicionismo de las virtudes guerreras de los tres pavos reales europeos, Starmer, Merz y Macron, más el de algún ganso solista, como el finlandés Stubb, que ahora admite que la narrativa sobre la “amenaza rusa” es sólo un pretexto para la militarización de Europa. Misterios de la Navidad, que en el Helsinki de Stubb se anuncia, contaba Foxá, en la plaza de Salutorget, junto a la boreal estatua de Havis Amanda, que es una muchacha desnuda, rodeada de cuatro focas de bronce.


¿Y Starmer? El espíritu de las encuestas le ha inspirado un mensaje navideño que podría hacer suyo incluso nuestro buen Rey Felipe II, hijo de Carlos I y de Isabel de Portugal. Dice que es el “momento para celebrar la historia de la Navidad y valorar los valores cristianos que la definen: paz, caridad y buena voluntad para todos”. Esto, en el país de Clare Melford, del Índice Global de Desinformación, a quien la Administración Trump acaba de imponer una sanción de visa como responsable de lo que Marco Rubio llama “esfuerzos organizados para coaccionar a las plataformas estadounidenses para que censuren, desmoneticen y supriman los puntos de vista estadounidenses a los que se oponen”. Revivimos así lo tiempos en que Tom Wolfe se burlaba de Revel, “un escritor socialista francés que habla de uno de los grandes fenómenos inexplicados de la astronomía moderna: esto es, que la tenebrosa noche del fascismo se ciernes siempre sobre los Estados Unidos, pero toma tierra únicamente en Europa”, donde Trump ha dejado sin visa a otros cinco chupatintas de la censura que hace de la UE una patocracia bioleninista.


Para explicar el exhibicionismo de la virtud, el profesor Gad Saad recurrió a la cola del pavo real en el cortejo sexual. Al desplegar la cola, el pavo aumenta el riesgo de depredación. ¿Por qué lo hace? Porque al haber, genéticamente, tanto en juego, es necesario que la pava encuentre la manera de distinguir a los pretendientes: los farsantes indignos y los candidatos dignos.


He utilizado este principio para explicar muchos fenómenos humanos, como el consumo ostensible (comprar un Ferrari), la filantropía (donaciones no anónimas para exhibir estatus), el coleccionismo de arte (pagar precios desorbitados por arte infantil que podría haber creado un mono), o los raperos que tiran grandes cantidades de dinero en videos musicales


Y alude al rito de iniciación de los sateré-manués, una tribu amazónica, para diferenciar a los guerreros de los farsantes. Someten a los iniciados, que no pueden gritar, a horribles picaduras de hormigas bala. “Si para ser guerrero sólo se exigiese hacer diez flexiones, todos podrían hacerlo. Pero si creas un rito con auténticas pruebas de dureza y valentía, habrás resuelto el problema de identificar a los farsantes”.


Somos una cultura terminal dirigida por una tropilla de farsantes que va a la guerra nuclear con una tabla de diez flexiones.


[Viernes, 26 de Diciembre]