martes, 6 de enero de 2026

2026


David Nebreda


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La civilización europea que la ESN 2025 de Trump contempla en “perspectiva de desaparición” no está enferma; está muerta, y de la muerte no ha regresado nadie. La Europa liberalia es la Comala de Rulfo, con Trump de Juan Preciado reclamando a Pedro Páramo lo que no le quiso dar.


La civilización, avisa Brown, es un intento de superar la muerte y así llegamos al círculo inferior del infierno freudiano: el instinto de la muerte. 2026 será el Año del Dinero, que en el psicoanálisis (“nuevo y científico modo de hacer consciente el inconsciente”) pertenece al ámbito del excremento… y de la muerte. “El dinero es la materia inorgánica muerta, que se ha hecho viva al heredar el poder mágico que el narcisismo infantil atribuye al producto excremental… El dinero hereda la magia infantil del excremento, y entonces es capaz de engendrar y de tener hijos: el interés…”


Jim Rogers, que sabe qué es bailar con el diablo a la luz de la luna (fue socio de Soros), dice que lo importante es tener bebés, aunque, añade, todo el mundo debería tener, además, “algo de oro y de plata bajo la cama”, pues el oro y la plata tienen algo, qué sé yo, que sólo tienen el oro y la plata, al menos desde que la humanidad, según John Locke, “acordó dar un valor imaginario al oro y la plata”, cuya atracción especial radica, según Keynes, en su identificación simbólica con el sol y con la luna.


Recuerda que Jesucristo –insiste Rogers– fue vendido por treinta monedas… de plata.


Así que, medidos por su utilidad racional y por las necesidades humanas reales, Brown pudo concluir con razón que no hay diferencia en absoluto entre el oro y la plata de la economía moderna y los dientes de perro o las conchas de la economía arcaica: “No hay diferencia entre aquellas grandes ruedas de piedra de la isla de Yap y el oro enterrado bajo el suelo de Fort Knox”, suponiendo que siga ahí, pues hasta Trump y Musk lo pusieron, allá por enero, en duda.


En 2026 se cumplirán los 250 años de “La riqueza de las naciones” de Smith, que los liberalios ya conmemoran con el euro digital de las Venus de Zugarramurdi (Bruselas) y el cambio del Orden Basado en Reglas por el descalzaperros de la piratería. Un liberalio sentado en el trono de De Gaulle y educado en el cuerpo de casa de los Rothschild teoriza el robo de los fondos de los invasores de naciones (Libia no debe de ser nación), comenzando por los intereses (¡los hijos del dinero!), cumpliéndose así, también, la profecía de Henry Miller según la cual “el hombre político llegará a ser tan inepto como el pájaro dodo”.


Mas la riqueza no traerá la felicidad porque, según Freud, el dinero no es un deseo infantil (los niños no piden “leures” a los Reyes). Ferenczi, el discípulo favorito: el dinero proviene del impulso infantil de jugar con heces, sublimado por el tropiezo en este juego de una repulsión por las heces vinculada al desarrollo de la posición erecta. Por eso el único artista de nuestra época es David Nebreda.


[Martes, 30 de Diciembre]