sábado, 3 de enero de 2026

Calixto


Calixto Bieito

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


No sé si habrán reparado ustedes en lo dengosos que se ponen los locutores de noticias cuando hablan de la cultura del fin de semana. Por eso hoy voy a ponerme dengoso para anunciarles el regreso al otoño teatral madrileño de Calixto Bieito, Calixto, nombre de Papa, ay, y germano, ¡oh!, que significa, ¡hummm!, “hermosísimo”. ¿Y qué nos trae Calixto? Pues Calixto viene al Albéniz (pariente de Gallardón, para qué quieren ustedes más) con un Ibsen que, como decían los payos de antes, no se lo salta un gitano con zapatillas blancas: “Peer Gynt”, tragicomedia de lo menos cinco horas, si se hace completa, para preguntarse de dónde venimos y a dónde vamos, que son cosas que en Noruega, donde no existe el reloj, la gente se pregunta mucho. El mismo Calixto, que no es noruego, sino suevo, acostumbra preguntarse también cosas no menos trascendentales, como, por ejemplo, si él se merece el éxito, lo cual, según él, “es muy católico (?)”. Hombre, Calixto: eso, en todo caso, será muy progre. Como progre, al fin y al cabo, es venir a Madrid con el peñazo del “Peer Gynt” en catalán, ese vaso de agua clara. Los fachas pondrán el grito en el cielo: “¿La Lindo no puede leer en Barcelona un pregón en español y, en cambio, Ibsen puede venir Madrid a leer su ‘Peer Gynt’ en catalán?” Las razones, sin embargo, no son políticas, sino artísticas. Ocurre, dice Calixto, que el catalán se adapta muy bien al verso, lo cual no ocurre con el español, lengua que no ha dado un puto poeta. En realidad, ¿vale para algo el español en España? Hombre, si la pega estaba en el verso, ¿por qué no dejarlo en noruego? Pues porque, como bien lo explicó Camba, el idioma catalán no constituye problema alguno; es el acento lo verdaderamente grave de Cataluña: “Cuando dos catalanes se ponen a hablar catalán, como todos entendemos lo que dicen, nos parece que hablan español, y, sólo al hablar español, como lo hablan con tanto acento, nos dan la impresión de que están hablando catalán.” Además, la cultura madrileña, su pesebrera, está en manos catalanas –Fisas y Moreno–, que es como si la cultura catalana estuviera en manos de Matanzo (“a mí la que me gusta es Paloma San Basilio”) y Doña Manolita.