Francisco Javier Gómez Izquierdo
Pusieron antier los números del Córdoba del año 2025 y resulta que señalan un equilibrio absoluto en 41 partidos: 13 victorias, 13 derrotas, 15 empates, 54 goles a favor y 54 en contra. Eso da para moverse por medio de la tabla y ¡cómo no! gastar ciertas ínfulas cuando se ganan tres encuentros seguidos. Si tres derrotas, te plantas en descenso en esta Segunda División, si no de calidad, sí emocionante con carácter superlativo. Los números del Burgos no los he visto pero tienen que ser parecidos. Con menos goles seguro, pero parejos a los 1-X-2 del Córdoba. Anoche, acabaron de la mano en la clasificación. Equilibrados. Octavo y noveno, ambos con 29 puntos, que a falta de un partido de la primera vuelta dan para pensar en el play off.
El Burgos viene mostrando un fútbol rácano. De 0-0 y esperar. Anoche, a poco de empezar Curro Sánchez, que cumplía 30 años y en teoría es el artista del equipo, soltó un trallazo tras robo al que Iker Álvarez, el portero cordobés respondió con poderío, despejando a lo Iríbar, quitando peligro al balón envenenado. La temporada pasada este Curro coló en esa misma portería un golazo de campeonato por la escuadra. A partir de ese sobresalto, el Córdoba empezó a mandar, a dominar, que no es rareza de cualquiera contra el Burgos. Las ocasiones se sucedieron. Cantero, el portero burgalés, sacó un gol que se quedó a medio cantar pero al final de la primera parte, Jacobo, que había fallado dos ocasiones sencillas por disparar sin parar, se sacó una preciosa bolea que alegró al cordobesismo el cenar de bocadillo. Al poco de la reanudación, con el Burgos volcado, Fuentes, el coloso del Córdoba, se sacudió la molestia de Íñigo Córdoba y en poderosa carrera desde medio campo se plantó ante Cantero, que despejó el primer tirín, pero el rechace valió el 2-0 definitivo.
Total, que el partido del Córdoba fue de los mejores de la temporada, precisamente ante el Burgos, y sin Isma Ruiz, al que todos consideramos imprescindible. Me duele que así haya sido, pero hay que reconocer que el Burgos pareció equipo flojísimo, rácano, incluso debilucho. Curro Sánchez paraba el balón, giraba y miraba, pero pasaba mal y como con mala gana. Faltó velocidad y la intensidad que suele contagiar Atienza que se arremangaba el pantalón y daba cabeceos que olían a derrota. David, Morante, Mario... desaparecidos, sin chispa. Bueno, no quiero ser derrotista. En Burgos se come y se cena contundente por Navidad. Íñigo Córdoba estuvo penoso, y mira que uno lo tiene como de lo mejorcito. El que me tiene mosqueado es Morante, del que los burgaleses con los que estuve me dicen que tiene clase y "que cuando rompa, ya verás". Les dije que sigo todos los partidos del Burgos y aún no le he visto aportaciones dignas de mención. Lo mejor fue el rato antes del partido, departiendo con algún aficionado de Viteri. Cuatro líneas y andando.

