sábado, 31 de enero de 2026

Carvalho



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los del Madrid desean a un defensa central de nombre Carvalho, y los del Oporto, que son sus amos, han puesto el grito portugués, que es el de la exageración, en el cielo: “Los españoles –ha dicho el presidente Pinto– están habituados a ver a Portugal como un país de segunda y a comprar todo por el precio que quieren, y las cosas no son así: somos nosotros quienes fijamos el precio para hacer negocio con los españoles.” Ahí la tienen: la exageración lusitana. En este caso, a cargo del presidente Pinto, que se ha quedado en la época de la lucha de la peseta con el escudo. ¡Qué época, la de la lucha de la peseta con el escudo! Según Camba, al entrar en Portugal, uno se sentía ascendido en su categoría: de don Fulano pasaba a ser excelentísimo señor don Fulano; de tener cinco duros, pasaba a tener cinco mil reis. “Uno crece, se ensancha y se multiplica al llegar a Portugal. Así como en España todo tiende a reducirlo a uno, en Portugal todo tiende a ampliarlo.” Pero los portugueses consideran injustas todas las bromas que amistosamente suelen gastarles los españoles sobre su inclinación a aumentar la apariencia de las cosas, y la verdad, acababa por reconocer Camba, es que resulta muy difícil demostrarles que la aumentan. La aumenta el presidente Pinto, aunque todo indica que el presidente Pinto es uno de los últimos portugueses aficionados a aumentar la apariencia de las cosas. Desde lo de Figo, esta manía ha pasado a ser un distintivo de los catalanes, y no porque digan que lo de Figo fue un robo del Madrid: después de todo, es natural que a un catalán le parezca un robo pagar diez mil millones por un futbolista. Ahora, por ejemplo, les ha dado por decir que el mejor futbolista del mundo es Ronaldinho, y todo porque para ellos, en su exageración, el mundo son las Ramblas. No digo yo que Ronaldinho no sea “engraçadinho”, pero Camacho, que también parece bastante “engraçado”, si le dan a escoger, prefiere a Carvalho. “Ochoupal anda, coitado, / num triste desassocego, / porque morreu afogado / um rouxinol no Mondego...” 

Sábado, 31 de Enero

 


Lluvia madrileña

viernes, 30 de enero de 2026

Locos normales


@Cerni_report

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Se lo dijo Trump a Jonás, primer ministro noruego: “Considerando que su país decidió no darme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido más de ocho guerras, ya no siento la obligación de pensar puramente en la paz”. Y firmó la orden ejecutiva para la reapertura de los manicomios, más, se supone, el incendio de Persia, con sus sultanes lorquianos dentro.


Creo que nuestra sociedad está dirigida por gente loca con objetivos locos –decía John Lennon en la BBC del 68.


El dedito meñique de los liberalios nos ha traído a esta patocracia (Lobaczewski) bioleninista (Spandrell) que gozamos. Explicado por Spandrell, el bioleninismo es una variante del leninismo como forma particular de contratar personas para tu organización: un sistema de promoción del desperdicio social como fin último, que elimina la competencia en aras de la lealtad. Dado cómo funciona la sociabilidad humana, es un milagro, para Spandrell, que la competencia sea recompensada: “La misma razón por la que todas las amas de casa prefieren una niñera hondureña cuarentona a una ucraniana veinteañera”.


Una vez que entendí esto, dejé de preguntarme por qué la humanidad tardó tanto en desarrollar la ciencia y la industria.


Una forma rápida de entenderlo es la kermese de expertos en la TV del Régimen cascando sobre el penúltimo accidente ferroviario en el país de la Renfe (presidida por el autor de “El Potencial de las Variables Latentes en Modelos Explicativos del Uso de la Bicicleta”). Ante la peliaguda cuestión de “si la colisión fue entre trenes o contra la propia vía” (sic), el ojo al dato de “un dato importante: las ruedas de los trenes son una especie de cuadrado” (sic), con lo cual nos vamos a publicidad: “Mitos ancestrales y penes monumentales en la ‘locura’ no apta para menores de Marina Abramovic en el Liceo: ‘Es una nueva forma de arte’.” (Titular periodístico).


Trevijano incluyó en sus “Pasiones de servidumbre” la pasión de ser locos normales:


¿En qué régimen vivimos? Por su lenguaje idiotista, sus abisales silencios, su mitomanía, sus obscenidades, sus idolatrías, su culto a la deslealtad, su pérdida de memoria, sus diezmadas culturas, sus crímenes de Estado, su falta de justicia y sus indultos de gobierno, se reconoce al instante el régimen de vida, en manicomio estatal, de unos locos normales.


Cita a Santayana, para quien dos deidades, el Castigo y el Acuerdo, flanquean la locura normal y la mantienen dentro de sus límites. El Castigo, se nos dice, libera a la sociedad de sus locos individuales, para que la silenciosa paz de la indiferencia se instale en ella. El disentimiento de la opinión común constituye la locura personal, y se combate con la persuasión del Acuerdo, que es el método de la locura por consenso.


Si el disidente persiste en su locura extraviada, el Castigo sofocará su pensamiento y silenciará su expresión, en aras de la tranquilidad de la locura nacional y de los locos normales por pasión de consenso.


[Viernes, 23 de Enero] 

Viernes, 30 de Enero

 

El meme

jueves, 29 de enero de 2026

Hughes. Benfica, 4; Real Madrid, 2. Adiós al topocho


Como un niño


Hughes

Pura Golosina Deportiva


Un gran club, una gran afición, un gran palmarés. El Benfica hacía una exhibición antes del partido. El Estadio de la Luz se hacía un poco Metropolitano (menos luz, más tiniebla) y sólo faltaba el águila del club que bajara y se posara en el hombro de Vinicius.


El Benfica tenía auténtica skin in the game. El Madrid también, pero nos enteramos al final del partido. Su capitán era Otamendi, con la pinta conseguida de salir de un correccional de Bukele, y su entrenador Mourinho: la motivaçao estaba garantizada.


En el túnel de vestuarios, entre la gente, como un antiguo amor en medio de la avenida, aparecía Él. Mourinho, elegante y canoso bajo la lluvia, sosegado su espíritu de contradicción. Abrazó a Arbeloa, que parece un santo de Zurbarán.


El Madrid salió audaz, En los primeros minutos, casi dirigía Huijsen y Courtois era líbero. La construcción la completaba Güler. Ése era el triángulo de la lucidez, aunque lo que más pitaba era Asencio que, como llovía tantísimo, hacía tackling con aquaplaning: el aquatackling. Se le veía feliz como chiquillo.


Pero pronto vimos signos funestos: una ocasión del Benfica y pérdidas en los primeros intentos de Bellingham.


El Benfica jugaba en un 4-2-3-1 y los pivotes ya los hubiera querido Trump para su ICE.


La agresividad de unos y otros era distinta, y eso se vio en un balón aéreo entre Otamendi y Huijsen, dos masculinidades colisionaban y estaba claro quién se llevaba la peor parte.


Huijsen es holandés, holandés condenado a ser juzgado por ojos españoles.


Mourinho veía el partido con su estilo característico, como si bajara a pasear al perro y éste (el perro, el partido) parara a echar una meadita.


Lleva años Mou con equipos formados por jugadores desconocidos con nombres como Schjelderup, nombre de estornudo.


Al cuarto de hora, llegó un susto en forma de penalti. Hubo una polémica, en cuyo transcurso veíamos todo el rato a Otamendi sobre el árbitro. La consulta al VAR dio la razón al Madrid, pero ya había quedado claro el peligro de Sudakov y Prestianni, argentino pequeñito al que Courtois, poco después, le sacó con las yemas de los dedos un gol cantado.


El partido era serio, duro, intenso. Separaba a los hombres de los niños. Como esa categoría del sub23. Los de menos, apenas estaban, Mastantuono, por ejemplo, y sólo los mayores (Valverde, Bellingham, Asencio) se mantenían en pie. Guler luchaba con su calidad: un pase a Bellingham, un chut potente...


Al poco llegó el gol del Madrid. Se sintió que llegaba de la nada porque el pase lo daba Asencio, muy bueno, a la cabeza de Mbappé, que se lo había casi dictado. Fue un gran cabezazo. Antes del gol había tenido el Madrid unos segundos largos de toque, así que de la Nada absoluta no venía.


El 0-1 trajo su momento de euforia aprovechada para posesiones y combinaciones estériles y de ese optimismo precario se salió con un contragolpe enérgico del Benfica, muy mourinho. La jugada llegaba, como llegaría todo, por la izquierda madridista, la jurisdicción de Carreras, que saldrá en la foto como el culpable sin serlo del todo. Atacaba un benfiquista y Asencio, último hombre, decidió, sin sentido alguno, marcarse un aquatackling en el que quedó atrapado; no sólo eso: al querer incorporarse con su irritante brío, tropezó, de modo que le dio toda la ventaja al rival, que pasó al otro lado por donde llegaba Schjelderup, por supuesto solísimo. Su remate no lo hizo solo, pues Mourinho remataba con él en la banda.


Vinieron minutos de ahogo: Valverde, viendo el percal de Asencio, se hizo también líbero y cortó alguna jugada; Barreiro perdonó otro gol clarísimo en un córner (esos goles que lo son ópticos) y el Madrid entero ya daba señales de ahogo.


Mbappé lo intentaba con un individualismo de pingüino ante la montaña y se dolía, se tiraba al suelo. ¿Qué le habrá pasado? Se repetía la imagen intentado detectar el daño y el locutor Maldini repetía: ahí, ahí, como si supiera el frame exacto.


Mbappé se hizo el muerto un buen rato, como si diese lo mismo que estuviese o que no y a Vinicius no le importó porque, con el compañero yacente, siguió intentando su batalla contra el mundo. El Madrid era, pues, tan carajal arriba como abajo.


Por eso el 2-1, en el descuento de la primera parte, llegó de penalti injusto sobre Otamendi (que lleva la culpabilidad inscrita en la piel) pero no se sintió del todo inmerecido.


El Madrid se fue al descanso sin tener seguro su acceso al top 8 que sonaba topocho y así quedará: el topocho.


Del descanso el Benfica salió presionando muchísimo y en el Madrid todo lo planteaba Mbappé, cuya velocidad dejaba en evidencia al resto. A su pase cruzado como extremo derecho no llegó Vinicius.


El ritmo era similar y pronto llegó el 3-1, otro contragolpe, el del estornudo otra vez ante Asencio, que mucho ruido defensivo y pocas nueces. El pase había sido de Prestianni.


La defensa era criticable, pero el mediocampo ya había quedado reducido a nada.


Arbeloa dejó la penitencia zurbaraniana y movió el banquillo: Camavinga y Rodrygo, y el equipo quizás mejoró un poco, aunque el gol, el 3-2, tuvo algo de arranque sucesivo de genialidades: la evolución de Bellingham, Güler como siempre, y el remate perfecto de Mbappé, raso y ajustado, todo matemático.


Mientras Mou celebraba lo suyo poniendo los brazos como un Corcovado, el gol no se notó en el rostro de Arbeloa, cuyo trabajo consiste en parte en mantener los 90 minutos la misma cara, una forma de estoicismo facial. Da la impresión de que está concentrado en no mover un músculo, como cuando queremos no reírnos.


Dentro de lo que cabe entender como un proceso natural de maduración, Huijsen le arreó una hostia a Pavlidis (perdòn por el lenguaje, impropio de puragolosina, pero se hace por el bien del jugador).


El Madrid exhaló sus últimos hálitos pero en el infierno presionante lisboeta, se vio que Güler y Bellingham, ni nadie entre los demás, es capaz de adherencia a la pelota, de mantenerla, de tenerla, de quedársela un poquito, que es el primer fundamento futbolístico de la infancia. Cuando se empieza a jugar al fútbol, jugar bien es quedarse para uno la pelota. Luego ya llega el gol, pero es posterior.


Güler es pase, sin acarreo; y Bellingham es acarreo. Son un punto y una coma, una semipausa.


El Madrid iba otra vez, como tantos meses ya en Europa, detrás de la pelota, pero informe, sin forma, como una estela muriente tras la bola del cometa. Cómo será la cosa que en el 74 (lo apunté) Asencio intentó la jugada individual, movido por no sé qué extraordinario sentido de la autoestima o quizás como en ese estertor suicida del soldado que se ve solo en el campo de batalla.


Arbeloa salió de la contemplación ataráxica con una tanda de cambios rara: entraban Alaba, Cestero y Brahim, y el que se iba no era ninguno de los estelares sino Güler, que al irse lanzó su particular purqué: siempre yo.


De Arbeloa se podría decir lo que se dijo de Alonso: que no se atreve; aunque cuando Alonso se atrevió también se lo criticaron.


Estos cambios abrieron las puertas a un desastre distinto. Había cosas ya malas: Valverde de solucionador en todos los puestos, Courtois salvando goles, Mbappé con un individualismo como de afrancesado llegado a la España ajena de los Austrias. No era serio su personalismo, ni serio era el horror de Vinicius, del que ya vemos más su gesto enfadado de pez abisal que sus filigranas... Pero llegó un caos extrafutbolístico, una forma distinta de anarquía.


Primero Asencio fue expulsado por no medir, que es su gran dificultad. No mide. No es inmenso, sino inmensor.


Luego se autoexpulsó Rodrygo, de nuevo en el terreno de lo disciplinario.


Y al Madrid se le vieron de repente, tras unas semanas de felicidad pactada, los desperfectos, los de siempre y alguno más. Eran como humedades apareciendo después de la manita de pintura. Alguna humedad era Cara de Bélmez.


El Madrid de Arbeloa se queda, en pocos días, fuera de la Copa y fuera del Topocho. Parece que Zidane, lo que se dice Zidane, no es.


El Benfica, aunque ibérico, no jugaba por hacer la puñeta al Madrid. Lo hacía para clasificarse y en el descuento, contra nueve, en un córner, lo consiguió con un remate de su portero, que subió con más perplejidad que otra cosa. Eran las energías mourinhistas, vistas ahora desde el otro lado. 

Cartas


Raquel Meller


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


De las voces a los ecos. El liberalismo sindical -los liberados, ya saben-, con Gómez, el jefe del Nuevo Socialismo de Sotillos al frente, se quita la bata de médico para ponerse la blusa de amanuense. El cerco a Güemes entra en su segunda fase: la epistolar. Mandarle cartas hasta que se rinda. “¿Sabe usted que he de emplear unos cuarenta minutos diarios sólo en contestar las cartas de recomendación para el personal femenino?”, se quejaba, allá por los cincuenta, Pepín Fernández, el mago de Galerías Preciados. Gómez se parece más a Florito, el mayoral de Las Ventas, que a Pepín Fernández, pero también anda liado con las cartas. “Cuando recibas esta carta sin razón, Eufemia, / ya sabrás que entre nosotros todo terminó”, cantaba Pedro Infante. Eso, precisamente, es lo que a Gómez le gustaría decirle a Esperanza Aguirre, pero Gómez, que no ha salido del “Tu nombre me sabe a yerba” de Serrat, carece de la facilidad para la expresión de Pedro Infante. Sotillos, que de joven vendía libros en TV, le ha dicho que copie la “Carta sobre los ciegos, para uso de los que ven”, de Diderot, pero en la biblioteca de Parla no la encuentran, y a Gómez no le queda sino dejar la redacción, aunque sea con borrones, en manos de los liberados, quienes, de todas formas, mejor están así, redactando cartas, que haciendo el zángano con la cosa de tirarle de la americana a Güemes. ¿Quién sabe? Entre párrafo y párrafo, lo mismo alguna liberada descubre su otra vocación. A Raquel Meller la llamaron una vez para hacer de “Lola Triana”, pero ella lo que quería era hacer de Santa Teresa: “Estoy segura de que doy el tipo -le soltó a Pemán-. He leído su vida, sus cartas... Por cierto, llenas de faltas de ortografía. Me han dicho que cuando se despide en sus cartas: ‘indina sierva de Su Señoría’, quiere decir por humildad, ‘indigna’, sólo que entonces se decía sin ‘g’. Y bien que lo siento, porque la santa me sería más fácil de interpretar si, además de mística y santa, fuera, como yo, un poco ‘indina’.” En fin, que Gómez escriba cartas, y que Méndez y Fidalgo, que están tudescos, los tíos, corran a echarlas. 

Noche venturosa en Portugal e Inglaterra


Alisson Santos


Francisco Javier Gómez Izquierdo


          Los ocho partidos primeros de la Champions con el nuevo sistema es como beldar, con el riesgo de que en un repentino soplo de aire -ahora sin grupos es mucho más sorpresivo y emocionante- se vaya parte del grano con la paja,  En la presente edición no han caído en el balaguero  que se suponía el Real Madrid, el PSG y el Inter de Milán. ¿Quién ha osado desplazar a los nobles? Pues a  mi modesto parecer el Sporting de Lisboa de Trincao, que fuera capricho culé, y Luis Suárez, el goleador del Almería, además del Tottenham de Xavi Simmons al que se ve mucho por pequeñito, de los goleadores Kolo Muani y Richarlison y nuestro Pedro Porro que pone balones-bomba como aquel Manfred Kaltz, que centraba que daba gusto. El tercero no sé decir, pero mi antigüedad de aficionado preñada de prejuicios me lleva al Arsenal. Un disparate evidente la impresión de servidor, pues el Arsenal ha ganado los ocho partidos; es el equipo más en forma, más temido y al que nadie quiere hasta la final, porque por pedir que no quede. Servidor tiene el convencimiento de que todos los equipos tienen su bache, una atmósfera rara que traba la pierna y agarrota el músculo, y este bajón que temen en silencio todos los entrenadores, al bueno de Arteta aún no le ha visitado en la presente temporada y eso es tan bueno como malo.


      El octavo y decisivo partido para casi todos menos para Arsenal y Bayern de Munich nos deja entre "los ocho" a los cinco ingleses con unos aires de superioridad que veremos a ver quién es capaz de espantar. El Newcastle, el sexto representante de la Premier, se ha clasificado decimosegundo y no sería descabellado verlo en octavos pues el cruce con los azerbayanos del Qarabag o el Mónaco de Ansu Fati y Golovin, el ruso en el que me gusta reparar, no parece infranqueable para Anthony Gordon, un número 10 como mandan los cánones. Muy buen pelotero este Gordon al que todas las jornadas vemos su melena al viento celebrando goles. Leo que lleva seis, pero a mi me parecen más. Será por los que propicia.


     "Fueraparte la Inglaterra", la noche emocionó como pocas a los aficionados portugueses, y se llegó al éxtasis en Lisboa por un gol de  Alisson Santos en San Mamés en el minuto 94 que colocaba a su equipo, el Sporting de Lisboa entre "los ocho" en detrimento del Real Madrid, y por otro de Anatoli Trubin, ¡¡¡un portero que no se había visto en otra igual!!!, en el  estadio Da Luz, al mejor del mundo de sus colegas, Courtois. La emoción del fútbol está ahí. En los últimos minutos. En ese gol que cambia todo. Estos vuelcos del corazón se presentan en los últimos minutos de la última jornada y son momentos muy del gusto como saben de la Segunda División española.


       A Mourinho, entrenador del Benfica, le ha ido perdiendo el personaje, pero sus métodos de entrenamiento y motivación no creo que se tengan que ningunear. A Mourinho no le van a llamar ya para equipos "top", como le gusta decir, pero quizás sea en estos clubes "de perfil bajo y limitado presupuesto", donde se sienta más a sus anchas y sobre todo más respetado por sus jugadores, sobre todo si no tienen el colmillo retorcido. Y si lo tienen, como Otamendi, ganarlo para la causa. Ver ayer a Prestianni con 19 años, a Schejelderup (hay que mirar tres veces para escribirlo bien), que anda en 21 e incluso Pavlidis con cara de veterano pero que anda en los 27, correr como si les persiguiera una manada de lobos y maniobrar para cazar y domar su ferocidad aparente, hace suponer que es hasta posible que Mourinho vuelva por los caminos que más le gustan. Con lo poco que lleva en el Benfica ya le ha dado tiempo para renegar con los árbitros que pitan penaltitos al Sporting. Por arte del demonio va a ser al Sporting precisamente a quien tenga que agradecer uno de esos momentos felices que Mourinho disfruta como nadie. Anoche no sólo Mourinho, todo Lisboa fue a la cama exultante. Pena por el Athletic de Bilbao, que no supo aguantar el resultado a favor y pena por el Atleti de Madrid, ese equipo al que siempre le pasa algo cuando se le pone el viento a favor.


     Real Madrid, PSG e Inter... los tres deben pasar la criba para octavos donde esperan los cinco acorazados ingleses. Seguro que ninguno de los cinco los quiere ver. 

Jueves, 29 de Enero

 



La pregunta ontológica III

miércoles, 28 de enero de 2026

Virgen de Valvanera

Virgen de Valvanera en su Monasterio.S. XI


Virgen de Valvanera en S. Benito

Sevilla. S. XVII



Francisco Javier Gómez Izquierdo


        En estos días que todas las venas y venillas de la España van a reventar de agua me he acordado del Vallis Venaria, el valle riojano que dio nombre a la Virgen de Valvanera en Los Cameros de la sierra de la Demanda. Por los pasados Reyes me acerqué, como suelo hacer siempre que voy a Sevilla, a San Benito, donde un joven padre con sus dos hijos al verme con boina me relacionó sin dudarlo a la Virgen de Valvanera que se venera allí.


-Yo soy nazareno de la Sagrada Presentación de Jesús al Pueblo. ¿Ha visto usted nuestro Pilatos? -me aclaró el joven padre-. Me hice de la Cofradía porque mi madre era de la Hermandad de Gloria de la Virgen de Valvanera y me traía de chiquitito a ver al Niño "revirao" que parece que va a escapar de los brazos.


 "¿Acaso es tu madre riojana?" le pregunté. Me dijo que no, pero que sabía que el culto lo habían traído castellanos con Fernando III el Santo y que era una de las Hermandades más antiguas y que en Sevilla era Hermandad de mujeres donde se admiten hombres. Cogimos hebra y le apunté que cuando yo tenía la edad de sus hijos, Logroño era Castilla y que siendo la Virgen patrona de la Rioja, en la Demanda burgalesa se la tiene mucha devoción. Como no podía ser de otro modo le conté el porqué  del imposible escorzo del Jesús en la talla original románica del Monasterio, atribuido a un milagro cuando una pareja que fue a casar e hizo noche en el Santuario se acurrucó y emocionó en demasía fruto de su juventud y naturaleza hasta el punto de escandalizar al Niño, que volvió la cabeza que miraba inclinado a la derecha, hacia la izquierda para no ver sacrilegio en recinto sagrado. Los pocos fieles gritaron "milagro, milagro";  la pareja huyó asustada, pero volvió a los nueve meses con la criatura nacida de la incontinencia en busca del perdón de la Virgen, que por supuesto concedió.


      Las imágenes que he visto de otros lugares que representan la Virgen que tanta devoción atrajo desde tiempo medieval, todas tienen al Niño como inquieto, pero lo que más me ha llamado siempre la atención es la difusión que tuvo partiendo de lugar tan escondido y sin casi población. Hay historias que no admiten discusión que dicen que castellanos (Rioja era Castilla) que embarcaron con Colón llevaron el culto de su Virgen y lo extendieron por las Américas: México, el Perú, Venezuela, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Puerto Rico.., pero sobre todo en Colombia, y puestos en Colombia, en el Departamento de Antioquia, de donde servidor ha conocido varios  presos con la misma estampa en la que el Niño mira a la derecha, a la gente y no a su Madre. En España hay altares en Madrid y Extremadura,  Asturias, Galicia... En Sevilla tiene gran arraigo y lejos de San Benito, cerca de la Alameda de Hércules he visto una calle Virgen de Valvanera, lo que me hace pensar, puede que no tenga base ninguna, que los burgalese y riojanos que se asentaron en Sevilla no fueron pocos y sí pocos muy inclinados a su Virgen. Dice la Leyenda traducida de un texto atribuido a Gonzalo de Berceo que la imagen fue encontrada en el hueco de un roble por Nuño, un criminal arrepentido al que acompañaba Domingo, el cura de Brieva de Cameros y así como Nuño dejó la mala vida los emigrantes de la Demanda también se apartaron de un terreno tan infecundo pero sin olvidar Su Refugio.


    En Los Cameros se dice que Colón llevaba una imagen de la patrona de la Rioja en su camarote de la Santa María. Que la Santa María se apellidaba de Valvanera (mucho decir es ésto, pero ¿quién sabe?) y que en una réplica de la nao capitana que se hizo en los 60 y que llegó a Nueva York, la Santa María era de Valvanera.


      Con la que está cayendo, pudiera ser que sea tiempo de encomendarnos a la Virgen del Vallis Venaria. A la Virgen de Valvanera. Servidor está obligado por nacencia y por tener a la descendencia avecindada en Sevilla con tan Gran Señora.

En busca de Alexander Hamilton




Ignacio Ruiz Quintano
Abc Cultural


    Habría divinizado Europa.

    Lo dice el relaciones públicas, y tantas cosas más, de la Revolución francesa, Talleyrand, el mismo que, allá por 1830, ya con la cabeza extraviada, oye que llaman a su puerta y exclama: “¡Si es Robespierre, que no estoy!”

    –Considero a NapoleónFox [Charles James] y Hamilton los tres hombres más grandes de nuestra época, y si estuviese obligado a elegir entre los tres, daría sin dudarlo el primer lugar a Hamilton. Habría divinizado Europa.
    
Alexander Hamilton puso nombre a la invención más ambiciosa para garantizar la libertad política: la “democracia representativa”.

    –La democracia simple era la sociedad que se gobernaba a sí misma sin la ayuda de medios secundarios –explica Tom Paine–. Al injertar la representación en la democracia, llegamos a un sistema capaz de abarcar todas las extensiones de territorio y de población. En este sistema se funda el gobierno americano. Es la representación injertada en la democracia.
   
En España, país de “demócratas de toda la vida”, no sé de la traducción de ninguna biografía de Alexander Hamilton.


    Cuando llegué a la Universidad, en el otoño de 1976, todo el mundo hablaba de democracia, y, sin embargo, no encontré a un solo demócrata. Peor: América, el país de la epopeya democrática de Walt Whitman, donde para hacer una leva sólo hay que decir “democracia” (dos veces salvaron a Europa con ese reclamo) era el enemigo a batir.

    La triunfadora Revolución americana, la de la libertad de Montesquieu, no se mencionaba siquiera, y toda la energía se nos iba en los fracasos de la Revolución rusa, despachada en finas lonchas estalinistas como sacadas de lo narrado por Yuri Dombrovski en “La facultad de las cosas inútiles”, y la Revolución francesa, la de la igualdad deRousseau, ideología productora de mentiras (Bastilla, Varennes), corrupción (Directorio) y militarismo (Napoleón).

    La libertad de Montesquieu es incompatible con la igualdad de Rousseau, y eso lo saben los rusonianos, que siempre la han combatido en Europa.

    En la Universidad española no te decían que la democracia cabe en los siete artículos de la Constitución federal del 87. O en los ignorados ensayos de “El Federalista”. Tocqueville constituía una lectura “protofascista”. Ni palabra, tampoco, de los panfletos de Tom Paine, salvo en la parte de la Revolución francesa, obra, después de todo, de un abate, Emmanuel Sieyes, y la chusma, es decir, del fanatismo y la violencia (escenas de caníbales”, para Saint-Just), frente a la grandeza humanística de los padres fundadores de los Estados Unidos de América, mezcla, políticamente, del lirismo lockiano de James Madison y el pragmatismo hobbesiano de Alexander Hamilton, cerebro político, económico y militar de George Washington, para quien redactó la Carta de Despedida de 1796, y que en la decadente era de Obama ha salvado su cabeza de los billetes de diez dólares únicamente por el éxito popular del hi-hop de Lin Manuel Miranda en Broadway. Hamilton, antiesclavista radical (Lincoln lo fue de conveniencia) desde su infancia en el Caribe, iba a ser sustituido por la abolicionista Harriet Tubman, que pasará a “ocupar” el puesto del trapisondista ex presidente Andrew Jackson en los billetes de veinte dólares.
    

Es inexplicable la poca atención que en América, hasta el musical de Miranda, ha prestado la industria del espectáculo a la figura (¡tan cinematográfica!) de Hamilton, hijo ilegítimo, siempre solapado en las listas de la popularidad por Jefferson, aristócrata y terrateniente, que, salvo por su amplia cultura, hoy sería un perfecto socialdemócrata europeo: populista (un día dijo que los granjeros eran el pueblo escogido por Dios, y al otro, que lo que necesitaban los colonos era leer la “Historia general de España” del padre Mariana), relativista (carecía de fe religiosa) y sentimental (amante, siendo esclavista, de la antigua esclava Sally Hemings, uno de cuyos hijos, Tom, iba por el mundo presumiendo de sangre presidencial). Jefferson es republicano (gobierno débil) y Hamilton, acusado de monárquico por sus enemigos, es federalista (gobierno fuerte). Todavía en una conferencia de 1982, el juez Antonin Scalia, nombrado por Ronald Reagan, invitaba a los conservadores a defender, con “los argumentos de Hamilton”, que el gobierno federal no es malo, sino bueno, y que el secreto está en utilizarlo sabiamente.

    Hamilton, hijo de escocés y francesa, no pudo ser presidente por no ser natural de América: viene del Caribe, aunque ha sido educado en la verdadera Ilustración, que es la escocesa (HutchesonHumeSmith).
    
Lector de Grotius, de Pufendorf, de Montesquieu, de Locke… –se declara, a los 17 años, en un panfleto.

    Para Carl Schmitt, Pufendorf es el epígono de Francisco Suárez en lo fundamental de la teoría del Estado, “y el propio contrato social de Rousseau no es más que una vulgarización de Pufendorf”.
    
Hamilton, arquitecto del Estado americano, llega a Nueva York (vivirá en el 57 de Wall Street) a los pocos meses del motín del té en Boston. Su teoría política se basa en sus clásicos griegos y latinos (DemóstenesPolibioPlutarco, leídos en sus lenguas originales) y en su experiencia militar.


En la reunión de Filadelfia para elaborar la Constitución presidencialista del 87 que sustituiría a la fracasada Constitución parlamentaria del 81, triunfa el proyecto de James Madison, que hace hincapié en “la felicidad del pueblo” (“felicidad”, la palabra más repetida por Paine en sus escritos, es, en la época, una forma de llamar a la libertad), sobre el de Hamilton, que hace hincapié en la fortaleza del gobierno (propone Presidencia y Senado vitalicios). En “El Federalista” defenderán juntos el mecanismo constitucional “checks and balances”, (¡la tercera ley de Newton!), controles y contrapesos, inspirado en Montesquieu, y que garantiza la libertad política de la nación. “Que la ambición vigile a la ambición y el ciudadano dormirá tranquilo”, resume Madison. Con el único fin de salvaguardar esa libertad, habían inventado la democracia representativa, que hacía posible la democracia en una “república geográficamente extensa”. La excepción histórica, el milagro político, la conjunción astral (cincuenta y cinco “semidioses” en Filadelfia, dirá Jefferson) de la libertad.
    
También la muerte, de héroe romántico, de Hamilton es cinematográfica: en un duelo (como su primogénito, Philip, y quizás para morir como él) con su rival político Aaron Burr, en un bosque de Nueva Jersey, porque el duelo es ilegal en Nueva York. Burr tira a matar. Hamilton, como su hijo, al aire.

    –Veo borroso –dijo.
    
Al recibir la noticia, Talleyrand, que había visitado a Hamilton en su puesto de secretario del Tesoro, donde creara el primer Banco de los Estados Unidos, recordaría su impresión ante la austeridad de aquel hombre que habría divinizado a Europa y que, tras sentar las bases del gobierno más poderoso (¡y vigilado!) del mundo, hacía cuentas a la luz de una vela, muerto de frío.


[Marzo, 2016]

Miércoles, 28 de Enero

 


La pregunta ontológica II

Felicidades al editor



Chinchón con Esteban


CRIMSON LEAVES




Brighton con Murfy

I'm Gonna Leave feat 

martes, 27 de enero de 2026

El Nuevo Oeste


Jefferson


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Lo mejor del sheriff del Nuevo Oeste es su imprevisibilidad, salvo cuando te pide que aguardes un poco donde estás porque te va a hacer una llamada, pues entonces hay que salir corriendo, por si los drones.


En el nuevo mundo hobbesiano, el Nuevo Oeste, América, quiere desplazar al antiguo Oeste, Europa, del antiguo centro del mundo, como explica Schmitt en “El Nomos de la Tierra”. La vieja Europa es colocada en el lado del pasado. Por las reclamaciones de Jefferson y Monroe, en vez de dos hemisferios, Norte y Sur, con su Polo Norte y su Polo Sur, tenemos cuatro, Este y Oeste, donde el Este es nada, y el Oeste, lo que le guste a Trump.


La actual forma de existencia de Inglaterra se acerca a su fin. Si nuestra fuerza nos permite imponer la ley en nuestro hemisferio, ésta debe establecer que el meridiano que transcurre a través del Atlántico constituye la línea de demarcación entre guerra y paz, y el león y el cordero podrán reposar en paz uno al lado del otro.


Esto decía en 1812 Jefferson, y en 1820 añadía: “No está lejano el día en que exigiremos formalmente un meridiano de partición a través del océano que separe los dos hemisferios, a este lado del cual no deberá oírse jamás un disparo europeo, como tampoco un disparo americano al otro lado”. Aclara Schmitt que en los mensajes de Jefferson y Monroe el término “hemisferio occidental” es utilizado en el sentido de que los Estados Unidos se identifican con todo lo que en el aspecto moral, cultural o político forma parte de la sustancia de este hemisferio.


Todo el mundo sabe que el llamado “hemisferio occidental” es, del mismo modo, y en algún aspecto quizá más exactamente, un hemisferio “oriental”. Desde tiempos remotos se ha apreciado la diferencia de que Norte y Sur significan, para el horizonte natural, la máxima de noche y luz, mientras que Este y Oeste se confunden y sólo son lo “entgegengesetzt Fliessende von einem Weniger an Nacht und Licht”.


Trump, de origen alemán, interpreta esto como un “todo lo que brille es mío”, como Groenlandia e Islandia. Es un personaje que viene de la telerrealidad y su belicismo se ajusta a las formas del “pressing catch”, con héroes y villanos en un espectáculo guionizado, como las performances del bombardeo a Irán o el secuestro del malandro de Venezuela. Sus donantes parecen obligarlo a volver a Irán, ahora de verdad, y él remolonea porque la realidad no tiene gracia. Prefiere levantar la mano y que el enemigo grite “Give Up!”, como ha sucedido con la Wehrmacht de Merz que defendía Groenlandia, que se ha batido en retirada ante la amenaza trumpiana, no de misiles, sino de aranceles, lo que le ha permitido dirigirse de nuevo a Store, primer ministro noruego, en demanda del Nobel de la Paz. Los liberalios de la “Reductio ad Hitlerum” tienen aquí una guasa guapa: a ver si por negarle a un genio de la WWE un Nobel se va a liar una como cuando le negaron al pintor austriaco la beca en Bellas Artes.


[Martes, 20 de Enero] 

Martes, 27 de Enero

 



La pregunta ontológica I

lunes, 26 de enero de 2026

La bendición copera


Nikita Kruschev


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El Real Madrid es un club universal obligado a competir en casa y en el extranjero. Lo de casa es un coto político deportivo, el Coto Negreira, donde el papel adjudicado al Real Madrid es el de comparsa para dar lustre a los paletos. Y lo del extranjero, lo único importante, es un tinglado de clubes enchufados a presupuestos de Estado donde, para alternar, hace falta mucho dinero, y el dinero, aquí, sólo lo generan las estrellas.


Pero los gargajos de la sociedad más gregaria de la historia, que es la nuestra, no creen que las estrellas sean especiales, cuando no son otra cosa: se alimentan de caprichos. Esos gargajos no han visto los “riders” con las exigencias contractuales de las estrellas de cine o de rock, cuando las había: la aspiradora en la habitación para Mick Jagger, y para Steve McQueen, un guion con la misma cantidad de palabras que Paul Newman, como en “El coloso en llamas”.


El Real Madrid es, pues, un club condenado a vivir de estrellas, y cerrará el día que, como en Hollywood, esas estrellas se desvanezcan. Lo entendió en su día Florentino Pérez, que se encontró un club que no podía pagar las nóminas, a pesar de que “con Gago nos ha tocado la Lotería”, como dijera el llamado senador de Massachusetts. Florentino puso en el campo a las mayores estrellas mundiales del fútbol y la chusma pipera acudía al estadio con el españolísimo propósito de liberarse de sus tristes vidas pitando en persona a unos “millonarios”, que es la idea gargajera de la excelencia. Pero nadie corriendo ganó tanto en el mundo como el Real Madrid andando, gracias a lo cual Carvajal acumula en su carrera más Champions que el Barcelona en su historia. Decía Cocteau que para ser oído en el mundo es preciso cantar posado en las ramas de su árbol genealógico, y el árbol genealógico del Real Madrid es la Champions. De ahí la bendición, doble, de la eliminación copera en Albacete, donde Vinicius, que no había pisado nunca allí, fue recibido con el himno que ha hecho suyo la barbarie ibérica.


La bendición copera de Albacete es doble: por superstición gitana, no queremos un Arbeloa con buenos principios; y por cálculo deportivo, no hay que gastar en la caza de un trofeo menor más energía que el prestigio que fuera a proporcionarnos (principio de Bear Grylls). Esa Copa de España siempre viene a ser la mosca en la sopa, porque te coloca las eliminatorias de mayor desgaste en coincidencia con las de la Copa de Europa. Con lo de pez chico que se come al pez grande, es la competición demagógica por antonomasia, y sería maravilloso que la ganara el Albacete, y que luego peleara por la Supercopa en Arabia, para ver a los tesoreros federativos vendiendo el partido a las televisiones.


El antimadridismo tiene más disfraces que Mortadelo. El último es el de viudas indias de Xabi. Hablan de Xabi como si hubiera sido el pequeño Tim bajo la bota de Florentino, que sería Ebenezer Scrooge. Intriga que la mayor solidaridad con Xabi provenga del mundo culé, donde no se esconde la animadversión hacia Arbeloa. El listo era Xabi y el tonto es Arbeloa. Pero, a día de hoy, el lúser es Xabi, al que siempre vino grande el banquillo del Real Madrid. Su labor con las figuras consistía en ponerlas físicamente como toros, y tácticamente, como toreros, pero él lo hizo al revés: las figuras andaban como toreros y escarbaban como toros. La literatura “jotdawn” habla de falta de respeto de los “niñatos” a la autoridad del maestro, pero bien dice Santayana que la única autoridad que existe es la “autoridad de las cosas”, y las cosas de Xabi fueron un desastre.


Me voy con respeto, gratitud y el orgullo de haberlo hecho lo mejor posible –se despidió Xabi, que a punto estuvo de hacerlo, de no mediar Mbappé, con un pasillo al Barcelona en Arabia, y ahora el antimadridismo le llora.


¡Ay, el antimadridismo! “No olvidamos el marxismo-leninismo”, dijo Kruschev, y añadió: “Eso sólo ocurrirá cuando los camarones aprendan a silbar”. Nosotros nos olvidaremos del antimadridismo cuando los antimadridistas pidan vender a Fran García.

 

[Sábado, 17 de Enero]



El sueño de Arbeloa

Lunes, 26 de Enero

 


Valle de Esteban

ojo de gato triste y amarillo

domingo, 25 de enero de 2026

Hughes. Villarreal, 0; Real Madrid, 2. Confirmación en la Cerámica


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva


El Madrid de Arbeloa es una vuelta total al 4-3-3 más claro e identificable (si es que alguna vez se salió de eso). Un 4-3-3 con truco, reforzado con el correr de Mastantuono, que tiene la doble flexión de pensar como un extremo y trabajar como un centrocampista.


El esquema se veía ordenado, nítido como en una mañana clara de invierno. Cada uno en su sitio, todo bien definido. Esto daba orden. El orden sereno ¿será una necesidad futbolística de la persona que se hace mayor?


Disfrutábamos ya del vértigo de tener a Huijsen como primer y último hombre, lo que da una emoción nueva a lo más intrascendente. En un lance se vio que Huijsen quiere instintivamente evitar ese pase fácil de central a central, se nota que siente un natural rechazo ante esa facilidad en la que Asencio se gusta con cierto efectismo.


Como en otros partidos, el Madrid se agarraba a la frescura de Mastantuno. Su pressing es la marcha adicional este año.


Por esa banda se formaba un triángulo muy serio con él, Valverde y Güler.


Pasados unos minutos, Gerard Moreno comenzó a hacer pupa con unas jugadas maravillosas que eran como punteos de guitarrista de grupo bueno de los 80. Era un Johnny Marr sin Morrissey.


Pasaban los minutos y yo contaba intercepciones, cortes o recuperaciones de Huijsen: una, dos, tres, cuatro, cinco... sería interesante ver la estadística.


Como escarnio y rechifla del benitecismo (valga la expresión para los entrenadores doctrinarios fracasados en el Madrid) todos lo intentaban con el exterior.


El Madrid se iba alargando poco a poco como si lo moldease un alfarero, cosa que tenía sentido en el Estadio de la Cerámica, que tanto merece el adjetivo de coqueto.


Es verdad que el Villarreal contestaba al fuego con fuego, al contragolpe con contragolpe y que había que correr de lo lindo.



@realmadrid

Güler tuvo una primera buena ocasión entrando en el área por la derecha y a eso de la media hora hubo un despertar de varios: Mbappé apareció y chutó y Bellingham salió de la oscuridad o de lo indistinguible del mediocampo (donde se produce ese fútbol inasignable, inidentificable, casi anónimo) con buenos toques.


El partido era una discusión acalorada, como una obra de teatro con diálogos ingeniosos pero no se llegaba a lo verbenero. En el ir y venir había una seriedad, algo respetable.


Arbeloa pone a Bellingham y Güler de interiores, uno de Kroos y otro de Modric, y vimos alguna coordinación entre ellos; por ejemplo, Güler dirigía desde la base y Bellingham aprovechaba para irse corriendo al área como si le hubieran tirado un frisbi. Sorprendía la solidez defensiva de Güler, picado con Mastantuono en el correr.


Ya había aparecido Vini en una ocasión y al volver del descanso propició, siendo puro extremo, el gol de Mbappé, esta vez de simple oportunismo.


Huijsen seguía el hombre cazando balones con sus piernas largas y Asencio era Asenciabuer con un pase largo que Vinicius controló con el mismísimo escudo. A Huijsen lo que le mata un poco también es que en los planos que le hacen vemos a su madre (que tenía algo inolvidable).


El Villarreal, con el alfa de Parejo y el omega de Gerard, es uno de los lujos de la Liga. Estuvo siempre en el partido, pero Gerard Moreno, que todo lo hizo bien y además hermoso, perdonó miserablemente la ocasión más clara, nacida, eso sí, del balón parado. No vimos tanto a Courtois, no recordamos proezas suyas.


Güler quiere el sitio de ser Modric: correr corrió como un desorejado y en ataque lanzó unos balones largos y medidos al confín de la banda izquierda, diagonales de juego preclaro que recordaban un poco a las de Kroos desde el otro lado.


El Madrid se alargaba pero no llegaba a romperse porque todos corrían. Le “hundían” pero no le doblaban, y entró Brahim y antes Gonzalo, que reforzó con su trabajo lo que de chisgarabís pudiera haber en ese lado derecho.


Estuvimos a punto de la “asenciada”, pero se pasó el peligro y, muy al final, el Madrid se puso panza arriba. Imaginamos a algún padre señalando como a la Osa Mayor: “Mira, hijo, es el bloque bajo”.


En el descanso, y no sin justicia, Mbappé se fabricó el penalti y lo convirtió o lo transformó, palabra muy futbolera y curiosa para el penalti. Lleva 0’9 goles por partido en el Madrid. La media de Puskas.



@realmadrid 

El empuje del Málaga


Larrubia


Francisco Javier Gómez Izquierdo


       Se temía con sobradas razones en la primera vuelta por el futuro del Málaga. Se advirtió aquí y así se puso, pero con el añadido de que había talento en la plantilla. Mucho talento sin desbravar. Lorenzo Juarros, que viene a ser paisano de uno. De la tierra de Lara, Mambrillas, lleva la secretaría técnica y como no tiene permitido gastos, destituyó a Pellicer y promocionó a Juan Funes, un pulidor de diamantes en el Atlético Malagueño desde el 2020. Los jóvenes "boquerones", no sé si por sentirse como más amparados, se han soltado y alguno de ellos es ya objeto de deseo de clubes importantes. Es el caso de Larrubia, mi favorito, del que he hablado estas últimas temporadas con admiración a pesar de presentarse deslucido por su delgadez y una enjutez que le hacía desvalido. Ha cogido kilos y fuerza en la zurda y con ese pequeño suplemento se ha echado el equipo a la espalda y todos los beneplácitos de crítica y público no sólo de Málaga. Para servidor, es el jugador más en forma del Campeonato. Por encima de los cántabros Andrés Martín e Íñigo Vicente o el deportivista Yeremay. Larrubia con veinticuatro años es el veterano de la remesa canterana malacitana -siempre pródiga en talentos sobrados de técnica-. A su lado golea Chupete, que es cordobés del Séneca, y Adrián Niño, ambos con veintiuno. Rafa Rodríguez y Dani Lorenzo con veintidós junto a Izán Merino de diecinueve -ojito con este tragamillas- acompañan a otro veterano de veinticuatro, Dotor, éste canterano del Castilla y titular por su capacidad para frenar con las faltas adecuadas. Larrubia, el día de los muertos, a la media hora sacó su varita en Córdoba y nos marcó el 0-1. Tres puntos. Y Larrubia también a la media hora abrió el viernes el marcador en La Rosaleda contra el Burgos con un golazo propio de un superclase. Luego y a pesar de la mejoría aparente del Burgos, cayeron otros dos goles porque arriba la pólvora es de fiar. El caso es que desde que cayera eliminado en la copa en Talavera y tras empatar con el Zaragoza, el Málaga lleva seis triunfos seguidos, dieciocho puntos, y lo que es más llamativo, con un fútbol juvenil que se hace querer. El veterano es Alfonso, el portero, que lo fuera en Burgos y Miranda, y que en Málaga se ha convertido en mito. A David González el viernes, lo dejó turulato en un mano a mano que acabó como en el balonmano.


     A Alfonso lo desplazó "el Churripi" en El Plantío y fue a parar primero a Miranda y luego a Málaga en el 23, para ser indiscutible. "El Churripi", Antonio Caro, calienta banquillo en Las Palmas porque el croata Horkas es un porterazo que ayer sin ir más lejos paró un penalti a Jacobo de los que suelen ser gol. El penalti siempre es fallo del lanzador a mi parecer, pero no apuntó mal Jacobo, la verdad. Hubiera sido el 1-3 a favor del Córdoba, en un partido con la valentía habitual de Iván Ania al que se sumó -y ahí está la clave- el acierto combinativo de sus jugadores en día dichoso. Me gustó mucho el Córdoba. Tanto que no acababa de creer lo que veía. La Segunda División sorprende cada jornada y si bien se nota la falta de calidad en muchos jugadores, la emoción y los ramalazos inesperados de guapura la hacen mucho más atractiva que la Primera. Lo malo es el VAR. El árbitro de raros apellidos, de Ena Wolf llevaba bien el partido hasta que el VAR -a mí no me quita nadie que el cuchitril los convierte en onanistas, unos más rijosos que otros- se inventó no sé qué, en un gol de Pedro Ortiz, el 1-3 que el árbitro, jugadores y todo el estadio de Gran Canaria habían visto gol. El 1-3 estuvo varios minutos puesto, hasta que el del VAR avisó de que la niña llevaba minifalda y podía verse su braguita si se agachaba. Pitó falta ¡¡¡¡¡ a favor del Córdoba!!!! y anuló el gol porque en el forcejeo, falta de Las Palmas, se aprecia que si se da continuidad a la jugada y se para la imagen -¡ojo! sólo si se para-, nuestro Percan roza los lazos de la bota del defensor. Nadie ve lo que el perverso, porque entonces todos seríamos perversos. Los locutores no saben cómo justificar las trapacerías del VAR, pero ahí siguen, pervirtiendo el conocimiento del aficionado. Por si los echan. El campeón es el que llaman Uzquiano. Acabé muy enfadado, porque luego Percan marcó otro gol saliendo del propio campo y el VAR ni se coscó. Se estaría ajustando la cremallera.

El carril peatón


Eugenio d'Ors

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Sí, señor: el mundo está demasiado amueblado. Viene a ser, decía el Séneca, como Madrid: “Señor, ¿cuántos peatones somos? Diez, veinte veces más que vehículos. ¿Cuánta contribución pagamos? Veinte, treinta veces más. Pues debía correspondernos veinte, treinta veces más de terreno. Son los coches los que debían de ir por las aceras y nosotros por el centro.” Pero en Madrid los coches siguen yendo por el centro, aunque sobre las grúas municipales, y los peatones, detrás de ellos. Por las aceras sólo circulan las bicis y las motos, porque los salvadores del planeta del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, sito en la calle de la Madera, dicen que las bicis son el medio de transporte más eficaz energéticamente, “incluso tres o cuatro veces más que ir a pie”. Si esto se lo dices a Eugenio d’Ors, Eugenio d’Ors te contesta: “¡A la pizarra! ¡A la pizarra!” A la pizarra a demostrarlo, claro. Pero se lo dices a Gallardón, y el hombre flipa. Él es quien ha conseguido que no haya un tonto sin bici o sin moto por la acera, y en Madrid, de dar crédito al saber popular, hay más tontos que botellines de Mahou. Gracias a Gallardón, la bici y la moto liberan al tonto del fascismo de las normas de la Ley de Seguridad Vial, de las de la ordenanza municipal y de las del sentido común. Para el tonto, libertad es ir por donde le sale de los c..., es decir, por todas partes menos por la que le corresponde, con lo que nuestros tontos son los tontos más liberados de la Tierra. Para solucionar el problema de los peatones, que en el Madrid actual constituyen un estorbo, los arbitristas a las órdenes del concejal Calvo han ofrecido su idea: el carril peatón. Las obras comenzarían en otoño. Antes, el Ayuntamiento ha de negociar con los sindicatos ciclistas el respeto al futuro carril peatón, pues el ciclismo militante insiste en que su derecho a circular por donde le salga de los c... incluye el carril peatón que prepara el “think tank” de Gallardón.