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jueves, 31 de octubre de 2013

Porompompero

Manolo en la cuna
 
Hughes
Abc

Nadie puede afeitarse cantando el porompompero como lo canta El Príncipe Gitano. Era necesario, por tanto, Manolo Escobar, al que Andrés Pajares definió en el Sálvame como «la copla fácil». El humorista, que parecía en buen estado de forma, iniciaba entonces su alocado y genial porompompero cuando Paz Padilla, siempre tan ella, le cortó cargándose el perfecto homenaje al cantante, porque lo cierto es que todos tenemos nuestro personal porompompero, que parece siempre el mismo, pero no lo es. Cada español ataca esa frase de un modo único y se diría que el carácter de cada cual se descubre a mitad de estribillo (habrá incluso porompomperos tristes). Si será así, que hasta Julio Iglesias tiene su versión (está en Internet y es una cumbre) y no es casualidad, porque Julio se le parece mucho a Manolo Escobar en permitir cantarlo todo, en desmusicalizar las canciones haciéndolas universalmente accesibles. Todo se puede cantar por ellos. Hasta Wagner.
 
Tienen el don de lo popular y si Julio es la genialidad sentenciosa, Manolo Escobar tenía el talento de lo desapasionado y un distanciamiento que a mí particularmente me desasosegaba un poco.
Y el porompompón es el tirititrán de lo popular. La frase que inicia un compás y el inicio del canto.
Tiene la magia del idioma, porque lo dijo muy bien Rosa Belmonte, él era la dicción española, nuestro fraseo. Si con Sinatra se aprende inglés, a los estudiantes de español habría que someterlos a la prueba cervantina del porompompero antes de darles el diploma.

¿Pero por qué termina en adversativa ese estribillo que fue nuestro obladí, obladá, himno de los patios de luces? En esa canción («el cateto de tu hermano») estaba también encerrado el cuñadismo, natural recelo español a la familia política.

Escobar más que copla fue rumba leve. La forma artística de lo andaluz en Cataluña y por ello forma clave, política, importante (el federalismo quieren que sea otra rumba).

Mi abuela, que no cantó jamás, al envejecer («se me va la chilondra, hijo») empezó a cantar en la cama canciones de Manolo Escobar que no sabíamos de dónde le venían. Pero es que estaba allí, en el fondo feliz de la memoria del país.