jueves, 25 de marzo de 2021
Los muertos y las muertas. José Luis Dibildos
miércoles, 24 de marzo de 2021
Caricatos
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Lo dijo Villacís, la Luxemburgo (Rosa, no el gran ducado donde Perico llegó tarde a la contrarreloj) de Ciudadanos:
–Yo no soy de derechas; yo soy liberal.
Y en liberalismo, como en los demás ismos del montón, España sólo da caricatos. Nuestros liberalios son como esos críticos o historiadores del arte que decía Gombrich, cuyos enunciados son metáforas intraducibles, algo completamente emocional, y empleaba el ejemplo del banco:
–En los billetes viejos ponía siempre que se podían cambiar por oro. Con nuestros enunciados, deberíamos siempre poder ir al banco y decir: deme un hecho a cambio.
En la teoría schmittiana del poder, que es la más cruda porque es la más realista, la distinción política es la distinción entre el amigo y el enemigo, pero el liberalio, ese risueño asno de Buridán pillado entre el espíritu y la economía, intenta disolver al enemigo, para los negocios, en simple concurrente, y para lo espiritual, en simple adversario en la discusión, al término de la cual vas al banco a que te cambien la cháchara liberalia por un hecho y lo que te cambian es el sillón, como dicen que en Madrid querían hacerle a Ayuso.
En política no es uno el que escoge al enemigo, sino el enemigo el que lo escoge a uno, y el Consenso ha escogido como enemigo a Ayuso, con lo cual, o cambia Ayuso, o cambia el Consenso, que es bastante burro, como vimos en los lejanos días de la ilusión con Suárez. Va ganando el Consenso, que con el jaleo ve alejarse a su enemigo mayor, la abstención.
Luego está “la Coviz”, con su toque de queda, claro, que obra en Madrid como la faja en Moscú. Margaret Mead asocia al fajado de los bebés rusos una personalidad maníaco-depresiva correspondiente a la alternancia entre represión y libertad: el bebé, en tanto que caricato del votante, experimenta una fuerte sensación de ira al estar fajado, seguida de una súbita sensación de libertad al retirarle la faja. Iván Redondo y Miguel Ángel Rodríguez no son baturros, sino caricatos de Margaret Mead.
[Miércoles, 17 de Marzo]
Los muertos y las muertas. Eduardo Chillida
martes, 23 de marzo de 2021
Los idus
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
El visto bueno del Tribunal de Madrid al sentido común sobre el adelanto electoral (que los actos administrativos de la autoridad son inmediatamente ejecutivos) ha sido recibido con la solemnidad histórica con que los ingleses recibieron la disputa entre Jacobo Estuardo y el juez Coke.
–El “Common law” protege al rey –dejó caer el juez.
–Esta afirmación constituye traición –repuso, furioso, el rey–: el rey protege al Derecho, no el Derecho al rey.
Venimos de ingeniosísimas doctrinas del Supremo según las cuales un golpe de Estado televisado en directo pertenece a la interpretación de los sueños de Freud, o el Estado (que en España es el gobierno) puede apropiarse de un muerto que lleva medio siglo en la tumba sólo porque en vida “no separó los poderes del Estado” (aunque sin aclarar por qué después del muerto todos los poderes siguen en la misma mano, es decir, la tiranía según Hamilton).
–¡A lo negro, maestro, a lo negro! –gritaba el peón a su matador, que, por miedo al arreón, no sacaba al toro del caballo, y disimulaba tirando capotazos a la grupa del penco.
Como aquí, donde nadie va “a lo negro” del obscenario político que padecemos: la antidemocrática ley electoral proporcional (liquidadora de la conciencia nacional, pero normal en un país que llama populismo a la democracia), a la cual, en el 76, sólo se opuso Fraga, que se creía en un país serio. Todo lo demás es chau-chau de portería (voto fraccionado, voto útil y demás alfalfa) para tertulianismo de solanera.
Coke y Jacobo dramatizan lo que Fueyo llama “liquidación del sentido espiritual del Derecho medieval”, adonde nos devuelve el Estado de Partidos. Si, cual reyes medievales, los partidos infringen el Derecho, el único recurso es una petición dirigida a ellos en súplica de lo que quieran dar como reparación. En el Medievo era el Derecho el que hacía al rey (cuyo castigo sólo a Dios incumbía), pero hoy son los partidos (es decir, el Consenso) los que hacen el Derecho, y por encima no tienen ni a Dios.
[Martes, 16 de Marzo]
Los muertos y las muertas. Juan Antonio Bardem
Martes, 23 de Marzo
EL PRECIO
Matinales neblinas, tardes rojas,
doradas; noches fulgurantes,
y la llama, la nieve;
canto del cuco, aullar de perros,
silente luna, grillos, construcciones de escarcha;
el traqueteo del tren, del carro, niños,
amapolas, acianos y desnudos árboles de invierno entre la niebla,
los ojos y las manos de los hombres,
el amor y la dulzura de los muslos,
de un cabello de plata, o de color de caoba;
historias y relatos, pinturas y una talola.
Todo esto hay que pagarlo con la muerte.
Quizá no sea tan caro.
José Jiménez Lozano
lunes, 22 de marzo de 2021
Nacidos para sufrir
Serra Ferrer y su Betis en el vestuario del Plaltío. 1994
El joven Dani Rebollo. Portero goleador
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Parecía vedada para los clubes españoles la Copa de Europa de este 21 en el que venían jaquetones el Bayern, City y PSG mientras los nuestros deambulaban malheridos, tristones y como acomplejados, pero ¡mire usted por dónde! de los tres gallos sólo uno puede llegar a la final con permiso de Haaland y a mayor gloria de Zidane al que no hay estrellero que no lo tenga acogido. El Liverpool tiene buenos peloteros, pero el Madrid los tiene mejores y creo que mucho más listos para detectar al defensa o portero susceptible de convertir durante dos segundos el balón en un regalo. Véase a Araújo en Vigo y Sportiello en Valdebebas en la última semana.
El fallo del portero, del defensa, del delantero que se pone a malcubrir en un córner, del árbitro... "Lo injusto del fútbol", dicen los del fútbol rico, como si el fútbol vino para hacer justicia y tuviera que ganar quien lo merece en cada partido. No. A mi parecer lo extraordinario del fútbol es la sorpresa, que gane quien no lo ha merecido, que pierda el equipo que estrella cinco balones en los palos y se lleve los puntos el que se aprovecha de un gol en propia puerta. Lo que nos enganchó al fútbol, a un servidor al menos, fueron tanto los padecimientos injustos como ¡ay!. Decir que se sufre siendo seguidor de Madrid, Barça, Bayern o Juventus es un insulto a los que hemos acompañado a los nuestros hasta Lasesarre o el José del Cuvillo, que por si no lo saben ustedes es el campo del Portuense. Ver los descensos de Burgos y Córdoba, sus penurias, su mala vida y seguir queriéndolos irracionalmente poniendo dinero para demostrar con documentos nuestra fidelidad es un fútbol enemistado con el VAR, la tele y la comodidad.
Estuve ayer mañana en El Arcángel. No había entrado en los sorteos, reservándome, optimista impenitente, para los play off de ascenso, y como era el último encuentro de la Primera fase y se suponía emoción además de tener garantizado asiento por no haber asistido aún a ningún partido, acudí. No teníamos casi posibilidades de entrar en la lucha por el ascenso. Nos lo jugábamos con el Betis B a la espera de que el Sevilla Atco. no ganara. Hasta el minuto 80 el Córdoba estaba clasificado a pesar de la pésima gestión de los cambios del entrenador Pablo Alfaro, pero en el 84 el Sevilla marcaba de penalty riguroso y nosotros, el Córdoba CF, nos quedamos con uno menos por lesión del medio centro. Nuestro entrenador despreció dos cambios por no saber relevar a los cansados en uno solo y así en un córer en el minuto 91 Dani Rebollo, portero del Betis B, solo en el área como antier Bono el del Sevilla, nos coló el empate de cabeza... y en el 94, un tal Mizzian hizo el 1/2 para que incomprensiblemente, el menos favorito de los tres, el Betis B, se clasifique para disputar el ascenso a 2ª División. Partido histórico el de ayer. Como el de aquel Burgos-Betis por el que trozos del césped de El Plantío se exponen en las vitrinas de los béticos sufridores.
Ahora jugaremos para no descender a esa 3ª que quieren seguir llamando 2ªB. De 30, quedarán 10 en la Pro que se ha inventado don Rubiales. Los otros 20 descenderán. Nosotros vamos a afrontar la liguilla con el disgusto y la mala sensación de ayer a mediodía. Lo haremos junto a unos cuantos históricos. ¡Veremos como acaba todo! Menos mal que queda el Burgos para levantarme el ánimo. Empieza su play off con nueve o diez puntos más que Celta B ó Deportivo, Unionistas y Zamora. La competición es en esta fase que entra un galimatías sólo entendible para los que estamos en el asunto -aún así nos confundimos- en el que si Burgos, Ibiza y Badajoz no se clasificaran para el ascenso estaríamos en un escenario paranormal.
La cesión de Haaland
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Hay que ceder a Haaland.
No digo que no haya que comprarlo. A Haaland se le compra, pero, antes de hacerle venir a Valdebebas para que Zidane lo mande por Amazon al Arsenal con Ceballos y Odegaard, se le cede a su actual equipo, y llegado el caso, al Barça de Laporta, si fuera verdad que anda más tieso que Roures, el basilisco de la lucha de clases que se hizo rico retransmitiendo carreras de camellos en la Arabia de Lawrence, razón por la cual su compadre Zapatero imita la mirada de Peter O’Toole cuando le ponen una cámara delante.
Pensando, precisamente, que con Zapatero tenía un Peter O’Toole entre manos, se propuso Roures seguir con una cámara a Zetapé por el mundo. La idea era que el cómico Fernando Tejero hiciera el papel de Oprah Winfrey, pero Tejero falló y fue sustituido por Guardiola, que en aquella época aún dudaba entre imitar a Gandhi o imitar a Lanza del Vasto. Con Pep de Oprah, el documental arrancó en Turquía y siguió por Argelia, Bruselas y Nueva York. Se trataba de montar las lonetas de un circo nuevo, la Alianza de Civilizaciones, hasta que un día que Laporta buscaba entrenador y fantaseaba con Mourinho llegó Roures y le colocó a Guardiola. ¿Por qué Florentino Pérez no podría colocarle a Haaland a Laporta?
En el Barcelona actual, Haaland se dejaría crecer unas barbas como las de Villalibre, trasnocharía en Sitges como Romario y fallaría los goles cantados como Griezmann. En cambio, ¿qué sería de Haaland en el Madrid?
El delantero centro para la próxima década del Madrid no es Haaland. Ni siquiera Benzemá, a quien todavía le quedan diez años de “bajar a recibir” en este equipo, teniendo en cuenta la equivalencia de los años del futbolista contemporáneo establecida por Sergio Ramos, que tiene 34 y dice que son como los 28 de los viejos tiempos: seis de diferencia, como los caballos, pues nadie olvide que Ramos es “cortihero”. El delantero centro para la próxima década del Madrid es Baraka, el único que no puede comprar Laporta. Se nace o no se nace Baraka, y Zidane nació Baraka, esa condición que hace que el Madrid vaya a llevarse la Liga de Simeone (basta ver cómo remontó en la soñarra del sábado el gol del Elche) y probablemente la Champions. Si tales prodigios suceden, a Zidane le será concedido el capricho de fichar algún antojo, y entre sus antojos, muy por encima de Haaland, está Pogba, y el pipero que no se ilusione que se vaya al Wanda, como decía Rajoy de los liberales de su partido.
Lo que pasa es que se necesita un fichaje estratégico no para lo futbolístico, sino para la publicidad. El nuevo Bernabéu, inspirado en un bocadillo envuelto en albal que se le cayó en mitad de la Castellana a algún marciano de un platillo volante, hay que venderlo por el mundo, y no sabemos cómo Lucas Vázquez chanela el inglés. La obra es un ejemplo de lo que un arquitecto (no sé si es Frank Gehry, pero tampoco es cosa de levantarse a mirarlo), desde que en arquitectura no se dibuja, puede hacer con un ratón y un ordenador, y el fichaje estratégico debería ser una muestra del ateísmo estético que supone un caballero en pantalón corto deambulando en semejante laberinto de espejos. El fichaje, desde luego, sería Mbappé, que tiene el inconveniente de estar tan sobado en los medios que parece viejo: dices Mbappé y suena a mozo tan viejo como Di Stéfano. Con Mbappé de banderín de enganche para los anuncios, el “pasillo de seguridad” que decía el Sabio de Hortaleza para la Década sería Ramos, Modric-Casemiro-Kroos, Lucas Vázquez (antorcha del fair-play madridista con su tuit “Qué bonito, Carrasco”, refiriéndose al caño que le hizo en el derby) y Benzemá (que recuerda al Peter Sellers del arranque de “El guateque”, al que disparan y él sigue tocando la trompeta) con más Champions entre todos que metas volantes Sabino Angoitia. Y añadamos a Bale, recuperado, según todos los indicios, por Mourinho, que podría ser contratado como recuperador por Zidane.
Ante el Elche no se lesionó Hazard, aunque mantiene la distancia en cabeza para proclamarse Prosinecki del Año (de Prosinecki decían que las lesiones le venían porque fumaba: periodísticamente, el tabaco fue a Prosinecki lo que el golf a Bale). ¿Esto también es baraka? También es baraka, y hay que decirlo muchas veces, para que esa juventud que cada día más se aleja del fútbol tenga un motivo para no huir. ¡Que la juventud, que sólo busca diversión, huye del fútbol!
MÍSTER CHAMPIONS
“Estamos en un país pequeño llamado Cataluña y pintamos poco”, dijo famosamente Guardiola por un partido que tuvo que jugar en Pamplona un día que no le venía bien viajar. Luego, la prensa de ese país que pinta tan poco echó números y proclamó Míster Champions… ¡a Messi!, que lleva una Champion en una década (por tres, sin ir más lejos, del Colibrí de Curtis, Lucas Vázquez) y que viene de recibir otra somanta europea, esta vez en París. Al final, el título correcto será el de Míster Chance, la película, decía la propaganda, que invitaba a los espectadores a convertirse en creyentes de una prueba de candidez universal. Aquí no hay más Míster Champions que Cristiano, que puede volver al Madrid a rodar la segunda parte de “Bola de fuego”, de Howard Hawks, con él mismo de Barbara Stanwyck.
[Lunes, 15 de Marzo]
El Estado-merienda
Cuando los hombres de la República se incautaron del Estado español, se vio bien a las claras que no querían introducir en él ninguna reforma fundamental, ni muchísimo menos, y que, si lo deshacían y lo ponían en pedazos, era, sencillamente, para mejor repartírselo entre unos y otros
Sevilla, 4 de enero de 1938
Cuando los hombres de la República se incautaron del Estado español, se vio bien a las claras que no querían introducir en él ninguna reforma fundamental, ni muchísimo menos, y que, si lo deshacían y lo ponían en pedazos, era, sencillamente, para mejor repartírselo entre unos y otros. Se apoderaron del Estado con el mismo criterio que hubieran podido apoderarse de un salchichón y, ni cortos ni perezosos, procedieron a merendárselo vorazmente en presencia del país entero, que, siempre cándido y confiado, se decía:
–Bueno. Primero habrá que dejarlos tomar algunas fuerzas, que bien deben de necesitarlas, los pobres, y, luego, ya empezarán a trabajar...
La guerra no les dio a los hombres de la República ninguna lección de continencia. Al contrario. Por si venían mal dadas, quien más y quien menos todos procuraron desde un principio poner a salvo su porvenir, y la francachela adquirió unas proporciones fantásticas. Cargos, encomiendas, representaciones diplomáticas en islas inverosímiles de palmeras y cocoteros, comisiones, arbitrios, porcentajes, viudedades, orfanazgos, ascensos, pensiones, recompensas, subsidios, anticipos... ¡qué sé yo! Allí, el que no interviene de alguna manera en el Estado se muere materialmente de hambre, mientras el que interviene come a dos carrillos.
Es el concepto –esencialmente democrático– del Estado-merienda o comilona, Estado que, evidentemente, sirve para engordar a muchos, pero que deja en los huesos a la inmensa mayoría y cuya eficacia, por lo demás, resulta prácticamente nula, ya que, al aumento constante e inevitable de funcionarios, tiene que corresponder, en justa equivalencia, una disminución progresiva de su autoridad y de su responsabilidad. En la España nacional, y sólo con el número de personas estrictamente indispensables, la máquina del Estado funciona, en cambio, con una seguridad y una precisión a la que desde hace siglos estábamos desacostumbrados todos los españoles, y no es que no sea precisamente otra máquina, sino que es otro el criterio con que se la maneja.
Es, en una palabra, que no se la maneja en beneficio propio, sino en el de los demás, y que su manejo se considera un deber en vez de seguir considerándolo un privilegio.
Los muertos y las muertas. Ángel Martín Municio
domingo, 21 de marzo de 2021
Expediente 666
Ignacio Ruiz Quintano
Dicen que la jefa de Recursos Humanos de TVE ha abierto un expediente informativo a dos técnicos de telediario entre cuyos dedos se deslizó no se sabe bien si el puño de Aznar en la noticia de «Sin noticias de Dios» o si la noticia de «Sin noticias de Dios» en el puño de Aznar. El caso es que en pantalla todo el mundo pudo ver a Aznar tras del rótulo «De ángeles y diablos», aunque la prensa sensible, con un sentido de la trascendencia más elevado, interpreta que, en realidad, Aznar apareció en el telediario como «ángel o demonio». Estamos, pues, ante lo que un Jiménez del Oso o un padre Pilón llamarían Expediente 666.
En las palabras preliminares de «Las gafas del diablo», Wenceslao Fernández Flórez habla del cuento del diablo que presta a un hombre candoroso unas gafas que tienen la extraña facultad de hacer ver a las personas y las cosas, no como aparecen, sino como son: la amada desleal, el amigo ingrato, el veraz mentiroso... El diablo que le había facilitado esas gafas era, sin duda, un espíritu trascendental, y el hombre, aburrido, las rompe. Huyendo de las del típico diablo castellano, siempre hosco, aparatoso y ceñudo, Fernández Flórez toma prestadas para sus relatos las gafas de un diablo gallego, jovial, bonachón y receloso, de los que ayudan al zorro a entrar en un gallinero, y nos invita a mirar al través de ellas las cosas habituales y menudas, como, por ejemplo, los rótulos de los telediarios.
Cuando los rótulos de los telediarios consiguen captar nuestra atención, la verdad es que lo hacen por su ortografía extravagante, pero esta extravagancia nunca ha provocado, que uno sepa, aperturas de expedientes. Si ahora se ha abierto uno, los motivos habrá que rastrearlos en la cultura crítica de la jefa de Recursos Humanos, que es la abridora del expediente, pero no en la de los espectadores, que pasan de ella —de la cultura crítica, no de la jefa de Recursos Humanos—, al margen de que, por una vez, y en un rótulo tan complejo como «De ángeles y diablos», los ángeles salieran con su acento y los diablos con su «b».
Se supone que el hecho de que tras del rótulo apareciera Aznar con su puño así, como mostrando un conejo que tuviera pillado por las orejas, es lo que ha llevado a la jefa de Recursos Humanos a concluir que la conducta de los técnicos rotuladores es de «naturaleza grave», con arreglo, por supuesto, a un reglamento sobre la repercusión de la negligencia en los asuntos laborales. ¡Ah, el torzal del bíblico humo, ascendiendo retortijado por el aire madrileño! Pero ¿no iba a ser salomónica la columna que sostendría ese edículo ejemplar y liberal que debía representar el Pirulí?
Aunque la historia demuestra que los conspiradores raramente llegan a consumar sus conspiraciones, la teoría conspirativa para explicar las cosas siempre ha tenido muchos adeptos. En su día, las conspiraciones de los dioses homéricos sirvieron para explicar la guerra de Troya. En su versión laica, que es la que se lleva hoy, esa teoría, tal como la enunció —y denunció— el apóstol de la sociedad abierta, sostiene que todos los resultados, aun aquellos que a primera vista no parecen obedecer a la intención de nadie, son el resultado voluntario de los actos de gente interesada en producirlos.
Puesto que nada convence tanto como una buena hipótesis, ni que decir tiene que la teoría conspirativa hace furor a derecha y a izquierda, razón por la cual las dos se sitúan en el centro, que es no un no ser, no nada, sino una voluntad de no ser, una voluntad de la nada. Algo así como el demonio agustiniano a través de las gafas bergaminianas: «Porque no quiso dejar de ser, sino ser lo que no es, lo que no era, quiso, o quiere, ser nada, queriendo ser todo, queriendo no ser. Todo lo contrario que Dios.»
Bien. Si era esto lo que los «conspiradores» del Expediente 666 nos querían decir, ¿por qué no fueron al grano? Con poner por rótulo el título de la película, «Sin noticias de Dios», nos habríamos ahorrado el lío.
El centro, que es no un no ser, no nada, sino una voluntad de no ser, una voluntad de la nada. Algo así como el demonio agustiniano a través de las gafas bergaminianas: «Porque no quiso dejar de ser, sino ser lo que no es, lo que no era, quiso, o quiere, ser nada, queriendo ser todo, queriendo no ser. Todo lo contrario que Dios.»
Los muertos y las muertas. José Hierro
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"Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir"
DOMINGO, 21 DE MARZO
En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó:
-Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.
Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.» La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo:
-Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.
Juan 12,20-33
sábado, 20 de marzo de 2021
¿Por qué "Ciencias" de la Información?
A @__pbl
(Un día me explicáis lo de «ciencias» de la información)
I don’t think the Biden stair stumble stuff should matter. But boy did the media set one hell of a precedent about presidential walking patterns.
And if you’ve forgotten, read on
La Revolución Legal
Carrillo y la jurista
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Guardado por un Redondo y un Cuadrado, al Patio de Monipodio, como a la Academia de Platón, “no entre nadie que no conozca la geometría”.
Geométrico es el crecimiento maltusiano de leyes (en un día, piquetes, sexo, bable, aranés…), y semejante “ansia de legalidad enternecedora” (enfermedad alemana, según el teólogo Rudolf Smend, teórico de la integración estatalista) nos recuerda que asistimos a lo que en el 78, a la vista del “Eurocomunismo y Estado”, del “viejo y experimentado revolucionario profesional Santiago Carrillo”, Schmitt llamó la Revolución Legal Mundial: el Estado, portador de la legalidad (eso que los pesados llaman “Estado de Derecho”), realiza el milagro de una revolución pacífica que, a su vez, legitima al Estado.
–La revolución legal se hace permanente, y la revolución estatal permanente se hace legal.
Carrillo, que traiciona a la Junta Democrática con peluca de Arrimadas, “sabe aprovechar las experiencias de Mussolini y Hitler” (repite la palabra Estado en sentido positivo, con mayúscula): la violencia revolucionaria de Lenin está anticuada; fue legítima, mas no legal, para pasar de una sociedad agraria a otra industrial, que exige métodos pacíficos, “estatalmente legales”. Legalidad, legitimidad y superlegalidad.
Legalidad, dice Schmitt, como fórmula de obediencia y disciplina: “Con tal que me obedezcas, no necesito tu fidelidad”.
–La legalidad “estatal” implica primas sobre la posesión del poder (“obéissance préalable”) para todo acto estatal, reparto de cargos, encargos y subvenciones, interpretación de situaciones nuevas, creación de “faits accomplis” llenos de consecuencias…
Legitimidad como fórmula de identidad moral, ideológica y filosófica de un orden estatal. (Ejemplo de esta ansia de prestigio: “La República turca es un Estado de Derecho nacional, democrático, laico y social, basado en los Derechos humanos”).
Y superlegalidad (noción y denominación de M. Hauriou) como fórmula de validez aumentada de unas normas sobre otras.
[Sábado, 13 de Marzo]
Los muertos y las muertas. Augusto Monterroso
viernes, 19 de marzo de 2021
Ave, Bilderberg
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
El chalaneo judicial con su canje de jueces de partido y el chalaneo “mocional” con su canje de mociones de censura que la casualidad, décima musa, hace coincidir en el tiempo, son el obsceno espectáculo del poder allí donde el pueblo nada decide, pues sería “populismo”, que no puede tener más mala prensa.
¿Quién decide? Pues, seguramente, el ombligo liberalio de grupos como el de Bilderberg, que con sus pelusillas construyen el mundo como una circunferencia que se extiende en torno a su ombligo. Dicen que allí recibieron Casado y Arrimadas la orden de no mezclarse con Vox.
–¿Quieres ir a Montebello a una reunión de ricos y famosos? –dice Cebrián que le dijo el alemán Guido Brunner, liberalio convolutero, que buscaba un sustituto para Suárez, el de Cebreros, que no hablaba inglés, lengua vehicular de Bilderberg.
En fin, que si una panda de ricos y famosos ha podido sacar a Trump de la Casa Blanca con un yayo sin riego para dar tranquilidad y una señora para mandar como manden quienes la hayan puesto, que no fueron los ciudadanos (cinco por ciento en sus primarias), ¿por qué no sacar de la Puerta del Sol a Ayuso, que para los pelusas de meñique tieso debe de ser como una falangista escapada de “La vaquilla” de Berlanga, sin caer en la cuenta, con los güisquis, de que los falangistas y los toros son las únicas criaturas que se crecen en el castigo?
En los medios hacen desfilar a Ayuso como en las páginas de Tácito a Sabino, que es conducido a la muerte por las calles y la gente huye de su presencia para que no la comprometa:
–Hacia donde se volvía, hacia donde sus ojos miraban, allí había fuga y soledad.
Rodeada de pelusillas bilderbergianas, Ayuso, al defenderse, ha reunido el valor necesario para cometer la única subversión concebible en un Estado de Partidos: apelar al pueblo. Es decir, incurrir en lo que el buen liberalio llama populismo. Ahora es cuando los demócratas deberían redescubrir la diferencia entre expectativa y esperanza. Pero no se ve ninguno.
[Viernes, 12 de Marzo]
Los muertos y las muertas. José Tamayo
jueves, 18 de marzo de 2021
El gato
Patton
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Al desembarcar en Sicilia, en julio del 43, Patton distribuyó una orden que decía: “Muchos de vosotros tenéis en vuestras venas sangre alemana e italiana, pero acordaos de que vuestros antepasados tanto amaron la libertad que en su busca abandonaron patria y hogar y cruzaron el océano. Los antepasados de los soldados que vais a matar no tuvieron el valor de hacer ese sacrificio y continuaron viviendo como esclavos”.
Apenas ocho décadas después, el inquilino de la Casa Blanca no recuerda el nombre de su ministro de Defensa, pero lanza bombas en Siria para expandir la democracia, mientras América se consagra como el mayor exportador mundial de estalinismo liberal (más totalitario que el comunista).
No es que el gigapolio informativo de las Big Tech se haya vendido a un partido; es que se ha comprado El Partido, con su unidad de destino en lo universal, equiparando Washington con La Habana.
–Nos prometieron un gato de la Casa Blanca, ¿qué pasó con eso? –pregunta el Nuevo Periodismo.
–¿Que dónde está el gato? Hoy es un buen día para el gato. Sabemos que el gato romperá Internet –responde la secretaria de Prensa de Sleepy Joe.
La Red censuraría hoy a Tácito, subversivo bajo las dictaduras de los jacobinos de Cayetana y los militronchos de Napoleón, pero con esta América (que ha perseguido hasta la locura a Milo Yiannopoulos, ahora ex gay consagrado a San José) no contaba el liberalón de Trilling, que veía a “los principejos de la Italia renacentista” consultando los “Anales” para saber cómo conducirse con la duplicidad de Tiberio.
–Es imposible leer la “Historia” y los “Anales” sin preguntarse cómo es posible que el Imperio haya podido mantenerse en pie a través de los ochenta años de motines, infamia, intriga, tumulto, despilfarro e irresponsabilidad que los dos libros refieren –fue la impresión de Gaston Bossier.
La República había muerto antes de que naciera su abuelo “y él se volvía para contemplarla a través de una aureola de idealización”.
–¿Y el gato?
[Jueves, 11 de Marzo]

























