lunes, 4 de marzo de 2024

La piñata del Big Data

 


@AdriRM33


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Cuando Lewandowski, el pensionista del Barcelona, tuvo la corazonada de que todavía van a ganar algo, todo el mundo pensó en el Gamper de este año bisiesto, pero el “avi” polaco pensaba en el Big Data, argumento al que se agarró Xavi para declarar en rueda de prensa que los líderes de la cosa española son ellos.


El Big Data es un cerebro artificial que se guía por un sistema métrico avanzado para calcular, en este caso, los puntos que se habría apuntado un equipo en función de los Goles Esperados con arreglo a la probabilidad de que un tiro a gol se convierta en gol con valores entre 1 (gol) y 0 (no gol, o como decía Fernández Flórez, “vicegol”, que eran los balones que pasaban “lamiendo” el poste o el larguero). Con el Big Data, el Barcelona lidera la tabla de goles, y Pedri, la de asistencias que se quedaron en “viceasistencias”, o asistencias que pudieron ser y no fueron.


Al hilo de estas bromas de la inteligencia artificial, James Woods, actor y, sin embargo, poseedor de uno de los CI más elevados que se conocen, tiene fijado el siguiente tuit: “Cuando se le pidió a la IA de Google que mostrara una foto de una persona blanca, Gemini dijo que no podía cumplir con la solicitud porque ‘refuerza estereotipos dañinos y generalizaciones sobre las personas basadas en su raza’.” Y su corolario:


AI is going to be another leftist shit show.


Es decir, la IA será otro espectáculo de m… izquierdista. 


Y así como la IA trabajaría para la causa progre, el Big Data trabaja para la causa culé de la Xavineta. Es la piñata que apalea Lewandowski para tener algo que llevarse al palmarés con esos penaltis en tiempo de descuento que le depara el otro Big Data, el arbitral.


Uno de los libros más sobresalientes de la filosofía de la ciencia es “La ciencia y la hipótesis”, de Henri Poincaré, título escogido por Popper para el simposio organizado en su honor con motivo de su octogésimo aniversario en mayo del 83. Allí participó el biólogo austriaco Rupert Riedl, que partió del hecho de que el cerebro es un agente productor de hipótesis para plantear su visión del mundo de la expectativa, donde parece moverse la militancia culé. 


Según Riedl, todos los organismos superiores se comportan como si, al confirmar las expectativas que tienen puestas en la naturaleza, la siguiente expectativa tuviera que ser más probable: “De ese modo, cuando una ardilla se encuentra constantemente con nueces vanas, acaba por no molestarse en cascar la siguiente. Otra, en cambio, que encuentre siempre nueces llenas, abrirá automáticamente la próxima que encuentre”.


Igualmente nosotros, si en un hotel que nos es desconocido intentamos varias veces abrir una puerta que encontramos cerrada, al día siguiente daremos por sentado que sigue cerrada.


El Barcelona es la ardilla acostumbrada a cascar nueces arbitrales llenas, entre otras cosas porque todavía no le ha salido una vana. En cambio, contra la ley de la expectativa se subleva el juego de Vinicius, que, llenas o vanas, casca todas las nueces y monta las averías que lo han hecho único. Quien quiera entenderlo, que se lea “El Único y su propiedad” de Stirner.


La mal llamada Liga de Campeones, puesto que en ella no están únicamente los campeones, podría arreglarse semánticamente si a los campeones reales se añadieran los campeones del Big Data, los campeones del Var y los campeones por votación popular: cuatro plazas de Champions justificadas. Como se hace con el salario de Mbappé, que todavía no es público para no excitar la condena moral de monseñor Sistach, que ya dio mucha guerra cuando lo de Cristiano, en contraste con el sonoro silencio que guardó cuando lo de Neymar. En el caso de Neymar el pesetas, al parecer, era el papá, y en el caso de Mbappé, la mamá. Y a Neymar, precisamente, debemos el penúltimo sermón al Madrid sobre Mbappé: “Ningún jugador debe ser superior a una institución”, ha dicho él, Neymar da Silva Santos Júnior.


El PSG tenía el mejor equipo del planeta, cuando el ego de “cierto francés” empezó a perturbar el ambiente. Mbappé se sintió excluido, la mayoría hablaba español y él amenazó con irse. Para no perder a su preciado Mbappé, el PSG vendió a los que no coincidían con el pensamiento de Mbappé. Después Mbappé comunicó al PSG que dejaría el club gratis al final de la temporada.


La parte buena del ego de Mbappé es que se llevará por delante al ego de Modric, el tipo al que no quería ningún periodista, y para el que ahora todos los revistosos del puchero exigen la titularidad, a sabiendas del lastre que un atleta cuarentón supone para el despliegue operativo del pelotón. Modric en modo rémora y Nacho en modo cenizo (no gana ni los sorteos de moneda al aire) dan alas al Big Data, que sabe que en España la procesión no acaba hasta que pasa el último cura.




CINCO KILOS

Hazard da más titulares de prensa jubilado que en activo. El menos llamativo: que volvía de las vacaciones con cinco kilos de más. El más interesante: que no ve fútbol para ver a Haaland. (“Veo fútbol para ver a De Bruyne, Bellingham, Grealish...”) Nunca se trajo la cabeza de Inglaterra: “El Chelsea es más familiar. En el Madrid, había que ganar. En el Chelsea, perdíamos y al día siguiente nos reíamos un poco en la ducha. Eso no pasaba en el Madrid. En equipos grandes cuando se pierde siempre hay un drama”. La vida es dura.


[Sábado, 24 de Febrero]

Lunes, 4 de Marzo

 


Como el Morro

domingo, 3 de marzo de 2024

Hughes. Valencia, 2; Real Madrid, 2. Gil Manzano firma un Rembrandt

 

El Rembrandt

 @realmadrid


HUGHES
Pura Golosina Deportiva
 
El asesino siempre vuelve al lugar del crimen, dicen, y Gil Manzano, que es asesino del fútbol, decidió volver a Mestalla a terminar de pasar a la historia. El primer intento fue hace unos años, cuando en ese estadio le pitó tres penaltis al Madrid en una misma noche, ayudado por el VAR y fallando en los tres.

Por el VAR el Madrid perdió una Liga reciente, gracias a un uso también innovador: en lugar de pitar un penalti decidieron retrotraerse al origen de los tiempos a encontrar un no-penalti que pitarle en contra.

Es como si los árbitros, contra el Madrid, quisieran hacer siempre la volea de Zidane, la chilena de Cristiano, el aguanís de Raúl... Gil Manzano (que eclipsó a Vinicius, que eclipsó al pueblo de Lim) quería marcar el gol de Ramos. Hace falta ser muy bueno en su ser malo para lograr un capolavoro arbitral así. Es de un pitidismo infinitesimal, de un matiz, de una captación de la milésima asombrosos. Si fuera luz, y no tiempo cicateado, sería un Rembrandt.

Cuando pitó, el balón se llenaba de flashes, de oros, de brillos de las miradas de medio mundo. Su chiflar fue un acto de brutalidad contra todas las inercias, no solo de la justicia sino del propio fútbol e incluso de la física y sus leyes, pues el balón no podía dejar ya de proyectarse. Su silbido fue una de las exhalaciones de aire más autoritarias y extravagantes de todos los tiempos.

Hoy la creatividad arbitral ha dado un paso Neil Armstrong  más pitando el final del partido justo después de que Brahim colgase el último centro. Hubo interrupciones de sobra para prolongar, minutos suficientes, pero el árbitro decidió interrumpir la posesión o intento del Madrid cuando la pelota, en vilo, buscaba rematador. Hemos visto a los árbitros pitar o no pitar, pero en este caso dudó, amagó, observó, contemporizó y luego se apresuró, y en pleno directo se sintió que la jugada se comería al árbitro, que su propio criterio (su desprecio antifutbolístico a la misma) la estaba llevando hacia el gol. Marcó Bellingham, y luego vio una roja.

Alguien lo ha escrito: Bellingham ha sido expulsado antes que Luis Suárez, que masticaba defensas. Se dijo también: Bellingham, que llegó como un sir, acabará cazando moscas.

La Liga española es insoportable. Es un espectáculo de cholismo deportivo, barcelonismo psicosomático y cerrilismo infecto, de una chabacanería que estremece.

Lo peor no ha sido esta innovación arbitral, preludio de otras que llegarán. Da igual. Ya da lo mismo. Asumamos que los árbitros son simplemente así. Personalmente, encuentro peor la reacción inmediata de ese cuadro de psicopatía que es el antimadridismo. Nada más acabar el partido, empezaron a aparecer jugadas supuestamente similares (con evidentes diferencias) del Málaga y Valladolid, intentando crear un supuesto agravio por el hecho de que con ellos no hubiera el escándalo que sí levanta el Madrid.

Ah, pobres malaguistas, pobres pucelanos, ¡cómo sufren el centralismo! El antimadridismo, rama no pequeña de la demencia española, tiene estas cosas. Si cayera una bomba atómica sobre el Bernabéu saldría algún cabestro a decir: ¡en Hiroshima no protestabais!

Su inquina es tan cretina, tan avieso su acecho, que entristece verlos aparecer a la hora del deporte y la afición, del asueto y el sport, con su moviola mareante, terrorífica, verdaderamente heladora del agravio y el contraagravio.

Pero para ellos, para estas almas no del todo cuajadas, para su odio de la hermosura, de la verdad y del mérito, se ha organizado una competición atroz y rufianesca en la que hiere mirar, duele asomarse.

Al lado de los directivos del fútbol español, ¡Koldo tiene cara de primera comunión! ¡Oh, Koldo, tú sí deportista, ¿solo tú comisionas?

Ninguno de estos lunáticos ha sufrido jamás, en los equipos y a veces equipillos de sus tristes amores, el robo inaudito, consecutivo y corruptísimo de dos ligas como las que el Madrid vio volar en Tenerife. Cualquier de sus ridículas ofensas es tan absurda e irrelevante como su mismo palmarés.

Callados como peripatéticas, en su lumisfera moral pútrida de requesón local, silencian el Caso Negreira y todas las corrupciones. Ellos sólo ven una cosa. Sólo tienen una embestida. Esto hará del palmarés de la Liga, trufado de ligas negras, algo sin valor, pero a ellos les dará igual. Su deporte es la envidia, son invertidos profundos: lo bello lo ven feo, lo feo bello; lo bueno es malo; y el mérito les ofende.

El Madrid, que es el único argumento de una Liga que dista poco de la turca, tiene que hacer la toma de Granada en cada partido, luchar contra una videoteca de tarados y lo mágico es que, cuanto más le atropellan, más bilis expelen sus odiadores.

Por eso lo de Gil Manzano, fallo groserísimo, les pone de los nervios. Por eso en lugar de estar contentos están tristes, rabiosos, soltando espumarajos. Su relato tampoco se sostiene ya. Necesitan palancas de relato, y no llegan. Sólo tenían eso, el supuesto privilegio del Madrid, y hasta eso es mentira. Florentinismo ha de conseguir lo penúltimo: imponer que la víctima es el Madrid, ¡que la reparación moral y la deuda histórica es también derecho suyo!

Sólo tenían el asín, asín, asín gana el Madrí  y ya sólo vemos atropellos y madrifobia y vinifobia.

Cuando se demuestra, como hoy, que esta es una Liga que vive del Madrid y funciona contra el Madrid, y que todas las leyendas antimadridistas son patrañas y calumnias que hacen más angelical su blanco, más inocente y virtuoso, su desvarío aumenta, pierde pie, se escapa en la sinrazón como el globo perdido por algún babieca.

Por todo esto el madridismo más puro ya no es el de un niño sino el de los antiantimadridistas.

Bolsas





Ignacio Ruiz Quintano
Abc


El socialismo español se echó de jefe a Pedro Sánchez y lo primero que le preguntaron fue cómo tenía pensado acabar con la corrupción:


¡Preveyéndola! –contestó Pdr Snchz, que en dos días ya se había comido sus propias vocales y que gracias a un caritativo arreglo periodístico de Rosa Belmonte pudo pasar a llamarse Pedro de la Preveyéndola.

El caso es que Susana Díaz, la Merkel de Triana, ya ha anunciado para Andalucía la Oficina de Prevención de la Corrupción.


No es ninguna tontería.


Uno tiene observado que el español cae en la corrupción sin distinción de sexo, edad o posición, y ante tamaña verdad lo mejor es esperarlo para verlo venir.

Sale el caballero de su portal tirando de un perro de lanas. En la esquina descubre una tertulia de empleados municipales: los que ponen multas en los parabrisas de los coches y los que reponen en las papeleras las bolsas sanitarias para perros. El caballero se precipita hacia la papelera y con la mayor naturalidad comienza a extraer, una por una, todas las bolsas, que va atando, como cabelleras escalpadas por los indios, a la correa del perro.


¡Ah, el miedo al mañana del español!


Con una Oficina de Prevención de la Corrupción, y con la ley de causalidad en la mano, ese caballero que pensando en su perro se da al acaparamiento compulsivo de un bien público queda inhabilitado para figurar en una lista electoral de Susana Díaz, pues se empieza arramblando montones de bolsas para el perro y se termina arramblando millones de euros para los chiquillos.


No creo que Pujol sea un corrupto –fue la explicación de Gonzalón–. Se trata de una operación de cobertura hacia los que tiene debajo.

¡Ah, los chiquillos!

Unos tienen por debajo un perro de lanas, y otros, una porrada de hijos, pero Gonzalón es tan cursi como aquellos “boulevardiers” de Bonafoux que, de regreso de París, al salirles al paso en la Puerta del Sol un galgo, gritaban a un guardia:

Sergent, sergent, separé de muá ese perrit!


Marzo, 2015 

En busca de la prevalencia de los idiotas XXIX





Martín-Miguel Ruibio Esteban


Ya en anteriores entregas, cuando analizábamos la mecánica de la Suerte en la Democracia Ateniense, decíamos que el igualitarismo radical de la Suerte debía estar acompañado de cierto igualitarismo económico a fin de que la diosa Suerte expresase su poder justísimo de forma plena; e incluso citábamos a Diodoro de Sicilia (2.39), quien venía decir que la isonomía (igualdad ante la ley), la isokratía (igual poder del voto de cada uno), la isêgoría (igual derecho de expresión política), la “isogonía” (igual linaje de los ciudadanos de una pólis, o fraternidad), y demás igualitarismos “de principio” o “formales”, serían totalmente vanos sin cierta igualdad de la propiedad (isomoiría). Pues bien, toda Democracia que se precie de tal ha tenido siempre que sentir como un choque dramático la contradicción que a veces se da entre los principios igualitaristas de tipo formal que la sustentan (“todos los ciudadanos gozan de iguales derechos”) y la realidad diaria de cada idiôtês de la comunidad (“opulento”, “pobre”, “parado”, “pluriempleado”, “mendigo”, “derrochador exhibicionista”, etc.). Por ello, toda Democracia que se precie ha afrontado, al menos teóricamente, el “problema político” de la propiedad. Cuando el presidente Thomas Jefferson, uno de los grandes padres fundadores, en 1803, llegó a decir: “Quiero que todos posean como mínimo veinte hectáreas”, estaba convencido de que la base social de un régimen democrático ha de componerse de pequeños y medianos propietarios; o mejor, que la pobreza o la falta de propiedad cuestionarán siempre la esencia y la sustancia de la Democracia. Para conseguir que todos los ciudadanos norteamericanos fueran poseedores de tierras, Jefferson compró al gobierno francés de Napoleón la “Louisiana Purchase” por la suma de quince millones de dólares. Sobrepasando así los límites de sus prerrogativas –Hamilton ya había advertido a los americanos del cesarismo populista de Jefferson– y “ampliando la Constitución hasta casi reventarla”, Jefferson regaló a su país un territorio de más de un millón de millas cuadradas (dos millones y medio de kilómetros cuadrados), que prometía ser uno de los más ricos graneros del mundo.


     Estamos convencido que Pericles tuvo la misma motivación que Jefferson a la hora de iniciar el expansionismo colonialista ateniense en Italia, la Calcídica y el Mar Negro. Nuestro convencimiento de esa motivación lo confirma Plutarco en su Pericles, 11. La misma motivación tuvo la Ley Agraria de Tiberio Graco que, bajo muchos aspectos, no era más que la renovación de la Ley Licinia Sextia del año 387. Ello suponía dividir el “ager publicus”, parte del territorio conquistado de las provinciae (o zonas vencidas) en lotes de 30 yugadas y distribuirlas por suerte a los ciudadanos y aliados itálicos, no como propiedad absoluta, sino en arrendamiento perpetuo y hereditario, comprometiéndose los poseedores a cultivarlas y a pagar una módica renta al Tesoro público. Además, el testamento del último rey de Pérgamo vino a dar a los romanos el imperio y las riquezas de la dinastía atálida, y Tiberio Graco propuso la distribución del tesoro pergamiano en provecho de los poseedores recientes para que atendiesen a los gastos de su primer establecimiento. Ahora bien, hacer nuevos propietarios a través de la colonización (Grecia) o la conquista de territorios ajenos (Roma) puede repercutir de forma gramática en la organización política de un régimen republicano asentado en la participación directa de los ciudadanos. No en el caso de Grecia, en el que las colonias eran independientes políticamente de la metrópoli, y su relación con “la madre patria” era parangonable a la relación de un hijo que hoy abandona la casa de sus padres para formar una nueva familia. Era una relación entrañable de amor étnico, pero no de dependencia política. Lo cual no impedía que las metrópolis formasen alianzas o ligas con sus colonias, y que éstas se comprometiesen con el destino de la metrópoli. Incluso la colonia de Tarento, fundada por los bastardos de Esparta –aquellos hijos que las espartanas tenían con sus esclavos mientras sus maridos estaban en la guerra– fue siempre fiel a la liga doria. Ahora bien, una cosa es un establecimiento en la costa independiente, con manufacturas que venden a los pueblos del interior, y otra cosa es una política de grandes conquistas territoriales, algunas muy lejanas, para convertir en propietarios a ciudadanos romanos que siguen siendo súbditos de Roma. Este sistema de generar propietarios agrícolas lejos de la ciudad chocaba con una República asentada en comicios, principalmente, comitia tributa y comitia centuriata, que exigían la presencia personal del ciudadano, no existiendo aún el vicariato político. Sabemos por Cicerón y su hermano Quinto que los soldados que querían participar en las elecciones para elegir a los cónsules (comitia centuriata) y que servían en la Galia, tardaban cuatro días en llegar a Roma. Ello explica que un conservador como Catón dudase que se mantuviese la República el día en que ésta se expandiese más allá de Italia, cosa que ocurrió después de las Guerras Púnicas. Independientemente de la ofensa que se hace al ius gentium, una Democracia directa, esto es, Democracia sensu stricto, no puede sobrevivir si una gran parte de sus ciudadanos no pueden asistir a sus asambleas. Como esto entrañaba un peligro para la existencia del régimen republicano, quienes mataron a los Graco acusaron a éstos de estar preparando un levantamiento para crear una monarquía de tipo helenístico, en que la corona recayese en ellos. Los romanos siempre odiaron a quienes compraban al pueblo con dádivas materiales, etc., porque recordaban a aquel cónsul, Espurio Melio, de inicios de la República que quiso hacerse rey, en una época de carestía, habiendo distribuido de su propia casa grandes raciones de pan, compradas a los etruscos, al pueblo hambriento. Un romano particular –idiôtês– lo degolló, y no hubo ningún proceso contra él. La historia nos la cuenta Tito Livio. Ojo con aquellos que compran al pueblo su soberanía con pan o billetes de tren.


     Pero otros teóricos y políticos no veían en la distribución de tierras la solución al derecho de propiedad; y así, en el siglo IV, un tratado de Jenofonte (“Poroi”) propone mejorar la situación económica de toda la población de Atenas mediante la imposición de grandes impuestos a los ricos, preconizando así la ayuda sistemática del Estado a todos los ciudadanos, pero sin llegar jamás a la expropiación de los ricos, ni a recaudar abusivamente de ellos. La Constitución que Protágoras redactó para Turios parece que incluía la limitación de la propiedad de la tierra: como la tierra es finita, es lógico que para que todos tengan tierra hay que limitar la superficie de los lotes de tierra. Otra solución parece haberla encontrado Hipódamo de Mileto (vid. Nestle, Historia del Espíritu Griego, pp. 116 y 161), quien escribe a su vez una Constitución en la que el tercio de las tierras es propiedad del Estado, y con las cuales se alivia la pobreza de los no propietarios, se alimenta a los guerreros y se premia a los buenos ciudadanos. Por otra parte, para Faleas de Calcedonia, citado por Aristóteles en su Política, es la desigualdad de la riqueza lo que provoca las revoluciones, el crimen y la miseria. Para evitarla Faleas propone una distribución de la tierra por igual, educación de todos los ciudadanos impartida por el Estado y nacionalización de las industrias y oficios, que serían desempeñados por esclavos al servicio de la comunidad.


     Pero otro modo de resolver el problema de la propiedad es eliminar el problema; es decir, abolir la misma propiedad. Platón en el Libro III de su República, 416d, hablando de los guardianes, afirma: “En primer lugar, nadie poseerá bienes en privado, salvo los de primera necesidad. En segundo lugar, nadie tendrá una morada ni un depósito al que no pueda acceder todo el que quiera”. Pero creemos que este sistema no sólo es aplicable a la casta de los guardianes; hay en toda la República platónica un ideario “comunista” que cubre toda aquella sociedad utópica. “Comunismo” que con frecuencia se hace un tanto extremoso, cuando se tienen en común las mujeres y los niños (Libro V, 457e-469a). Este mismo comunismo radical lo vemos expuesto en Las Asambleístas, de Aristófanes, saliendo de la dulce boca de la osada Praxágora: “Diré que todos deben hacer comunidad de bienes (“koinôneîn”), de forma que todos tengan parte en ellos todos, y vivan de los mismos recursos y no que uno sea rico y el otro miserable (“áthlion”); ni que uno tenga mucha tierra que labrar y el otro ni siquiera para que se le sepulte” (vv.590-593). No cabe duda que lo que tenemos subrayado se parece pavorosamente a aquel discurso de Tiberio Graco, IX: “…la mayoría de los romanos no tiene altar paterno ni tumba de antepasados. Sólo tienen el nombre de amos del mundo, pero deben morir por el lujo de los otros sin poder llamar suyo un pedazo de tierra”. Esta imagen retórica recorrerá la historia, y saldrá de la boca de decenas de los grandes demagogos socialistas y comunistas antes de conquistar el Estado. Ahora bien, no existe ninguna experiencia histórica de un lugar en el que eliminada la propiedad permanezca la Democracia y la libertad política. Al contrario, sólo en dictaduras fracasadas y en sectas peligrosas se han dado estas experiencias.  Lo común en una Democracia no es que la propiedad sea común, sino que todos tengan intereses comunes que defender, que no es lo mismo, y entre esos intereses está el de la propiedad, que debe ser un bien del que todos participen. Para Tocqueville (El Antiguo Régimen y la Revolución, Libro II) la Democracia es imposible “cuando a pobres y ricos ya casi no les quedan intereses comunes, afrentas comunes, ni asuntos comunes, esa oscuridad, que recíprocamente les oculta sus mentes, se torna insondable, y esas dos personas podrían vivir al lado uno del otro por siempre sin que jamás llegaran a conocer qué pensaba cada cual”. Por otro lado, para Benjamin Constant (Les Principes de Politique, 1814), el sistema del representación política que supone la prevalencia de los idiôtai frente al Estado sólo puede basarse y fundamentarse en ciudadanos propietarios, tanto da que sean grandes, medianos o pequeños cuya propiedad se limite a su domicilio familiar. Así, en el capítulo VI de la obra citada nos dice: “Sólo la propiedad hace a los hombres capaces para el ejercicio de los derechos políticos. La propiedad es lo único que establece lazos de igualdad entre los hombres, lo que les previene contra el sacrificio imprudente de la felicidad y de la tranquilidad de los demás, al implicar en ese sacrificio su propio bienestar y obligarles a calcular en su propio provecho.” Incluso en Esparta quien no poseía el patrimonio suficiente para hacer su aportación de comida a su “pheidítion” –comunidad de mesa semanal de unos quince guerreros espartanos y célula vida del organismo estatal espartano, donde se bebía y cantaba y la alegría del grupo sobresalía–, no sólo perdía su condición de miembro de la comunidad, sino también su derecho como ciudadano en el pleno sentido de la palabra, sin poder participar en la “apella”, la Asamblea popular de Esparta, en donde ganaba la proposición que arrancaba los vítores con mayor volumen; era el volumen de las voces y no el número, el que determinaba quién estaba en mayoría y quién en minoría.


    Una clara agresión contra la convivencia democrática, y que no es más que la degradación más ordinaria del uso de la propiedad, es la descarada suntuosidad o la insultante ostentación. El Mundo Antiguo, tanto en Grecia como en Roma, está lleno de leyes coactivas contra la ostentación de los ricos  desaprensivos. No hay peor insulto a la ciudad clásica que la exhibición de la riqueza. Cuando leemos las Noches Áticas, de Aulo Gelio nos llama la atención la imposición de normas de moderación: sólo se podía comer en público determinada cantidad de comida con determinado precio, todos los romanos vestían igual en la calle (la toga de lana), la mujer soltera no podía llevar anillos, ninguna mujer con menos de cuarenta y cinco años que no estuviera coja podía ser transportada con litera por la calle, el calzado tenía que ser sencillo, etc., etc. Ricos y pobres en la calle eran iguales. Los romanos de la República intentaron poner límite siempre a la desenfrenada fastuosidad con las sabias leyes Tapulla y Licinia. Y es que el uso más antisocial de la propiedad en una República libre es la ostentación. Cuando vemos hoy que un político circula con un Jaguar u otro coche de chulo putas evidenciamos que este régimen de consenso de partidos no tiene ningún vínculo con los orígenes y la esencia de la Democracia. Si la pasión venenosa de la envidia es el principal motor psicológico en la lucha de clases, parece políticamente conveniente no atizarla.


Leer en La Gaceta de la Iberosfera

Domingo, 3 de Marzo

 


Los Torreznos

"Destruid este templo, y en tres días lo levantaré"

DOMINGO, 3 DE MARZO


Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:


-Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.


Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.» Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó:


 -Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.


Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Juan 2, 13-25 

sábado, 2 de marzo de 2024

Vicente Llorca. Diario del mes de febrero con tractores al fondo


Plaza de Tamames

 

Vicente Llorca



Por la mañana la plaza de Tamames está vacía. Hemos tenido que bajar al pueblo a la única sucursal del banco que hay en la zona. Al lado de la oficina había en tiempos un café de aire vagamente moderno, donde siempre tenían música y unos mantecados muy buenos. Está cerrado y en la oficina nos informan que los dueños, un matrimonio joven que preparaba el arroz con chanfaina por encargo, se han vuelto a la sierra. También está cerrado el bar de siempre al otro lado de la plaza, en la acera de la iglesia.


Da una sensación extraña la plaza inmensa bajo la alta espadaña: sin gente, sin coches ni árboles, sin bares. Por un momento su vasta desolación puede recordar a las plazas de Turín, con una estatua al fondo y una sombra ominosa, de las obras anteriores a la guerra de Giorgio de Chirico. Pero este vacío es más melancólico aún, y sin la poética muda de los autómatas del pintor italiano, y no sé además si a los que quedan aquí les importara un ápice la estética de la metafísica turinesa. En la oficina nos informan que allí no pueden resolver nada y que tendremos que ir a la sucursal de Ciudad Rodrigo.


En Ciudad Rodrigo los preparativos para las fiestas del Carnaval. Martillos, andamios, tablones y vigas de madera alrededor de la plaza. Para llegar al banco tenemos que cruzar debajo de un arduo laberinto de burladeros y tablas. Huele ya a toros, a vino agrio y a voces destempladas. Aunque aún no haya nada de eso en las calles.


La Guardia Civil nos para al regreso a la finca. Los tractores han cortado la autovía y tenemos que salir a la Nacional, a la altura de la Fuente de san Esteban. La carretera la han cortado también y un grupo animoso de tractoristas ocupa la calzada. Aire de júbilo en la rotonda inmovilizada de entrada al pueblo. Han salido a la calle sin previo aviso y semeja por una vez que sus voces suenan en esta lenta agonía.


La única salida es hacia el pueblo de Tamames, de nuevo. Pasa por delante de la finca de unos primos y nos paramos en las casas a ver si les queda algo de comer, que es muy tarde y no podemos llegar a ninguna parte.


En la casa, un olor rancio, antiguo, de invierno, madera oscura y chimenea, que es el de la infancia remota y que ellos conservan aún.


Café en el bar de la carretera, antes de salir para la sierra de Madrid. Hablo con Elías, enorme y animoso, que siempre está de paso hacia algún otro lado. Tiene que ir a una finca hacia Boadilla que ha arrendado, dice, a echarle de comer a los cerdos que han sobrado de la montanera. Después, me comenta, quieren ir a Valladolid con los tractores, a la ceremonia de esa tarde del cine español. Me quedo mirándolo un buen rato. Me encanta, de repente, la imagen del Elías trabajador y afanoso y con cara de tierra en medio de la ceremonia de los funambulistas: pagados de sí mismos, que se saludan los unos a los otros vestidos con un traje que revela que nunca antes han llevado un traje con propiedad, hasta que alguien que volvía de la costa les advirtió que allí nadie llevaba ya chaquetas de pana. A su lado Elías y sus compañeros, que vienen de la sierra y de la memoria, me parecen un último resto de civilización frente a la ignorancia.


Más tarde en un pueblo de la sierra de Madrid, comiendo con J., estalinista secular, me suelta:


-A los kulaks había que purgarlos a todos, como ya hicimos en la campaña contra los blancos.


-Sí. Y a los comisarios políticos que volvían a la requisa había que colgarlos de la viga más cercana, como hicieron los paisanos cuando regresaban a por los últimos graneros que quedaban.


-No quedó ninguno, fusilados o deportados al Cáucaso.


-Ya. Pero se dieron el gusto de no morir en silencio.


En el tortuoso paso por un puerto de Ávila, hacia la Paramera, una finca remota, sobre las altas laderas que descienden hacia el valle, con paredes de piedra. Vacas avileñas, lentas, grandes, oscuras como el carbón. No cruza nadie, no se ve un alma en la sierra, el ganado baja con parsimonia a beber de los pilones de granito que recogen el agua de los manantiales.


Estas casas de piedra sin adornos, con una alta chimenea en la cumbrera, los muros lisos, los dinteles también de piedra… Hablan de un invierno largo y silencioso, días sin nadie, un vago aroma a leña allá dentro, entre la nieve y el cierzo.




A una comida en la finca viene también Patricia, que ha entrado en política hace algún tiempo. Frente a mi escepticismo ella representa la acción como norma. Ha presentado solicitudes, reclamaciones, ha convocado reuniones en la plaza, están preparando, me dice, un informe para llevar a la comisión europea que dictamina los requisitos de la PAC. Todo relacionado con el campo y la política agraria, que ella afirma se pueden defender todavía. Es la primera vez, después de la tractorada del otro día, que oigo hablar de remedios al cabo de tantos años. Con ella discute nuestro amigo Santiago, el de las fincas en la sierra, o Antonio, un pariente que ha emprendido las más aventuradas peripecias para mantener las tierras de sus abuelos. Con Juan, vecino de Robliza, que escucha callado nuestros disparates, es inevitable rememorar en un momento u otro un viaje antaño al otro lado del río, con el ganado. O aquella mañana de nieve en la finca de los vecinos, una vacunación gélida que acabó cuando ya no se veía nada.


Pero tampoco le dan más vueltas. Todos ellos saben de esta lenta agonía, de los impuestos y la tediosa normativa, de inspecciones interminables y de los que ya han abandonado el campo, abrumados por la burocracia y el peso del Estado. Está atardeciendo y cebamos la lumbre de nuevo.


Es la primera vez, advierto un instante, entre las anécdotas y el coñac que se está acabando, que hablamos de medidas, de un vago proyecto que no sea el contemplar este lento vacío.



Unas páginas de Azorín sobre la sequía. Escribiendo sobre su Monóvar natal, ese lugar árido y como desolado, en el que de tarde en tarde brotan las huertas y los frutales, el escritor hablaba sobre la sequía: un tiempo interminable, que se prolonga en silencio durante días, semanas, meses... El mutismo de los lugareños que soportan la desolación sin un gesto. De pronto, comentaba el alicantino, resonaba como un estallido de ira, de furia, de rabia contenida en el pueblo, que se manifestaba en voces y golpes a destiempo. Después, tornaban el silencio, la seca resignación.



Frente al ayuntamiento de Sancti-Spiritus hay un bar estupendo, en el que por las mañanas tienen perronillas y mantecados con el café. Allí algún día temprano me he encontrado con Maxi, antiguo mayoral de la dehesa de H. Tiene una memoria inagotable y me empieza a hablar de antiguas ganaderías y fincas hacia la comarca de los Arribes, que en su práctica totalidad ya han desaparecido. Todavía conserva algo del mapa de la trashumancia, cuando bajaban hacia unos pastos de Extremadura, por el puerto de Perales, cuando aquí ya llegaba el hielo, y las escarchas nocturnas, que se prolongaban durante todo el invierno.


-Maxi, todas esas fincas y esos hierros ya se han vendido.


Esta mañana, bajando de nuevo hacia Ciudad Rodrigo, he encontrado la calle aneja a la plaza llena de coches, furgonetas y pick-ups la mayoría, que ocupaban la acera.


Al entrar, el bar estaba lleno. Entre ellos, Santiago, que acababa de estar en mi casa y siempre va de camino de un lado a otro.


-Santiago, ¿qué hacéis todos vosotros aquí?


-Venimos de impedir un saneamiento en una finca. La Guardia Civil ha levantado acta y luego nos hemos venido a tomar algo.

 
-¿Y ahora dónde vais?


-Yo, a mi casa, que ya es tarde. Mañana volveremos.


Tienen el gesto sonriente. Hablan sin parar. Parece que estos días se esté levantando el silencio, tantos años después.

¿Existe todavía el Derecho? (I)


Ernst-Wolfgang Böckenförde


Dalmacio Negro


Benedicto XVI se refirió a la “destrucción de la idea de derecho» al expresar su preocupación por la «problemática de la “multiplicación de los derechos”.[1] Una grotesca versión ideológica de “la lucha por el derecho” (Ihering), cuya finalidad es captar clientelas, dividir a los súbditos –divide et impera- y entretener y adormecer a los pueblos.


1.- Pero no es sólo eso. Bertrand de Jouvenel dedicó un capítulo de Du pouvoir. Histoire naturelle de sa croissance, al estado del Derecho, que, decía, había devenido “bestial”: «le Droit a perdu son âme, il est devenu bestial».[2] Pensaba seguramente en la “política jurídica” soviética y en la nacionalsocialista paralela al Rechtsstaat tradicional, que, en general, se conservó formalmente. Hay que añadir, el Derecho de los vencedores, aunque no se había celebrado aún el juicio de Nüremberg, que puso fin, tras el tratado de Versalles de 1918, al ius publicum europaeum. Tampoco podía imaginar Jouvenel la “desnazificación” de los alemanes, la difusión del derecho al aborto, etc.


2.- La destrucción del Derecho comenzó al trasladar el francés Bodino (1529/30-1596) la plenitudo potestatis o summa potestas papal a la nueva forma de lo Político, bautizada por Maquiavelo y los pensadores florentinos como lo Stato, lo que está ahí. «Hay una gran diferencia, decía ya Bodino en su obra capital Los seis libros de la República,[3] entre el derecho y la ley. El derecho implica sólo la equidad; la ley conlleva mandamiento. La ley no es otra cosa que el mandato del soberano que hace uso de su grado de las leyes de los griegos…».Las monarquías justificadas intelectualmente por la doctrina jurídico-política de la soberanía se hicieron Absolutas comenzaron a centralizar todos los poderes para destruir los que llamaba Montesquieu “intermediarios” entre el poder político y el pueblo y alteraron, con palabras de Pierre Manent, el rumbo natural de la historia de Europa.[4] Que podría sintetizarse como la historia de la Iglesia hasta el siglo XVI, en el que empezó a ser la historia del Estado, una organización artificial  del poder político de las monarquías soberanas que empezaron a socavar poco a poco la omnipotentia iuris medieval, consolidada por la revolución legal que comenzó con el Dictatus papae de Gregorio VII en 1075.


El hombre es mitificador. Pero el Lógos de San Juan es radicalmente desmitificador[5] y el Dictatus apuntaba a afirmar el laicismo en la Cristiandad como un ámbito puramente natural, aunque no independiente o separado de lo sobrenatural, sino mediado por la Iglesia.[6] Fue la causa de la querella de las Investiduras entre el Papado (Gregorio VII) y el Imperio (Enrique IV), que terminó en 1122 con el concordato de Worms. Sin embargo, el conflicto entre la Iglesia y los poderes temporales es eterno, pues estos poderes —y también la Iglesia (Inocencio III, Bonifacio VIII, …)—, tienden a extralimitarse, a crecer como dice Jouvenel. Continuada esa lucha por otras causas, surgió de ese conflicto, siempre latente, la estatalidad. Consolidada por el protestantismo, se inventó la religión en el sentido actual,[7] y aparecieron nuevas mitificaciones: la decisiva, el mito del Estado.[8]


     La tensión entre la tendencia humana a la mitificación y el cristianismo desmitificador es consustancial a la historia de Europa y Occidente. De hecho, la ley rectora de la cultura y la civilización europeas es la dialéctica entre la autoridad espiritual —que es desmitificadora— y el poder temporal.  El ateólogo Augusto Comte decía  entre los dos poderes, el espiritual y el temporal.[9]  


3.- Al lado del ius communis tradicional, el derecho natural que descubrían y declaraban los jueces interpretando los usos y las costumbres que no contradecían al derecho divino o revelado —el «derecho es lo que dicen los jueces» (Álvaro  d’Ors)—, apareció el derecho estatal, bautizado por Hobbes, el gran teórico del Estado, como derecho político.[10] Un derecho artificial construido en gran parte con conceptos teológicos por los legistas al servicio de los reyes-monarcas y de la ratio status. La misma soberanía de Bodino es un concepto teológico, en el que funge el soberano como legislador.[11] El resultado es el llamado “dilema de Böckenförde”, jurista que pone en duda la legitimidad del Estado al haber perdido los presupuestos que lo fundamentan: «El desprendimiento del orden político en cuanto tal de su determinación y configuración (Durchformung) religiosa-política, su mundanización en el sentido de la salida de una previa unidad del mundo religiosa-política a una fijación propia de objetivo y legitimación concebida (políticamente) mundanamente; en definitiva, la separación del orden político de la religión cristiana y de toda religión concreta como su fundamento y levadura. Esta evolución pertenece también al origen del Estado. Sin este aspecto, afirma Böckenförde, no cabe concebir el proceso del Estado tal como ha sido ni el problema fundamental del orden político que se plantea en el Estado actual».[12]   


4.- El derecho estatal se impuso definitivamente en la revolución francesa decidida a recomenzar la historia a partir de 1789, el Año Cero; de hecho, por dilaciones legales, desde 1792. En la nueva historia, prevalece indiscutiblemente como ius imperans el derecho del Estado, que suele conservar las formas del tradicional. Cada vez menos desde que introdujo Napoleón III la práctica de los decretos leyes. Paolo Grossi resumía así la evolución del Derecho desde la Gran Revolución: «lo que asegura el Estado Moderno a los ciudadanos, es sólo un conjunto de garantías formales… El problema de su contenido, es decir, el de la justicia de la ley, de lo que la conciencia común tiene como justo, es sustancialmente extraño a esta visión».[13] Las “garantías formales” caracterizan las constituciones a la francesa, que rompieron con el constitucionalismo tradicional, la Constitución “material”.


5.- Los tipos principales de constitucionalismo son tres.[14] El inglés, que prolonga el medieval, el norteamericano, derivado del inglés, y el francés, que se generalizó  desde la Gran Revolución y es el normal en casi todo el mundo.


La Constitución inglesa, congruente con la tradición de la libertad, es tradicional o histórica. Es por eso “flexible” (Bryce): rappezate e rattopatte (remendada y recosida) según el contraste de las fuerzas sociales, la urgencia de los deseos y las necesidades populares se configura incesantemente poco a poco, decía Antonio Rosmini, uno de los primeros, precedido por Burke y Friedrich Gentz, que desmitificaron, sin éxito, la del tipo francés.[15] Se refiere exclusivamente al gobierno, igual que la del tipo norteamericano. Se diferencian, en que esta última es escrita, aunque se acomoda al ritmo histórico mediante enmiendas, algunas de las cuales se apartan de su espíritu.


Las constituciones del tipo francés —“la ley de leyes”—  son voluntaristas, decisionistas y cada vez más detallistas. Tienden a regimentar la vida en común según los criterios de las oligarquías dominantes dueñas del Estado. Tienden a fusionar el Estado y la Sociedad igual que en los Estados Totalitarios “clásicos” —el Soviético y el Nacionalsocialista— para llegar al colectivismo integral, el resultado efectivo de la marcha hacia die wahre Demokratie. Consecuencia en la que no pensaba seguramente el joven Carlos Marx, desmitificador del Estado.


[1] Liberare la libertà. Fede e politica nel terzo millennio, Siena, Cantagalli, 2018, pp. 208.


[2]   París, Hachette 1972.XV, p. 386. Traducción española, Madrid, Unión Editorial 1998.


[3] Madrid, Ed. abreviada Tecnos, 1986. I. 8.                 


[4] Curso de filosofía política. México, Fondo de Cultura Económica 2003.


[5] Vid. R. Girard, Des choses cachées depuis la fondation du monde. París, Grasset 1978. II, IV.


[6] H. J. Berman, La formación de la tradición jurídica de Occidente. México Fondo de Cultura 1996. Sobre Gregorio VII, U.-R. Blumenthal, Gregor VII. Papst zwischen Canossa und Kirchenreform. Darmstadt, Wissenschaftliche Buchgesellschaft  2001.


[7] En la Edad Media, se decía Ley de Cristo, de Moisés o de Mahoma y la palabra religión designaba una virtud. Debido a la Reforma protestante, empezó designar la adhesión a las distintas confesiones. Vid. W. T. Cavanaugh, El mito de la violencia religiosa. Ideología secular y raíces del conflicto moderno e  Imaginación teo-política. La liturgia como acto político en la época del consumismo global. Ambos, Granada, Nuevo Inicio 2010 y 2007. 


[8] E. Cassirer, El mito del Estado. México, Fondo de Cultura 1947.


[9] Considérations sur le pouvoir spirituel (1826). El nuevo poder espiritual era para Comte, discípulo de Saint Simon, el de los savants, los intelectuales.  Vid. René Guénon (desde su particular punto de vista de tendencia gnóstica), Autorité spirituel et pouvoir temporel (1929). París, Guy Trédaniel 1984. Varias


[10] Elementos de Derecho Natural y Político. Madrid, Alianza 2005.   Elementos, el origen formal del derecho político, luego derecho constitucional, comenzó a circular en secreto hacia 1640. El fundamento del derecho constitucional es, según algunos, el principio del derecho romano aplicado a la tutela transmitido por el Código de Justiniano, difundido por los canonistas de los siglos XII y XIII, quod omnes tangit ab omnibus approbari debet (lo que concierne o afecta a todos, debe ser aprobado por todos).  Sobre el artificialismo como signo de los tiempos, J. Freund, La aventura de lo político. Conversaciones con Charles Blanchet. Madrid, Encuentro 2019. En contraste con el Gobierno y el Derecho naturales, que surgen de la sociedad, el Estado y la Legislación, que son artificiales o no naturales, se superponen a la sociedad. Romano Guardini llamaba la atención sobre la artificiosidad de la vida moderna en sus Cartas del lago de Como. Pamplona, Eunsa 2013.  El artificialismo es el problema de la técnica, planteado por Heidegger.ediciones españolas.


[11] Vid. N. Ramiro Rico, El animal ladino y otros estudios políticos. Madrid, Alianza 1980. “La soberanía“


[12] Staat, Gesellschaft, Freiheit. Studien zur Staatstheorie und zum Verfassungsrecht. Frankfurt a. M., Suhrkamp 1976. “Die Entstehung des Staates als Vorgang der Säkularisation”.  P. 43. Á. d’Ors o Pierre Manent negarían seguramente -igual que Marx y por supuesto el anarquismo- la legitimidad del Estado como forma de lo Político, tema que no sabía Merleau-Ponty cómo resolver.


[13] Mitología jurídica de la modernidad. Madrid, Trotta, 2003. I, 1. 1.


[14] Vid.  D. Castellano, Constitución y constitucionalismo. Madrid, Marcial Pons 2013.


[15] La Costituzione secondo la giustizia sociale (1848). I, p. 45ss. En Scritti politici. Stresa, Edizioni Rosminiane 1997. De Burke, Reflexiones sobre la revolución francesa. De Gentz, Dos revoluciones. Madrid, Unión Editorial 1989. Gentz compara la revolución norteamericana y la francesa. Para Constitución inglesa y la norteamericana, A. Pereira Menaut,  Lecciones de Teoría Constitucional y Otros Escritos (Santiago de Compostela, Andavira Ediciones 2016) y El ejemplo constitucional de Inglaterra. México, Universidad Autónoma 2010 (y en Internet).


Leer en La Gaceta de la Iberosfera

Trotaconventos


Juan Ruiz, Arcipreste de Hita


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


El Consenso de la corrupción ha entrado en una vía muy Berlanga del nacionalcatolicismo catalán, con la “Mamma” yendo de Trotaconventos por unos sumarios que parecen escritos por el Arcipreste de Hita.


Por los ojos de la monja, en vez de dos caballistas de Lorca, galopan dos misales de Ferrusola.

Entre las vacas andaluzas (el dinero “p’asá una vaca” de Juan Lanzas) y las monjas catalanas (el “soy la madre superiora” de los Pujol), pasando por los Don Hilariones del pepismo madrileño, España avanza.

Mas, igual que avisa Alberto Franceschi sobre Venezuela, no somos una raza corrupta, pues la corrupción es universal.


La corrupción es una obra de la astucia humana para evadirse de las desventajas de ser pendejo.

Partiendo de esta evidencia (“evidencia” más evidente por sí misma que las “evidencias” de Jefferson en su Declaración de Independencia), Hamilton y Madison establecieron la separación de poderes (“que un poder vigile al otro poder para que el ciudadano pueda dormir tranquilo”), pero son los únicos que lo han hecho.


Grande es la astucia pujolina para evadirse de ser pendejos, evasión que por el túnel de la sedición lleva al “Estat Català”, cosa que en la España oficial tampoco preocupa mucho: algún arbitrista creerá que el único modo de no pagar la pavorosa deuda nacional pasa por la “discontinuidad del Estrado” que supondría la separación de Cataluña. Roca Barea recuerda que Alemania, dividida por la guerra en RFA y RDA (¡discontinuidad del Estado!), se agarró a ese birlibirloque jurídico para no pagar a nadie. Y todo sería a favor de obra, con este fervorín europeísta que se respira en las tertulias del Régimen, con Ortega al fondo:

La España oficial consiste, pues, en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos Ministerios de alucinación.

Lo de Cataluña es fuga de monja con galán, y está en el Tenorio.


Mayo, 2017

Sábado, 2 de Marzo

 


Adiós cigüena, adiós

viernes, 1 de marzo de 2024

Athletic-Mallorca. Final en Sevilla


Bilbao Athletic del 2021

 Se reconocen el portero Iru, Paredes, Prados, Nico Williams,

 Oier Luengo, Artola (fichó por el Burgos) Diarrá e Imanol García


       Francisco Javier Gómez Izquierdo

 
       Iñaki Williams debutó con el Athletic en el puente que unos dicen de la Inmaculada y otros de la Constitución del 2014. Lo hizo en San Mamés ante el Córdoba. Ése es uno de los tres partidos que ganó el equipo blanquiverde en toda la temporada y a servidor, que estuvo allí, le pareció Iñaki un velocista de campeonato. Durante estos años se ha hecho querer por éso, por su velocidad, pero ante puerta como que se deslumbraba y cuando el balón iba fuera tras su remate abría los ojos sin comprender, él y nosotros, tanto yerro.

 
      A finales de mayo del 2021, el Bilbao Athletic y mi Burgos jugaron el último partido de 2ªB en el Francisco de la Hera de Almendralejo. Ganó el Burgos y subimos a Segunda División. Entre los cachorros del Athletic ya destacaba Nico, el hermano de Iñaki, pero sería otro negro, Yussuf Diarrá, quien nos pondría a los burgaleses el corazón en un puño cuando en la primera parte de la prórroga remató de cabeza un balón enviado al área con muy malas intenciones. Con Nico Williams y Diarrá -hoy el corazón y el alma del Córdoba- estaban también Aguirrezabala, Paredes, Prados, Guruzeta, todos titulares ayer formando parte del ciclón que barrió al Atlético de Madrid con un 3/0 que no admite peros. A semejantes exaltaciones se está llegando porque Ernesto Valverde fue llamado en 2020 para sacar partido de unos muchachos excelentes, quizás no tanto en lo técnico a pesar de que casi todos alcancen el notable alto en este apartado, pero sí en la disciplina y aplicación. Valverde ha enseñado a frenar al mayor de los Williams (a mí me gustaba lo de los Rojos, Uriartes, Sallinas, primeros y segundos. No sé por qué se perdió la costumbre), a ser gente de fíar a Paredes y Vivian, dos defensas con cara de defensas; a que Sancet y Ruiz de Galarreta, recuperado éste para mejores causas, repartan las exquisiteces necesarias y supriman las accesorias, y luego está la velocidad de arriba que ha ido subiendo el ritmo durante el campeonato hasta alcanzar un nivel que se antoja el más demoledor de la Liga, Real Madrid aparte claro está.

 
      Al Atlético de Madrid le faltó Griezman, pero le llevan sobrando mucho tiempo las portilleras en los laterales y no es cosa de repetir lo que me parece éso de los laterales que son centrales o de los extremos que hacen de laterales y confusiones varias de las nuevas tácticas que no son de ninguna manera compatibles con cualquier tipo de jugadores.

 
      La Real anda con fatigas y espesuras. Falta frescor al equipo de Imanol, y Aguirre supo barajar sus cartas. Le acompañó la fortuna que se requiere para ganar al equipo superior, pero no deja de ser gratificante para el espectador, ver cómo el tío contaba chistes, incluso al árbitro, antes de la tanda de penaltis. "No los teníamos ensayados y al Greif no sabíamos qué hacer con él cuando llegó". Aguirre, listo y viejo zorro, sabe que los zurdos suelen ser virgueros de natural pero fallan muchos penaltis, y cuando vio a Brais al final del primer tiempo y luego a Oyarzábal en la tanda se olió que había que reservar hotel en Sevilla. Me quedé un poco planchado con la Real, pero...

Ni pan ni agua


Karl A. Wittfogel

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los agenderos del milenarismo 2030 quieren dejarnos sin pan, que los romanos regalaban a su plebe siquiera para contentar a los Gracos,… y sin agua, con lo que el Estado, de origen hidráulico (diez mil años ha, en Jericó, para administrar los aljibes del regadío), completa su círculo histórico: el final es el Estado Totalitario en cualquiera de las formas de despotismo oriental (propio de la civilización hidráulica), con su acreditada eficacia para el control de masas.


Aquí España ya no tiene qué decir porque, simple colonia, somos un país de cabestros, y un cabestro de ningún modo puede volver a ser toro. La democracia como sistema de gobierno no fue sino un paréntesis pequeño en Grecia, democracia directa, y en América, democracia representativa, curiosamente dos sociedades esclavistas. El presente anticipa ya al mundo un futuro tenebroso de dictadura militar enmascarada (esas monstruosas páginas de Tácito que tanto desasosegaban a Bonaparte) cuyos primeros vagidos anuncia en lo de Tucker Carlson (al que Boris Johnson, un Capitán Araña con pintas, quería extraerle un millón de dólares por una entrevista) el director de la Fundación Freedom Online, Mike Benz. De momento, censura férrea para todos, más un arco y un carcaj de flechas para cada contribuyente, que se desvanece  como “simio acuático”, aquel animal de agua y de costa que pintó Sloterdijk. Sin pan… ¡ni agua!


El agua fue, para Santayana, el cincel que esculpió originalmente la superficie de la Tierra, pero “el cambio climático”, según los agenderos, nos privará de ella a no ser que ellos sean los encargados de administrarla y de extendernos los recibos.


Las limitaciones del comunismo serían libertad comparadas con la situación presente de la mayoría de la raza humana –escribía en 1852 Stuart Mill, cita traída a colación por Karl A. Wittfogel en su “Despotismo oriental”, un estudio comparativo del poder totalitario al que dedicó más de tres décadas que lo pusieron sobre la pista de la sociedad y el estatismo hidráulicos (control del agua) como fundamento de un despotismo sin parangón.


Terror total. Sumisión total. Soledad total. El despotismo hidráulico, una variante del poder total sin medios legales de resistir al gobierno, no tolera, dice Wittfogel, ninguna fuerza política relevante fuera de él, con éxito en lo institucional, pues bloquea el desarrollo de esa fuerza, y en lo psicológico, pues desanima el deseo del hombre de acción política independiente.


Una caricatura del estatismo hidráulico sería la teatral naumaquia hispánica con el Padre Ebro. La derecha iba a acometer su trasvase, pero la izquierda, sospechando que los adjudicatarios del obrón financiarían al partido de la competencia, lo impidió, a cambio de desaladoras que algo dejarían en el partido propio. Hoy el Padre Ebro vierte en el Mediterráneo catalán unas aguas que luego son desaladas en el Mediterráneo levantino para transportarlas por carretera a Barcelona.


[Viernes, 23 de Febrero] 

Viernes, 1 de Marzo

 


Valle de Esteban

Olivo con gatos

jueves, 29 de febrero de 2024

Fiesta del Marisco. A Morata hemos de ir

 


Morata de Tajuña

No es una demostración sindical

Politólogos




 
Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Decíamos ayer que el general Jacques Massu tuvo el valor en Argelia de dejarse torturar por ver qué sentían sus torturados, pero que Jordi Pujol no ha tenido en Cataluña el detalle de dejarse cobrar una cena (¡ni un café!) por ver qué sienten sus esquilmados.

    
¡Cómo una familia ha podido amasar tantos millones! –bracea el portavoz de los peperos catalanes.


    Pues ahorrando, buen hombre. Ahorrando.


    Todo lo cual indica que aquí la corrupción no es ocasional, sino constitutiva, o sea, de sistema, resumido en sus memorias por Barras, el jefazo del Directorio: “La pobreza es una idiotez; la virtud, una torpeza; y todo principio, un simple expediente”.

    
El mundo, en el mismo borde de la catástrofe, era muy brillante –escribe Churchill de la víspera de la gran guerra del 14–. Todos formaban parte, de un forma segura, de un inmenso puente colgante. El viejo mundo en su ocaso era muy hermoso de ver.

    
La corrupción española tiene mucho parecido con aquella inflación alemana de después de la catástrofe: la dimensión de sus disparates, dice Canetti, preparó las tragaderas que harían posible la catástrofe definitiva.


    Al rescate vienen los politólogos de Podemos, esos socialdemócratas de Estado salidos de los recreos de la Complutense, que figura como Universidad, aunque no se encuentre en ningún ranking.

    
De los recreos del Ramiro de Maeztu salen roqueros y de los recreos de la Complutense salen politólogos como el joven Errejón, creador del “leninismo emocional” (¡ay, si le coge la momia!), y el viejo Monedero, creador del “leninismo amable”, versión progre (Monedero va de Valentín GonzálezEl Campesino, pero es un pipero de “El Avión” en Hermosilla) del cuento del lobo y los siete cabritos.


    Monedero propone, sin saberlo, la solución para la corrupción: una moneda nueva para el Sur. Ni euro, por merkelón, ni peseta, por franquista. Otra. ¿Qué tal la rupia toledana? Coger los euros de Pujol y convertirlos a rupias toledanas.
 

Agosto, 2014 

Jueves, 29 de Febrero

 



Hacer de cuerpo

Rocanrol. Alphabet Brighton (ex Rialto Theatre)



@MarilynDiary




Basin Road Blues




Get The Water
Henning Brand
Baterista




Henning & Félix



Classic Rock In Pics
@crockpics