miércoles, 13 de septiembre de 2023

El beso y la verdad

Catulo y Lesbia

 

Martín-Miguel Ruibio Esteban

 

Respecto al concepto de verdad el poder político no ha cambiado desde la época del emperador Tiberio. Dicit ei Pilatus; quid est veritas? Légei autôi ho Pilâtos tí estin alêtheia? El propio Secretario General de la ONU, en una película de Per Fly, sostiene que la verdad no es una cuestión de hechos, sino de consenso. Es el consenso de las opiniones, pilotadas por la versión de los de arriba, el que dice qué es la verdad. Una mentira bendecida por el poder es verdad, y una verdad sin ese poder es mentira. Si el poder nos dice que el opulento mafiosillo de Luis Rubiales, de gran cráneo calvo y luciente, agredió sexualmente a la Srta. Jennifer Hermoso, nada salvará a Rubiales, pues que el rebaño (próbata) siempre seguirá a los lobos (lýkoi). Rubiales pasará a la Memoria Democrática como un agresor sexual, lo mismo que Franco ha pasado como un autócrata sanguinario, y Largo Caballero como un hombre de paz y bien –lo mismo que el mínimo y dulce Otegui– y un demócrata de raza. Y más ahora, con la nueva España que nos abre el 21 de julio. El principio hobbesiano de “auctotitas, no veritas, facit legem”, siempre se ha impuesto, tal como demuestra el profesor Manuel Calderón en su estupendo libro Memoria literaria y guerra cultural en las letras españolas. Además, sólo deseamos la verdad en la medida que tenga consecuencias positivas para nosotros y confirme nuestros prejuicios políticos. España ya es una granja orwelliana que ve lo que mandan ver con las anteojeras de la ortodoxia biempensante. La verdad no es más que la opinión de la mayoría pilotada por el poder, no la acomodación mental a la realidad. Incluso el embustero, cuando no puede imponer su mentira, dice que tiene todo el derecho del mundo a exponer su opinión, pues las cosas podrían haber ocurrido como él sostiene, y encima las mentiras resultan a menudo más verosímiles que la realidad. Es más fácil persuadir de lo verosímil que de la verdad, tal como Aristóteles nos enseñó. Los que se sirven de la mentira (v. gr. Irene Montero) quieren que las cosas sean distintas de lo que son, esto es, quieren cambiar el mundo. Los políticos se mueven en la mentira con toda naturalidad.

 

Tras el celebérrimo beso, beso que vale por los miles de besos de Catulo a Lesbia, o los de Ausonio a Bísula, las futbolistas de la selección nacional se encontraban alegres en el autobús, no había caras largas y airadas por la agresión sexual a una compañera, no formaban un coro de lamentación, como el de las Troyanas, ni de ira vengativa, como las Furias antes de ser Euménides. Al contrario, parecían divertirse con el incidente: nunca se debe uno confiar a las mujeres besadas. Basium, savium (suavium) libidinis voluptatisque, osculum luxuriosum. Suavia lascivis miscentur grata labellis. El beso/basium tiene un origen onomatopéyico de origen celta. Cuando besas haces bes-bes-bes o bas-bas-bas-…mua-mua-mua. Osculum es la boquita en donde se planta el beso; una metonimia. Savium, de suavium, es propiamente el beso erótico. Savia suavia dice Apuleyo. Lo de Rubiales es el clásico “longum savium”. Y más en concreto una “suavisaviatio”. Un dulce largo beso. Yo castigaría a este ejecutivo del fútbol con la memorización de la declinación del vocablo de la 3ª, suavisaviatio-suavisaviationis, que es el delito que ha cometido si la lengua de la otra parte no cooperó en la acción.

 

Si las feministas de Sumar hubieran leído a Marx tanto como su correligionaria Clara Ramas hubieran visto en el beso “un beso feudal”, que yo creo que es mucho más antipático y digno de rebelión. Pero Clara Ramas es una “rara avis in terra” (in omnibus terris). San Pedro en su Iª Epístola (5, 14) y San Pablo en varias epístolas, cuatro veces, nos exhortan a besarnos durante las reuniones litúrgicas. Aspásasthe allêlous en philomati agápês. Salutate invicem in osculo sancto. Al principio se besaban hombres entre hombres, mujeres entre mujeres y hombres entre mujeres. Estos últimos besos heterosexuales a veces expresaban algo más que la pura fraternitas o la adelphótês, y la Iglesia optó entonces por dividir el lugar de culto en dos recintos intransvasables, el de las mujeres y el de los hombres. Ahora se ha vuelto –quizás ya demasiado tarde– a la situación primera, pero la gente ya sólo se inclina entre sí, y no por miedo al Covid, sino porque el osculum se ha erotizado por completo.

 

El beso dado por un hombre a una mujer, contra la voluntad de ésta –éste quizás no sea el caso–, casi siempre fue considerado como una injuria, y el guantelete de piedra del marido muerto te podía endosar una bofetada mortal. Un país es siempre, al final, la calidad de sus dirigentes políticos, empresariales y sociales, y tras oír las opiniones de estos tras el beso, la gente está empezando a huir de aquí. Los políticos han hablado o por interés electoral o por miedo a que el pueblo no los vea como creyentes devotos y adoradores de Lo Políticamente Correcto. Pero ese miedo no es una excusa más válida que cualquier otra pasión infame. Nada justificará jamás al hombre jalear la acción inicua del linchamiento. Condillac afirmaba que lejos de irrumpir la conciencia en el mundo, es más bien éste el que se introduce en aquélla, haciendo así que el sujeto, sin salir de sí mismo, en sentido estricto, aprehenda lo objetivo y lo corpóreo. El beso sólo existe en cuanto sensación sentida por la besada. Sólo ella sabrá si miente o dice verdad. ¿Sintió la besada que el beso llevaba con él ardiente deseo sexual, o sólo era un fuerte ósculo producto de la euforia vencedora? ¿Era un beso de misa? ¿Qué tipo de beso, en fin, era? Porque los besos tienen muchos significados, como casi todas las palabras son plurisignificativos. Besos épicos, dramáticos, religiosos, amorosos. Todos los besos dependen del contexto en donde se dan. La multivocidad del beso es casi infinita. Son las circunstancias de la situación lo que llenan de significado el concepto (significado empráctico). Es el momento social del lenguaje el que llena al beso de impleción significativa. Un beso sinsemántico es un concepto vacío como los de Kant. Jennifer Hermoso necesita leer a Karl Bühler para aclararse ella misma, y luego decirnos qué pasó.

 

[El Imparcial]

Miércoles, 13 de Septiembre

 

Tejado

martes, 12 de septiembre de 2023

"Alerta Presidencial"


La rendición de Breda'78

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El pánico no brota del alarmismo, sino que es el alarmismo el que brota del pánico. Y ante una prensa que se arroga las funciones de los gansos capitolinos, Sloterdijk pregunta: “¿Es el ganso que alerta de los moros el que decide qué es un moro?”


    El extremo alarmismo madrileño (“l’alarme pour l’alarme!”) de Ayuso y Almeida por lluvias (“Alerta Presidencial”, fue el rechino telefónico en pleno territorio de “comunismo o libertad”), puro alarmismo 2030, quedó en gatillazo (los monzones sólo han conseguido –no es poco– que en la capital los viejarras vuelvan a vestir pantalones largos), y la cómica sobreactuación del alcalde recordaba a lo de Popper con la historia del niño que grita siempre “¡Que viene el lobo!”:


    –Eso no es un cuento moral sobre la obligación de no decir mentiras [imposible se lo pondrían a Almeida], sino la historia del nacimiento del lenguaje, que nace de gritar siempre en broma: “¡Qué viene el lobo!” siendo mentira. Así surge el problema de la verdad, y con él, la representación.


    De la mentira política sale ese neolenguaje sobre la Nueva España que los juristas de Feijoo llaman “España Compuesta”, y los de Sánchez, “España Multinivel”, y que pasan, las dos, por cortejar al noble Puigdemont en su guarida, con Urkullu de “olentzero” ofreciendo hoy la Federación y mañana la Confederación, pues no está, el hombre, para distinguirlas. Urkullu no dio con dos obreros fallecidos en el vertedero de Zaldíbar, pero te saca diecisiete naciones, si hacen falta, de la Constitución del 78, concebida también como vertedero, aunque ideológico, cosa que algunos ya advirtieron en su día, cuando el mantra “de la ley a la ley”, burro de Troya en una Constitución que no separa los poderes y que promueve la destrucción del sujeto constituyente.


    De un cronista del 78, donde no todo eran Pregos: “Ésta es la primera Constitución, después de otras nueve, que es un trato de ‘fulanos [aquí, el nombre de una etnia que la corrección política impide hoy señalar] señoritos’, cada uno con sus ideas relucientes, y la operación ha consistido en meter cada cual lo que ha podido (…) Todo esto batido es como ‘la Constitución punk’. La primera Constitución que puede ser interpretada por cristianos, herejes, cismáticos, mormones, anabaptistas, mamelucos, maurrasianos, marxistas, maurrasianos y fascistas, y cada uno de ellos podrá gobernar ‘constitucionalmente’. Por primera vez la Constitución, que establece ‘nacionalidades’, no permite la federación con otras, para evitar que Galicia se federe con Andalucía, como aconteció en ‘La Hermana San Sulpicio’, y que Cataluña se federe con Extremadura para limitar al Norte con Francia y al Oeste con Portugal.”


    Ahora que por la senda constitucional se nos vienen francamente encima al menos diecisiete castas (dos de ellas destinadas a chulear a las otras quince), apelar a la Constitución vale lo que una “Alerta Presidencial” de Ayuso con “Ay ho” de Almeida.

 

[Martes, 5 de Septiembre]

Camilo o el optimismo


Camilo Cienfuegos

 

Orlando Luis Pardo Lazo

Hypermedia Magazine

 

Ante la eternidad del castrismo, Camilo Cienfuegos fue una precarísima carne de cañón. Una carnada. No podía durar ni un año. Una plumita en el viento verde olivo de la violencia. Y, como tal, no duró.

Hoy se sabe sobre el destino trágico de Camilo. La dirección de la Revolución lo “ajustició en nombre del pueblo cubano”, en una finca de la Ciénaga de Zapata. Muy cerca de donde, meses después, se orquestaría el espectáculo inverosímil de Playa Girón.

Más muertos para construir más metáforas. No hay tiranía que no esté hecha de toneladas de tinta sobre el papel.

Asesinaron al cordial Camilo a sangre fría. Desarmado, pero de pie. Le vaciaron varias ráfagas en el vientre y el tiro de gracia se lo dio Raúl Castro, en los testículos.

No lo enterraron. Camilo es un desaparecido que nunca aparecerá. El colador de su cadáver fue incinerado a golpe de mangle y carbón de pantano.

 



El periódico La Calle del jueves 5 de noviembre de 1959 dio la primicia de su reaparición, sin pedir permiso antes de publicarlo. Así, el milagro de Camilo se hizo realidad histórica por unos instantes. Su reaparición fue confirmada hasta por la Marina Revolucionaria y el Estado Mayor del Ejército Rebelde (todos los implicados morirían antes de ese fin de año).

Esa tardecita gris de noviembre, sin embargo, Camilo Cienfuegos todavía respiraba, junto a sus compañeros de vuelo. Habían visto demasiado. Sabían del avión pintado de camuflaje que les derribó la avioneta en que los tres regresaban a La Habana. A pesar de saberlo, aún repetían que el atentado pudo haberse perpetrado por un avión extranjero. Tal vez, piloteado por un traidor exiliado.

Los recogió un barquito de nombre 10 de Octubre. Y, tan pronto La Calle circuló en la calle, el pueblo salió en masa a festejarlo. La gente quería a Camilo, tan cubanazo. Los cubanos, en cambio, nunca quisimos a los antipáticos Castros.

Así que los Castros tuvieron que ponerse en marcha de inmediato. No les quedaba otra alternativa, si es que querían morir al mando de la Revolución Cubana. Como en efecto murieron, los dos en el mes de noviembre: Fidel en 2016 y Raúl en el 2023.

En 1959, partieron ambos con sus sicarios de mayor confianza hacia la Ciénaga de Zapata, mientras daban órdenes confidenciales de que les llevaran a aquella finca el cuerpo de Camilo Cienfuegos, incluso en contra de la voluntad del barbudo de Lawton (un barrio de La Habana posteriormente adscrito al rebautizado municipio 10 de Octubre).

Camilo siempre fue “Camilo” en el corazón de los cubanos. A los Castros, sin embargo, solo después de este crimen fue que artificialmente se le impuso a la ciudadanía que los llamaran “Raúl” y “Fidel”.

Desaparecieron ese jueves no sólo al Héroe de Yaguajay, al obcecado optimista, sino a todos los testigos que cometieron la inocentada de dar testimonio o poner en duda la necesidad de una medida tan drástica: Camilo no podía aparecer.

La utilidad del milagro Camilo demostró ser invaluable para la persistencia de la Revolución Cubana. A partir de entonces, las cartas estaban echadas, aterradoramente abiertas de par en par. Para que nadie se quedara sin leerlas.

Sobrevivir dependía ahora de cómo tú las interpretaras. Mucho antes de la Campaña de Alfabetización, el 100% de nuestro pueblo ya estaba más que alfabetizado
.

Martes, 12 de Septiembre

 

Moradito

lunes, 11 de septiembre de 2023

Desafío ganadero en Madrid. La tarde de Damián Castaño con "Mochuelo", de Valdellán. Márquez & Moore


 Hotel Wellington

El descanso del guerrero

 

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

No es por hacerle un quite a Andrew Moore, que con la tardecita de monzón que hemos tenido en Las Ventas se ha pasado el festejo entrando y saliendo de su localidad y fotografiando lo que ha podido, pero podemos decir que la tarde, para el que vaya con prisas y no se quiera enrollar, ha sido de Damián Castaño y de Mochuelo, número 31, cárdeno oscuro y cuatreño de la ganadería de Valdellán.


La evolución a torero bueno y serio de Castaño es innegable: ahí están sus faenas a los Dolores Aguirre de 2022 y 2023 en Bilbao, su seria actuación en Guadalix de la Sierra en lo de 3 Puyazos antes de San Isidro, o su paso por Cenicientos 2022, de cosas que se vienen a la mente a vuelapluma. Lo que le faltaba era dar un toque de atención en Madrid, que es lo que hoy ha conseguido con el primer toro de su lote, para que la Cátedra se fijase en él ya definitivamente.

 

 Mochuelo, número 31, segundo de la tarde, era una pintura de toro de lidia, lo que se dice una preciosidad en sus 515 kilos de presencia, seriedad, cuajo y trapío. Nada más salir del chiquero se va derecho al burladero del 10 y remata en la madera y de ahí, directamente, al del 6 a sacar astillas. Gran presagio. Castaño recibe al toro sin buscar el lucimiento, esa vanidad de aburridas verónicas de tantos toreros todos los días, y, lo mismo que hizo en Bilbao con el chorreado en morcillo, brega con firmeza y suavidad la embestida del toro, sacando el capote por debajo de la pala del pitón, sin un enganchón, sin que el toro sufra ninguna información sobre qué es esa tela que se mueve ante sus ojos y de esa manera le va ganando terreno y sacándose a Mochuelo hacia los medios donde remata toreramente su obra con una media eficaz que deja al toro parado en el platillo.

 

 Primeros aplausos para el salmantino. El toro acude con presteza y con alegre tranco al cite de Rafael Agudo, que agarra un puyazo arriba y sostiene con su brazo el ímpetu de Mochuelo, que empuja con fuerza y con codicia, metiendo los riñones y romaneando, el rabo enhiesto. Palmas para la emocionante vara que se ha vivido. El toro está aquerenciado con el caballo y no sale de debajo del peto, sin atender a los llamados de Marco Galán y es al fin el propio Castaño quien consigue llevarse al toro con su capote. Segunda vara, de nuevo el cite y, tardeando un poco más, la acometida vibrante de Mochuelo por segunda vez al caballo. Nueva vara en su sitio y buena labor de Agudo, que recibe merecidas palmas. A la tercera no va la vencida porque Mochuelo se lo piensa bastante antes de acudir al caballo y Marco Galán acaba echándoselo encima al penco sin pena ni gloria, que además el toro se escapa suelto de la suerte. En banderillas recibe los palos de Luis Miguel Amado y Manuel de los Reyes acudiendo con un galope hermoso y recibiendo la siempre eficaz lidia de Marco Galán, que deja algún capotazo de antología. El toro, picado y banderilleado, llena la Plaza y allí que se va Damián Castaño a iniciar su trasteo por la mano derecha en una primera serie concisa y mandona, una segunda de acaso un poco menor intensidad a la que da importancia la embestida tan vibrante del toro y a continuación se cambia la muleta a la izquierda, la de los “biyetes” de nuestros abuelos. Propone el cite Castaño y el toro se lo piensa por lo que el torero opta por dar un ayudado al que el toro acude con vigor y, a continuación, se centra en el toreo al natural, mandando muchísimo en la embestida del toro, en un “tour de force” con Mochuelo en el que ninguno de los dos da nada por perdido. Gran torería y claridad de ideas la de Castaño, muy clásico y dominador y, por momentos, exquisito en adornos. Las condiciones del toro eran las de triunfar en Madrid: nada de esa cabra semidoméstica de cada día, con la que se ponen pintureros los que arrasan en las taquillas, sino un toro de lidia con grandes dosis de bravura en su interior que no estaba dispuesto a regalar nada, porque todo había que conseguirlo a base de esfuerzo. Muy limpio Castaño, con gran claridad de ideas, tragando lo que había que tragar y aliviándose lo justo para que la cosa no chirriase. Faena breve, como son las buenas faenas, en la que Castaño exprime al toro y convence a todo el mundo. Fallo a espadas y el triunfo grande se queda en una vuelta al ruedo. Aplausos para el toro en el arrastre.


El resto de la tarde se queda en el ánimo de Paco Ramos con el primero de Valdellán, un toro que recibió silbidos y censuras por presencia y debilidad, donde dejó trazos de su estilo y acusó su falta de contratos, poniendo decisión y ganas. En su segundo, Caña, número 41, de Juan Luis Fraile, apenas se le pudo echar cuentas entre el aguacero que descargaba que hizo huir al público hacia las gradas y las andanadas. Lo picaron de aquella manera, lo banderillearon de pena y Ramos lo mató a la última.


Respecto de Luis Gerpe sorteó a Mirasuelos, número 45, de Valdellán, que al lado de la hermosura del Mochuelo que acababan de arrastrar resultaba más feo y más basto de lo que en realidad era. Ahí estuvo Gerpe porfiando con el toro sin llevarse al público de calle en un registro más cercano a lo de todos los días que a lo que acabábamos de ver en las manos de Castaño. El toro era serio y tenía cuajo y estar ahí no es lo mismo que estar con el perro faldero. Resultó trompicado cuando andaba haciendo la peste esa de las manoletinas, que a quién se le ocurre.


A la muerte de Mirasuelos se abrió el cielo y comenzó a llover a chorros, lo cual estropeó sensiblemente las posibilidades de lucimiento de Paco Ramos, como se dijo antes. Al arrastre de Caña salió Damián Castaño a comprobar el estado del ruedo (después de cómo toreó en Bilbao el día de la naumaquia, el piso era el Desierto del Gobi) y dijo que por él valía. Por Gerpe también valía o sea que se abrió la puerta del chiquero para que saliera el pavoroso Espartillo, número 62, cinqueño pasado, que con sus 510 kilos metía más miedo que toda la camada de Núñez del Cuvillo junta. Castaño estaba dispuesto a repetir el envite del segundo, pero las condiciones de Espartillo no eran las mismas, manso encastado, incierto, no acababa de rematar los pases que se le daban porque en seguida echaba la cara arriba, buscando, y el matador tenía que estar pensando en salir de la suerte antes que en rematarla. Lo intentó con torería, montera puesta, y sin afligirse frente a las poco amigables condiciones del discípulo de Carolina Fraile. El toro le propinó un trompicón a la hora de matar, sin consecuencias.


Y para acabar el festejo Luis Gerpe sorteó a Garbancero, número 49, también con el viejo hierro de don Fernando Pérez Tabernero, que volvió a dar su nota de encastada mansedumbre, o sea de no regalar nada. Más centrado anduvo Gerpe con este segundo, buscando la posición ortodoxa y tratando de sacar algo del encuentro a base de esfuerzo, hasta que comenzó de nuevo a llover y, en la desbandada final de los que habían vuelto al tendido, optó por dar por acabada su obra y poner punto final al festejo.


Victoria de los Valdellán en este “desafío ganadero”, en el que la lidia y muerte de los de Fraile estuvo marcada por la presencia intermitente de diversos aguaceros, y victoria de Ramos, Castaño y Gerpe por enfrentarse a toros serios y en puntas, de los que meten miedo, de los que no sirven para extasiarse con el “arte” ni para andar parando relojes. Por eso es que hoy en Las Ventas nadie puede decir que se haya aburrido.
 



Mochuelo

 



Damián Castaño



ANDREW MOORE

 



 




LO DE DAMIÁN CASTAÑO








LO DE RAMOS

 



LO DE GERPE

 



 

FIN

El factor Joselu


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Cuando Bellingham prefirió para jugar la España de Negreira a la Inglaterra de Stanley Rous, perdiendo dinero, todos entendimos que lo que ilusionaba a un chaval de veinte años era jugar con Mbappé, fichaje que daban por hecho todos los periodistas deportivos, que seguirán cobrando lo mismo.


    Vino luego el pico de Rubiales, el gentleman sanchistón cuyo pico es como los de Biden, pero sin la torpeza repulsiva de Sleepy Joe, y con la ruidajera orquesta pasamos por alto que en el reloj de Cenicienta para el mercado de fichajes dieron las doce y Mbappé se quedaba en París. Bellingham ya no jugaría con Mbappé, ni en su defecto con Harry Kane (el que uno hubiera elegido). Bellinhgam jugaría… con Joselu, gallego y cuñado (de Carvajal, al menos). Si Bellingham fuera un novio de los de antes, la historia sería que fue a casarse a la iglesia esperando a una Ava Gardner y aparecó una Rosy de Palma.


    Y, sin embargo, Joselu le funciona a Ancelotti, que va a tener más mérito que los que en su día se apuntó Valdano con Zamorano (y Amavisca). Además, los jóvenes tienen razones que los viejos no entienden: si Haaland tenía por ídolo a Michu, no es disparatado que Bellingham acabe teniendo por ídolo a Joselu, que podría terminar poniendo su nombre a la Quince. ¡Conquistar la Niña Bonita con Joselu! Suena a Destino Manifiesto. Hablemos del Factor Joselu. ¿Cuántos goles puede meter Joselu?


    –Para los gallegos el “poder” no es un sustantivo: es un verbo deslizante, es “lo que se puede” –decía Pemán al hablar del gallego más universal.


    En el pote gallego en que, azuzado por la necesidad, Ancelotti ha transformado su sistema, Joselu hace de costilla, y ahí se las den todas, aunque los defensas prefieran dárselas, en ausencia de Vinicius, a Bellingham, con el consentimiento arbitral y las explicaciones de los comentaristas, que hacen de cada penalti un sayo, con un popurrí de geometrías y anatomías como las del maestro Afrodisio para un “touché”.


    Joselu no es un regalo del Cielo. Joselu es un regalo del Español, igual que el del Atlético al Barcelona con Joao Félix (que, por cierto, jugará de balde para cumplir su sueño y las norma del “fair play” culé). Por eso se dice que el Español es un filial del Madrid. Joselu es tan pobre que su primer gol oficial salió de una cesárea de tres minutos de VAR en el Nuevo Bernabéu, que ya le había birlado el penalti de Bellingham que le estaba destinado lanzar. A Bellingham le hizo Bordalás un marcaje individual, cosa que nadie hizo a Messi jamás por la dictadura del qué dirán. En la Era Negreira, el Relato impuso que jugar al fútbol pasaba por dejar libre a Messi, y de ahí los Lillo, los Jémez y los Setién, con sus estilos tutús. Setién se llevó ocho del Bayern en Champions, pero oye, jugando así, da gusto perder. Lo que no se entiende es que a aquel Setién lo despidiera el Barcelona, que ahora se las tiene tiesas con la Guardia Civil por un quítame allá esos negreiras.


    La Guardia Civil pone en solfa la imparcialidad arbitral por los pagos a Negreira, pero Xavi, ex cerebro de España, ha cortado por lo sano:


    –Estoy en total desacuerdo con la Guardia Civil.


    “¡Ay Federico García / llama a la Guardia Civil! / Ya mi talle se ha quebrado / como caña de maíz.”


    Lo dice Xavi, punto redondo. La imagen de España es cosa seria, y por eso la lleva el jefe del gobierno en persona. El pico de Rubiales, del que el ministro Iceta se enteró “leyendo la prensa india” (sic), daña la imagen de España, pero el caso Negreira no. Natural. Aquello es sexo y esto es dinero. Nuestro socialismo sexual viene de la cultura castrista, y Orlando Luis Pardo Lazo ha escrito del único misterio prohibido del ministerio imposible de la prostitución cubana: “No besarás”. Pero ¿el dinero?


    –No siento que pueda contagiarme de gérmenes cuando toco el dinero –dice en el 75 Andy Warhol, para quien el dinero sólo significa amnistía y libertad–. El dinero posee una cierta forma de amnistía. Al tocarlos, siento que los billetes de dólar se vuelven limpios. No sé dónde han estado, quién los tocó y con qué; todo eso se borra en el momento en que los toco.


    La doctrina Warhol exculpa a Negreira y la doctrina Castro condena a Rubiales, que ya no podrá construir su Gran Estadio Nacional prometido, y de él sólo nos quedará, como una pesadilla, el seleccionador del Combinado Autonómico, De la Fuente, que viene de marcarse un Bujarin que por lo visto beneficia a la Imagen de España, y que le permite seguir en el puesto.


    “Un ángel marchoso pone / su cabeza en un cojín. / Otros de rubor cansado, / encendieron un candil. / Y cuando los cuatro primos / llegan a Benamejí, / voces de muerte cesaron / cerca del Guadalquivir.”



Bellingham


EL CASO YAMAL


    Rehabilitado por el Politburó en un Juicio de Moscú, De la Fuente convocó al nuevo Gavi culé, Lamine Yamal, cuyo gesto de celebrar la eliminación de España en Catar besándose el escudo de Marruecos queda compensado, a efectos de “España Multinivel”, por el activismo político de su papá. A este ritmo de debutantes, el Barcelona podría ser el primer equipo del mundo en disponer de una cantera de cadetes con todos sus miembros acreditados como internacionales absolutos, con la revalorización económica que eso supone. Sólo ha de alinear a un niño cada domingo.
 

[Lunes, 4 de Septiembre]

Lunes, 11 de Septiembre

 

Citas

domingo, 10 de septiembre de 2023

Amnistías



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Los franceses, nunca acostumbrados a su mediocre vida republicana, se pasaron los 80 vendiéndonos que la posmodernidad era el fin de los grandes relatos, pero en España, país posmoderno hasta en la sacristía, ya nos encaminamos hacia la Segunda Transición, y eso merece otra amnistía.

    –América es una amnistía –le dijo a Foxá un jesuita argentino, pero la amnistía es la gran fruición sentimental de los españoles.

    En su “Vida” (más amena que la de Belén Esteban), Cellini confiesa tres muertes que cometió, una de ellas en la presencia del Papa, quien, como reproche, “lo miró con severidad”, que ya es más que lo que aquí hace Uriarte, el monseñor de los ojos de Garfield, con los matarifes del póster de Durango, en cuyo matadero se escenificó la clausura de la Primera Transición, con su amnistía para los etarrillas que habían matado en la Dictadura.

    Y para los etarrillas que han matado en la Democracia estaría la amnistía de la Segunda Transición, como a voces se pidió en la marcha silenciosa de Bilbao (Día del Orgullo Criminal, para un tuitero) por los derechos humanos, la paz, el bulevar y la órdiga de la izquierda plural, que tiene por primos zumosoles a los carniceros del trampantojo duranguense.

    –El español quiere ser generoso –explica mi ensayista–, pero todo español tiene, en programa, una genérica y teórica amnistía, desvirtuada con tres o cuatro exclusiones pasionales y personalísimas, para las que reserva la tremenda expresión amenazante: “Hay que tener memoria”.
    
Todavía en febrero del 36 Alcalá Zamora se asombra en su diario porque la izquierda muestra “con insensato rencor” que la amnistía (por el golpe del 34) es una fase más de la guerra civil: “Obtiene la impunidad para los suyos, procura extenderla a los crímenes comunes con el pretexto de ser conexos y pretende que se castigue severamente… a Gil Robles”, que no ejercía autoridad en la fecha.

    –En cuanto al país, les tiene sin cuidado.

El Marx que permanecerá

 


Nuestro iluminado y mesiánico Pedro Sánchez se nos revela por completo como nuestro Luis Bonaparte

 

Martín-Miguel Rubio Esteban

 

Hace poco tiempo que la Editorial Akal ha sacado una nueva versión, con introducción y notas, de El dieciocho de brumario de Luis Bonaparte, de Carlos Marx. En esta ocasión el trabajo es de la profesora de filosofía Clara Ramas San Miguel, que ha sido también diputada en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, por Más Madrid. Aunque la práctica del marxismo a nivel político y económico ha sido un desastre sin paliativos, una verdadera plaga que ha castigado a la humanidad inmisericorde, el Marx literato, intérprete de la Historia, y hasta hermeneuta de la libertad en Epicuro –el origen de la misma es la deviación del átomo de la línea recta, quebrando así los fati foedera o pactos del destino y generándose con esa repulsión de la línea recta la autoconciencia del ente–, probablemente permanezca siglos, a pesar, repetimos, de que casi todos sus discípulos que han tomado el poder político no han creado ningún bienestar al género humano, ni le han dotado de mayor libertad. Ahora bien, Marx fue un hijo de la Altertumswissenschaft, fruto del mejor background cultural alemán, y no se le puede entender sin conectarlo con la Cultura Clásica y una pasión por las obras de Plutarco y Tito Livio. La publicación de esta joven y ya sabia profesora me hizo sacar del rincón de los plúteos más olvidados y polvorientos de mi librería las obras de Marx y Engels, editadas en 1955 por la Editorial Progreso, de Moscú, y preparadas por el Instituto de Marxismo-Leninismo adjunto al comité central del PCUS. Hace más de treinta años que no las había vuelto a ver, y eso ya por sí solo es un triunfo, sin duda, de la Profesora Ramas. La verdad es que “El dieciocho de brumario de Luis Bonaparte” es una obra deliciosa, tanto como objeto puramente cultural, como por su gracejo literario y penetración psicológica de los personajes históricos de que trata. Las referencias de Marx en la obra a la mitología clásica, el Antiguo Testamento y la gran literatura universal son constantes y siempre pertinentes. Toda ella está plagada de figuras literarias, desde la alegoría a magníficas metáforas y oxímora muy bien construidos. Como historiador de una época “contemporanísima” Marx estudia incluso los leading articles (editoriales) de la Prensa del momento. Esta obra enseña que a menudo las grandes revoluciones se ponen el disfraz de la Antigüedad venerable y usan un lenguaje prestado, acuñado de forma gloriosa, para representar en la sociedad los cambios y transformaciones de que son portadoras. Es así que a ojos de Marx personajes como Camilo Desmoulins, Dantón, Robespierre, Saint-Just, y hasta el mismo Napoleón, cumplieron su misión –librar de las cadenas e instaurar la sociedad burguesa moderna– bajo el ropaje de la República Romana y con frases romanas. Los espectros del tiempo de los romanos republicanos velaron sin duda la cuna de la Revolución Francesa. Sin embargo, cuando la mediocridad de los que protagonizan la Historia –véanse nuestros políticos– es desmesurada, entonces los viejos ropajes de los abuelos gloriosos esconden una vanidad grotesca cuyo resultado es la farsa, y no la vieja tragedia. Cuando Marx habla de tragedia se refiere al concepto griego de tragedia, y no a ese nombre común en nuestro lenguaje corriente.

Aquí, Luis Bonaparte, gracias a la hez de la sociedad burguesa, ese lumpremproletariado que forma la sagrada falange del orden, se instala en las Tullerías como “salvador de la sociedad” y “restaurador del imperio”. Antes, la elección de Luis Bonaparte como presidente de la República de 1848, que había proclamado inmediatamente el sufragio universal y directo para remplazar el censo restringido de la monarquía de Luis Felipe, el 10 de diciembre de 1848, puso fin a la dictadura de Cavaignac y a la Constituyente. En el artículo 44 de aquella Constitución se decía: “El presidente de la República Francesa no deberá haber perdido nunca la ciudadanía francesa”. Y el primer presidente de aquella República Francesa, República Parlamentaria, como la llamará Thiers, Luis Napoleón Bonaparte, no sólo había perdido la ciudadanía francesa, no sólo había sido agente especial de la policía inglesa, sino que era incluso un suizo naturalizado. El triunfo de su presidencia fue una reacción del campo contra la ciudad. Esta reacción del campo y del espíritu campesinista encontró gran eco en el ejército, y entre los proletarios y los pequeños burgueses, que lo saludaron como un azote para Cavaignac. Ya desde el principio la presidencia de la República se enfrentó contra la Asamblea Nacional, como fue la expedición militar enviada a Roma, que se efectuó sin consentimiento ni conocimiento de aquélla, entrando en una conspiración secreta con las potencias absolutistas extranjeras contra la república revolucionaria romana. Bonaparte apelaba al pueblo cuando la Asamblea Nacional le pedía explicaciones. Así, cuando el 8 de mayo de 1849 la Asamblea Nacional da un voto de censura al Gobierno por la ocupación de Civitavecchia por Oudinot y ordena que se reduzca la expedición romana a su supuesta finalidad, Bonaparte publica en Moniteur, en la tarde del mismo día, una carta a Oudinot en la que le felicita por sus heroicas hazañas, y se presenta ya, por oposición a los escritorcillos parlamentarios, como el generoso protector del ejército. “Después de restituir en el Vaticano al pontífice Samuel, podía esperar entrar en las Tullerías como rey David”. El atractivo popular de Bonaparte no paraba de estigmatizar el régimen parlamentario. El genio colectivo oficial de Francia fue ultrajado por la estupidez ladina de un solo individuo; la voluntad colectiva de la nación, cuantas veces hablaba en el sufragio universal, buscó su expresión adecuada en los enemigos empedernidos de los intereses de las masas, hasta que, por último, la encuentra en la voluntad obstinada de un filibustero. Y así como en la vida privada se distingue entre lo que un hombre piensa y dice de sí mismo y lo que realmente es y hace, en las luchas políticas, como las que hoy se desarrollan en España, hay que distinguir todavía más entre las frases y las figuraciones de los partidos y sus intereses efectivos, entre lo que se imaginan ser y lo que en realidad son. Mientras Luis Bonaparte parecía identificar a su persona con la causa del orden, identificaba la causa del orden con su persona. Y la verdad es que, gracias a las enseñanzas de esta magnífica obra de Marx, nuestro iluminado y mesiánico Pedro Sánchez se nos revela por completo como nuestro Luis Bonaparte. Muchas gracias, profesora Ramas.

[El Imparcial]

Domingo, 10 de Septiembre

 

Los Quebrantos

Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos

 DOMINGO, 10 DE SEPTIEMBRE

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.


Mateo 18,15-20

sábado, 9 de septiembre de 2023

El butifarrón


Y Lincoln, el hombre, sin saber si ofrecer un referéndum al Sur 
o acudir al Tribunal Constitucional


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En el Estado de partidos el Estado son… los partidos, que con el butifarrón catalán primero hablaban de golpe al “Estado de derecho”, y ahora, al “Estado democrático”.

    Conceptualmente, con la tautología “Estado de derecho” pasa como con el pescuezo de la gallina, que de lejos parece carne, pero de cerca sólo es un hueso.

    Más peliagudo es lo de “Estado democrático”, pues por tal sólo se nos viene a la cabeza el de la Urss, donde, según los santos libros, no existía más pueblo que el proletariado, y si el proletariado encarnaba el Estado, no había más que hablar.

    Para los partidos, pues, el butifarrón catalán es un episodio folclórico de la sedición, delito tan escurridizo en el Código Penal (los redactores sabrán por qué) que a España, para defender su unidad (más importante que la democracia, la dictadura, la república o la monarquía), ya sólo le queda la escolástica del Tribunal Constitucional.

    ¿Cómo podrán vivir los Estados Unidos de América sin Tribunal Constitucional?

    –Si Godoy hubiera tenido un Tribunal Constitucional nos habríamos ahorrado la guerra de Independencia –me dice mi portero, que es mi Juan Santiuste, aquel personaje galdosiano que contaba la historia lógico-natural de España, no como ella fue, sino como la oía en el Telediario.

    En España, en fin, el Código Penal es para pobres, que cada día somos más, porque los partidos, sin industrias que vender ni fondos europeos que repartir, nos van a moler a impuestos con que pagar la balcanización que Snchz y Rivera llaman federación (?), es decir, la partida final para salvar el Estado… de partidos con un Estado-Frankestein que ya besa a la niña-votante en campaña electoral.
    
Dado que no hay manera de federar lo unido, pensemos que la sedición catalana sólo es el primer paso para partir lo que luego Snchz y Rivera (que no dicen cómo mejorarían lo de Rajoy) se pondrán a federar.

    Y Lincoln, el hombre, sin saber si ofrecer un referéndum al Sur o acudir al Tribunal Constitucional.
 

 [Publicado en Noviembre de 2015]

Sábado, 9 de Septiembre

 

Buenos días

viernes, 8 de septiembre de 2023

Castellio


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La doctrina de legalidad y legitimidad en el Régimen del 78 la ha establecido Otegui, el que tiene prohibido sobrevolar territorio norteamericano, en TV:


    –Rubiales no está legitimado para presidir ninguna institución.


    Rubiales, el españolazo macarra y sanchistón, sube, pues, a la hoguera, ya que ante la voluntad de Otegui sólo cabría, si acaso, la de Ternera, el de los ataúdes blancos, en el teleplasma del Festival de San Sebastián. Hoy es Rubiales, pero podía haber sido Cuevas, el genio mejicano que todavía en los noventa, en un banquete que le ofrecieron en Madrid treinta y dos mujeres empresarias (con Carmen Romero), le preguntaron si él era feminista, y contestó: “No. Yo soy mujeriego”.


    –Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet no defendieron ninguna doctrina, sacrificaron a un hombre. Y no se hace profesión de la propia fe quemando a otro hombre, sino únicamente dejándose quemar uno mismo por esa fe.


    Eso dijo Castellio en pleno (¡e “iliberal”!) siglo XVI, y no fue lo más importante que dijo. Con Calvino, el asesino de Servet, otro españolazo, quemado con el pretexto de que negaba la Trinidad, Castellio se las tiene tiesas porque el Cantar de los Cantares de Salomón no le parece una composición religiosa, sino profana: el himno a Sulamita, cuyos pechos brincan por los pastos como dos jóvenes corzos (“¡gráciles corzas de dormir morenos!”), representa por tanto un poema de amor mundano y en ningún caso una glorificación de la Iglesia, en palabras de Stefan Zweig, cuyo “Castellio contra Calvino” viene al pelo de las almas sensibles en esta hora de barbarie religiosa y religión laica, donde la dictadura (todo poder sin control político) impone incluso la memoria histórica:


    –Buscar y decir la verdad, tal como se piensa, no puede ser nunca un delito –dice Castellio hace cinco siglos–. A nadie se le debe obligar a creer. La conciencia es libre.


    Por eso los comunistas declararon la conciencia un prejuicio burgués. Y por eso Zweig rescata el “Contra libellum Calvini”, que por su fuerza moral constituye la más brillante polémica escrita contra cualquier intento de acallar la palabra por medio de la ley; el modo de pensar, por medio de una doctrina; y la conciencia nacida para siempre libre, por medio de la fuerza por siempre despreciable.


    –No me gustaría que mis hijos fueran a una escuela donde aprendieran el diseño inteligente como simple razón y realidad. Pero tampoco me gustaría que mis hijos fueran a una escuela donde aprendieran ultracalvinismo como razón y realidad. Por desgracia, esto último es mucho más difícil de evitar.


    Eran los temores de Curtis Yarvin en los Estados Unidos de Bush. En la España de Sánchez, colonia ultracalvinista al fin, la Ginebra de Calvino se nos hace Woodstock.

 

[Viernes, 1 de Septiembre] 

Viernes, 8 de Septiembre

 

Pueblo

jueves, 7 de septiembre de 2023

En la muerte de María Jiménez

 



Tus brazos / que me aprietan como locos / y luego / este morirse poco a poco / latiendo corazón a corazón

 


 CANCIONES Y EROTISMO EN MARÍA JIMÉNEZ

Crónica de José-Miguel Ullán

Noviembre de 1979

La intransigencia moral de los medios


 

Javier Bilbao

 

«El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella» (Juan, 8:7)

«¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?» (Lucas, 6:41)

«Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres» (Mateo, 6:2)


Siempre que me cruzo con la inevitable lista de turno sobre «libros que leer antes de morir» —después es más complicado— me suelen sobrar muchos (¿El cuento de la criada, en serio?) y siempre echo en falta entre los mencionados, al margen de las creencias de cada uno, la Biblia. No soy la persona adecuada para hablar desde una perspectiva religiosa, así que no huyan los incrédulos ni arqueen la ceja los más versados: no pretendo hacer proselitismo ni atizarle a nadie una exégesis que rebasaría mis capacidades. Sólo quiero señalar el enorme valor que encierra este libro a la hora de comprender nuestra cultura, llamémosla española, hispana, europea u occidental. Leyéndolo pasas a captar referencias que antes se te escapaban y ahora comprendes que están todas unidas por un hilo invisible; es como haber vivido siempre en un paisaje en el que permanecían dispersos un millón de fragmentos y retroceder en el tiempo para contemplar la obra monumental de la que formaban parte. Ah, así que tal frase hecha o metáfora provenían de allí, y aquel nombre común de hombre o mujer, y aquella historia, y aquel título de una película o de una novela, y aquella canción. Las uvas de la ira, La escalera de Jacob, Carros de fuego, La herencia del viento, Hijos de los hombres, El séptimo sello, La venganza es mía, Tiempo de silencio, Tiempo de morir… Las referencias bíblicas abarcan una parte fundamental de la historia del cine; mientras tanto, el pop y el rock se han nutrido de tal forma de sus ramalazos poéticos que no sabemos qué quedaría sin ellos, bien desde Turn! Turn! Turn! hasta Rivers of Babylon. O ya se trate de la obra de Lou Reed, Nina Simone, Adele, The Rolling Stones… ¡la lista sería interminable!

Ahora bien, teniendo en mente lo anterior, cabe señalar que la parte más provechosa se encuentra en los Evangelios, pues en ellos además de su formidable impacto histórico-cultural causa impresión la perspicacia psicológica que subyace en sus parábolas y exhortaciones. Quien habla ahí le tenía bien tomadas las medidas a la naturaleza humana, a sus debilidades y a sus sesgos cognitivos. Múltiples estudios contemporáneos le han puesto diversos nombres, desde el efecto Lago Wobegon hasta el efecto Dunning-Kruger, que revisten de aura científica a nuestra innata tendencia a sobrevalorar nuestras capacidades, situarnos erróneamente por encima de la media y a juzgar con doble rasero, reservando la indulgencia para uno mismo y la severidad moral para el resto. Hoy día hay incluso quien se empeña en creer que existe tal cosa como el «síndrome del impostor», de manera que la sospecha probablemente fundada que sienta alguien de que es una persona inepta en su cargo sería un pensamiento intrusivo del que culpar al patriarcado.

La cuestión es que, usemos unos u otros términos, ya quedó constancia hace un par de milenios de lo fundamental sobre la manera en que cualquiera se ve y se juzga a sí mismo y a los demás. ¿Quién puede tirar realmente la primera piedra?, precisamente porque hay defectos y errores muy extendidos en los que todos tendemos a caer, aunque a veces ni siquiera seamos conscientes de ello, los Evangelios insisten tanto en la autocrítica y el examen de conciencia antes de señalar al resto y, también, en el perdón hacia los demás. Pero esto es algo que choca de lleno con el clima actual, pues la esfera pública político-mediática se sustenta ahora mismo en lo opuesto.

Tanto los medios de comunicación estadounidenses como los españoles (que funcionan a modo de franquicia de los primeros) están atravesados hasta el tuétano de ideología progresista/woke y uno de sus rasgos más llamativos es que en ella no se concibe la piedad, el perdón, el arrepentimiento y la redención, principios nucleares del cristianismo. Aquí, ahora, ya no hay proporcionalidad en el castigo, no hay una misma vara de medir para todos y quien sea señalado como transgresor de una norma —a menudo no escrita y altamente interpretable— no podrá poner el contador de nuevo a cero y seguir con su vida. ¿Por qué esto es así?

Tres causas fundamentales


En primer lugar, para los medios y los periodistas que trabajan en ellos, el señalamiento colectivo de turno contiene una función ejemplarizante. Del ciudadano anónimo o la figura pública que haya podido hacer o decir algo considerado inapropiado de acuerdo con la nueva moral no importa el daño real que pueda haber causado ¡si acaso lo hubo! y que por ello sea tratado en justa proporción. No se le juzgará por lo que realmente sea o haga, sólo será una cabeza de turco para que el resto de la población tome nota. Recordemos, por ejemplo, el caso del estudiante que el pasado año profirió unos gritos ciertamente poco elegantes en un Colegio Mayor. Lo que en un mundo normal sólo hubiera merecido, como mucho, una reprimenda por parte de algún encargado del centro, en este sin embargo fue objeto de un escarnio público que incluyó al mismo Presidente del Gobierno y a todos los grandes medios generando tal agitación que, según nos contaron, llegó un momento en que «no podía salir de su casa ante el acoso que sufría (…) Perdió la beca y le expulsaron del colegio mayor. La presión fue tal que acabó dejando los estudios en Madrid y regresó a su Mallorca natal».

En segundo lugar, dentro de los esquemas mentales progresistas el concepto de responsabilidad individual está muy diluido, dado que todo pasa a ser estructural y por lo tanto mediante la adecuada ingeniería social se podría extirpar completamente el mal del mundo. Acostumbran a representarlo como una pirámide o iceberg donde en la parte inferior se sitúan, por ejemplo, los chistes sexistas, los celos o el rechazo al lenguaje inclusivo y todo ello termina llevando en pendiente resbaladiza irreversible al asesinato. De forma que, desde su perspectiva, no hay reacción que pueda tacharse de desmedida contra, digamos, un humorista que haya hecho un chiste sobre ligar con mujeres, dado que en último término ese chiste estaría vinculado al asesinato y cualquier grado de ostracismo y vejación pública al que se le someta estará bien merecido. Combatiendo chistes, comportamientos o piropos creen estar salvando vidas en su fervor justiciero y por tanto nunca les parecerá estar yendo demasiado lejos.

Por último, hay en todo este fenómeno político-mediático que estamos analizando una instrumentalización de la moral...

 

Leer en La Gaceta de la Iberosfera