sábado, 2 de agosto de 2014

Si no sabe salir ni en los córners, ¿cómo va a salir del Real Madrid?

Lo de Casillas

A y B

Cachopo, lubina, morcilla

 Cachopo de Casa Carlos
Caravia, Asturias
(La referencia es el tenedor)

 Lubina de Casa Carlos
Caravia, Asturias

Morcilla del Landa
Burgos

Sábado, 2 de agosto

viernes, 1 de agosto de 2014

La huelgona (madrileña) de basuras. San Félix de Gerona (compañero de San Cucufate)

 Madrid-Muladar
Calle de don Ramón de la Cruz
06:00 PM

Madrid-Muladar
Calle del Príncipe de Vergara
06:090 PM

El chinchón


A ver cuándo nos tomamos un chinchón

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Lo que más perplejidad produce entre los escritores treintañones, como Hughes, es que el pensamiento de la musa de la Santa Transición quepa en ese “a ver cuándo nos tomamos un chinchón” de Carmen Díez de Rivera a Carrillo.
    
La Transición está tan sobrevalorada como la Movida: ni Suárez es esa mezcla de Marsilio de Padua y barón de Montesquieu que nos vende el columnismo socialdemócrata ni Díez de Rivera es aquella mezcla de Rosa Luxemburgo y Madame de Staël que creyó ver Umbral en su persecución de Evita.
   
 Porque libres, de pronto, y con algo de dinero de bolsillo, a los españoles les dio por amar como locos a los pobres, y todos buscaban una Evita con quien tener muchos hijos justicialistas que liberarían a los descamisados. Y pasó lo que Quevedo nos tenía avisado, que silbamos para llamar al ruiseñor (los viejos a Carmen Díez, los jóvenes a Pina López) y acabó saliendo una lechuza, Alfonso Guerra, que expropiaría Loewe disfrazado de Santa Isabel de Hungría socorriendo a los tiñosos en la pintura de Murillo para Miguel de Mañara en Sevilla.

    Las directrices filosóficas de nuestro justicialismo transicionero son aforismos sociales con aire de epístolas pontificias: “De la ley a la ley a través de la ley”, “Puedo prometer y prometo”, “A ver cuándo nos tomamos un chinchón”, “Café para todos”, “Tranquil, Jordi, tranquil”, “Gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones”, “España va bien”, “La tierra es del viento”, y así hasta la pregunta definitiva, “¿De qué herencia hablas, Jordi?”, versión culé de la gran interrogación ontológica de Leibniz con la botella de chinchón vacía en la mano:

    –¿Por qué ya no hay nada?

    El caso es que mientras Carmen la musa tentaba a Carrillo con un chinchón en Madrid, en París el ogro Cela se hacía acompañar de Juan Goytisolo, monacillo del existencialismo, en su visita a Sartre para que le firmara un autógrafo en la etiqueta de una botella… de chinchón que se sacó del gabán.

Arroz del señorito de carne

Una burgalesa crea un método para aprender chino ya

«Se puede aprender chino de una forma sencilla, entretenida e incluso divertida», asegura Ainhoa Segura, coautora de un método «revolucionario y pionero» y que acaba de recoger en el libro ¡Aprende chino ya!, que esta burgalesa ha escrito en colaboración con el profesor Wang Xin, publicado por el sello editorial LoQueNoExiste.

El descanso de España

 Plaza de Colón
00:01 AM
España se va de vacaciones

Plaza de Colón
00:01 AM
El descanso de los que limpian

Viernes, 1 de agosto

jueves, 31 de julio de 2014

La huelgona (madrileña) de basuras. En cosa ajena no pongamos nido (Ignacio de Loyola)

 Madrid-Muladar
Calle de Francisco Navacerrada
05:00 PM

Madrid-Muladar
Calle de Campanar
05:00 PM

Contertulia

 Rosa Belmonte
 Abc

La culpa es de María Teresa Campos. A ella se le ocurrieron las tertulias políticas en televisión y se llevó a María Antonia Iglesias a «Día a día», justo después de dejar ésta la dirección de los Servicios Informativos de TVE. Empezaba entonces, en 1996, su carrera como habladora y «tocaballs» de platós. Llegó a su máximo con «La noria» y «El gran debate». María Antonia Iglesias se convirtió en la Belén Esteban de estos programas. Lo digo porque cuando se iba, por motivos de salud, volvía con una gran entrevista deluxe que le hacía Jordi González. En 2009, le dio un infarto al terminar una «noria» (siempre pensamos que al que le iba a dar era a Enric Sopena, que hablaba ahogándose, como el amigo negro de «Malcolm in the Middle»). 
 
Lo de Iglesias eran numerazos. Sacó de quicio a Peñafiel situándolo en la extrema derecha y preguntándole si le iba a pegar cuando él se incorporó (no sé qué habrá sido peor para Peñafiel, si tener enfrente a Iglesias o a la Esteban). Otro día llamó de todo (se lo llamaron mutuamente) a Miguel Ángel Rodríguez. También se ofendió mucho cuando Pedro Ruiz le rebotó su propia frase («¿Usted es puta o no es puta?»). Como si fuera una acusación posible. También memorable cuando se la echaron a Montse Suárez en el debate de Bankia. Sabía dónde apretar para que el contrario saltara por los aires. Un 70% de opinión, un 10% de ocurrencias y un 20% de espectáculo.
 De pequeña, fantaseaba con una película bélica donde lucharan nazis contra japoneses. De mayor me he quedado con las ganas de una lucha entre María Antonia Iglesias y Pablo ídem.

El andamio





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Luis Enrique es un asturiano (“¿hace un culín?”) que entrena al Barça subido a un andamio.
    
El andamio de Luis Enrique es una forma de andarse con vista de pájaro por la Cataluña del tres por ciento y supone la españolización de un club que es más que un club como el andamio es más que el andamio: es la vertebración popular de España (la que no vio Ortega).
    
Toda nuestra tradición erótica baja del andamio en forma de piropos picantes y chistes obscenos: es el homenaje férvido del macho ibérico a la belleza de la hembra. Y a veces, entre los piropos, caen galápagos.

    Neville cuenta que una noche que salían de Pombo él, Gómez de la Serna y Gutiérrez Solana, éste, al llegar a unos andamios, se salió al medio de la calle. “¿Es usted supersticioso, don José?”, preguntó Ramón.
    
No, es que de los andamios caen galápagos.
    
A Solana, en efecto, le cayó una vez encima un galápago desprendido de un andamio, y ya no hubo forma de quitarle de la cabeza que de los andamios caen galápagos y goterones de yeso.

    ¿Quién pasaría hoy por debajo del andamio de Luis Enrique?

    Quizás la idea de Luis Enrique al subirse al andamio sea dar una imagen de equipo en construcción: él viene de Roma (Vigo fue una escala técnica), cuna de Augusto, que hizo de la ciudad un panal, y del fascismo, cuya política de obras públicas (un Plan E de Zapatero para estimular el empleo) llevó a los psicólogos sociales a estudiar el poderoso efecto emocional que generan los andamios. Que se lo digan a María Soraya, que en su primera rueda de prensa apareció entre Guindos y Montoro sacándoles una cabeza, cosa que Hollywood ya había hecho con Bogart, que medía lo que Pablo Iglesias, y que besaba a Lauren Bacall subido a un cajón de gaseosas.
    
Arte único. Entren y vean. La tumba de Cervantes –anuncia un cartón en un andamio de la calle Huertas.

    Me encanta que en pleno boom de la deconstrucción (de la literatura… y de España), un asturiano dirija al Barça desde un andamio.

La huelgona (madrileña) de basuras. Contemplativos en la acción (Ignacio de Loyola)

 Madrid-Muladar
Calle de Lagasca
Esta mañana
 
 Madrid-Muladar
Calle de Claudio Coello
Esta mañana
 
 Madrid-Muladar
Calle de Jorge Juan
Esta mañana
 
 Madrid-Muladar
Calle de Lagasca
Esta mañana
 
Madrid-Muladar
Calle de Goya
Del coro al caño
Esta mañana

El chinchón


Éste era el nivel político de aquel tiempo ominoso


Hughes
Abc

Vi el documental sobre la vida de Carmen Díez de Rivera por trabajo, pero también por enterarme de cuál fue su papel en la Transición. A medida que se muere ese régimen van surgiendo mitos. La Transición es un poco como Woodstock. Y hay tantos “actores fundamentales” que uno pierde la cuenta.

Carmen Díez de Rivera era musa umbraliana, es decir, lejanísima ya, de un tiempo que por lo menos tenía musas. Ahora ya no hay. En este momento de cambio se echa de menos el elemento femenino muso. El PSOE pone al guapo, ¡pero la historia no la hacen los guapos! Yo estoy dispuesto a admitir a Amaia Montero tal y como la ha sacado el Cuore. Pero es que nada serio se puede hacer sin musas. Es necesario el elemento histórico-lúbrico.

Pero el documental pasó por lo importante de puntillas. Se centró más en el drama amoroso-familiar y en el diario de la protagonista, dramatizado como en una radionovela. De la política no hubo gran cosa. Lo de Suárez: “No quiero ni un papel en la mesa” y sobre todo eso que le dijo a Carrillo y que fue quizás el momento de mayor relevancia del personaje: “A ver cuándo nos tomamos un chinchón”. Esa frase llevaba dentro un caudal de cursilería tan potente que yo me estremecí. ¿Pero cómo se va a tomar un chinchón con ese señor calvo una señora con semejantes ojos? Las cosas no funcionan así, pero ahí estaba toda la urgente y frenética voluntad de concordia. Una concordia casi diría que brutal.

Era una frase inevitable por cuestión de cuna, reveladora de la cursilería eterna de la derecha española. Además, ¿por qué un chinchón precisamente? Ese chinchón era la reducción de la cuestión a algo alarmantemente hispánico. Una apelación popular, falsamente popular, fingidamente popular. Como si por decir “chinchón” fuera a aparecer un coro de verbena. La democracia.

A mí me sonó a cosa dicha por Suàrez. Esa seria dificultad, repito, tan cursilona, del que se dirigía por primera vez al pueblo, queriendo usar su lenguaje. Le dijo lo del chinchón, pero le pudo decir perfectamente “vamos a tomarnos unas mollejas”.

Yo no sé si ese fue el papel clave de D. Carmen, no se nos explicó otro, pero la Transición me parece un régimen con muchos episodios opacos, inexplicados, interbambalínicos, un régimen de mucha trastienda. Como dice un amigo: Todo metido debajo del felpudo… ¡de la Cantudo!

Otra musa.

El programa siguió por derroteros de gran cursilería. “El mar era su confidente”, como las del Instagram. Un exceso de cosas poco importantes. “Decía: Me molesta ese pino. O lo quitas o lo mato. ¡Qué contestataria era!”. Hombre, si lo hace otro le llaman pinicida. Me encantó cuando salió Catalina Garrigues con su marido lord. ¡Qué modelo perfecto de anciano! “Yo quiero ser ese viejo”, exclamé con brutalidad. Durante un rato aparecieron muchas mujeres. Rosa Conde, sus amigas, Montero… Estaba bien, porque parecía un involuntario estudio generacional de la mujer española. Pero luego surgió, por desgracia, sombrío, pesadísimo, el inevitable varón. Guerra, Cebrián, el biógrafo de Serrano Súñer, que al conocer su muerte parece que sólo acertó a decir: “Pobre señora”. Pero el programa sí consiguió transmitir algo al espectador. Por la emoción con la que lloraban sus amigos al recordarla pensamos que fácilmente pudo ser una mujer a la altura de su misterio.

Escaparatismo. Loewe

 Calle de Serrrano


Jueves, 31 de julio


miércoles, 30 de julio de 2014

No a los miuras por TV

 
José Ramón Márquez
 
La televisión… «la televisiun», que decía el difunto Enzo Jannacci en su impagable recitado, y los toros, que de esos no dijo nada el milanés, y mejor que no lo dijera porque con el rollo progreta que se marcaba, seguro que los habría puesto a caldo.

La TV y los toros andan ahora en el tuiter a costa de la corrida de Miura en Málaga. La buena noticia es la de los Miura en Málaga, la menos buena es la de que los seis se los va a despachar en solitario Antonio Ferrera, con lo que eso significa. Bueno, pelillos a la mar, que en esto de los toros cada tarde está todo por escribir y a lo mejor el 19 de agosto es el día que los hados han señalado para algo. Como decíamos, hay muchos que quieren que les echen la corrida por la TV, y se creen que viendo esas imágenes absurdas están viendo una corrida de toros, cuando lo que están viendo es un show televisivo que apenas tiene nada que ver con una corrida de toros, un show con un bicho que anda por allí y un tío que hace así o asá, pero que de eso a la Fiesta de los toros hay el mismo abismo que media en la cosa sexual entre echar la tarde con una señora como Dios manda y echarla con una muñeca hinchable, life size del inolvidable Berlanga.

Insistamos en que los toros son un espectáculo total que empieza en la ilusión de comprar un boleto y termina en la desilusión de lo mal que salió la cosa o en el poco frecuente enardecimiento que sigue a la faena excepcional, al toro de bandera o a la tarde redonda. Y luego, la opinión. No se olvide que a los toros a lo que se va, principalmente, es a dar la opinión, unos en voz baja y otros a gritos, que la verdadera bestia no es la que sale por la puerta de chiqueros, sino la que se sienta en el tendido. En cambio, en la soporífera televisión sólo hay una opinión: la del malhadado Doctor Zaius, de pelo teñido, o la de sus "monitos", un pésimo torero que se llamó Manuel Caballero en los carteles y un empresario de los gasóleos que se llama Manuel Caballero en la vida civil, o una promesa de Triana que como aún no ha realizado faena alguna en Las Ventas, desde Las Ventas se dedica a tundir con sus comentarios expertos al que tenga la paciencia de sufrirle. Por ahí anduvo, como una sombra, el gran Antoñete, viejo zorro que no emitía opiniones -¡qué bueno habría sido poder oír sus opiniones, las de verdad!-, sino carraspeos y toses, aunque al muñidor de Zaius le daba lo mismo, porque él lo que quería era tener al viejo sentado allí a su lado para que pareciese que avalaba sus desinteresados asertos, fílias y fobias.

Espero que no retransmitan la corrida de Málaga, que además tengo la sensación de que la TV trae gafe y mal fario a las corridas, y que el que quiera ver a los Miura o a Ferrera o la conjunción de ambos factores se baje al sur, se compre un boleto y disfrute de los toros como se disfruta de los toros o se espere a que los que estén en la Plaza se lo cuenten. Yo mismo me perdí el Cuadri de Valencia del otro día y no tengo que irme a buscar un vídeo de esos para hacerme la ilusión de que lo he visto. Me basta la opinión de los que me fío para calibrar al toro y al torero: lo otro, lo audiovisual, es confusión e interés.

Para lo que está bien la TV es para ver el encierro de Pamplona.

La huelgona (madrileña) de basuras

Calle de Villanueva
11:00 AM

Calle de Lagasca
01:30 PM

Tatuajes


Max Jacob

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Aún me dura la impresión causada aquí, el sábado, por “El numerito” de David Gistau.

    –Estoy harto de que vengan enseñándome el numerito tatuado en el brazo –oyó Gistau decir a un personaje de copete hablando del Holocausto en una cena bien.

    El personaje de copete veía el tatuaje alemán a los judíos del gas con la frivolidad que Camba podía ver el de aquel apache francés a quien el verdugo le encontró en la nuca una hilera de puntos que decía: “Prière de couper par la ligne de points”.

    Esta degeneración de la frivolidad tiene un origen cierto: la mentira consensuada, sobre la base de lo que Hans Vaihinger (en filosofía, como en fútbol, no hay quien tosa a los alemanes) estudió en su “Philosophie des Als Ob”, o filosofía del “como si”. (La palabra más exaltadora de que disponemos, diría Breton, es “como”, se pronuncie o se calle: por ella da su medida la imaginación humana).
    
La mentira consensuada es que lo de las cámaras fue cosa de cuatro lobos nazis, con quienes por el pacto Hitler-Stalin aullaron los comunistas (a De Gaulle, que estaba en Londres, la caña le venía, “por traidor”, de “L’Humanité”), hasta que los lobos se giraron para devorarlos también a ellos. Mas por Hannah Arendt sabemos que, ciñéndonos sólo al campo intelectual, nazis fueron en Alemania todos, y en Francia, también, aunque en España hay un académico que con la superioridad moral que le da ir en bicicleta a comprar el pan al “Mallorca” de Serrano sostiene que, en París, colaboracionista (?) sólo hubo uno, que era Ruano, cuyos libros quiere enviar a la hoguera con el patetismo de Salieri (un Salieri con barba del Arropiero) retorcido ante Mozart.
    
¿Y por qué no quemar el “Guernica”? Cuando la Gestapo prendió a Max Jacob (el mejor amigo de Picasso), Cocteau dirigió una carta a los alemanes que firmaron todos… menos Picasso:
    
No vale la pena hacer nada. Max es un ángel. No necesita nuestra ayuda para echar a volar y fugarse de la prisión.

Fantasías Atapuerca. Ya tenemos niño

Obra de la paleoartista Elizabeth Daynès, este niño "con aire melancólico" ha costado 30.000 euros y, a diferencia de los demás, se ha realizado sin vello corporal "para poder ver los aspectos anatómicos fundamentales de la especie". ¡Que el bosque nos deje ver el árbol!

Miércoles, 30 de julio

Oreja cogolludense

martes, 29 de julio de 2014

La venganza póstuma de Tarradellas


El Vita


Ja soc aqui
 
José García Domínguez

Algo inaudito en el muy hermético mundo de la omertà catalana, la historia de la gran estafa que dio origen a la fortuna del fundador de Banca Catalana y patriarca del clan de los Pujol, Florencio Pujol, el padre de Jordi Pujol i Soley, fue narrada en su día con todo lujo de detalles escabrosos por Manuel Ortínez, quien fuera consejero y hombre de la máxima confianza personal y política de Josep Tarradellas a su regreso del exilio francés. Así, gracias al entorno más íntimo de Tarradellas, acusarían recibo los anales del rocambolesco tocomocho maquinado en Tánger por Pujol padre con la complicidad de Josep Andreu i Abelló, el antiguo dirigente de la Esquerra que había creado de la nada el Banco Inmobiliario y Mercantil de Marruecos. Una súbita prosperidad económica, la de Andreu i Abelló, que acaso no fuera ajena, tal como ha conjeturado el viejo sindicalista de UGT Antón Saavedra, al saqueo del patrimonio del Estado español en el célebre pillaje del Vita, aquel yate que partió hacia México repleto de lingotes de oro y joyas tras el fin de la guerra (Andreu i Abelló, que años después sería nombrado consejero de Banca Catalana por Pujol hijo, formó parte junto con Indalecio Prieto del grupo que hurtó el cargamento de la nave a su llegada a América). Lo de Tarradellas tenía todo el aspecto de ser una venganza. Y lo era.

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La mejor terraza del mundo


Espía como puedas




Beatriz Manjón
Abc

El otro día se personó en mi casa el cuerpo, que para desgracia de mi pariente no era Elle Macpherson, sino una pareja de agentes de la unidad de delitos tecnológicos. Inmediatamente, recordé aquella tediosa tarde en la que estuve tentada de piratear una peli de Mario Casas. Ya dijo Ruano que la hora del aburrimiento es la hora de los grandes, estúpidos e irremediables peligros.

Hablé con la policía intentando no contradecirme, a ver cómo explica una que se contradice porque contiene multitudes, como Whitman. «No, no, es mucho más grave», y miré a mi marido como Yocasta suplicando a Edipo que no siguiera investigando. A falta de la Sophia Burset de «Orange is the new Black», me imaginé aplicándome yo misma el tinte en la trena, sintiéndome un poco Tita Thyssen. Me inventaría otra identidad, como el estafador Bertone creó al honorable general de la Rovere, e intentaría animar al personal como Bridget Jones, pero con sujetadores de menor envergadura.Por fin concretaron el delito: desde nuestra dirección IP se habían crackeado cuentas bancarias, ninguna de los Pujol, que sepamos.

«Crackea, crackea» es el grito de guerra del chiquilicuatre, algo relativamente sencillo si nuestra contraseña es la que aparece en el módem. Fisgamos y nos acechan. Birlamos información y nos la roban. Distinto sería si este artículo lo estuviera aporreando desde una máquina de escribir, como una Jessica Fletcher con escote, pues más de un crimen he escrito.

No extraña que los espías las estén desempolvando. Dejémonos de tanto selfie inguinal y posemos desnudos tras ellas, como Umbral, ante la mirada sólo de quien elijamos, tecleando sin consultar en Google, tal vez sin nada que decir, que es cuando mejor se escribe decía el autor de «Mortal y Rosa», y sin más temor que al folio en blanco.

A lo negro




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Lo peor para este calor es la propaganda mediática del regeneracionismo partidocrático.

    Primero, Rajoy, que propone que sea alcalde no sé si quien lleve boina o sombrero.

    Después, Iglesias, que propone (de boquilla) una democracia ateniense, es decir, directa, con los abuelos subiendo a gatas al montecillo (se me ocurren El Pardo y La Cabrera) de la “Boulé”, que no es un club de alterne, sino la Asamblea.
    
Más tarde, Pujol, que promete refundar el chiringuito convergente con cuatro hisopazos de Sistach.
    
Y ahora, Sánchez, o Pedro de la Preveyéndola, tan guapo que, sólo con su amor, da por hecha la regeneración de la rosa socialdemócrata, marchita como la de “La Bella y la Bestia”. ¿Cómo? “¡Preveyéndola!”.

    –Nace una ilusión, tiemblan de emoción / Bella y Bestia son
    
Pero ninguno va a lo negro.

    ¡Ir a lo negro!

    –¡A lo negro, maestro, a lo negro! –gritaba el peón a su matador, que tenía más miedo que un garduño y no se atrevía a sacar al toro del caballo; para disimular, en vez de tirar capotazos a lo negro (el toro), los tiraba a la grupa del penco.

    Si las figuras de nuestra política (con su corte de peones y revistosos) quieren regenerar el negocio, que vayan a lo negro, es decir, al sistema electoral, como De Gaulle en el 58, y cambien el sistema proporcional (antidemocrático y disgregador) por el sistema mayoritario, que es el único representativo. Todo lo demás son capotazos a la grupa del penco para engañar al público haciéndole ver que intentan sacar al toro del peto.

    –¿Y el rupturismo de Podemos?

    En el marxismo “científico”, el horizonte de la izquierda era la desaparición del Estado, pero Pablemos es marxismo “hispánico”, es decir, acientífico, y tan rupturista como la Alianza Popular de Fraga, a quien le cabía el Estado en la cabeza.

    Iglesias es jefe de otro partido estatal y representa, no a sus votantes, que no lo saben, sino al Estado, que es el que le paga.

    Y los revistosos pidiendo el voto obligatorio.